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Averiguamos si es más sano el kebab de pollo o el de ternera

El debate: ¿Es mejor el kebab de pollo o el de ternera?

por Pol Rodellar
04 Octubre 2018, 2:16am

Todas las fotos por el autor

Las ideas separan a las personas. Barça o Madrid. Catalunya o España. Rock o trap. Epi o Blas. Ya sabéis, todo eso de tomar decisiones y posicionarse. Ahora, por si fuera poco, a todos estos dilemas hay que añadirle otro totalmente fundamental: kebab de pollo o kebab de ternera.

El dilema siempre ha estado ahí y cualquier persona que vuelva a casa un poco borracha y quiera petarse un buen kebab antes de tumbarse en la cama tendrá que pasar por esta ardua decisión. Estos son los indecisos, los que flirtean con ambas tendencias pero ahí fuera también hay gente tremendamente dogmática que apuestan por un solo producto. Los del pollo argumentan su discurso aludiendo a una supuesta calidad superior de su materia prima, apostando por una clara línea anticalórica y tildando de “basura cárnica” a sus enemigos.

Por lo contrario, los de la ternera esgrimen teorías socioeconómicas, alabando la asequibilidad del precio final de venta e incitando un populista discurso de odio hacia la “casta” de los kebabs de pollo. Ambas facciones hacen gala de poco probados análisis sobre el origen del kebab, presentándose como las recetas originales de este tradicional plato turco.

Pero, ¿cuál es realmente el mejor kebab, el de ternera o el de pollo? ¿Cuál es el más agradable al paladar, el más auténtico, el más bello, el que te quita la resaca de forma más efectiva, el que te sacia más y te mata menos? En definitiva cuál es el kebab perfecto.

Aviso: Sabemos que existen kebabs de cordero y de faláfel pero los más consumidos son los de ternera y pollo, así que nos centraremos en los dos grandes titanes del negocio. Por favor. Gracias.

Para dilucidar este embrollo primero es necesario saber de qué está hecho cada tipo de shawarma. ¿Es pollo lo que hay en los kebabs de pollo? ¿Es ternera la ternera? En un artículo de la Organización de Consumidores y Usuarios (a partir de ahora OCU) en el que analizaban varios kebabs comprados en locales de Madrid advierten que las cosas no son tan sencillas como parecen.

El tema es que la carne de la mayoría de estos kebardos de ternera no está hecha de piezas de carne de vacuno, lo que en realidad usan son unas masas preparadas de carne picada que se mezclan con almidones, cereales, aditivos y una gran cantidad de grasa

A ver, todo el mundo asume que la carne de kebab no es la de mejor calidad y tampoco nadie va a comer a estos sitios exigiendo pollo ibérico de kobe, un shawarma forma parte del gran regocijo de comer mierda exquisita.

Angel Ballesteros, autor del artículo de la OCU, me comenta que basó el estudio en los resultados de 25 muestras de kebabs de ternera en diferentes puntos de la ciudad de Madrid. A partir de estos kebabs encontró que solo uno de ellos contenía un 100% de ternera. “En el resto encontramos restos de carne de otros animales, entre ellos pollo, caballo y otras aves, especialmente 17 muestras que superaban el 40% de pollo” me comenta.

El tema es que la carne de la mayoría de estos kebardos de ternera no está hecha de piezas de carne de vacuno, “lo que en realidad usan son unas masas preparadas de carne picada que se mezclan con almidones, cereales, aditivos y una gran cantidad de grasa, como hemos podido comprobar, ya que la grasa duplica en estas carnes a la que debiera tener una pieza de carne de ternera. Se han encontrado muestras con un 30% de grasa en la carne, cuando lo habitual es un 14%”.

Consultando la información oficial de un par de productores de carne de kebab instalados en España (Elche Kebab y Birtan Food), vemos que, para el kebab de pollo, se utilizan muslos y contramuslos de pollo que son deshuesados y mezclados con especias y luego son insertados en los pinchos que más adelante se convierten en las míticas columnas de carne de los restaurantes de kebabs.

