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un continente infinito

Un viaje a las extraordinarias artes marciales tradicionales de África

Con o sin armas, en el suelo o de pie, el continente africano ofrece una enorme riqueza de técnicas de lucha de las cuales las artes marciales modernas tienen muchas cosas que aprender.
18.11.15
Imágen vía usuario de Flickr Dietmar Temps

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Cuando hablamos del mundo de las artes marciales, la mayoría de las personas piensan en monjes Shaolin, en ninjas, en Bruce Lee y ahora al MMA. La gente casi nunca piensa en África; admito que yo mismo no lo hago… y eso seguramente sea un grave error.

Prácticamente todas las culturas del planeta han desarrollado alguna técnica de lucha, sea mano a mano o con armas. Con la llegada de las armas de fuego, estas técnicas se sistematizaron en forma de deportes o métodos de defensa personal —o directamente se extinguieron. África no es la excepción, y en esta pieza intentaremos recuperar las técnicas procedentes del continente que dio a luz a la Humanidad.

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Las artes marciales africanas comparten, como es lógico, tanto el objetivo final como la mayoría de las características con las técnicas de combate europeas y asiáticas. Sin embargo, hay una serie de detalles que las diferencian claramente y las convierten en únicas, y es precisamente sobre lo que nos gustaría incidir en este análisis.

En algunas partes de Senegal, la lucha tradicional, llamada Laamb, se ha vuelto más popular que el fútbol mismo. Esta disciplina ha llegado a la televisión y empieza a reunir patrocinadores millonarios. En el Laamb —una palabra en lenguaje Wolof que sencillamente significa 'pelear'—, los luchadores compiten para derribar al contrario; en los choques profesionales se permiten los golpes a la cara y al cuerpo.

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En general, los combates de Laamb son coloridos y van precedidos por danzas y rituales de chamanismo. Los luchadores visten taparrabos y talismanes mágicos; su fascinación es tal que ha logrado expandirse más allá del continente africano. Curiosamente, una de las mayores estrellas de este deporte es un español, Juan 'León Blanco' Espino, antiguo combatiente de lucha canaria que quedó fascinado por esta arte marcial senegalesa al conocerla.

El Laamb se ha mantenido como un deporte principalmente africano, pero el interés que genera es enorme: sus principales luchadores pueden ganar hasta 200.000 euros dólares por pelea y decenas de miles de espectadores llenan los estadios cada vez que hay un gran combate. Un choque televisado puede llegar a reunir millones de espectadores frente al aparato de TV.

Es posible que los prolegómenos del Laamb nos parezcan especialmente exóticos: para un occidental, todos estos bailes, canciones y rituales tienen un aspecto estrafalario, pero… ¿acaso no hacemos nosotros lo mismo antes de nuestros eventos deportivos, como en los partidos de fútbol, baloncesto o fútbol americano? Canciones, banderas, rezos pre-partido… ¿no significan exactamente lo mismo, si salvamos las diferencias culturales?

Como decíamos antes, las artes marciales africanas comparten mucho con los estilos de otras latitudes. El sumo japonés, el pateo de espinillas inglés, la lucha canaria española, el Glima islandés, la lucha mongola y el Ssireum coreano son estilos de lucha enfocados en el derribo, igual que el Laamb y otras disciplinas africanas como el Evala. Ninguno de ellos tiene posterior 'grappling' o agarre en el suelo, lo cual significa que para el observador casual serán fáciles de comprender y agradecidos de ver.

En el caso del Evala, sin embargo, los significados van más allá de la competición deportiva. Este estilo de lucha es parte de la iniciación para convertirse en hombre de algunas partes de África. Es el caso de la etnia Kabye, de Togo, donde los varones adolescentes deben mostrar su habilidad en un festival para poder ser considerados adultos —también deben someterse a la circuncisión y escalar tres montañas, pero esa es otra cuestión—.

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De una forma similar a la educación militar de la antigua Esparta, a los iniciados que participen en el festival del Evala se les separa de sus familias para someterles a un intenso entrenamiento físico que empieza una semana antes del evento. Los participantes se lo toman muy en serio: perder en el Evala no significa ser descalificados de la iniciación, pero sí llevar una grave humillación a la familia.

Otra de las artes marciales más populares del África occidental es el Dambe, un estilo de boxeo de la etnia Hausa. Al ver a dos luchadores de Dambe en acción, a uno le viene a la cabeza inmediatamente la lucha con lanzas: en esta disciplina, de hecho, una de las dos manos se llama 'lanza' y se recubre con un guante o una cuerda para atacar, mientras la otra, conocida como 'escudo', se deja desnuda y se utiliza para defender.

Los encuentros de Dambe se divididen en tres rounds y las patadas están permitidas. La meta del Dambe es conseguir una "caza", esto es, noquear al oponente, lo que puede ser harto difícil cuando solo puedes utilizar una sola mano. El origen de esta disciplina está muy ligado, en realidad, al uso de armas; la forma de luchar es fácilmente trasladable a los combates con espadas.

Junto con los estilos de golpeo y lucha africanos, están sus sistemas de armas, en particular las peleas con varas. Desde Egipto viene el Tahtib, una forma de pelea con varas comparable con la Capoeira: esencialmente, se trata de una mezcla entre baile y combate. Los orígenes del Tahtib son desconocidos y algunos analistas consideran que esta disciplina podría datar del tiempo de los faraones. Normalmente, los combates de Tahtib van acompañados por música y normalmente se celebran en ocasiones especiales como bodas o festivales.

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Al sur del Nilo está Etiopía, hogar de otra arte marcial con varas: el Donga, el agresivo método de combate de los Suri.

'Donga' es el nombre que recibe la vara larga que utilizan los hombres Suri para arrear a su ganado. El Donga como arte marcial puede ser extremadamente violenta: la única norma que tiene, de hecho, es no matar al oponente. El derramamiento de sangre en los combates es común y muchos luchadores compiten desnudos, lo cual es impresionante dado que los golpes suelen impactar con mucha fuerza.

Los encuentros de Donga son eventos volátiles, con 20 o 30 participantes en cada lado, cada uno esperando su turno de pelear. Cuando uno compara esta violenta forma de pelea con el Tahtib, que a priori parece mucho más refinado, se da cuenta no obstante de que comparten la mayoría de movimientos: ambos estilos parecen haber sido desarrollados de forma independiente pero con técnicas similares.

En el Donga y el Tahtib solo se utiliza una vara por luchador, pero en África también encontramos métodos de pelea con dos armas. Es el caso del Nguni, un estilo atribuido al famoso monarca zulú Shaka, en el que se combate con dos varas: una para defender y otra para atacar. La mano que sostiene la vara de defensa está cubierta por un pequeño escudo de piel de vaca. Las normas de una pelea Nguni son relativamente difusas: en general, el combate se termina cuando uno de los combatientes sangra, es noqueado o se rinde.

Como vemos, el continente africano ofrece multitud de estilos y variantes de combate con y sin armas. Seguramente podríamos añadir varios cientos de disciplinas menos conocidas a las que recogemos en este artículo. El foco, en general, suele ser el mismo que en las demás artes marciales del mundo; lo que las distingue son las técnicas, tanto a nivel de entrenamiento como de combate.

Haciendo un salto cultural, me permito lanzar una pregunta: ¿Tienen estilos como el Dambe, el Donga o el Nguni algo que aportar a las MMA modernas? ¿Qué tiene el riquísimo continente africano que los luchadores del UFC puedan adoptar? No me corresponde a mí responder, pero si tuviera que hacerlo mi respuesta sería clara: ¡mucho!

Sigue al autor en Twitter: @lionchoke