
En Rumanía, durante los últimos tres años, la población reclusa ha podido vestir como le diese la gana siempre y cuando mantuvieran un nivel mínimo de decencia. ¿Qué se ponen las chicas cuando tienen que llevar una vida triste y descorazonadora en prisión? VICE Rumanía decidió echar un vistazo a las modas que hay tras las rejas de la única cárcel de mujeres del país, Târgşor.

Tengo una sensación horrible en el fondo del estómago cuando llego a los portones de hierro. Lo que descubro en el interior me da la impresión de ser una extraña combinación entre un hospital y un monasterio. Hay una iglesia en el patio, y flores, y reina un silencio propio de un cementerio. En el interior, sin embargo, huele a sudor, y el barullo es infernal. Las literas casi parecen acogedoras, como las de una residencia de estudiantes. Lo único que hace que el lugar se asemeje a una cárcel son las barras en las puertas de las celdas, pero incluso estas tienen cortinas, como las de un comedor, a través de las cuales se puede escuchar a las mujeres chismorreando.
Aquí, un iPod y unos auriculares son una vávula de escape. A diferencia de lo que sucede en las películas, no hay claras líderes de grupos, y las celadoras me contaron que rara vez las prisioneras hacen amistad, pero que cuando eso ocurre se convierte en una relación muy estrecha y exclusiva. Sí, de acuerdo, también hay algunas parejas de lesbianas, aunque el eje de la relación acostumbra a ser la protección mutua. Aquí estallan escándalos con facilidad, y las mujeres tienden a ponerse histéricas. A las chicas se les asignan distintos regímenes de detención, en diferentes alas del edificio, en función de lo grave que fuera la mierda que las llevó dentro. Las mujeres que están cumpliendo las condenas más severas sólo llegan a captar la brisa una vez al día. Las otras pueden aprender costura, o a leer y escribir, y pueden pasar el tiempo viendo películas, leyendo en la biblioteca, o en la peluquería, donde otra reclusa les hará estilismo, les depilará las cejas y les hará la manicura.
Las reclusas, 660 en total, viven en celdas de ocho o dieciséis camas. Debido a la falta de espacio, sólo se les permite tener una cantidad limitada de ropa en su habitáculo. El resto se deposita en el almacén, de donde pueden retirar prendas cuando llevan las que están sucias a la lavandería. Hay jabón en polvo a la venta en la tienda de la prisión, donde también disponen de maquillaje de mala calidad. Mientras que la mayoría de chicas tienen salir por ahí como excusa para maquearse y ponerse tacones altos y sus mejores ropas, las presas sólo tienen como excusa para estas cosas la hora de las visitas y las comparecencias ante el juez. En prisión tienes que pasar desapercibida; si alguien destaca, despierta envidias y le llaman puta.
Una de las funcionarias nos guió a través de las celdas y nos dio algunas pistas consejos sobre quiénes eran las buenas chicas. Escogimos ocho, sus penas oscilando entre uno y veinte años por homicidio, robo, estafa o tráfico de drogas. Trajimos un montón de ropa y pedimos a las reclusas que se pusieran algunas de sus propias cosas y crearan sus propios looks.
FLORENTINA, 22 AÑOS, CONVICTA POR ROBO

Top vintage, falda adidas, joyas vintage
Flori ha tenido un talento innato para el robo desde que era menor de edad para tener responsabilidad penal. Ha cumplido 16 meses de su condena y saldrá en libertad en diciembre.
"Me gusta vestir funky, me encantan el blanco y el rosa y la ropa informal y confortable. Voy al salón, me tiño el pelo y me lo aliso, y me pongo broches. Los pantalones vaqueros cortados son mis favoritos. Obviamente no los corté yo misma, los compro así".
SIMONA, 27, CONVICTA POR TRÁFICO DE ÉXTASIS

