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El ébola es el ISIS de nuestras fantasías apocalípticas

La absurda comparación de la CNN sobre el virus mortal y la organización yihadista refleja la fascinación por el fin de los tiempos del imaginario occidental.
9.10.14
Imagen vía Twitter

Fue el titular que desencadenó miles de tweets. Extendido en la parte inferior de la pantalla del televisor, una pregunta que no tenía ningún sentido y sin embargo, era totalmente comprensible.

"Ébola: '¿El ISIS de los agentes biológicos?'

La CNN se convirtió con razón en el blanco de las bromas de esta semana como resultado de esa comparación. Además de la ráfaga en Twitter, Stephen Colbert se burló con un "Ebolapalooza" (haciendo referencia al mundialmente conocido festival de música, original de Estados Unidos, llamado Lollapalooza) y Teju Cole comentó en el New Yorker, "Debemos comprender que el Ébola (el Obama de Osama) es literalmente el 'Algunos de mis mejores amigos son negros 'de #NotAllMen" (#Notodosloshombres- el popularhashtagcon el que se ha intentado recientemente defender en twitter que no todos los hombres son machistas, misóginos, acosadores o agresores sexuales en potencia).

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Las metáforas pueden tener a veces poco o ningún sentido si se toma únicamente su significado literal. "La templanza, adorno para la garganta más precioso que las perlas de mayor valor", "con dinero baila el perro", "las ideas son comida", "hay algunos que son como los olivos, que solo a palos dan su fruto", "un silencio ensordecedor". Y la fiebre hemorrágica que ya se ha cobrado 3.865 vidas en África occidental no es, de hecho, una organización terrorista yihadista suní alegando la condición de Estado en Irak y Siria. La yuxtaposición de la CNN del Ébola y el Estado islámico fue un movimiento retórico absurdo, sí, pero en cuanto a las metáforas se refiere, no estuvo completamente fuera de contexto (ver la metáfora deportiva).

'La lucha contra el Ébola.' Ver aquí el documental VICE News.

Todos sabemos a lo que se refiere el titular, teniendo en cuenta el actual momento político que vivimos que ha cristalizado en un enemigo concreto y temible en el Estado islámico. El titular en realidad planteaba la siguiente cuestión: ¿Suponiendo que el Estado islámico es el peor de todos, es el Ébola también la peor de las enfermedades? Podemos burlarnos y castigar a la CNN por usar tales tácticas sensacionalistas. Pero con esa pregunta, el canal de noticias sacó un titular de un trasfondo escondido detrás del discurso que enmarca tanto la epidemia del Ébola como el crecimiento del Estado Islámico. Concretamente, que éstos no son meros hechos noticiables, sino cómo va a ser el fin del mundo.

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La cuestión no es si la analogía entre el Estado islámico y el Ébola es ridícula - por supuesto que lo es. El verdadero problema es que situaciones geopolíticas de gran complejidad se están reduciendo en el imaginario popular occidental a fantasías apocalípticas. Aisladamente, la ansiedad generada tanto por el auge del Estado islámico así como por la propagación del Ébola ha sido infundada - no resulta sorprendente que la combinación de ambas paranoias produzca un efecto absurdo en la pantalla.

No es justo que toda la culpa recaiga en la CNN, cuando se ha invertido un esfuerzo político común en establecer el Estado Islámico inexpugnablemente como el "peor de los Estados". Durante el verano, la administración Obama utilizó la táctica probada de comparar el Estado Islámico con el cenit histórico del mal, los nazis. Según parece, la brutalidad empleada y difundida por los militantes del Estado islámico no fue suficiente. El secretario de Defensa Chuck Hagel calificó la visión del Estado Islámico de "apocalíptica".

Varios informes apuntan a que la idea del fin de los días está jugando un papel importante en la primera línea en Siria, donde muchos combatientes sunitas y chiitas ven su guerra como la manifestación de las profecías de Mahoma en el siglo VII, prediciendo un gran batalla en Damasco y el fin del mundo tal como lo conocemos. Sin embargo, no es una interpretación del Hadiz que está identificando el Estado Islámico como un jinete del Apocalipsis en Occidente. Este pánico es la respuesta al rápido ascenso del grupo terrorista, su amedrentadora actitud para producir terror a través del lenguaje visual de la barbarie, y el temor que siembran nuestros medios y el gobierno insinuando que no va a ser posible contener la propagación del Estado islámico. Es posible que el Estado Islámico tenga una visión apocalíptica, pero no hay duda de que la amenaza del grupo a Occidente juega en nuestro imaginario fin de los días.

