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'Ayer Maravilla Fui': Una carta de Amor al DF

En esta película, un ente sin cuerpo cambia involuntariamente de identidad, algunos días es Emilio, un hombre anciano, otros días amanece en el cuerpo de Ana.

Hay una escena en Ayer Maravilla Fui, segunda película de Gabriel Mariño, en la que se lee en primer plano un graffiti enorme: "CDMX ESTÁ MUERTA, DF POR SIEMPRE". Esta frase resume uno de los puntos más importantes de la película: cambiar de identidad pero no de esencia, que es lo que nos hace únicos.

“Después del terremoto no sabía cómo se iba a leer esa frase, pero me gusta pensar que el DF fue el que sobrevivió, mientras que la CDMX cayó”, cuenta Gabriel, quien se refiere a CDMX como el nombre registrado, el branding de la ciudad que hemos visto por todos lados y que rápidamente hemos adoptado como la norma. De alguna manera, Ayer Maravilla Fui es una carta de amor a la esencia de la ciudad que se ve reflejada en el protagonista de la historia, un ente que cambia de cuerpo cada par de días. Mariño continúa: “CDMX es una marca registrada, yo vivo en el DF, vivo la ciudad como cualquier otro, amando y odiando las diferentes experiencias que se viven aquí al ser una ciudad tan grande. Creo que lo que pasa en la película sería posible en un lugar como éste”.

La propuesta es sencilla, pero muy innovadora. Un ente sin cuerpo cambia involuntariamente de identidad, algunos días es Emilio, un hombre anciano interpretado por Rubén Cristiany, otros días amanece en el cuerpo de Ana (Sonia Franco) y, a pesar de cambiar su forma física, trata de entablar una relación amorosa con Luisa (Siouzzana Melikian), una estilista que, como el ente, no encuentra su lugar en la ciudad. Se puede decir que es una historia de amor. En un año en el que México encontró éxito taquillero con comedias románticas, este tipo de historias son más que necesarias. Pero llegamos al mismo tema con el que batalla cualquier película independiente en México, ¿Quién la va a ver?

Tuve la suerte de ir a una de las primeras funciones de la película —en presencia del elenco y Gabriel Mariño— durante el Festival Internacional de Cine de Los Cabos. En estos festivales es común que las escuelas secundarias y preparatorias locales manden a los alumnos a ver películas en plan de darle un panorama estrecho a sus alumnos sobre la cultura cinematográfica. En mi caso, me senté atrás de una parejita de bachilleres durante la función, sólo para verlos salir de la sala durante una escena amorosa entre dos mujeres. Por suerte estos chicos fueron la excepción, y Mariño tuvo la grata sorpresa de ver involucrados a distintos miembros de la audiencia haciendo preguntas y tomándose fotos con los actores. Sobresalió un comentario de un señor mayor, local de San José del Cabo, quien le hizo saber al director que le gustó ver justo una escena amorosa entre mujeres sin artificios ni clichés. Y considerando que una de las mujeres en escena no tiene género definido porque es un ente no binario, la película logra explorar una pregunta que pocas obras se animan a hacer: ¿Es posible enamorarse de alguien sin considerar el físico?

Estas reacciones significativas para el director que en sus propias palabras busca darle la cara y no la espalda al público, en el intento de conectar con alguien en la oscuridad de la sala: “El público mexicano está subestimado por las distribuidoras y a veces por los mismos directores. Los taquillazos como los que vimos este año consisten en personajes construidos a base de caricaturas y estereotipos que a mí me dan entre vergüenza y enojo”. La reacción del público a Ayer Maravilla Fui atestigua a la noción de Mariño, de cómo una película contemplativa, en blanco y negro, hecha sin guión se mantiene de pie frente a jóvenes y adultos tan sólo porque la propuesta es original. A veces es todo lo que necesitas. Aún no hay fecha de estreno en México para Ayer Maravilla Fui, pero todo indica un estreno modesto en algún punto del 2018. Por lo pronto, será una película más del vasto mundo del cine mexicano que batallará para encontrar su público, pero con sólo haber ido a una función sabemos que público hay, lo que falta es exposición.