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agresiones sexuales

El prototipo de violador español no es un psicópata en un callejón

Los medios prestan atención a los casos más llamativos, pero la realidad es mucho más trágica.

por Alba Carreres
28 Junio 2018, 4:00am

Una manifestante en la protesta contra la libertad condicional de los miembros de La Manada. Fotografía por Susana Vera/REUTERS

"Nadie tiene que lamentarse de beber, de ir sola a casa o llevar una minifalda. Tenemos que lamentarnos de la mentalidad de una sociedad en la que esto le puede pasar a cualquiera". Lo dice en su primera carta pública la chica que fue violada por La Manada en San Fermín. Y lo dice porque Casi todas hemos sufrido algún tipo de agresión machista, ya sea la de un jefe o compañero de trabajo, o incluso por parte de un desconocido en un autobús.

Hace ya más de cinco años, pero aún lo recuerdo como si fuera ayer, un tío al que conocía se ofreció a acompañarme a casa con una amiga después de una noche de fiesta. Primero dejamos a mi amiga en su casa y cuando ya casi estábamos llegando a la mía se paró en un descampado, me encerró en el coche y se me lanzó encima dejándome claramente indefensa. Le dije que no, que no quería nada con él. Y me contestó que si no quería nada por qué me había puesto un vestido tan provocativo. No entendía mi rechazo porque según él era un tío atractivo. Por suerte y después de un forcejeo pude abrir el coche y escapé corriendo.


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El de La Manada es el más conocido, pero no el único caso de agresión sexual a una mujer que sale de fiesta. De hecho solo durante la noche de San Juan se registraron como mínimo cuatro denuncias por violación. Aún así la mayoría de agresiones sexuales en España no se denuncian ya sea porque no le ven el sentido al denunciarlas, por la represión del recuerdo o porque las víctimas no se sienten emocionalmente preparadas para enfrentarse a la culpabilización o estigmatización.

Ana Isabel Gutiérrez Salegui es psicóloga forense del Instituto de Probática e Investigación Criminal (IPIC) y asesora de la asociación feminista Clara Campoamor. En su trayectoria profesional ha estudiado a fondo el perfil de varios de los violadores más temidos en España.

Cuando le preguntamos de qué no se ha hablado suficiente en referencia a estos casos destaca la revictimización secundaria de la víctima, entendida como el sufrimiento añadido de la mujer por parte de instituciones y profesionales a la hora de tratar el delito, así como el sufrimiento que implica verse cuestionada en medios de comunicación y redes sociales. “Cuando se hace pasar a una víctima por una declaración ante la policía, otra ante el juez o la evaluación forense debería ser obligatorio que bajo ningún concepto víctimas y agresores coincidieran durante el juicio, ni siquiera con biombo de por medio”, explica.

"Todos tenemos en mente a los violadores con rasgos psicopáticos que hemos visto en las películas que se encuentran en los parques y se cubren con pasamontañas, pero la realidad es que los violadores más comunes conocen a las víctimas" — Ana Isabel Gutiérrez, psicóloga forense

“La pena de cárcel ayuda psicológicamente a la víctima a sentirse más protegida. Por mucho que les impongan una sanción económica para la víctima no será suficiente En ocasiones se reducen o se conmutan las penas por cursos o trabajos para la comunidad. Imaginaos cómo es para ellas saber que su agresor sigue en libertad. Sienten que su agresión les ha salido muy barata a los victimarios”, prosigue.

Según la especialista en psicología legal y forense el hecho de que todo el mundo conozca las caras de los agresores (como sucede en el caso de La Manada) no es un argumento válido para dejarlos en libertad ya que cabría la posibilidad de que volvieran a reincidir con un cambio de imagen y de vestuario. El violador de Ensanche de Barcelona tuvo en jaque a las Fuerzas de seguridad durante años por sus constantes cambios de imagen.

De hecho según cuenta José Luís Prieto, abogado especialista en violencia de género, en el siguiente hilo de Twitter, de poco sirve acudir directamente a la policía sin pruebas.

Pero, ¿cuáles son el tipo de agresiones más comunes en España?. “Todos tenemos en mente a los violadores con rasgos psicopáticos que hemos visto en las películas que se encuentran en los parques y se cubren con pasamontañas, pero la realidad es que los violadores más comunes conocen a las víctimas y se aprovechan de ellas cuando han bebido o consumido drogas", nos cuenta Ana Isabel.

Y continua: "Muchos de ellos no tienen conciencia que la sumisión química no es un consentimiento y por su marco cultural no entienden que un NO es NO. Este perfil de hombre negará haber violado a nadie. No hay percepción de delito por su parte. Dirán que ellos nunca harían esto, que también tienen hermana y madre. Los familiares y entorno más cercano secundarán estos argumentos y culpabilizarán a la víctima”.

