FYI.

This story is over 5 years old.

Cultură

Ibogaína, Islam y heroína en Afganistán

“En el Corán se dice que por cada enfermedad hay una medicina sobre la tierra y es responsabilidad humana buscarla”, dice Murtaza Majeed, quien planea abrir una clínica de ibogaína en Afganistán para tratar a adictos a la heroína.
31.7.14

Fotos via Wikimedia Commons

Cuando Murtaza Majeed se enteró de que la organización internacional de salud Médicos del Mundo planeaba abrir el primer local de intercambio de agujas y jeringuillas en Afganistán, la idea parecía absurda. El país islámico sufre una epidemia de heroína de proporciones aterradoras, en gran parte porque los adictos son tratados como unos completos parias.

“No había nada para ayudar a los drogodependientes”, declaró a VICE Majeed, residente en Kabul y antiguo miembro del programa de reducción de daños de Médicos del Mundo. “El concepto con el que trabajaba nuestro gobierno era, desafortunadamente, el de si tomabas drogas o no”.

Publicidad

A pesar de la falta de interés por las adicciones, Médicos del Mundo comenzó a repartir gratuitamente agujas limpias en 2005 y a ofrecer metadona a los yonkis de Kabul algunos años después. Ayudó el hecho de que Majeed y otras personas que administraban el programa, tuvieran el apoyo de la Organización Mundial de la Salud, el Fondo Mundial y otras ONG influyentes. Pero Majeed también desarrolló un potente argumento para convencer a los escépticos.

“Tuvimos que convencerlos de que había algo que podía ayudar a los consumidores de drogas y a la sociedad”, nos dijo Majeed. “Al final, todo el mundo quiere curar la drogodependencia. Para mí, paliar el daño que este problema provoca era un paso intermedio. Al reducir los riesgos podemos hablar con los consumidores e intentar liberarlos de la adicción”.

Sin embargo, la puesta en marcha de estos servicios no ha logrado contener el consumo de drogas en Afganistán. Naciones Unidas estima que 1,6 millones de afganos, más del 5% de la población, es adicta.

Majeed, de 27 años, ha propuesto un audaz plan en respuesta a la creciente crisis. Su repuesta incluye una droga alucinógena africana, un autoproclamado chamán y al rapero Immortal Technique.

La idea es abrir la primera clínica de rehabilitación de Afganistán especializada en el tratamiento con ibogaína. La ibogaína es un alcaloide extraído de la corteza de la raíz de un arbusto nativo de la selva tropical del oeste de África central. Ha sido utilizada durante siglos en ceremonias religiosas como sustancia alucinógena, y se ha vuelto muy popular como método alternativo para salirse de la adicción a la heroína. Sus defensores argumentan que el intenso y quimérico estado al que induce, inspira a los adictos a replantearse sus vidas. Algunas investigaciones científicas han encontrado evidencias que sugieren que la ibogaína bloquea el síndrome de abstinencia y elimina el deseo de drogarse.

Publicidad

De acuerdo con Tom Kingsley Brown, un investigador de la Universidad de California en San Diego, que trabaja conjuntamente con la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos, no hay consenso científico sobre cómo actúa la ibogaína en el cuerpo, pero sus efectos sobre la recuperación de los adictos son normalmente impresionantes.

“Logras que la adicción se interrumpa sin los síntomas de la abstinencia”, dice Brown. “También se ha demostrado que reduce las ganas de inyectarse heroína y otro tipo de opiáceos. Esa interrupción del deseo puede durar semanas en muchas personas”.