Para los de ternera, dicen, se utilizan piezas de falda de ternera a la que se añade grasa de ternera, pavo, cebolla, yogur y especias; todo esto es triturado para conseguir unas tortitas de carne que se insertan en el pincho, alternadas con filetes de piel de pavo o ternera. Es por todo esto que el menhir de carne resultante tiene una textura mucho más regular y, digamos, espumosa. Por lo que parece, ninguna de las dos empresas utiliza pollo en la fabricación del kebab de vacuno (aunque sí pavo), cosa que se contradice con lo que dice la OCU.

Ballesteros me comenta que las piezas de carne de ternera que se utilizan no son precisamente las partes más nobles. “Uno de los análisis realizados fue la detección de colágeno, una sustancia muy abundante en los tendones, en nueve de las muestras la cantidad encontrada era más elevada de lo que indica la normativa para la carne picada de ternera. Además encontramos un contenido de calcio elevado. Este denota la presencia de carne separada mecánicamente. Una práctica permitida en carne de pollo, pero no en carne de ternera. Este tipo de carne, se obtiene por extracción con presión de la carne que queda en las carcasas del pollo tras su despiezado”.

Teniendo esto claro, analicemos ahora todos los pros y contras de cada producto:

KEBAB DE TERNERA

Estética del rulo: Tosco, sintético, espumoso. No es muy agradable a la vista y puede causar terror a un tripofóbico. Da la sensación de ser una enorme salchicha de frankfurt de mala calidad. Pese a todo, existe gente que encuentra cierta belleza en estos bloques de carne lisos, blanditos y aparentemente suaves.

Estética del producto emplatado: La mezcla de las virutas más tostaditas con las más tiernas es estéticamente placentero, uno se estremece ante este mar de carne, como se estremecieron los navegantes de la Niña, la Pinta y la Santa María ante ese mar infinito y peligroso pero tremendamente precioso y sublime.

Sabor: No se parece en nada al sabor de la ternera, fruto de la grotesca mezcla a la que es sometida la poca carne de vacuno que contiene (como hemos visto en párrafos anteriores), aun así, tiene un sabor sorprendentemente adictivo, incluso mágico, como degustar un ser nuevo y sabroso, como comer un extraterrestre hecho de sueños.

Puede que tenga un ligero exceso de sal, pero eso es algo que muchos aventureros de la comida basura disfrutan, ya que la sal genera una falsa sensación de atiborramiento. La OCU considera que, según la OMS, no deberíamos tomar más de 5 gramos de sal al día pero el kebab más salado que encontraron en su análisis llevaba 5,89 gramos —el que menos 1,15 gramos—.

Consejo: Marida muy bien con la Coca-Cola o una cerveza de doble malta.

Las tortitas de varias cosas trituradas con las que se hacen los shawarmas de ternera no son precisamente sanas, sobre todo por la cantidad de grasa que contienen

Salud: Sabemos que este, per se, no es un plato sano. Si alguien quiere comer sano, que se lea otro reportaje, incluso que se mude a otro planeta de otra galaxia. Según la OCU, un kebab con patatas fritas y refresco supone tres cuartas partes de la energía que necesita un adulto para pasar todo un día. Aun así, si lo comparamos con su hermano llamado “kebab de pollo”, está claro que las tortitas de varias cosas trituradas con las que se hacen los shawarmas de ternera no son precisamente sanas, sobre todo por la cantidad de grasa que contienen.

Percepción social: Estos son los kebabs que consumen los inadaptados de esta sociedad, los colgados que a las tres de la mañana bajan a la calle por primera vez en todo el día vistiendo un albornoz con restos de semen seco para pillarse la única comida de la jornada. Es el kebab de batalla, la infantería alimenticia, la carne de cañón del fast food. Malik, trabajador del kebab Taco Pita House de al lado de mi casa, me comenta que el de ternera es el shawarma que menos se consume, aunque la diferencia sea poca. En fin, es, digamos, el menos popular.

Precio: Ahora los precios se han igualado bastante pero antaño el kebab de ternera siempre ha sido históricamente más barato que el de pollo, cosa que hacía augurar que su contenido no era precisamente lo mejor del mundo.