Vestido adidas, vaqueros Levi’s, zapatillas Puma, reloj Patch de Ollie Gang Shop
Simona estudiaba contabilidad y, como hobby, vendía pastillas a sus amigos. Ella fue el último eslabón en una red mucho mayor de vendedores, cuando todo el tinglado fue desmantelado. Recibió una condena de 13 años, que se redujo finalmente a cinco. La música es su única vía de escape, así que le enviamos varios CD’s por correo. A Simona sólo le quedan dos meses dentro. Estamos esperando a que se pase por nuestra oficina para coger una revista. Dice que nunca volverá a los clubs: quiere seguir limpia y empezar una nueva vida desde cero.
"En las fiestas solía llevar zapatillas deportivas, pantalones anchos y chales, pero en la cárcel no he podido seguir con ese estilo. Todavía visto informalmente, con pantalones deportivos y camisetas. Aquí, cuando tienes buen aspecto, te dicen que vas fatal para denigrarte. Hay mucha envidia y mal ambiente, pero yo les digo a las otras chicas que no me importa".
GABI, 32, CONVICTA POR TRÁFICO DE COCAÍNA

Camiseta de tirantes vintage, leggings Only de Outwear, pendientes Outwear
Gabi se graduó en la Academia de Estudios Económicos ASE, de Bucarest. En su primer año de cárcel probó todos los narcóticos que pudo. Dejarlo es difícil, pero ahora está limpia. Lleva encerrada casi dos años, y le quedan seis por cumplir por ser detenida con 100 gramos de coca. Le hicimos las fotos en la sala del amor, donde a las chicas se les permite reunirse con sus maridos o novios o, en el caso de Gabi, con VICE.
"Mi estilo depende de la situación. Ahora voy de afro-punk, pero hay días en que voy con un estilo más casual, o combinando estilos. Aquí tienes que ser decente, pero aún así es bueno que puedas ser tú misma. Sigo echando de menos la libertad de poder ponerme lo que me dé la gana. A menudo tomo prestada ropa de Simona, y mi hermana me compra lo que sea que se esté comprando para ella misma. Mi compañera de celda Moriko me arregla el pelo casi todos los días. No me gusta ni el kitsch ni las lentejuelas, que es algo muy popular aquí. Las tendencias varían entre lo cursi mezclado con lo gitano y el mal gusto extremado".
CORINA, 24, CONVICTA POR COMPLICIDAD EN FRAUDE

Vestido Only de Outwear, tocado vintage
Quisimos hacer las fotos de Corina en la iglesia. Las celadoras estuvieron de acuerdo pero el sacerdote no, así que le hicimos las fotos bajo la torre de la campana. Las demás reclusas le gritaban "¡prostituta!" a través de los barrotes de sus ventanas.
"La chica que corta el pelo en el salón de la prisión es malísima. Dos de mis compañeras de celda fueron a verla, y la verdad es que le habría quedado mejor si les hubiera puesto un tazon en la cabeza. A mí me arregla el pelo mi hermanastra, Angie. Somos inseparables. Hemos puesto un trozo de cuerda colgando de la ventana de nuestra celda, para poner nuestra ropa a secar. Si la secas en el patio seguro que te la roban".
IOANA, 18, CONVICTA POR COMPLICIDAD EN UN ROBO

Vestido adidas, jeans Levi’s, zapatos vintage, reloj Patch de Ollie Gang Shop; top vintage, jeans vintage, zapatillas Puma; chaleco Levi’s, leggings y zapatos vintage, pendientes vintage, collar Outwear, cinturón Only de Outwear; camiseta Levi’s, leggings y zapatillas adidas
Ioana era muy fan del hip-hop, pero desde que está en la cárcel no tiene más remedio que escuchar lo mismo que las demás prisioneras.
"Escojo mis joyas según lo que esté vistiendo. Lo que se lleva aquí es mezclar la ropa deportiva con cosas más elegantes y femeninas. Todas visten así. A mí me gustan los pendientes dorados redondos, muchos cristales, y piezas grandes que combinen. En la cárcel me visto igual a como lo haría en casa, pero desde que estoy aquí no tengo por quién vestirme”.

