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Hueles a lo que comes

Es verdad: eres lo que comes. Y, depende de lo que comes, puedes oler como un perfume caro o como una pila de basura en un día caluroso.
Hilary Pollack
Los Angeles, US
Photo via Flickr user Chantel Beam

Cuando tenía 19 años tuve un novio un poco descuidado que decidió que por razones de salud iba a comer alrededor de media docena de dientes de ajo crudos todos los días. Eso me pareció bien al principio; el ajo es delicioso y antiviral y anti-hongos y anti todo lo que es malo, y generalmente no me molesta el aliento a ajo si sale de la boca de alguien a quien amo. Parecía como una buena adición a su dieta, que consistía principalmente en espagueti con salsa picante y salchichas.

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Pero luego de una o dos semanas, él se convirtió en otro hombre. Un aroma insidioso flotaba no sólo desde su boca, también de sus axilas, pies, cuello y cabello. Tengo todavía el claro recuerdo de besar su mejilla y sentir el aroma fortísimo de algo similar a un basurero en verano. Emitía un picante hedor venenoso a ajo, las 24 horas al día, de cada uno de sus poros (y otros orificios) de su cuerpo. El ritual del ajo tenía que terminarse. Era el ajo o yo.

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Y así fue, eventualmente, pero mi recuerdo de esa fase, además de otras experiencias específicas, me ha convencido desde entonces de la creencia de que "eres lo que comes" —en otras palabras, lo que sea que pongas en tu boca va a salir a través de tu transpiración, fluidos, y mucosas—. No es algo que solamente imaginamos.

El ajo parece ser el obvio culpable en términos de comidas que te hacen oler mal, así como también sucede con las cebollas y el curry, pero hay otros villanos de los aromas que son menos predecibles. Un estudio publicado en el periódico Hipótesis Médica asegura que los jitomates contienen químicos llamados terepenes que aumentan el fuerte olor de tu piel. Esto no es problema para una persona inherentemente bienoliente, pero para el tipo que siempre huele raro, aunque se acabe de bañar, sí.

Cómo los doctores son más inteligentes que el resto de nosotros, le pregunté a la proveedora de One Medical Group Érica Matluck ND, NP (para tu información esas siglas quieren decir doctor naturopático y practicante de medicina familiar) acerca de su visión profesional sobre este problema. ¿Nos deberíamos realmente preocupar sobre esto? ¿Es ésta la razón por la que no puedes obtener una segunda cita en Tinder? Érica me lo explicó.

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"La relación entre la comida y el olor corporal resulta de la interacción entre algunos factores en un proceso de varios pasos. Primero, está la comida en sí, que tiene su propios químicos y olores. Una vez consumida, el cuerpo la descompone en compuestos menores. El proceso de descomposición requiere varias enzimas naturales que los individuos poseen en distintas cantidades o puede que no tengan en absoluto", me explicó. Esto sería el por qué algunas personas son más susceptibles que otras a este problema.

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Pero espera, ¡hay más! "Una vez que la comida ha sido metabolizada, los productos descompuestos salen del cuerpo a través de la respiración y de los aceites corporales, donde reaccionan con las bacterias saludables que viven en la piel. El maquillaje genético de un individuo determina tanto sus actividades enzimáticas —o la habilidad de descomponer comidas específicas-—y la bacteria saludable en su piel, así que la relación entre alimentos específicos y el olor corporal puede ser muy variable. Con eso dicho, hay ciertas enzimas que los individuos generalmente no tienen o tienen en menor cantidad, haciendo que ciertas reacciones u olores sean más comunes que otros".

Eso está muy bien. Pero queremos ir al meollo de la cuestión. ¿Cuáles son los alimentos malos? Érica dice que además del ajo y la cebolla, "algunos de los alimentos más comunes que están implicados en el olor corporal son los vegetales crucíferos como el brócoli, la coliflor, el repollo y la carne vacuna".

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El consejo de Érica es corroborado por un artículo de Salon, publicado en el 2000, que estipula que el eliminar los lácteos, los vegetales crucíferos (como coliflor, brócoli, y espárragos), el ajo y la cebolla, hace mejorar los aromas y sabores de una persona. Adicionalmente, los vegetarianos parecen tener la sartén por el mango en el departamento de las esencias personales comparados con los carnívoros. La carne, el alcohol, y los cigarrillos resultan en amargor o acidez —pero es probable que ya sepas eso y no tengas intenciones de dejarlos únicamente para mejorar tus olores—.

El lado positivo de esto es que hay ciertos alimentos que pueden hacer que huelas mejor. Puede que los hombres no sepan esto, pero las chicas de los años 90 y 00 fueron instruidas por prestigiosas publicaciones literarias como Glamour y Cosmopolitan a mejorar el sabor y olor de sus fluidos corporales comiendo piña. Nunca se aclaró en qué cantidad o cuán seguido se necesitaría consumir esa fruta, ni cómo se formó originalmente esta hipótesis, pero el anteriormente mencionado artículo de Salon.com cita al sexólogo certificado Dr. Robert Morgan Lawrence y varios otros "expertos" confirmando que el rumor de la piña es más que un rumor; es un hecho probado y confirmado —o tan cercano a un hecho como algo tan subjetivo como el olor corporal puede ser—. El perejil, tan anticuado y aburrido como pueda parecer, ha sido también reportado como beneficioso para el aroma corporal.

Adicionalmente, The Atlantic publicó una extensa historia en 2010 acerca de cómo la escritora Scarlett Lindeman se sintió desconcertada cuando fue al gimnasio y empezó a oler como algo parecido a los waffles, solo para descubrir más tarde que el culpable era el fenugreek, una especia que generalmente se encuentra en al cocina india pero es también usado para hacer jarabe de arce. Aunque a ella le pareció que el aroma era insoportable y empalagoso, algunos lectores comentaron que ellos ingirieron fenugreek intencionalmente porque le gusta oler como desayuno de IHOP.

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Así que todo eso es verdad: eres lo que comes. Entonces, tal vez, la gente más apestosa entre nosotros ahora pondrá más atención en lo que come.

Este artículo fue publicado originalmente en agosto de 2015.