KEBAB DE POLLO

Estética del rulo: La verdad es que es bonito, sobre todo si es de esos tótems en los que los trozos de pollo se identifican claramente y en los que, puntualmente, se perciben destellos cromáticos de la mezcla de especias, dotando al cacharro de un vivo color rojizo. Cuando la calidad mengua, la verdad, son tremendamente desagradables, como las carnes pochas de un animal moribundo rogando por un pedazo de pan.

Estética del producto emplatado: Muy correcto, da la sensación de estar comiendo, realmente, pollo, cosa que aporta seguridad al engullir. Incluso genera una falsa sensación de estar comiendo algo un poco sano.

Sabor: Nada sorprendente, ya conocemos el sabor del pollo por lo que estamos trabajando en terreno conocido. Eso sí, las especias que le echan lo dotan de un sabor muy agradable al paladar, como un primer chute de caballo o esa revista que utilizaste para la primera pajuela.

Consejo: Degustar el kebab de pollo en formato dürüm es un placer que, evidentemente, supera el sexo con personas. Tremendamente exquisito.

Es kebab de pollo es de gente que va a lo seguro, a lo que funciona, gente que nunca cruza el umbral de la aventura y de la posibilidad del dolor, la pérdida y el fracaso

Salud: Todo indica que es un plato más sano que el kebab de ternera pero no debemos olvidar que estamos trabajando con material tremendamente calórico, por lo que da realmente igual.

Percepción social: El kebab de los ricos y de los cobardes que no se atreven a engullir comida de baja estofa. Es kebab de pollo es de gente que va a lo seguro, a lo que funciona, gente que nunca cruza el umbral de la aventura y de la posibilidad del dolor, la pérdida y el fracaso. Gente que se contenta con la tosca representación de la realidad que nos aportan nuestros limitados sentidos y que no busca la belleza en otros estados físicos o mentales.

Precio: Antes costaba 50 céntimos más que el de ternera. En algunos sitios sigue existiendo esta diferencia pero, por lo general, como el kebab mixto tiene tanto éxito, al final muchos sitios han decidido mantener el precio caro (el del kebab de pollo) como el precio base para todos los tipos de kebab (pollo, ternera y mixto), por lo que podemos afirmar que ha sido el kebab de pollo el que ha encarecido el producto. La escena de los kebabs se estremece.

Todos los trabajadores del Taco Pita House o del Victoria Kebab que he consultado me han dicho que prefieren el kebab de pollo, aludiendo a que el de ternera tiene demasiado sabor y que es demasiado fuerte. Estas opiniones hay que tenerlas en cuenta a la hora de trazar el veredicto final, aunque tampoco deben influir ni redirigir la verdad.

Y la verdad es…

EL VEREDICTO FINAL

El Kebab de ternera es una invitación a loe extraño, una puerta hacia lo oculto, un acto de fe, una aventura majestuosa, pero no podemos olvidar que estas maravillas se sustentan sobre una gran mentira. No podemos olvidar que este producto se vende como “kebab de ternera” cuando realmente es un kebab de “ternera, pavo y —quizás— pollo y caballo”, por lo que toda su gloria se derrumba al estar sujeta sobre una gran farsa.

Si tanto los productores como los vendedores fueran sinceros, tendríamos, sin ningún tipo de duda, UN GANADOR. Pero, teniendo esto en cuenta, la corona hay que posarla sobre el kebab de pollo, la verdadera estrella, nuestro campeón.

El kebab de pollo es un producto sincero, lo que ves se asemeja mucho al material alimenticio del que está hecho. Es sabroso y más saludable pero, sí, también menos sorprendente y más popular. Consumirlo no aporta ningún valor añadido a las personas, pues escogiendo el pollo estas se limitan a repetir la conducta del resto de la sociedad. No hay personalidad ni carisma en el kebab de pollo.

Si el precio de este kebab fuera superior al de ternera, indudablemente quedaría relegado a un segundo plano, pues el valor principal de la comida basura es su asequibilidad y el placer infinito que aporta comer lo más barato del mercado.

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