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especial ficción 2012

Que te lo comas te digo

La principal motivación para dedicarse al oficio de escribir es La Comida. Siempre la comida.
7.8.12

Una verdad absoluta que habrá escapado a la percepción de la gran mayoría de lectores de la Revista de Tendencias Juvenil que sirve de hogar a este texto es aquella que dice que la principal -acaso la única- motivación que tiene una persona para dedicarse al oficio de escribir es La Comida. Siempre la comida. Un escritor vive pensando en la comida que se servirá en la soirée de la presentación de su próximo libro, en la comida (medianoches de jamón york si tiene suerte) que podrá colar en los bolsillos de aquella prenda de vestir a la que con vaga desorientación se refiere como "mi americana" en recitales y lecturas y en la comida que le pagará su novia o su novio con el sueldo que gana con el sudor de su frente en su Trabajo de Verdad. Sólo hay que prestar atención al demencial número de escritores españoles menores de cuarenta años ("jóvenes" por tanto según el baremo ibérico) enfermos de gota de tanto dejarse caer por el restorán. En mis peores noches me acecha la imagen de Rafael Alberti circa 1991 cenándose unos muy melancólicos "dados de solomillo" -true story- en el VIPS de Cubos. Bocadillos de tortilla, lasañas y canapés varios orbitan alrededor del cerebro del escribiente mientras éste lucha con todas sus fuerzas por alcanzar la siguiente línea (la siguiente línea de texto). Es lo normal y lo que toca. M.F.K. Fisher -ejemplo en vida y obra de lo que ha molado y de lo que molará- sólo escribió de comida y para qué más, que lo que no es comer es matar el tiempo. Castellanos, cuidado: si soltáramos las correas de cuero de los escritores devorarían las cosechas de vuestros campos como langostas enfebrecidas.

Según los mayas -lo dice el Popol Vuh- el primer hombre, ese Primer Pobre Hombre del cual descendemos el resto, estaba hecho todo entero de maíz. ¡Cuántos novelistas no se lo habrían echado en sus Ensaladas César compradas para llevar a cambio de tres euros con noventa en el Open25 más cercano!

En no pocas ocasiones el ansia y el hambre se filtran hacia la página escrita -del archivo de Word- provocando revelaciones proyectadas con la más blanca de las luces: Chester Himes empujando cien toneladas de soul food hacia los estómagos de sus maleantes, los picnics de Los Cinco al antojo de la Blyton, Whitman y las ostras en el desayuno, los caracoles fuera de "sus casas" transfigurados en cisnes antes de echárselos al coleto aquellos niños en El barón rampante de Italo Calvino, Augustus Gloop arrastrado por la corriente de un río de chocolate.

Todo este rascar de barrigas con la mente lejos del ser ha dado lugar a lo largo de los años a toda una serie de obras y escenas literarias plenas de comilonas, hallazgos culinarios y tormento intestinal que se te caen los palos del sombrajo sólo de pensártelas. Dejo por aquí a su suerte algunas de mis preferidas.

LA COCINA CANÍBAL (Roland Topor)

Estampas y recetas comehombres del Caballero Pánico enlazadas por enunciados loquescos tipo 1) "Con los ejecutivos que se manchan la corbata puede uno preparar estupendos patés", 2) "Los generales son duros de pelar pero fáciles de cocer" y 3) "La policía busca a un criminal y encuentra un jamón". En caso de que alguien reciba invitados por sorpresa en su casa y no sepa cómo apañárselas, aquí van unos consejos para pergeñar una estupenda "Sopa con Restos de Enano" y salvar el día: "Ponga de inmediato los restos de un enano en una cacerola llena de agua hirviendo. Salar y cocer a fuego lento durante tres horas. Si su enano es realmente pequeño, podrá usted alegrar la cazuela añadiendo patatas".

RASCACIELOS (J.G. Ballard)

El mejor inicio posible/imposible para una novela: "Más tarde, mientras estaba sentado en el balcón comiéndose al perro, el doctor Robert Laing recordó de nuevo los hechos insólitos que habían ocurrido dentro de aquel enorme edificio de apartamentos en los tres últimos meses". Ya sabréis que si en vez de un perro fuera un pollo, un salmón o una chuleta de cerdo a todo el mundo le parecería normal, ¡pero por favor!, ¡qué más dará! ¡Lo importante es pasárselo bien y disfrutar de la vida, chicos! (sonido de tiza chirriando contra pizarra).

HISTORIA DEL OJO (Georges Bataille)

"Simone pidió entonces a Sir Edmond los cojones del primer toro. Sin embargo, tenía un capricho: los quería crudos. «Pero -dijo Sir Edmond- ¿qué harás con los cojones crudos? ¿Te los comerás crudos?»«Los quiero ver delante de mí en un plato»-dijo ella." El catecismo completo de la juventud.

