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El infierno en la Tierra

Yemen es un país asolado por el terrorismo, la sequía y la guerra civil.
1.12.10

16 de octubre de 2009. Vistas a la sierra central de Yemen. Las densamente pobladas montañas de la cordillera del Sarawat superan los 3.000 metros.

Yemen no es el rincón más pacífico del mundo árabe. Situado en el extremo sur de Oriente Medio, justo al otro lado del Golfo de Adén desde Somalia, Yemen es el país más pobre de la región y una de las naciones árabes más fuertemente armadas: se estima que hay más de 60 millones de armas de fuego en un país con una población aproximada de 25 millones de personas. En caso de que no te apetezca hacer el cálculo, eso arroja aproximadamente un total de dos pistolas y media por persona.

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La única constante de Yemen es la guerra civil. A pesar de su supuesta unificación en 1990, Yemen sigue dividida entre el tradicionalista norte y el separatista sur, y desde 2004 las cosas se han salido de madre incluso para sus propios y altos estándares bélicos.

Las disputas locales, tanto de carácter separatista como sectario, han ido escalando en gravedad hasta el punto de amenazar con desestabilizar toda la región. Todo quisque, de Arabia Saudí a Irán pasando por Egipto o Jordania, se ha metido en el ajo y está sentado en el banquillo a la espera de saltar al terreno de juego y liarse a pegar tiros. El conflicto que actualmente se desarrolla al norte del país entre fuerzas yemeníes sunitas e insurgentes chiitas Houthi ha sido apoyado en el sur por un movimiento independentista dirigido por milicias rebeldes del ejército de Yemen descontentas con el gobierno, con base en el norte. Entre los líderes de los separatistas del sur se encuentra Tariq al-Fadhli.

14 de diciembre de 2009. Soldados yemeníes masticando hojas de qat, una planta medianamente narcótica, mientras patrullan en Wadi Doan, en el este de Yemen.

Veterano de la yihad anti-soviética que luchó junto a Osama Bin Laden en Afganistán, al-Fadhli y sus partidarios han sido acusados de pretender segregarse de Yemen para establecer un nuevo estado islámico radical al sur del país. Desde que los aliados tomaran medidas drásticas en Pakistán y Afganistán, lleva sospechándose mucho tiempo que el sur de Yemen es un centro de entrenamiento clave de islamistas radicales.

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Esta creencia fue confirmada el día de Navidad del año 2009 cuando se reveló que Umar Farouk Abdulmutallab, el nigeriano de 23 años que amenazó con hacer estrellar un Airbus A330 de las Northwest Airlines sobre Detroit, recibió entrenamiento y obtuvo su pistola de las células de Al-Qaeda que operan en Yemen.

AQAP (Al-Qaeda en la Península Árabe) se atribuyó públicamente la responsabilidad del fallido atentado y afirmó que había sido motivado por los ataques aéreos estadounidenses sobre supuestos objetivos militares en la región. Esto condujo a una escalada de ataques por parte de los occidentales y de represalias por parte de AQAP, las cuales culminaron con un ataque suicida al embajador de Inglaterra en Yemen a finales de abril. Mientras los medios de comunicación siguen teniendo a Afganistán e Irak en su punto de mira, los EE.UU. han abierto en silencio un tercer escenario en una guerra contra el terror que parece probable que termine como esa otra vieja favorita suya, la guerra contra las drogas. Hablamos con Brian O’Neill, periodista y analista político especializado en Yemen, para descubrir que está pasando en un país infestado de armas de fuego, sin recursos naturales y con cada vez más frentes bélicos abiertos, civiles e internacionales. Brian es ex editor del periódico Yemen Observer, así que ten por seguro que sabe más sobre el tema que la mayoría de nosotros.

16 de octubre de 2009. Lugareños envueltos en una disputa tribal con un pueblo vecino en los altiplanos centrales de Yemen, posando con sus armas.

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Vice: ¿Cómo llegó Yemen a interesarte tanto? No es la clase de sitio que sale en las guías turísticas.