CLAUDIA, 34, CONVICTA POR TRÁFICO DE HEROÍNA
Chaleco Levi’s, zapatos y leggings vintage, gorra Levi’s, pendientes vintage, collar Outwear, cinturón Only de Outwear, camiseta Levi’s, leggings y zapatos adidas
Claudia terminó en Târgşor hace un año, después de que apareciera en un vídeo incriminatorio en el que su marido vendía heroína. Aún le faltan seis años para cumplir condena.
"Raras veces me ponía falda antes, pero cuando lo hacía, me aicalaba de arriba abajo: me ponía aretes, dos anillos y un collar. Me encanta el oro, pero aquí sólo está permitido usar plata. Aquí dentro sólo me pongo pantalones cortos y camisetas de tirantes, y cuando estoy en mi celda voy en sujetador. Por supuesto, hay mucha envidia. Nadie visita a las chicas feas. Hay peleas por las cosas más nimias. La última se produjo porque una chica entró en una celda y pisó la alfombra con los zapatos puestos".
ȚUȚU, 36, CONVICTA POR ASESINATO

Camiseta de tirantes Carhartt, vaqueros y accesorios vintage
El verdadero nombre de Țuțu es Sorina, pero así es como la gente se dirige a ella. Lleva cinco años cumplidos de una condena de 20 por asesinato. Nos dice que tiene 28 años, que el tamaño de su falda es "mini" y que el tamaño de su blusa es "rosa". De vez en cuando farfullaba "Jesús", era muy emotiva y nos pidió que nos diéramos la vuelta para cambiarse de ropa. Por alguna razón, su top de color rojo parecía ponerla muy caliente, y se puso a mostrarnos algunos movimientos muy sensuales con la tabla de planchar.
"Me gusta mucho el rojo. Una bonita falda rojo brillante y una camiseta que haga juego y me pongo a caminar coo si estuviera en una pasarela. Lo hago incluso cuando estoy en mi celda. En el pasado trabajaba de stripper. No me gusta el amarillo, pero me gustan los leggings. Mi hombre tiene que ser limpio, elegante, ponerse perfume para mí, y no quiero que vaya de bar en bar pasadas las seis de la tarde. Cuando quiera salir, me lo tiene que preguntar antes".

ANGIE, 31, CONVICTA POR ESTAFA
Camiseta de tirantes Puma, cinturón Vans de Ollie Gang Shop
Angie es la hermanastra de Corina. Fue nadadora olímpica durante 11 años, e incluso tiene cuatro medallas de bronce. Echa de menos el ejercicio, el gimnasio de la prisión está cerrado desde que varios "simios" rompieran la cinta de correr. Se casó y se fue a Grecia, donde encontró trabajo como fotógrafa de bodas. Tuvo tres hijos, ahora su madre se ocupa de ellos. Cuando vienen a visitarla, juegan en el tobogán que se ve en la foto.
"Lo que más echo de menos es a mis hijos y la paz, esto es una jungla. Pero también echo de menos las zapatillas de deporte. No llevarlas, sino comprarlas. Cuando voy al tribunal, o los días de visita, me gusta llevar tacones muy altos, leggings y un vestido. Me gusta Dior, Nike, y también Puma. No me pongo maquillaje, el que venden en prisión es una mierda. Puedes obtener un poco de casa si está bien escondido en las frutas que se les permite traer a los visitantes. Aprendes eso el primer mes que estar aquí. Mientras no trapichees con drogas, las funcionarias no se meten”.


FOTOGRAFÍA: VLAD BRĂTEANU
ESTILISMO: LAS RECLUSAS JUNTO A DANA ANGHEL
TEXTO: IOANA MOLDOVEANU
RECLUSAS: FLORENTINA, SIMONA, GABI, CORINA, IOANA, CLAUDIA, ȚUȚU, ANGIE