El problema con la ibogaína es que tiene varios efectos secundarios graves, como náuseas y vértigo. Ocasionalmente puede causar la muerte. Desde 1900, se sabe que al menos 19 personas han muerto después de tomarla, la mayoría debido a la preexistencia de afecciones médicas o por ser combinada con otras drogas. La ibogaína está catalogada en la lista de drogas Clase I de los Estados Unidos, una clasificación reservada a la heroína, el MDMA, la marihuana y otras drogas que el gobierno considera que tienen un alto potencial de adicción, y no acepta su aplicación médica. Sin embargo, la ibogaína es una sustancia poco regulada en otros lugares y algunas clínicas –muchas de ellas cobran miles de dólares por visita– tratan pacientes con ella en decenas de países alrededor del mundo, incluidos Canadá y México.

Publicidad

El promotor más destacado de la droga es Dimitri “Mobengo” Mugianis, un heroinómano rehabilitado de 51 años convertido en el chamán de la ibogaína en Nueva York. Mugianis se sometió a un tratamiento de ibogaína en los Países Bajos y luego estudió el Bwiti, un rito africano que utiliza drogas de manera espiritual. Llevó a cabo algunas ceremonias con ibogaína para rehabilitar a adictos a los opiáceos en los Estados Unidos, hasta que fue blanco de una operación encubierta de la DEA en 2011, que terminó con un cargo menor por posesión de drogas, una pequeña multa y un corto periodo de arresto domiciliario.

Mugianis ahora realiza sus ceremonias en Costa Rica y trabaja para una organización sin ánimo de lucro dedicada a la educación para reducir los daños de las adicciones, situada al este de Harlem y el Bronx. Una de sus ceremonias con ibogaína que le realizó a un adicto en Tijuana aparece en un episodio de VICE on HBO.

Majeed conoció a Mugianis en 2009 en una conferencia de reducción de riesgos en Bangkok, y hoy en día se refiere al chamán como “uno de mis grandes consejeros”. Mugianis contó a VICE que espera crear un “círculo de curación” para yonkis afganos y veteranos de guerra norteamericanos que sufren de adicciones y trastorno de estrés postraumático.

“Es trabajar ambas caras del conflicto y ayudar a los dos bandos”, dice Mugianis. “Pero los que pasa es que, ya sabes, esto es Afganistán. Puedes terminar con un cadáver en las manos muy fácilmente, a menos que seas muy, muy cuidadoso”.

Publicidad

La seguridad es un tema de preocupación importante para Majeed. Dejó Afganistán hace tres años porque tenía “algunos asuntos políticos con el gobierno”, además de problemas personales de los que no quiere hablar. Ahora vive en Suecia y está tranquilo de volver a Kabul en septiembre, donde planea comenzar un proceso burocrático para lograr que la ibogaína sea aprobada como medicina. Si todo sale bien, un especialista en ibogaína del sur de África le suministrará la droga y viajará a Afganistán para ayudar con el programa y formar a los médicos locales. Pero todavía quedan muchos obstáculos que superar para conseguirlo.

El Ministerio de Salud Pública de Afganistán no quiso hacer declaraciones a VICE en relación con la ibogaína y la política de drogas del país. Majeed dice que la ibogaína ocupa una zona gris en la ley afgana, no está específicamente sancionada ni prohibida. El mayor obstáculo es que está mal vista por los funcionarios del área de la salud de los Estados Unidos, quienes tienen una influencia muy importante sobre sus homólogos afganos.

“Estamos muy influenciados por las políticas de drogas de los Estados Unidos”, dice Majeed. “Siempre estamos vigilando los cultivos de drogas. El objetivo principal del gobierno es cambiar la situación: ‘estamos produciendo más del 90% de la heroína del mundo, así que debemos erradicarlo todo’. Pero nadie se preocupa por los consumidores”.

Publicidad

Llevó años de trabajo introducir en el país un tratamiento tan convencional como el de la metadona. Oliver Maguet, quien encabezó la iniciativa de reducción de daños de Médicos del Mundo en Afganistán desde 2006 hasta 2013, declaró a VICE que los funcionarios de salud pública apoyaron el proyecto en Kabul, pero que el Ministerio afgano de lucha contra los estupefacientes era “más que reticente” a aprobar la metadona. Oliver cree que el gobierno tendrá que ampliar el programa.

