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Los científicos nucleares hindúes no lo han pasado muy bien durante la última década. La comunidad no sólo ha sido afectada por una plaga de “suicidios”, muertes sin explicación y sabotajes, sino que esos incidentes han pasado prácticamente inadvertidos en el país, desvaneciéndose del interés del público y siendo los rápidamente abandonados por la policía.
El mes pasado, KK Josh y Abhish Shivam, dos ingenieros de alto nivel del primer submarino hindú alimentado con energía nuclear, fueron encontrados por unos trabajadores en las vías del tren. Los habían sacado del trazado antes de que un tren pudiera aplastarlos, pero ya estaban muertos. No se encontraron señales en los cuerpos, y por tanto estaba claro que no habían sido arrollados por un tren en movimiento, y los informes defienden que fueron envenenados en algún otro lugar antes de que depositaran sus cuerpos en las vías para que sus muertes parecieran consecuencia de accidente o suicidio. Sin embargo, los medios de comunicación y el Ministerio de Defensa describieron el suceso como un accidente rutinario y ya no lo investigaron más.
Estas son las últimas de una larga lista de muertes sospechosas. Cuando en junio de 2009 se encontró el cuerpo del científico nuclear Lokanathan Mahalingam, se calificó enseguida de suicidio y los medios de comunicación no le prestaron mayor caso. Sin embargo, medios paquistaníes, de forma quizá nada sorprendente dadas las relaciones entre los dos países, mantuvieron viva la historia, haciendo notar lo rápidas que fueron las autoridades en declarar la muerte como un suicidio teniendo en cuenta que no había nota alguna que lo justificara.
Cinco años antes, en el mismo bosque en el que sería descubierto el cadáver de Mahalingham, un grupo con armamento sofisticado supuestamente intentó secuestrar a un directivo de la Nuclear Power Corporation (NPC) hindú. El hombre consiguió escapar. Otro empleado de la NPC, Ravi Mule, había sido asesinado unas semanas antes, con la policía “no encontrando pista alguna” y dejando a todos los efectos a su familia que investigara el crimen. Un par de años más tarde, en abril de 2011, cuando se encontró el cuerpo del científico Uma Rao, los investigadores determinaron que había sido un suicidio, pero los miembros de su familia apelaron ese veredicto diciendo que nunca hubo señales de que Rao fuera un suicida en potencia.

Trombay, donde se encuentra el primer reactor atómico de India (Foto vía)
Este parece ser un tema recurrente en las muertes en el seno de esta comunidad. Madhav Nalapat, uno de los pocos periodistas en India que ha prestado verdadera atención a los casos, ha estado en estrecho contacto con las familias de los científicos recientemente fallecidos que dejaron en las vías del tren. “No había absolutamente ningún tipo de depresión o problemas familiares que pudieran conducir al suicidio”, me explicó por teléfono.
Si las muertes de los miembros de la comunidad no se despachan como suicidios, por lo general acaban siendo calificadas como “sin explicación”. Un buen ejemplo es el caso de M Iyer, al que encontraron con una hemorragia craneal interna, posiblemente resultado de un "retorcido experimento", según un agente de policía. Después de un examen preliminar, la policía no pudo averiguar cómo Iyer podía haber sufrido daños internos sin mostrar su cuerpo cortes o heridas, y la investigación se quedó en nada.
Esta etiqueta es, en su esencia, una admisión de derrota por parte de las agencias policiales. Una vez que el sello “sin explicación” ha sido aprobado, los cuerpos gubernamentales no suelen encargar a la policía que investigue más. Esto puede ser una necesidad dada la clara falta de pruebas en las escenas de las muertes –un detalle que algunos sugieren que podría indicar el trabajo de asesinos profesionales– pero de ser este el caso, ¿por qué no hacer que los investigaran detectives más cualificados? En otros países, una racha de muertes en la comunidad científica nuclear provocaría una tormenta mediática y una investigación policial altamente publicitada. ¿Por qué en India no?
Esta inercia ha llevado a que el gran público sienta una profunda insatisfacción con la policía hindú. “[La policía] dice que es un asesinato sin resolver, eso es todo. ¿Por qué no requieren a alguien que esté por encima? ¿Quizá a una unidad de investigaciones especializadas?”, se pregunta Madhav. “Estas personas estaban trabajando en el programa del submarino, creando un reactor, y bien han ‘cometido suicidio’ o han sido asesinados. Es para quedarse pasmado que esto no se haya visto como sospechoso".
Es posible, sugerí yo, que esta serie de muertes sea tan sólo el último capítulo de una larga campaña para hacer descarrilar la capacidad nuclear y tecnológica de India. Madhav se mostró de acuerdo. “Existe un claro patrón de este tipo de actividades”, dijo.
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INS Sindhurakshak (Foto vía)
La explosión que hundió el INS Sindhurakshak –un submarino que estaba atracado en Bombay– en agosto de este año podría haber sido provocada, según fuentes de inteligencia no identificadas. Y hay quienes afirman que detrás del sabotaje de la Indian Space Research Organisation (ISRO) estaba la CIA.
Por supuesto, las muertes han provocado miedo y tensión entre aquellos que actualmente trabajan en India en sus distintos proyectos nucleares. “[Mis informadores anónimos] tienen miedo de tener que ver con la industria nuclear hindú”, me confió Madhav. Sus “familias se están poniendo muy nerviosas al respecto” y “muchos de ellos se están marchando a países extranjeros y empleándose en otras cosas”.
Existen paralelismos con los numerosos ataques que ha sufrido la comunidad científica nuclear iraní. Cinco personas vinculadas al programa nuclear del país fueron objetivos mediante el mismo método: hombres en moto pegando bombas imán en sus coches y haciéndolas detonar mientras se dan a la fuga. Pero el gobierno iraní no ha tenido pelos en la lengua al condenar estos ataques –culpando a Estados Unidos e Israel– y al menos dan la apariencia de estar investigando de forma activa.
No puede decirse lo mismo del gobierno hindú. “India no está diciendo ni pío sobre todo este asunto”, me explicó Madhav. “La gente simplemente ha aceptado la versión de la policía, [que describe estos incidentes] como clases normales de muerte”.
Si las muertes, de hecho, resultan ser asesinatos premeditados, decidir en este punto quién es el responsable es pura especulación. Dos autores afirman que los EE.UU. ya han estado involucrados en el pasado en sabotajes al desarrollo tecnológico del país; China libra una constante batalla no cruenta con India, y la volátil relación con Pakistán convierte a ese país en principal sospechoso. “Podría ser cualquier de ellos”, dijo Madhav.
Pero el asunto más apremiante no es quién podría estar detrás de los asesinatos, sino que la apatía del gobierno hindú está poniendo potencialmente en un riesgo aún mayor a su más valioso personal. En la actualidad, estos científicos, vitales en el desarrollo de los programas nucleares de India, ya por cuestiones energéticos o de seguridad, no tienen "absolutamente ninguna protección. Nada, cero", me dijo Madhav. "Lo cual resulta increíble tratándose de gente que está en un programa tan delicado".