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Tanto la propagación del Ébola como el surgimiento del Estado Islámico ocupan un terreno de proyección apocalíptica en la conciencia colectiva occidental del pánico. No es necesario mencionar que los asesinatos y las brutales formas del Estado Islámico son mortalmente reales. Tampoco que el mayor brote de Ébola en la historia no es una tragedia espantosa. La muerte del Liberiano Thomas Eric Duncan en Texas esta semana trajo la triste realidad del virus al territorio estadounidense. Sin embargo, el principal lugar de sufrimiento no es en los EE.UU., donde el organismo de salud pública anula la amenaza de propagación del Ébola. Sigue siendo una realidad que los principales beneficiarios del imperio capitalista no tienden a morir en el suelo polvoriento fuera de los hospitales improvisados, ni sangrando por los ojos.

América tenía miedo del Ébola incluso antes de que existiera ningún Ébola al que temer. En la medida en que la cultura pop -en particular el género del terror- es un barómetro de la ansiedad social, llevamos mucho tiempo albergando preocupación por la posibilidad de alguna enfermedad exótica y mortal que consiga aniquilarnos a todos. El zombi al estilo moderno de The Walking Dead no está maldecido; está infectado a través de sangre infectada, sacando espuma por la boca. A decir verdad, todas las películas sobre el contagio de zombis juegan a la fantasía de la aniquilación de la sociedad a través de enfermedades incurables. Hollywood habla de un deseo libidinal para el fin de los tiempos.

Los Jihadistas prometen izar su bandera sobre la Casa Blanca, pero ya hemos visto la Avenida Pennsylvania ocupada, bombardeada y destruida muchas veces. Dos películas de 2013, La Casa Blanca y Asalto al Poder, dan vida a terroristas que invaden la Casa Blanca. Como Willie Osterweil señaló en la revista Dissent. "Nadie fue a ver Asalto al Poder esperando ver a Jamie Foxx siendo asesinado y Estados Unidos siendo completamente destruido por bombas nucleares. Pero el deseo es algo extraño, y estas imágenes, en el momento en que se hacen públicas, pueden volverse contra su propio contenido ideológico original". El Estado Islámico juega conscientemente con las tropas del terror de Hollywood en su propaganda dirigida a occidente. El verdugo con acento británico en el video de la decapitación de Stephen Sotloff se burló con un "He vuelto," como un asesino en serie en una película de terror de segunda.

Hemos visto, imaginado e incluso disfrutado de la destrucción de la humanidad tantas veces en la gran pantalla que terroristas con deseos de aniquilación, o una epidemia de virus mortal en la vida real, con rapidez pueden desencadenar un imaginario apocalíptico. Dejo a los freudianos que pontifiquen sobre los fundamentos de nuestras fantasías de la muerte. Cabe destacar aquí que el Ébola provoca pánico colectivo en Occidente más que, digamos, los peligros de conducir porque el Ébola no sólo pone en peligro vidas de personas, sino que claramente pone en peligro la vida humana en sí misma. Del mismo modo, el Estado Islámico parece estar golpeando el nervio de una fascinación vertiginosa, aspectos de la mitología antigua, con una batalla por el fin de los tiempos del bien contra el mal.

Es, como Camus escribió en 1956, "un sistema de inteligencia equivocada que prefiere la victoria oscura en la que se acaba con el cielo y la tierra, ante el sufrimiento impuesto por una situación limitada". Y si bien posiblemente no preferimos la extinción, hemos soñado con ella. En este pánico occidental hay un atisbo de emoción retorcida en una proyección mórbida final. Y aquí de nuevo hay que tener en cuenta nuestra posición y los privilegios de los EE.UU., donde ni epidemias mortales ni la yihad determinan la existencia cotidiana. Estas cosas son comparables como amenazas, no como manifestaciones.

Sigue a Natasha Lennard en Twitter: @natashalennard