¿QUÉ TIENEN EN COMÚN LOS VIOLADORES GRUPALES?

Karen Franklin, de la Universidad Alliant Internacional en San Diego, analizó los datos recogidos de 25 violaciones en grupo producidas en Estados Unidos durante fiestas, eventos deportivos y actividades de ocio y vio las similitudes que se daban en todas ellas. En la mayoría un hombre con cierto atractivo o encanto se ganaba la confianza de una mujer, mediante el alcohol o algún tipo de droga la dejaba vulnerable y invitaba a sus compañeros para acabar violándola pero también humillándola o insultándola. La mayoría formaban parte de una pandilla fija y ante este acto acababan celebrando su dominancia masculina entre ellos.

Ana Isabel Gutiérrez nos cuenta que la mayoría de estos chicos tienen una idea incorrecta de lo que es el sexo. “Copian lo que ven en las pelis porno y relacionan su excitación con la sumisión de la mujer”, nos dice. “Estoy convencida de que algunos de ellos realmente piensan que la mujer quiere sexo con ellos, otros, en cambio, en muchos casos, los líderes que arrastran a sus amigos, saben perfectamente lo que están haciendo”.

En este tipo de casos el grupo actúa como potenciador, el individuo pierde parte de su capacidad para pensar por sí mismo y recapacitar. “Si lo hacen los demás piensan que está bien”; asegura Ana Isabel. Además las consecuencias de cualquier acción con el resto del grupo se ven diluidas a la vez que hay un refuerzo mutuo y se animan a hacer cosas que puede que ellos solos no harían.

¿ES POSIBLE LA REHABILITACIÓN DE LOS VIOLADORES?

Uno de los programas a los que se pueden acoger los agresores sexuales que voluntariamente pretendan rehabilitarse y reintegrarse en la sociedad es el Programa de Control de la Agresión sexual (SAC). Dura entre 9 y 11 meses y mayoritariamente consta de sesiones grupales donde se trabaja la empatía y las distorsiones cognitivas.

Según nos cuenta Antonio Andrés Pueyo, especialista en psicología forense y criminal de la Universidad de Barcelona, este tipo de programas no sirve para todos los que cumplen condena. “Hay que estudiar cada perfil individualmente para determinar si hay riesgo de reiteración delictiva y si puede servir o no”.

"Para considerar que un violador se está rehabilitando, una vez fuera de la cárcel ha de ser capaz de mostrar su vida de forma transparente, sin engaños ni mentiras" — Antonio Andrés Pueyo, piscólogo forense

Pueyo es colaborador de Círculos, un programa piloto de rehabilitación a personas que han cometido una agresión sexual llevado a cabo con la ayuda de entidades del tercer sector. Mediante el trabajo de interacción social y la monitorización intentan la reinserción de este tipo de presos a la sociedad. Aún así cree que este tratamiento no sirve para todo el mundo. “La persona debe aceptar primer de todo formar parte del programa SAC cuando está dentro de la cárcel, y una vez ya ha salido ha de ser capaz de mostrar su vida de forma transparente, sin engaños ni mentiras. En el momento que se detecta un engaño el círculo se rompe”. Según nos explica la rehabilitación puede ser posible siempre y cuando esta persona tenga un entorno de relaciones prosociales (trabajo, amigos y entorno) estable y normalizado.

¿CÓMO SE PUEDE ACABAR CON LAS AGRESIONES SEXUALES?

Para Ana Isabel Gutiérrez la clave para acabar con este tipo de agresiones es trabajar más la educación sexual emocional tanto desde la escuela como en el ámbito familiar. “La gente no es consciente de lo que están viendo sus hijo”. Para ella el control de los dispositivos es fundamental. “Ahora el problema está en que muchos chavales piensan que si tu novio te pide sexo o trios con trece años es algo normal. El sexo es una comunicación, un diálogo entre dos personas, puede ser una charla o querer hablar toda la vida. Lo que no puede ser es un monólogo impuesto”.

Según nos dice los menores entran en contacto con los últimos escalones de lo que ellos piensan que es el sexo y en que se ha erotizado un tipo de sexualidad de que la mujer está al servicio del hombre. Gutiérrez explica que la erotización es un 99 por ciento aprendida y un 1 por ciento congénita, por lo que deberíamos abordar el problema desde la raíz y hacer más hincapié en cómo estos menores aprenden qué es el sexo así como también trabajar en el entorno cultural que defiende este tipo de comportamientos con arquetipos machistas.

Como escribe la psicóloga americana Mary Phipher: “Los jóvenes deben ser socializados de tal manera que la violación les parezca tan impensable como el canibalismo”.

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