Publicidad
la f1 en crisis

De cómo la Fórmula 1 dejó de fumar ——y eso arruinó su salud

Los pulmones de la Fórmula 1 se alimentaban de un humo nocivo para los humanos. La desaparición de los anuncios de cigarrillos fue sido desastrosa para el campeonato.

por Jim Weeks
12 Abril 2015, 8:55am

Imagen vía Scuderia Ferrari

Sigue a VICE Sports en Facebook para descubrir qué hay más allá del juego:

A mediados de los noventa, los patrocinios de tabaco se habían convertido en sinónimo de Fórmula 1. De los diez conductores mejor clasificados del torneo en 1995, nueve competían con logos de marcas de cigarrillos en sus monoplazas. Y en sus monos. Es posible que incluso su ropa interior estuviese marcada con los colores corporativos de Marlboro, Rothmans y compañía.

Dos décadas más tarde, todas las compañías de cigarrillos se han marchado, forzadas a abandonar por la prohibición de promocionarse en toda Europa. Y hay un caso que sugiere que dicho veto fue terriblemente mala para el deporte... o al menos, que ha jugado con su salud.

Más motor: La historia del año más infernal —y espectacular— de la Fórmula 1

No voy a discutir que la prohibición de anunciar tabaco fuera buena desde el punto de vista ético. Odio los problemas cardíacos y los enfisemas pulmonares tanto como cualquier hijo de vecino, y está claro que los típicos pulmones negros y cuellos destrozados de las fotos de las cajetillas no molan nada.

El legendario equipo Lotus fue de los primeros en usar el tabaco como patrocinador. Foto vía el usuario de Wikipedia Spurzem.

Y sé que los anuncios de tabaco funcionan. No es que necesariamente hagan que la gente empiece a fumar, pero ciertamente afectan su elección de marca una vez enganchados. Crecí viendo carreras en los noventa, así que cuando comencé a fumar probé Rothmans, Benson & Hedges y Silk Cut porque todos ellos patrocinaban los fantásticos y exitosos monoplazas de carreras. Inclusó compré Gitanes en Francia y West en Alemania.

A día de hoy todavía me molesta el no haber podido encontrar un paquete de Mild Seven, la marca japonesa cuyos logotipos cubrían el Renault de Fernando Alonso cuando ganó los títulos mundiales de 2005 y 2006. Incluso ahora, tras haber dejado de fumar, siento un cierto aprecio por estas marcas; el mundo del motor las abrazó una vez pero tuvo que quitarse el hábito (igual que yo).

Realmente, no pretendo que todos esos logos vuelvan. Eso no quita que no fuesen maravillosos: ojalá hubiese tiempo para hablar de ellos. El Jordan de 1996 con el morro de avispa, o su sucesor, con una serpiente. El Marlboro rojo y blanco sobre los todopoderosos McLaren-Honda, el azul celeste de Mild Seven, el icónico negro y dorado de JPS en Lotus, el amarillo de Camel sobre el Williams campeón de Mansell. La lista es larguísima.

Ayrton Senna ganó tres títulos mundiales con los colores de Marlboro y su nombre siempre estará ligado a la marca. Foto vía el usuario de Wikipedia Morio.

Pero al fin y al cabo todo esto es cosmética, y si quieres argumentar a favor del 'lobby' de las tabacaleras es mejor no hacerlo en base a la belleza superficial.

Lo que no se puede discutir es que las compañías tabacaleras solucionaron el mayor problema de la Fórmula 1: pagar para que corrieran los conductores más talentosos. Y cuando se fueron, ese vacío jamás se rellenó. Se llevaron los cigarrillos del motor sin siquiera pensar en dejar al menos uno de esos electrónicos (aunque NiQuitin patrocinó brevemente al equipo Williams).

Cualquiera con un mínimo conocimiento de la Fórmula 1 entenderá que el dinero es un factor vital en su existencia. Es la sangre que bebe Bernie Ecclestone para seguir vivo; se exhibe en cantidades casi obscenas en grandes premios glamurosos como Mónaco o Singapur; y mantiene el chiringuito nueve meses al año.

La F1 es una competición absurdamente cara: requiere diseñar coches nuevos que sean obras maestras año tras año y llevarlos de viaje alrededor del planeta en una carrera armamentística sin igual cuyo objetivo es convertirse en campeones del mundo. Y repetir de forma ininterrumpida. Está claro que esto no es barato.

Las tabacaleras —por muy vampiros malignos chupadores-de-vidas con los dedos manchados de nicotina que sean— ayudaron a que esto ocurriera. Metieron millones de dólares en el deporte a cambio de que los equipos simplemente añadieran algunas pegatinas a sus coches e invitaran a sus ejecutivos al paddock de vez en cuando. Eso permitía que las escuderías ficharan a cualquier conductor que quisieran —lo cual inevitablemente significaba buscar al tipo más rápido que hubiera.

