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'Jurassic World: Fallen Kingdom' renuncia por completo a la ciencia

¿Quién le dijo a estas personas que los dinosaurios tienen que ser máquinas de guerra y víctimas de un volcán para ser interesantes?
27.6.18
Imagen: Universal Pictures

Artículo publicado originalmente por Motherboard Estados Unidos.

_Esta publicación contiene spoilers menores para _Jurassic World: Fallen Kingdom.

Jurassic World: Fallen Kingdom es "un montón de mierda", palabras inmortales de Ian Malcolm, el teórico del caos interpretado por Jeff Goldblum.

La secuela ocurre tres años después de los acontecimientos de Jurassic World (2015), que terminó con una evacuación masiva de turistas del parque temático en Isla Nublar, para escapar de los dinosaurios liberados. Resultó que, de todas formas, la isla estaba a punto de estallar en una enorme erupción volcánica, dejándonos con la pregunta de por qué se había construido allí un proyecto tan costoso en primer lugar.

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Bueno, ese solo es uno de los muchos agujeros con los que se tropieza la trama de Fallen Kingdom mientras Owen Grady (interpretado por Chris Pratt) y Claire Dearing (Bryce Dallas Howard) regresan a la isla para salvar a los dinosaurios de una incineración inminente. El equipo descubre que no son las únicas personas que buscan transportar dinosaurios a tierra firme, y que algunos de estos rescatadores no tienen tan buenas intenciones. La película es casi una mierda de principio a fin, llena de clichés, y permeada del aroma que producen 170 millones de dólares (el presupuesto de la película) en llamas.

¿Cómo demonios le hizo Jurassic Park –un thriller de biotecnología inteligente y apasionante– para convertirse en este montón de estiércol de dinosaurios?

Para responder a eso, hay que tener en cuenta el factor que hace que la película original de 1993 sea un clásico atemporal. Por supuesto, en parte es el inolvidable ataque de T-rex, junto con la destrucción de autos y los abogados, o la espeluznante escena de la cocina con dos raptors jugando co niños que esperan devorar. Pero el éxito de la película también se debe a una escena donde están los personajes principales desarrollando la cuestión central de Jurassic Park : ¿Debería permitirse la curiosidad científica?

Es un problema simple pero profundo y fundamental para innumerables narraciones de ciencia ficción, desde el mito griego de Ícaro hasta el Frankenstein de Mary Shelley. En Jurassic Park, la pregunta surge cuando los científicos financiados por John Hammond (Richard Attenborough) clonan dinosaurios exitosamente usando ADN extraído de un mosquito mesozoico atrapado en ámbar. La película pregunta abiertamente si un descubrimiento de esta magnitud debe actualizarse para avanzar en la ciencia, incluso si pudiera tener consecuencias imprevistas.

Hammond representa un punto de vista comercial y responde "sí" a la pregunta, porque se tiene que hacer dinero y porque los empresarios muchas veces romantizan sus empresas, sin ver las posibles deficiencias.

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En el otro extremo del espectro, la respuesta de Malcolm es un "no" enfático, porque aborda la cuestión desde una perspectiva de teoría matemática. Él no necesita evidencia física para entender que el parque espera el desastre, y replantea la pregunta: "¿Qué tienen de genial los descubrimientos?"

Alan Grant (Sam Neill) y Ellie Sattler (Laura Dern) son empiristas y se reservan el juicio hasta que puedan examinar los datos por sí mismos. Solo después de una cuidadosa evaluación de la evidencia, que incluye huevos de dinosaurio y una muerte cercana por raptors, Grant decide no respaldar el parque de Hammond.

Este enfoque en la coherencia del personaje y los temas científicos actuales es lo que ha distinguido a Jurassic Park de todas sus secuelas. Pero ahora que la franquicia se ha descarrilado, solo queda la perspectiva comercial de Hammond –la más predecible y aburrida de todas– en la última película. Los temas científicos se han extinguido.

Por ejemplo, está la escena del Reino Caído en el que los dinosaurios se subastan a un grupo de personajes caricaturescos, porque aparentemente piensan que estos animales serían armas útiles para la guerra del siglo XXI. Sorprendentemente, los dinosaurios se venden por un mísero 8-30 millones de dólares cada uno. Teniendo en cuenta que los fósiles de dinosaurios generan más de 8 millones de dólares, es absurdo imaginar que los dinosaurios vivos no atraigan sumas más altas.

En esa escena me di cuenta de que en estas películas nuevas abaratan a los dinosaurios. Ver a los animales ser subastados por personajes que no tienen ningún concepto de su valor monetario fue como mirar a través de la pantalla y ver a las personas a cargo de esta franquicia, que no tienen ningún concepto del valor narrativo o simbólico de los dinosaurios.

Jurassic Park ilustró que, si bien los dinosaurios producen efectos visuales memorables, también son un vector resonante para temas más sutiles. Ya que son terrícolas verdaderos que formaron el planeta moderno, los dinosaurios son mejores embajadores del plano científico que los monstruos de películas puramente ficticios. Pueden hacer que las conversaciones necesarias sobre la extinción en masa, las especies invasoras, la ética de la biotecnología y el lugar del ser humano en el espacio y el tiempo sean más amplias.

Quizás la tercera película de Jurassic World, que saldrá en 2021, por fin haga un esfuerzo por emular la sagacidad de Jurassic Park . De lo contrario, como sugiere Owen en Fallen Kingdom, "yo digo que lo dejemos hasta aquí por la paz".