Ilustración de Roope Eronen

THE ROAD TO WELLVILLE (T.C. Boyle)

John Harvey Kellogg, el hombre detrás de los corn flakes y dentro de las cajas de tu desayuno dirige su muy selecto Balneario de Battle Creek bajo la certeza de que todo alimento ingerido conlleva, en el mejor de los casos, un envenenamiento más o menos refinado que desde luego nos conduce a la tumba. En su búsqueda del bienestar -y acaso de la inmortalidad- los únicos alimentos que permite comer a sus millonarios pacientes a lo largo de quinientas páginas de prueba y error son: crema de puerros, salvado, ensalada de pepino y crudités no se sabe si de procedencia alienígena. Masticando cada trozo de comida -como es de ley- sesenta veces antes de tragar. Baños sinusoidales, electrocución y lavados de estómago para todo aquel que se pase con el rancho. "Su vida soñada era una sucesión de enemas de principio a fin".

HAMBRE (Knut Hamsun)

En esta simpática obra de uno de los autores nazis más queridos por el público, un alguien sin nombre deambula por una ciudad que no sabemos cuál es muriéndose poco a poco a causa de -en efecto- el hambre que tiene. La gente se cruza con él sin prestar atención a las súplicas. Un tendero le lanza un hueso y el hombre se pone a roerlo en un callejón: "El hueso no sabía a nada, pero desprendía un olor tan nauseabundo a sangre vieja que me hizo vomitar enseguida. Volví a intentarlo. Si pudiera llegar a digerirlo surtiría efecto; lo importante era conseguir que se quedara en el estómago. Pero volví a vomitar. Me puse nervioso, le pegué mordiscos rápidos a los restos de carne pegados al hueso, pero no sirvió de nada: en cuanto los restos se calentaban dentro de mi cuerpo ascendían de nuevo a mi garganta. Lloraba y vomitaba con el corazón en llamas". Hasta su propia mano -y la estilográfica que sujeta con ella- se intenta comer el tío en un arrebato, ¡MENUDA LOCA! (el autor de este artículo no diferencia entre realidad y ficción).

GARGANTÚA (François Rabelais)

No recuerdo nada bien la novela porque me obligaron a leerla en el colegio y por aquel entonces era yo todo un Joven a la Contra, pero sé que iba de dos gigantes, Gargantúa y Pantagruel, que se pegaban unas francachelas de no te menees y al menos el título de uno de los episodios quedó grabado a hierro y fuego en mi memoria: "De cómo Pantagruel cubrió con su lengua un ejército entero, y de lo que este autor pudo vislumbrar dentro de sus fauces". Cleveland Hardcore Ciento por Ciento.

ESPÉRAME EN SIBERIA, VIDA MÍA (Enrique Jardiel Poncela)

Aquí se incluye uno de mis listados de comida preferidos (me considero un experto en el género): "Él disimuló su risa engolfándose en la lectura del menú: ensalada italiana, panecillos ilustré, aceitunas españolas, pepinillos, apio, rabanitos, puré St. Germain, caldo Saxone, Gaspergou a la Westfalia, tocino y chauchas a la Boston, carne a la Carlsbad con crema, espaguetis, carnero, nabos blancos, nuez de ternera con tomate, brissolette, jamón cocido, Tajada Victoria, masitas, quesos, fruta, compota mixta, café, vinos diversos y su coñac". Cada vez que lo leo me tiemblan estas piernecitas que Dios me ha dao.

A CONTRAPELO (Joris-Karl Huysmans)

Con el espíritu fin de siècle en todo lo alto, Huysmans le sugiere al Pueblo la vía anal como forma definitiva de sofisticación a la hora de alimentar a los cuerpos: "¡Qué tremendo ahorro de tiempo supone utilizar al fin el camino adecuado, qué solución tan radical para verse libre de la repugnancia que inspira la carne a los que no tienen apetito!, ¡qué manera tan decisiva de insultar en pleno rostro a la vieja naturaleza cuyas monótonas exigencias quedarán pronto y para siempre eliminadas!"

MERIENDA DE NEGROS (Evelyn Waugh)

"Unos nigrous quedan a merendar y pasan dos horas comiendo pollo frito y sandía y bebiendo zumo de uva dentro del coche que acaban de robarle a un honrado trabajador blanco. El coche tiene una ventanilla rota y a través de ella Evelyn Waugh (media vida pensando que se trataba de una señora) nos conduce por los raíles de la acción de la merendola. Los negroes hablan de sus trapicheos, fuman crack y se rascan la piel de forma compulsiva. Como parte de uno de sus juegos de negritud se plantean la pregunta de qué harían si uno de ellos resultara ser homosexual: ¿seguirían siendo amigos como si nada?, ¿pasarían total de seguir compartiendo sus muslos de pollo bañados en mostaza con un completo maricón de una piel tan negra como la suya? La conversación dentro del coche robado va subiendo de tono mientras cae la noche". De esta novela sólo he leído esta brevísima sinopsis que viene en la contraportada de la edición de Anagrama, pero tiene súper buena pinta.

 Jorge de Cascante escribe habitualmente en VICE.com