“Besé a su marido en su cara”: lo peor que le has hecho a un amigo por despecho

¿Con amigos así para qué queremos enemigos?

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ago. 10 2018, 3:30am

Este artículo se publicó originalmente en VICE México.

Absolutamente todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, hemos sido unos mierdas con nuestros amigos. Recuerdo vívidamente que en la escuela, cuando un amigo decidió no compartir conmigo su postre —un dulce de leche extremadamente delicioso—, le robé el dulce y le dejé una pequeña nota con el envoltorio que decía algo así en letras cursivas: “ ¡Mmmmm qué rico, estaba delicioso! Aquí te dejo la basura y un (microscópico) pedazo para que lo pruebes. Atentamente: El robadulces”. Ese microscópico pedazo, cabe aclarar, era más pequeño que un grano de arroz. Su reacción fue terrible y se lió a tortas con un compañero que tenía una letra más o menos similar a la mía, el verdadero robadulces.

Desde aquel día comprendí que, incluso en la amistad, existen ciertos límites que no deben ser traspasados. El claro ejemplo de mi amigo que se quedó sin dulce, además de ser humillado con una nota en letra cursiva, me hizo ver que las cosas no son blancas y negras. Es decir, lo que para uno no es grave, para otro puede ser una injuria mortal. De la misma manera, también hay muchos niveles para vengarse de una amistad que te pudo haber injuriado y, claro, eso tiende a salirse de control.

La venganza de Fulvia, por Francisco Maura (1888). Vía Wikimedia Commons.

Alejandra, 30 años

Yo salía con el mejor amigo de una de mis amigas, pero ya no quería seguir con él y no lo dejaba por la amistad que había entre ellos. Un día, él se fue a quejar de mí a ella y la siguiente vez que la vi, en la fiesta de Navidad que hacemos todos los años entre amigos, ella empezó a repartir regalos a todos los del grupo, excepto a mí. Estábamos todos de pie en una especie de círculo y empezó a dar un regalo a cada uno.

Cuando me tocaba, me saltó y siguió entregando los regalos. Me dolió que decidiera tomar partido, eligiera a su amigo y luego lo hiciera evidente de esa manera porque también era mi amiga; así que pensé en una manera de hacerla sentir tan mal como me sentía yo.

Como sabía que yo le gustaba a su marido y que era un tipo sin escrúpulos, coqueteé un poco con él, pensando que él caería y ella se sentiría tan dolida como yo. Y así fue. Ella fue al baño y cuando volvió me encontró besándome con su marido. A él lo perdonó al día siguiente, a mí no me habló en dos años y, obviamente, nuestra amistad no volvió a ser la misma.

Javier, 24 años

Tengo un amigo que desde primaria ha sido muy intenso con las chicas. La verdad es que nunca lo percibí como algo amenazante ni nada; de hecho, confiaba plenamente en él, hasta que se intentó liar con una chica con la que yo estaba saliendo en ese momento.

No lo podía creer, era uno de los amigos que conocía desde hacía más tiempo y no le importó hacer eso. Según él, se encontraron en un bar y ella lo miraba mucho y no se pudo controlar. La historia que me contó ella era más simple: el tipo estaba borrachísimo y no dejaba de acosarla. Las cosas con ella, de cualquier manera, no funcionaron, pero estaba muy resentido con mi amigo, que conocía toda mi historia con ella.

Quería hacer algo pero no como él me lo había hecho a mí, así que decidí esperar. Un día, en su casa, encontré la salida perfecta para mi rencor: su cepillo de dientes en el baño. Era una fiesta que él hizo en su casa y todos estaban borrachos; aproveché para escabullirme a su cuarto y frotármelo en el ano. Lo hice dos veces, asegurándome de que las cerdas del cepillo tocaran bien la zona, y lo devolví a su lugar. Lo dejé ahí y nunca le dije nada. Considero que estamos en paz. Seguimos siendo buenos amigos.

