Salí a correr y me secuestró Michael Pitt

El protagonista de Boardwalk Empire captura a nuestro redactor en Madrid y le obliga a escuchar su música.

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22 Junio 2012, 6:00am

“Como hagas una mala crítica vuelvo a Madrid y te mato”. El que me amenaza es Michael Pitt, protagonista de Last Days, Funny Games y por supuesto Hedwig and the Angry Inch. Me lo tropecé esta semana al lado de casa, en mi segundo intento por salir a correr y acabar con una década de sedentarismo. En el primero se interpuso un tinto de verano en Guardias de Corps y esta vez se interpuso el ojeroso actor en Plaza de España. Mi sino es no salir de Conde Duque. A pesar de su sombrero y bastón, vi claro que era él y le pregunté qué hacía aquí. Me contó que vino a dar un concierto secreto con su novia. Me la presenta. “Vente”, me invita ella. “Es que me tendría que cambiar de ropa y además no llevo dinero”, titubeo yo. “Venga, vente así como vas. Es gratis y ya llegamos tarde”, ordena Pitt agarrándome del brazo.

Subiendo Gran Vía junto a él y la modelo Jamie Bochert -musa de Marc Jacobs, dicen- me entero de que son unos amigos suyos que viven en la calle Princesa junto a las escaleras que suben a Cristino Martos quienes le han organizado este bolo misterioso sin avisar a nadie. Toca con su grupo Francis Wolf y con mi secuestrador, que se oculta bajo el sobrenombre Inglus Van Buskirk. Mucho más sutil que Jimmy-de-Boardwalk-Empire, la verdad. De repente se nos pierde. Le encontramos en un quiosco comprando agua de litro y tabaco. Llegamos a la sala y de los cuatro gatos que hay allí, tres ni saben que estaría Pitt. Se siente cómodo en un segundo plano. Me invita a cervezas y chupitos. Le cuenta a todo el mundo que me ha raptado y que voy a escribir un artículo contándolo. Propone hacer foto en los baños. “Es muy VICE”, murmura.

Empieza el concierto. Jamie va muy en serio cantando historias de novios que se aparecen en forma de fantasma. Pitt un poco menos. Fuma como una chimenea y cuenta chistes. “¿Sabéis cómo se deja embarazada a una monja? (...) Follándotela”. Cuando los amigos de su chica gritan “¡Big heart”, él responde “Pig heart. Pig fucking heart”. Un alborotador entrañable disfrazado de grunge que se viene arriba con la guitarra como si estuviera tocando con su banda Pagoda. En general me gusta lo que hacen. Y no lo digo para esquivar la paliza. Cuando acaban le digo a Jamie que me han recordado un poco a Mark Lanegan y me confiesa que es una de sus mayores influencias y sueña con conocerle y colaborar con él. También le gusta Chavela Vargas, por lo visto.

Esta es la impactante instantánea que utilizó Michael Pitt para pedir rescate por su rehén.

Tomamos algunas cervezas más. Y Pitt muchos cigarros más. Ya se tambalea un poco. Advierte que necesita comer algo. Le hace gracia mi camiseta del Herald Tribune. Me señala y dice “¿en qué periódico has dicho que trabajas?”. Yo le aconsejo que se dejen de reuniones VIP clandestinas y vuelvan a España anunciando su concierto. Acepta con una única condición: “si me invitas a una fiesta de VICE”. Le digo que trato hecho, que como si quiere volar de Nueva York a Coruña y pasar la Nochevieja con mi familia. Son ya las tantas de la madrugada y tengo que estar muy temprano en la oficina al día siguiente. Pitt tiene cada vez más hambre. Bajamos Gran Vía y me mira a los ojos. “Estoy borracho”. Es su contraseña para liberarme. Tengo síndrome de Estocolmo.

Fotos: Iago Fernández