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Isaki Lacuesta se entrevista a sí mismo

El director se presenta con Murieron por encima de sus posibilidades -una comedia sobre la violencia de las crisis- en San Sebastián. El festival donde ya se lió cuando ganó la Concha de Oro.

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Ésta es la primera vez que me hago una entrevista a mí mismo. Para resolver el embrollo, he confeccionado una lista con las once preguntas sobre Murieron… que me hacen más a menudo, y me las he contestado diciéndome la verdad y nada más que la verdad. Así, a partir de ahora, cuando me las pregunten de nuevo, podré tumbarme a la bartola y remitir a todo el mundo hacia esta hermosa web.

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¡Vamos allá!

Isaki Lacuesta: ¿Te puedo tutear? ¿Cómo has conseguido reunir un casting tan increíble?

Isaki Lacuesta: Sí, claro, como si estuvieras en tu casa. Porque la gente que trabaja en la cultura suele ser muy generosa, y disfruta metiéndose en camisas de once varas. Sé que en Murieron… he contado con un reparto y con un equipo técnico como nunca más tendré en la vida. Hemos hecho la película que habíamos soñado.

¿Qué es Murieron por encima de sus posibilidades?

Es la historia de cinco tipos que deciden salvar España y la economía mundial y, para ello, no se les ocurre nada mejor que secuestrar al presidente del Banco Central. Una comedia negra con topos de colores, un Telediario donde a los presentadores se les puede escapar la risa, un retrato de la España de nuestros días, de la crisis, de la corrupción moral. Una sátira para reírnos de todo y de todos, empezando por nosotros mismos. Cuando ves los NO-DO de los años 40, te das cuenta que reflejan la época con menos realismo que las películas de Berlanga y Neville.

¿Podrías definirías a los actores de Murieron… en una frase?

Voy a intentarlo… aunque para algunos necesitaría una enciclopedia entera. Raúl Arévalo: la intensidad, cuando le ves en directo ya es buenísimo, pero al revisar las tomas, compruebas que es aún mejor, más rápido y exacto, un superdotado. Imanol Arias: admiración. Solo un mito viviente puede ser Alcántara, El Lute y Anacleto al mismo tiempo. Alex Brendehmül: la creatividad desbordante, un artista. Bruno Bergonzini: el duende, deberíamos gozarle en el cine más a menudo. José Coronado: ¡pedazo profesional! Nunca he visto a nadie con tanta capacidad de percibir todo lo que ocurre en un set, con tanto dominio y generosidad. Eduard Fernández: el control, la búsqueda imparable (¿compatible con el control desbocado?). Ariadna Gil: la credibilidad máxima, me dejaría caer de espaldas si ella estuviera abajo. Bárbara Lennie: la joya de la corona, merece una generación a su altura. Sergi López: el encantador, David Bowie resplandeciente en alpargatas.

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Carmen Machi:el detalle más pequeño hecho visible, muuucho arte. Ángela Molina: la belleza de saber que el temple y el rajo sí eran compatibles. Alex Monner: espero mucho, mucho, lo mejor de él. Albert Pla: el talento, puro y sobrado, un caballero y un filántropo. José Maria Pou: Próspero (me refiero al personaje de Shakespeare, no al adjetivo). José Sacristán: sabio en su punto justo, como si al Quijote le embargara más sabiduría que locura. Emma Suárez: quiero rodar con Emma cada día hasta que nos muramos todos. Iván Telefunken: una greguería andante, poesía eres tú. Luis Tosar: uno de los cómicos más talentosos y divertidos del país.Julián Villagrán: español camaleónico (tiene un espectro tan amplio como para robarle personajes a López Vázquez o a Belmondo: hay un hombre en España que puede hacerlo todo). Jordi Vilches: la sensibilidad tatuada a flor de piel, un genio cómico con un talento dramático por explotar.

¿Cómo ha sido el proceso de trabajar en cooperativa?

