Gente

Gente que era fea nos cuenta cómo la tratan ahora que es guapa

El efecto halo cambió sus vidas.
7.12.17
Dani, antes y después

En el instituto, a Dani Pearsall la llamaban “la dragona”. Su carácter ambicioso y su ímpetu hacían que los otros compañeros de clase la vieran como una chica desagradable y borde, y muchos expresaban un “leve fastidio” cuando los ponían a trabajar en grupo o en pareja con ella. Sin embargo, cuando empezó en la universidad, sus compañeros de Escritura Creativa se peleaban por trabajar con ella.

“La gente me decía que era una tía genial, que les encantaba mi sinceridad”, explica Pearsall, que hoy tiene 25 años y es gerente de tienda.


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Durante muchos años, Jud Nichols, abogado de 31 años, ha jugado al baloncesto con el mismo grupo de chicos. Al principio, nunca recibía halagos de sus compañeros de equipo. “Soy un jugador del montón”, dice riendo, “pero de un día para otro, después de los partidos empezaron a decirme lo bien que lo había hecho”.

La personalidad de Dani no había cambiado un ápice, como tampoco lo habían hecho su habilidad en la cancha. Lo que sí había cambiado era su aspecto físico.

Según un estudio de 1972, la gente tiende a pensar que las personas atractivas eran más amables, dignas de confianza y exitosas que las menos agraciadas físicamente

En 1920, el psicólogo estadounidense Edward Thorndike acuñó un nuevo término: “efecto halo”. El efecto halo es un sesgo cognitivo según el cual, cuando vemos un rasgo percibido como positivo en una persona, tendemos a sobrevalorar el resto de rasgos positivos de dicha persona (el primer rasgo crea una especie de halo que envuelve de luz a todo el individuo).

En 1972, tres psicólogos demostraron este efecto pidiendo a varios voluntarios que calificaran la personalidad de varios individuos basándose únicamente en sus fotografías. Sorprendentemente, los participantes supusieron que las personas atractivas eran más amables, dignas de confianza y exitosas que las menos agraciadas físicamente. El estudio se titulaba “Lo bello es bueno”.

Probablemente estos resultados no te sorprendan, y es que hay mucha gente que cree en el privilegio de la belleza, la idea de que la gente guapa lo tiene más fácil en la vida.

Sin embargo, a veces al efecto halo se lo conoce también como “efecto halo / cuerno” porque tiene una parte negativa. Se tiende a creer que las personas menos atractivas tienen malas cualidades, pero ¿hasta qué punto está extendido este fenómeno? ¿Cuánto daño está haciendo?

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Para averiguarlo, hablo con cinco personas cuyo aspecto físico ha cambiado radicalmente desde hace unos años. Cada una de ellas ha pasado de ser convencionalmente poco atractiva a presentar una belleza considerable a ojos de la sociedad occidental.

En Occidente, los cuerpos delgados son más valorados, y varios estudios han demostrado que sobre las personas obesas pesa un estigma social. Por eso quise que en este artículo aparecieran personas que han perdido mucho peso, además de haber adoptado una serie de hábitos de acicalamiento para ajustarse más al ideal de persona atractiva que tenemos en la actualidad.

Emma, antes y después

“Si continuara estando grande y no hubiera perdido peso, nunca habría sabido que antes me trataba de forma distinta”, explica Emma Passe, ejecutiva de cuentas de 34 años. “Ahora veo claramente la enorme diferencia en el trato”.

Emma se propuso adelgazar tras muchos años de su vida adulta con sobrepeso, y especialmente cuando a los 31 empezó a sufrir apnea del sueño, palpitaciones y acné corporal. “Cuanto más peso perdía, más gente quería hablar conmigo”, recuerda, y asegura que ahora la tratan con más amabilidad que antes, se paran a charlar con ella o se interesan por cómo le va el día. “Antes la gente me parecía normalmente agradable, pero ahora me parece superamable”.

“Si continuara estando grande y no hubiera perdido peso, nunca habría sabido que antes me trataba de forma distinta”

Este cambio de actitud de la gente sorprendió enormemente a Ashley (que ha preferido no revelar su apellido), de 30 años. “Ahora, cuando establezco contacto visual con la gente, ¡veo cómo se les ilumina la cara y me sonríen!”, me cuenta en su email.

Su sorpresa es evidente por la cantidad de signos de exclamación e interrogación que utiliza (“Guau, la gente sonríe?????”). Me explica también que hay gente que deja lo que está haciendo para ayudarla cuando lo pide o que se para a hablar con ella aunque no la conozcan de nada. “La gente me escucha… Siento que verdaderamente formo parte de la sociedad”.

Ashley, antes y después

Al igual que Emma, Ashley fue consciente de estos cambios tras perder peso. Recuerda que de pequeña la acosaban sus compañeros y que durante muchos años se sentía “como una basura” hasta que conoció a su marido, perdió casi 75 kg, aprendió a maquillarse y a cuidarse la piel y cambió su forma de vestir.

