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La realidad es que es muy difícil que te internen y que te dejen retenido. Por ley, detener a alguien por razones de salud mental —porque ya no puede tomar decisiones por sí mismo y supone un riesgo para él mismo o los que le rodean—, es un acto de último recurso.Jo alcanzó lo que podría considerarse su peor momento una noche de enero de 2013, cuando llamó a la policía para que internaran a su propia hija. Nikki, que ahora tiene 28 años, estaba caminando por el arcén de la A143 con una maleta repleta de cosas extrañas, diciendo que se iba a Londres (vive en Norfolk). Cuando Jo llegó a su lado, Nikki empezó a dar vueltas en medio de la carretera. "Nadie quiere que internen a su pequeña, pero en ese momento sentí que aquel era el único camino a seguir", explica Jo.De hecho, Nikki llevaba casi ocho años sufriendo un trastorno bipolar no diagnosticado, y se había presentado reiteradamente en el departamento de A&E (Accidentes y Emergencias) mostrando una gran angustia mental. La retuvieron durante periodos cortos como paciente voluntaria, lo que significa que era libre de irse en cualquier momento y que el hospital estaba en su derecho de darle el alta si necesitaba la cama, sin seguir además ningún tratamiento o recibir cuidados en dicho lugar. Dado que en Gran Bretaña se han perdido casi 2.000 plazas de salud mental en los últimos cinco años, el espacio escasea y es una prioridad. En algunas partes del país, solo los casos más agudos pueden permanecer en los centros. Según el Dr. Salter, "por no llamarlo un nido de serpientes, las salas son algo parecido a lo que podríamos imaginarnos de Bedlam. Las salas son más caóticas y más turbulentas, pero hacemos todo lo que está en nuestras manos para hacer frente a este problema"."Yo diría que el internamiento salva vidas", dice. "En Hackney podemos salvar unas tres vidas cada noche".
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Laura, de 24 años, ha sido diagnosticada con trastorno esquizoafectivo, que es una combinación de esquizofrenia y trastorno del humor que puede hacer la vida del paciente bastante impredecible si no toma la medicación. No obstante, el hospital necesitó mucho tiempo para diagnosticar su problema y después encontrar la combinación adecuada para tratarla. Mientras tanto, Laura estaba decidida a suicidarse, hasta el punto en que fue trasladada de una sala abierta a una unidad de seguridad."Por más seguros que traten de mantenernos, siempre vamos a encontrar la forma. En un momento en que tuve a mano una cuchilla de afeitar, me rebané el cuello por encima de la yugular y necesité puntos externos y también internos. Me quedé a un milímetro", me comenta. "Tomé veneno. Me autolesioné y me corté una vena. Era realmente peligroso, así que entendí por qué tuvieron que trasladarme. Podría fácilmente haber muerto".Para la mayoría de las personas, ser internado no supone el final de la historia, sino un punto de inflexión.
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