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Cultură

Una mañana en el museo del mamut de Barcelona

Una mañana en el museo del mamut de Barcelona.
19.7.10

Hace unos días mis simpáticos compañeros de redacción me enviaron, como becaria pluriempleada que soy, a visitar el Museo del Mamut de Barcelona. Sí, en serio, hay un museo sobre mamuts en Barcelona. ¿Por qué? Pues porque resulta que en Cataluña vivieron mamuts hace millones de años. A una de mis compañeras de piso le encantó la idea, así que se vino conmigo. Francesc Pardo, el tipo responsable del museo con el que nos habíamos citado, nos atendió muy amablemente. Tan amablemente que cuando terminó la visita guiada nos invitó a una cerveza y me pidió el número de teléfono.

Visión frontal de un mamut. Este era un mamut macho. Por lo visto eso se puede saber gracias al hecho de que los colmillos tienen una curvatura torcida, no sé si me explico.

Vice: ¿Qué ha estudiado usted exactamente?
Francesc Pardo: Biología y Paleontología. Esto es una fundación de paleontólogos. Llevamos aquí solamente cinco meses y medio, sin ninguna subvención porque es un museo privado. Esto es una colección privada. Llevamos ya muchos años en esto, vendemos a museos, hacíamos exposiciones itinerantes por todo el mundo antes de aterrizar en Barcelona. En principio esto tendría que haber ido para Vancouver, de hecho en París también nos ofrecieron unas instalaciones, pero a última hora hubo un cambio de planes y apostamos por Barcelona. Hemos hecho dos cosas: la primera, que es muy importante, ha sido recuperar un espacio como este para la ciudad, que es un palacio que ha estado cerrado unos 16 años, la Casa de la Custodia. El espacio es muy bonito y es único porque además tiene arcadas góticas del siglo XIV. Y también hemos hecho el único museo del mundo donde se pueden tocar las piezas que sacamos de yacimientos importantes de Siberia, de permafrosts –que son glaciares enormes– de la República de Yakutia y de Alaska, y también un poquito de Cataluña. ¿Así que todas las piezas que hay en el museo las habéis encontrado vosotros?
Sí, sí, claro. Concretamente lo que exponemos en este museo lo extrajimos de permafrosts de por ejemplo Siberia, por eso tienen esa conservación tan buena. Puedes oler el cuerno de un rinoceronte lanudo, que nadie los ha visto y cuando llegan aquí se sorprenden, y al olerlo, al ser de keratina y no de marfil, todavía huele al animal, el olor está intacto. La gente flipa, es que estamos hablando de 15 mil años.

Mi compañera de piso Pilar posando con un oso de las cavernas. En la tienda del museo se pueden comprar garras de oso por el módico precio de 500 euros. También venden joyas hechas de marfil y penes de morsa tallados por un chamán. No es broma. Francesc y un compañero suyo bromearon con que si el pene era español o ruso. Fue un poco raro…

¿Y sois vosotros los que hacéis las excavaciones?
Sí, aunque yo hace ya dos años que no voy, me estoy haciendo viejecito. Así que de vez en cuando os ibais a Siberia a picar hielo.
A picar hielo no.

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Bueno, es una forma de hablar.
En la zona en la que trabajamos, que es la más grande del mundo, es un permafrost que es como cinco veces Cataluña. Tiene 1.500 metros de profundidad. Ahí vamos en verano, cada año llevamos grupos de unas 20-25 personas, la mayoría son chavales estudiantes de biología que después de la expedición tienen una experiencia de supermáster. Allí en invierno la temperatura puede llegar a –70º, y en verano es de unos –10º a –30º. Es más fácil en verano porque la superficie de los glaciales está más blanda, y a los laterales proyectamos agua con vehículos anfibios que tenemos para que se vayan deshaciendo. Así que no es picar hielo exactamente, se trata de proyectar un chorro de agua.

¿Y cómo se encuentra un yacimiento? ¿Cómo lo detectáis?
Esto es como un cazador cuando va a cazar, que tiene que buscar pistas, pisadas… Pues nosotros tenemos la intuición por los cauces de los ríos, los glaciales, cuando encontramos pelo sabemos que es un animal que se ha descompuesto… No es tan sencillo, es difícil. No es aquello que pegas una patada y sale un yacimiento, si fuera tan fácil… ¿Y por qué que os hayáis interesado en concreto por los mamuts?
Esto viene ya de hace muchos años, lo que pasa es que aquí en Barcelona nos puede chocar un poco, pero ya hay varios museos por el mundo. Hay también uno en México. Y aquí también hay un mamut en el parque de la Ciutadella con el que todo el mundo se ha hecho una foto.

Sí, y todos nos preguntábamos qué pinta un mamut ahí.
Bueno, lo hizo un artista que quería hacer una serie de esculturas de todos los animales del pleistoceno que vivían en la tierra, y aquí en Cataluña también. Lo que pasa es que hizo el mamut y se murió, y no le dio tiempo a hacer más esculturas.

En cambio, en París hubo un artista que copió la idea y en cada parque puso un animal. También lo hizo un poco para recordar que en los años 20 en la ciudad de Barcelona se encontró un mamut de 5 metros, en la avenida Pearson, en unas obras que se hicieron. Y hace dos años y medio unas amigas nuestras encontraron en Viladecans, concretamente en Can Guardiola, el yacimiento más importante de toda España. Lo que se extrae de, por ejemplo, Cataluña, de España, de Europa o de Estados Unidos, son fósiles. La diferencia es que lo que exponemos aquí no son fósiles, son huesos, los sacamos del hielo. La gente con lo que flipa es con eso y, a parte, todo el mundo cuando va a un museo tiene el chip de que no puedes tocar nada y no puedes hacer fotos, y aquí es todo lo contrario. Se puede tocar todo, con cuidado, claro, porque son piezas muy, muy antiguas de hace quince, veinte o treinta mil años, y también se pueden hacer fotos. Desde aquí lo que estamos proyectando es eso, que es un museo donde se pueden tocar las piezas y hacer fotos. Mucha información se pierde cuando vas a un museo y no puedes tocar las piezas, ya que la información no es sólo vista, si no también tacto, olfato, etc. Ya que dice lo de Barcelona, a mi lo que me chocó al entrar en la página web fue leer que hubo mamuts incluso en Granada.
Sí, los mamuts que vivían en África se extendieron por toda Euroasia. Si ahora tuviésemos una maquinita del tiempo y retrocediéramos 15 mil años no habrían estas casas, no habrían estas calles, pero habrían mamuts y otros animales. Claro, la tierra también era diferente, los mapas cambiaban, pero por supuesto vivían animales.

Ya, pero igual por las condiciones climatológicas…
A ver, ¡que era la época glacial!

Francesc insistió mucho en fotografiarme sujetando un fémur de mamut. Me puse un poco nerviosa.

Luego nos pidió que nos pusiéramos ahí para hacernos una foto con el esqueleto de mamut. Nos dijo que levantáramos los brazos, no sé por qué.

Quería hacerle una foto a Francesc para la posteridad, pero él insistió en que teníamos que posar los tres juntos… El tipo que se ve al lado con pantalones de camuflaje es Sergei, un piloto ruso que forma parte de las expediciones cuando van a Siberia.

Para terminar el carrete, Francesc me sugirió que me tumbara en el suelo y posara de esta guisa bajo el rinoceronte. Lo hice. Luego me sugirió que podríamos hacernos una foto con él levantándome en brazos, como si me estuviera salvando del ataque de un mamut. Le dije que no, gracias.

http://www.museodelmamut.com/