Brian O’Neill: Siempre he estado interesado en Oriente Medio en general. Estudié en el Cairo, e incluso en el mundo árabe y entre los eruditos árabes Yemen ha sido siempre una especie de remanso exótico, una isla extraña. Yo era joven y aquello le resultaba muy atractivo a mi sentido de la aventura. A medida que estudiaba y prestaba atención a su historia y tendencias políticas, demográficas y económicas, más me daba cuenta de que Yemen no iba a tardar en convertirse en un país de gran importancia a nivel global. Sus sistemas se estaban viniendo abajo, sus instituciones no se aguantaban y estaba, además, la creciente amenaza de Al-Qaeda. Parecía claro que este país no iba a quedarse en el anonimato mucho tiempo. Cuando los medios hablan de Yemen tienden a sentenciar que el país no tiene solución y que no va a tardar en irse al infierno de cabeza. ¿Tan mal están las cosas?
Yo creo que, de hecho, la gente está minimizando todo lo concerniente a Yemen. Prácticamente cualquier problema económico, climático y demográfico que un país pueda afrontar, Yemen lo está afrontando ya. El cincuenta por ciento de la población está por debajo de los 15 años, con lo que habrá una generación entera de hombres jóvenes que crecerán sin trabajo ni oportunidades. Sin embargo, creo que lo más grave es algo a lo que los medios no están prestando atención, y es la escasez de agua. En 2020 la capital podría quedarse sin agua y durante la siguiente década la sequía podría afectar a millones de personas. ¿Cómo estalló esta crisis del agua? Imagino que no es un caso de un montón de gente dejándose conectado el aspersor del jardín.
Hay muchos factores naturales, pero la causa principal es que en los años 60 y 70 las Naciones Unidas metieron sus narices en la forma en que Yemen recogía el agua. El método consistía principalmente en recoger agua de lluvia y almacenarla. La ONU dijo: “No hagáis eso, no va a funcionar”—aunque a los yemeníes les había funcionado durante miles de años—y les animó a aprovechar las capas freáticas subterráneas. Esto derivó rápidamente en una cuestión de quién se hacía más rico cavando y drenando agua para su propio uso. La corrupción inherente en Yemen, combinado con las intenciones de la ONU, buenas pero fuera de lugar, han dado como resultado un drenaje total de las capas freáticas mucho más rápido de lo que nadie hubiese podido imaginar. Aparte de una posible carencia absoluta de agua, ¿qué otros temas principales han pasado por alto los medios de comunicación?
La rebelión en el sur, para empezar. Obviamente, el hombre-bomba de la pasada Navidad tuvo a todo el mundo centrado en Al-Qaeda, y Al-Qaeda es tremendamente importante a nivel global pero no tanto a nivel local. Ahora mismo hay dos insurrecciones en marcha, una en el norte y otra en el sur. La del norte tuvo al principio más atención porque había una lucha abierta cuando tras el atentado fallido el mundo empezó a fijarse en Yemen, y para los medios eso siempre es excitante. En aquella guerra, el presidente, Ali Abdullah Saleh, bautizó la última batalla como “Operación Tierra Quemada”, que fue exactamente lo que su nombre indica. Hubo bombardeos a gran escala, aldeas enteras arrasadas y cientos de miles de refugiados.

9 de octubre de 2009. Un niño hace cola para recibir comida en el campo de refugiados de Mazraq, en la provincia de Hajjah. Los desplazados en Mazraq han huido de los combates entre los rebeldes Houthis y el gobierno en la provincia de Sa’ada, en el norte de Yemen.

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¿Y qué hay del sur?

Lo del sur tuvo más que ver con la política que otra cosa. Yemen eran dos países separados hasta 1990: Yemen del Norte y Yemen del Sur. El norte había sido un Estado democrático y el sur uno marxista. Los dos se unificaron en 1990 porque ambos estaban en bancarrota. Había mucha tensión, y esa tensión desembocó en 1994 en una guerra civil entre el norte y el sur, que los del sur perdieron. El presidente Saleh utilizó en esa guerra a una gran cantidad de yihadistas que habían vuelto de luchar contra los soviéticos en Afganistán. Al acabar la guerra permitió que los yihadistas se hicieran cargo del gobierno del sur.