La venganza de Ulises sobre los pretendientes de Penélope, por Christoffer Wilhelm Eckersberg (1814). Vía Wikimedia Commons.

Ana*, 29 años

Una de mis mejores amigas desde el instituto siempre estuvo enamorada de la mayoría de mis novios y a veces fantaseaba con ellos (llegaba a hacer dibujos de ellos). Años después, cuando cada una estudiaba su carrera en la universidad, yo estaba con el peor novio de mi vida, un tipo que ni siquiera me gustaba tanto, pero fue tan insistente que quise darle una oportunidad.

Para no entrar en detalles de esa relación, cuando corté con él por una infidelidad, ella se convirtió en "su amiga". Como es muy sincera me contaba cosas sobre su amistad, pero al poco tiempo empecé a notar que tenía una obsesión por hablar de él, hasta parecía estar enamorándose. Una vez incluso intentó convencerme de que es una buena persona y que debería perdonarlo. Al cabo de un tiempo, cuando vivíamos en lugares diferentes del país, la invité a pasar el fin de semana en mi casa. Todo bien hasta que comenzó a hablar de mi ex. Terminó por confesarme que se habían acostado justo después de nuestra ruptura (ya habían pasado cinco años desde que terminó esa relación). Entonces quise vengarme.


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Había un chico del que siempre me había hablado, que justo vive en la misma ciudad que yo. Era su ídolo e hizo todo lo posible por conquistarlo, o por obtener lo más mínimo de él: sexo. Casualmente, el mismo día de la confesión, terminamos en casa de ese tipo. Era la primera vez que yo lo conocía y resultó que teníamos muchas cosas en común. Aunque yo nunca ligo ni coqueteo cuando salgo, ese día el tipo no me quitaba la atención de encima y fue ahí donde todo el plan se armó en mi cabeza.

No soy de venganzas, pero ella me había demostrado que se portó como una mala amiga y aunque seguía (y sigue) siendo mi amiga, yo tenía que hacer algo para consolarme, aunque solo yo lo supiera. Agregué al chico a Facebook y a los pocos días no dejábamos de hablar constantemente y de pasarnos memes, hasta que aproveché la excusa de ir a un concierto para terminar el asunto. Todo funcionó a la perfección y luego follamos unas cuantas veces hasta que me aburrió. Ella aún no lo sabe, solo sabe que somos muy amigos y no sé si sospechará algo más. Pero no me importa, me la debía y lo suyo fue peor. Al menos algo bueno salió de esto, una muy buena amistad.

Juan, 35 años

Pues mira, la verdad, este tipo se merece lo que le hice. Lo conocí cuando empecé en mi trabajo actual, hace unos seis años, pero ya no trabaja aquí. En fin, después de un par de meses de conocernos, cuando estábamos en la oficina, al tipo se le ocurrió la gracia de inventarse un bulo y decirle a todas las mujeres de la oficina que tenía verrugas en el pito. Te juro que no tengo ni idea de por qué lo hizo. Nos llevábamos bien y hasta un par de veces fuimos a tomar algo al salir del trabajo. Supongo que era un tipo muy inseguro o problemático o lo que sea.

Cuando me enteré de que había esparcido este chisme decidí no encararlo para realmente saber bien qué hacer. Entonces fue cuando me acordé de una broma que solíamos hacer en la secundaria con laxantes.

Quería hacer sufrir a ese cabrón, no te voy a mentir. Y pensé que el remedio para una actitud infantil era una respuesta infantil. Compré un laxante líquido que se disolvía con muchísima facilidad en cualquier bebida. Pero no quería hacerlo ni muy bestia para que no se diera cuenta de que era un laxante, ni todos los días para que creyera que de repente le pasaba algo. Durante un mes y medio más o menobrs, estuve echándole laxante a su café una o dos veces por semana, dependiendo de mi humor, siempre midiendo las dosis para que no le explotara el culo. La verdad, era glorioso verlo correr al baño con temor a que se cagara en los pantalones. No lo he visto desde hace unos cuatro años y espero no hacerlo.

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