También está la dificultad de convencer a los funcionarios de un país devotamente islámico para que acepten un alucinógeno tan potente. Anwar Jeewa, el especialista sudafricano en ibogaína que espera incorporarse a la empresa de Majeed en Afganistán, comentó a VICE que él había tratado a 1.500 pacientes en su país, sin interferencia alguna por parte de los líderes religiosos.

“Aquí tenemos una comunidad musulmana muy conservadora y nadie ha objetado”, dice Jeewa. “La mayoría de pacientes que he tratado son musulmanes. Ellos entienden que se trata de un material vegetal que es natural, que no contradice al Islam de ningún modo”.

Además de Mugianis, dos carismáticos neoyorquinos están ayudando a Majeed a recaudar el dinero para cubrir los gastos de su viaje y para poder costear su proyecto con la ibogaína. El primero de ellos es Felipe Coronel, más conocido por su nombre artístico Immortal Technique, un respetado rapero indie que apoya distintos proyectos de cooperación internacional, incluyendo un orfanato en Afganistán y el intento de Majeed de abrir una clínica de ibogaína en Kabul.

Publicidad

“Creo que al menos podría dársele [a la ibogaína] una oportunidad y hablar sobre ella y forzando un diálogo en el núcleo del gobierno estadounidense”, declaró Immortal Technique a VICE. “La ibogaína hace lo que el ejército norteamericano y todas sus fuerzas intentaron hacer, detener la adicción a la heroína. El problema con la amapola es una de las razones por las que estamos allí. Esto se aparta de los pretextos que tiene Norteamérica para estar allí.”

El rapero fue reclutado para la causa por Dana Beal, un activista político de Nueva York de 67 años y un enorme y espeso bigote blanco. Beal es conocido por apoyar el uso medicinal de la marihuana y la ibogaína. Se metió en problemas con la ley en 2008, cuando fue capturado en Illinois con dos bolsas de lona que contenían 150.000 dólares, dinero con el que planeaba fundar una clínica de investigación sobre la ibogaína. También fue arrestado junto a dos ayudantes en 2009, después de que se les incautaran casi 70 kilos de marihuana en su coche. Y una vez más en 2010, cuando la policía de Wisconsin encontró 85 kilos de hierba en otro coche. Beal salió en libertad condicional en febrero, después de cumplir condena en Nebraska y Wisconsin.

Beal declaró a VICE que había recaudado más de 5.000 dólares en nombre de Majeed, incluyendo los miles de dólares resultantes de una subasta celebrada el mes pasado que contó con la actuación de Immortal Technique. Beal dijo que su objetivo es ayudar a consolidar el tratamiento con ibogaína en Afganistán como una manera de mejorar la imagen de la droga en los Estados Unidos.

“La ruta hacia la ibogaína pasa por Kabul”, dice Beal. “Cuando los estadounidenses ricos lean que no pueden ser tratados con ibogaína, pero que los más pobres de Kabul están siendo tratados con éxito, van a decir, ‘¿y por qué no la tenemos aquí?’”

Sin embargo, Majeed advierte que puede pasar bastante tiempo antes de que el primer yonki afgano reciba su dosis de ibogaína. Su objetivo a corto plazo es crear un piloto del proyecto, que necesitará la aprobación de los funcionarios de los ministerios de Salud Pública, Justicia y de lucha contra los estupefacientes. Pero Majeed, basándose en su experiencia de abogar por la reducción de riesgos en Afganistán, ha perfeccionado su discurso.

“En el Corán se dice que por cada enfermedad hay una medicina sobre la tierra y es responsabilidad humana buscarla”, dice Majeed. “Esa es la primera línea de mi discurso siempre que hablo de la ibogaína. Quizá este sea el tratamiento que Dios ha creado para nosotros”.

Sigue a Keegan Hamilton en Twitter: @keegan_hamilton