Ha ido de maravilla. No quisimos pedir subvenciones ni esperar a las televisiones, decidimos que había que rodar la película cuanto antes, o, de lo contrario, no la rodaríamos jamás. Así que todos hemos invertido nuestro trabajo y/o dinero, de tal modo que todo el equipo somos coproductores de facto, y hemos apostado nuestro sueldo a cambio de un porcentaje de los hipotéticos beneficios de la película. En fin, eso significa que somos bastantes más de cien personas que hemos creído que Murieron… tenía que existir y que existe un público para esta película. ¡Confiamos en ello! Lo mejor de todo es que no ha habido ningún equívoco y que, dos años después, todos seguimos siendo buenos amigos, estamos orgullosos de la película, la sentimos nuestra y casi todo el equipo va a viajar a Donosti para celebrarlo juntos. Será un fiestón. Dicho todo lo cual: ha ido de maravilla, sí, pero en el futuro preferiría no tener que repetir este sistema de trabajo y que todos podamos cobrar un sueldo como es debido, sin tanta incertidumbre.

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Entonces, ¿crees de veras que la película será un éxito?

Sin duda. ¡Ya lo es!

Esta película no se parece a ninguna de tus anteriores películas… ¿buscabas cambiar de registro?

Esta misma pregunta me la han hecho en el estreno de todas mis películas… Siempre intento hacer películas que antes de hacerlas no existieran. Y creo que cuando haces algo por primera vez aprendes, disfrutas y, por eso mismo, se vive con una intensidad especial que puede transmitirse al espectador.

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He leído en Variety que, con Murieron…, te has pasado al cine mainstream y comercial, ¿es cierto?

Nunca pienso en esos términos. Quiero hacer cine del derecho y del revés. Soy un espectador omnívoro y aspiro a serlo también como cineasta. Me gustaría hacer cine de terror hollywoodiense, musicales, películas táctiles, re-ensayar el Odorama con un documental ambientado en Cabrales… trabajar en películas que requieran enormes presupuestos y al día siguiente rodar por amor al arte, en casa. Además, me interesa enormemente la síntesis: ya sé que hay gente que piensa que Albert Pla e Imanol Arias pertenecen a especies animales y zoológicas distintas, pero a mí me interesan los puntos de encuentro. Malditos sean los puzzles que solo admiten ser hechos de una única manera. Partir de un aparente desorden puede ser la mejor forma para recolocar las piezas de forma insospechada. Me interesa ver si un diálogo desesperado puede llegar a ser tronchante, si una tragedia isabelina encaja bien con planos del cine de terror y si el spaghetti western desemboca en la comedia disparatada.

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En la película hay mucha comedia, pero también escenas de violencia… que son poco habituales en el cine español, ¿no te daba miedo que eso sorprenda al público?

Al contrario, me parecían escenas imprescindibles. Y es que los discursos oficiales han logrado invisibilizar la violencia que la crisis ha ejercido sobre la sociedad, porque es una violencia traducida a números, estadísticas y frases hechas. Por eso, la película busca formas gráficas de transmitir y visualizar esa violencia: la empatía desde el melodrama, la comprensión desde el esperpento y el horror desde el gore. Siempre podrá haber alguien que se sienta más perturbado viendo a un actor salpicado de ketchup que el Telediario. Pero de eso se trata. Mientras algunos dirigentes tiran la piedra y esconden la mano, en el cine mostramos las manos y tiramos cartón piedra.

¿Crees que el cine tiene que ser social y hablar de los problemas del presente?

El cine no tiene por qué ser nada obligatoriamente y lo puede ser todo libremente.

El cine español está fatal y todo es un desastre, ¿verdad?

No. Eso es falso y, sobre todo, aburrido. No me interesa guardar turno frente a la ventanilla de las quejas: es demasiado triste y, en este país, ineficaz. El cine ya no ocupa un papel central en la sociedad, pero sin embargo estamos en un momento de enorme efervescencia creativa, que es lo que me interesa.

Por último, antes de despedirnos… ¿cómo es posible que a un inútil como tú le sigan dejando hacer películas?

Porque no pido permiso. Simplemente, las hago. Trabajo sin parar. Adoro mi trabajo. Escribir, localizar, rodar, montar, mezclar, juguetear con las músicas, etalonar… todo eso me hace muy feliz. Además, ahora estoy justo empezando…¡lo mejor está por venir!