Aunque dice que se siente “aliviada” de que la traten mejor, todavía siente un resquicio de amargura al recordar que cuando tenía sobrepeso se burlaban de ella, la compadecían y la despreciaban.

“A veces creo que un trozo de mierda recibía mejor trato que yo”, me cuenta. “Cuando ves esta dualidad tan evidente en las personas, te cuesta apreciar a alguien de buenas a primeras, porque aunque ahora puedan ser muy majos contigo, siempre te preguntas cómo te habrían tratado cuando pesabas el doble”.

“Si quieres algo, solo tienes que sonreír y lo consigues. Es muy loco”

Dani guarda silencio durante un buen rato cuando le pregunto si su transformación ha tenido consecuencias negativas. En el instituto, vestía prendas unisex y no se maquillaba, por lo que muchos desconocidos la confundían a menudo con un hombre. En la universidad, empezó a llevar vestidos, se dejó el pelo largo y aprendió a maquillarse viendo tutoriales de YouTube. “Mmm…”, responde finalmente, “la verdad es que es todo muy positivo. Tiene muchas ventajas”.

Como la mayoría de las personas a las que entrevisté, tras su transformación, Dani empezó a llamar más la atención del sexo opuesto.

“Era la misma Dani, pero de repente, la mitad de la población se percató de mi existencia”. Además de mejorar su vida sexual, Dani vio que el trato que le dispensaban los empleados de atención al público era mucho más agradable. “Si quieres algo, solo tienes que sonreír y lo consigues. Es muy loco”. Adopta un tono de voz exageradamente femenino: “¡Holaaaa! Disculpa, pero no encuentro este libro. ¿Podrías mirar si lo tenéis en el almacén?”. Y asegura que funciona.

“Es una locura total, en serio. Yo me pregunto cómo la gente que ha sido guapa toda su vida no acaba siendo ególatra perdida, porque es muy fácil conseguir lo que quieres”.

Kameron, antes y después

La consecuencia más obvia de una “mejora” en la apariencia física es la mayor atención que recibes de las personas del sexo opuesto, pero Kameron Rytlewski, de 23 años, también lo atribuye, en gran medida, a su mayor autoestima. “Mi sobrepeso no me permitía ser quien realmente quería ser”, explica.

Antes solía sentirse ignorado o aseguraba que recibía un trato “en general negativo”. Ahora, en cambio, la gente lo trata con más amabilidad. “Las mujeres me prestan más atención y se dirigen a mí de forma más positiva. Mis amigos y familiares me tratan igual que siempre”.


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A este respecto, quizá resulte sorprendente apreciar un cambio de actitud por parte de los familiares. Dani me cuenta que su padre criticaba su aspecto de adolescente y muchas veces le decía que se pusiera maquillaje.

Cuando años después empezó a usarlo, notó un cambio de actitud en su padre, que empezó a apoyarla mucho más en sus decisiones. Jud también asegura que su familia lo empezó a tratar mejor después de perder peso y empezar a interesarse por tener un aspecto distinto. “Incluso la gente más allegada te trata de forma un poco distinta”, cuenta.

Jud, antes y después

Al igual que Kameron, Jud hace hincapié en que la forma en que se sentía fue decisiva en el cambio de actitud de los demás (algo que me dijeron los dos hombres entrevistados, pero ninguna de las mujeres). Kameron explica que ahora la gente es mucho más receptiva a sus bromas.

“Tengo un humor bastante sarcástico… Cuando tenía un aspecto menos saludable, creo que la gente tenía menos predisposición a entender que estaba de broma, y ahora en cambio parecen entenderlo perfectamente”.

“Para mí la mayor sorpresa ha sido que he perdido amistades”

De todas las personas a las que entrevisté, Emma es quien parece haber experimentado más desventajas: “Para mí la mayor sorpresa ha sido que he perdido amistades”, asegura, refiriéndose a amigos con sobrepeso que dejaron de tener contacto con ella.

Otra de las “desgracias” de perder peso, para Emma, es que ahora le entran muchos hombres, pese a estar casada, sobre todo en el trabajo. “Siempre me invitan a tomar un café, a comer o me dicen lo guapa que estoy”, asegura. “es horrible sentirse así a todas horas, o saber que alguien está hablando contigo solo porque quiere ligar y no porque le gustaría conocerte como persona… es descorazonador”. Estas experiencias demuestran que ser atractiva también tiene sus desventajas.

En 1843, Hans Christian Anderson publicó un cuento titulado El patito feo. La historia cuenta las desgracias de un patito al que todos repudian por ser muy feo y, al no poder soportarlo más, decide suicidarse. Pero ¡sorpresa! El patito luego se convierte en cisne y todos los cisnes lo adoran. Esta historia resulta un tanto incómoda para los adultos, pues habla de la necesidad de encajar para evitar la discriminación y el acoso, reafirma nuestro sesgo cognitivo innato que nos hace ver con mejores ojos a la gente guapa y, lo más ofensivo de todo, insta a cambiar a las personas equivocadas.

@ameliargh