¿Se convirtió entonces el sur en una pequeña colonia yihadista?
Bueno, la gente del sur estaba ya colonizada y oprimida por sus propios compatriotas. En 2007 surgió un movimiento para reclamar más derechos, pero desde entonces Saleh ha vuelto a reprimir de nuevo a la población del sur y eso es una llamada abierta a la secesión. Paso a paso avanzan hacia una nueva guerra civil y este es un tema que va más allá de Al-Qaeda. Centrándonos en Al-Qaeda pasamos por alto cuestiones más amplias y más peligrosas en Yemen. Nuestro interés primordial debería ser evitar que Yemen se desintegre. Centrarse en Al-Qaeda podría, de hecho, acelerar la ruptura de Yemen, y si el país se rompe se convertirá en un refugio increíblemente seguro para Al-Qaeda. ¿Hasta dónde llegan los tentáculos de Al-Qaeda en Yemen?
Están muy arraigados en la vida cotidiana pero no en el gobierno central y la política yemení. De hecho, tienen una guerra abierta más o menos declarada contra el gobierno central. Han centrado sus esfuerzos en infiltrarse en el sistema tribal dentro de un ámbito local, ganando bases locales de apoyo. Los números desmienten su fuerza. Sólo hay entre 200 y 300 militantes de Al-Qaeda en Yemen, pero son inteligentes y pacientes y en los últimos años se han hecho cada vez más fuertes. Es interesante comparar la Al-Qaeda de la Península Árabe y la Al-Qaeda en Mesopotamia, el grupo de al-Zarqawi. El objetivo de estos era la carnicería, por lo que era inevitable que la gente de Irak se volviera contra ellos, pero Al-Qaeda, en realidad, no ha realizado en la Península Árabe ningún ataque contra Yemen o el pueblo yemení. Así, la gente, aunque no les apoye activamente o no esté de acuerdo con todo lo que dicen, piensa que ellos al menos no están matando a nadie, a diferencia del gobierno que sí lo está haciendo. ¿De qué niveles de pobreza estamos hablando en Yemen?
Niveles subsaharianos. Yemen suele estar entre los cinco o diez países más pobres en casi cada lista que mida los niveles de desarrollo de los países del mundo. No hay muchos puestos de trabajo. Su economía se basa principalmente en el petróleo, y se está acabando.

16 de enero de 2010. Un miembro de la policía antiterrorista de Yemen dirige un ejercicio en las montañas cercanas a Sana’a. Esta unidad especial recibe entrenamiento de EE.UU. y las Fuerzas Especiales Británicas.

Bueno, parece que en todas partes nos estamos quedando sin petróleo. ¿Es el de Yemen un caso más acuciante?
Más grave que en la mayoría de países, sí. Para empezar, nunca han tenido demasiado petróleo, ya que están en el extremo de la península. La mayor parte se encuentra en el sur, por lo que la situación política del país hace que sea mucho más difícil para el gobierno central obtener dinero del petróleo. En Yemen, cada cuestión a tratar implica por lo menos dos o tres problemas relacionados más. Todo es mucho más difícil de resolver. También hay problemas con la piratería, ¿no?
Sí, y se está poniendo cada vez peor. Por el momento se concentra en la costa oeste de Yemen, cerca de Somalia, pero ahora se está viendo un importante incremento de la piratería en el sur, cerca del puerto de Aden. Yemen está más cerca de Somalia que del corazón del territorio árabe. En occidente tendemos a ver las cosas de forma muy simple. Asociamos Yemen con Oriente Medio, pero culturalmente está muchísimo más cerca de Somalia, Eritrea, Yibuti y Etiopía. Que haya patrones semejantes de piratería en Somalia y Yemen tiene sentido. El crimen, a menudo, suele tener lazos similares a los culturales. ¿De qué forma de piratería se trata? ¿Del tipo “secuestro y rescate” del que tanto se habla por lo de Somalia?
Se trata sobre todo de piratería para exigir un rescate, pero existen también un montón de rutas de contrabando que siguen las mismas líneas que las rutas de la piratería. Creo que el contrabando de armas y de drogas es una amenaza más real y tangible que los rescates que piden los piratas. Yemen es un centro de delincuencia internacional. Por su situación geográfica es ideal para el contrabando de armas hacia zonas de guerra en el Cuerno de África y de drogas a través de Arabia Saudí. Además, es una ruta importante para el suministro de armas a grupos terroristas. ¿Están las organizaciones internacionales haciendo algún esfuerzo significativo para evitar cualquiera de estos desastres inminentes?
Un montón de conferencias. Y en Facebook hay un grupo llamado “Amigos de Yemen” que se reúnen y hablan sobre cómo ayudar. Veremos si esto lleva a algún sitio, pero históricamente ya hemos visto que estas charlas nunca conducen a nada. Si las cosas siguen como ahora, ¿cuánto tiempo le das a Yemen antes de que se convierta en un país abocado al fracaso?
Yo diría que eso podría ocurrir fácilmente en un año. Y el colapso total podría convertirlo en una mejor base para las operaciones de Al-Qaeda, ¿no?
El gran temor es que las tribus autónomas ya tengan conexiones con Al-Qaeda y estos puedan utilizar sus refugios de forma segura, sin interferencias del gobierno, para desde allí atacar en el extranjero. Al-Qaeda no sólo necesita espacio en la Península Árabe sino también una estructura, y los refugios tribales de Yemen pueden proporcionarles ambas cosas. Ellos ya han demostrado que son capaces de atacar en el corazón de Arabia Saudita, y el temor es que un Yemen que no pueda acosarles se convierta en un país donde los saudíes, o peor aún, Occidente, sientan que deben intervenir militarmente. Eso haría que lo de Afganistán pareciese un juego de niños.

FOTOS DE PAUL STEPHENS