Marlboro pagó locuras para atraer a Michael Schumacher a Ferrari, donde ganó cinco campeonatos del mundo. Fue una forma inteligente de gastar el presupuesto de marketing. Foto vía Scuderia Ferrari.

Porque lo único que les importaba a las tabacaleras era ganar. No les importaba qué conductor hubiese en el podio mientras vistiera sus colores de los pies a la cabeza. Y tenían dinero a montones para invertirlo en este tipo de patrocinios. A mitad de los 90, Marlboro patrocinaba a dos de los mayores equipos de la Fórmula 1, Ferrari y McLaren, así como a varios participantes de los campeonato del mundo de rallys y de motociclismo, entre otros. Pero valía la pena. Al fin y al cabo, Schumacher ganó cinco campeonatos del mundo con un logo enorme de Marlboro en su coche.

Un ejemplo fácil de cómo la marcha del tabaco ha afectado la F1 es el antiguo equipo Jordan, que tenía un acuerdo de patrocinio a largo plazo con Benson & Hedges. A pesar de que Jordan fuera un equipo de media tabla, el dinero de B&H les permitía pagar por cualquier piloto que quisieran. Así que ficharon a pilotos rápidos y reputados como Damon Hill, Heinz-Harald Frentzen y Giancarlo Fisichella y les pagaron para que conducieran sus coches. Y, a pesar de que Jordan jamás llegase a ser una escudería puntera, los tres conductores ganaron carreras en sus coches amarillos. Eso mantuvo sana la parrilla de la F1, incluso si el dinero tenía un origen dudoso.

El dinero de Benson & Hedges permitió a Jordan fichar a pilotos talentosos como el italiano Jarno Trulli. Foto vía el usuario de Wikipedia Midgrid

Hoy en día, los equipos de media tabla deben elegir sus pilotos por razones comerciales. Así, Lotus tiene a Pastor Maldonado, que les reporta dinero mediante una compañía petrolera venezolana, mientras Force India alinea a Sergio Pérez, cuyo 'cash' procede de un grupo inversor mexicano. Ambos son conductores rápidos, pero también erráticos y propensos a tener accidentes. En el pasado, Jordan no les hubiera ofrecido un asiento. Mientras tanto, los pilotos talentosos sin dinero quedan excluidos de la F1.

Y esto es peor para la salud del deporte que 40 Rothmans al día para tu organismo. Sí, la F1 siempre había tenido los llamados "conductores de pago", y probablemente siempre los tendrá: nada que decir. Pero cuando la mitad de la parrilla paga por conducir, te arriesgas a que la carrera parezca una farsa. Si esta en teoría es la competición más elitista del mundo del motor, ¿qué narices pintan en la pista estos pilotos mediocres con sus toneladas de billetes?

Así que esto daña la percepción pública de la F1, lo que a su vez daña las cifras de audiencia, lo cual implica que los patrocinadores pagan menos dinero a los equipos. Es un círculo vicioso.

Jordan se llama ahora Force India y su piloto estrella es Sergio Pérez. Tiene talento, pero principalmente lo que le mantiene en la F1 son los acuerdos de patrocinio que lleva consigo. Foto vía Sahara Force India.

Y hablando de patrocinadores, ¿adónde han ido? McLaren es una de los mayores escuderías de la competición pero ya no tiene sponsor. En algunos equipos, los patrocinadores que no guardan relación con el piloto se pueden contar con los dedos de una mano. Nos aseguraron que cuando se marchasen las tabacaleras desembarcaría una legión de marcas familiares a la F1; esperábamos que compañías multimillonarias de primerísimo nivel como Coca-Cola, McDonalds o Adidas pagasen alegremente por entrar en el circo. Pues bien, eso no ha ocurrido. Las grandes marcas no han entrado en la Fórmula 1 con camiones llenos de billetes de quinientos.

Y, en parte debido a esto, el torneo se está encogiendo y corre peligro de desaparecer. Quedan diez equipos en la F1, uno de los cuales apenas se sostiene tras entrar en quiebra; otros tres se enfrentan a serias dificultades económicas. Todos ellos alinean a al menos un piloto de pago.

Los problemas de la Fórmula 1 son, sin duda, mucho más grandes que esto; tratarlos todos requeriría una larguísima serie de artículos, más que una pequeña reflexión como esta. Quizás podríamos incluso decir que estos problemas han existido siempre y que el dinero de las tabacaleras simplemente servía para esconderlos. Puede que sea así. Pero hay una cosa clara: desde que la Fórmula 1 dejó de fumar, su salud ha empeorado —y de forma muy severa.

Sigue al autor en Twitter: @jimmy_weeks

Tagged:
Sports
VICE Sports
jordan
Ferrari
Lotus
Ayrton Senna
Michael Schumacher
F1
Jim Weeks
motor
sauber
Damon Hill
sergio perez
force india
giancarlo fisichella
pastor maldonado
heinz-harald frentzen
mclaren-honda
f?rmula 1
deporte y dinero
anuncios de tabaco
finanzas de la f1
tabacaleras