Salud

Las mujeres que dan a luz sin saber que estaban embarazadas

Los ‘embarazos crípticos’ son muy infrecuentes, y las historias de cómo se produjeron suelen ser complicadas y traumáticas.

por Nana Baah; fotografías de Bekky Lonsdale
16 Abril 2019, 3:30am

Klara y su hija Amelia. Fotos porBekky Lonsdale 

La madrugada de un domingo del otoño pasado, la semana antes de su 18 cumpleaños, Beth le dijo a su padre que se encontraba en la más “absoluta agonía”. El miércoles anterior sufrió unos calambres tan intentos en la universidad que se desmayó. Pese a todo, atribuyó sus constantes ganas de ir al lavabo a un episodio de síndrome de colon irritable. Semanas antes, se había hecho varias veces el test del embarazo y en todas las ocasiones había salido negativo. Desde entonces no había vuelto a practicar sexo, por lo que cuando llamó a Urgencias y le preguntaron si estaba embarazada, dijo que no. Sin embargo, horas más tarde, Bethdio a luz a una niña de 4,5 kg a la que posteriormente bautizó como Maizie.

Durante los meses previos al parto, Beth había estado haciendo las cosas propias de una adolescente: aburrirse en su ciudad natal, St-Anne’s-on-the-Sea, estudiar, verse con un chico de la universidad, trabajar a media jornada en Wetherspoons, hacer entrenamientos militares y beber con sus amigos.

Me enseñó fotos de su último verano, en agosto. Se la veía delgada, con el estómago plano y sin señal alguna de estar embarazada de siete meses. A esas alturas del embarazo, la mayoría de mujeres tendrían un vientre visiblemente voluminoso y podrían sentir al bebé, ya del tamaño de una lechuga, moverse en su interior. Pero Beth no.

Photo supplied by interviewee
Beth, embarazada de seis meses (izq.). Beth, de pie a la derecha, de siete meses. Fotos cortesía de Beth

Había tenido un embarazo críptico, un tipo de embarazo que no detectan los tests específicos, no producen abultamiento del vientre y casi ningún síntoma (los que produce son fácilmente confundibles con cualquier otra dolencia). Según datos recientes, este tipo de embarazos ocurre una de cada 475 veces. Hay mujeres que descubren que están embarazadas al cabo de siete u ocho meses, aunque muchas, como Beth, no lo saben hasta que dan a luz.

Las razones que propician un embarazo críptico son diversas: puede deberse a que la madre tenga dos úteros y el bebé se forme en el que está más cerca de la espina dorsal, lo que explicaría que no se abultara el vientre; a que tenga el útero ladeado o a que produzca niveles bajos de hCG (una hormona que producen las mujeres en estado de gestación y que es el que detectan los tests de embarazo). Es fácil que estos trastornos pasen desapercibidos, puesto que no hay forma de saber si una mujer tiene dos úteros de no ser que se someta a una ecografía; asimismo, lo habitual es que una mujer se haga controlar los niveles de hCG una vez sabe que está embarazada.

De vez en cuando, en los medios aparece la noticia de un embarazo críptico. Son historias impactantes que suelen suscitar críticas y que no contribuyen demasiado a explicar la experiencia de un embarazo de este tipo ni a aclarar qué les sucede a estas mujeres después. Por eso, decidí seguir la historia de tres madres —Beth, Klara y Lily— para averiguar cómo es dar a luz de forma inesperada. ¿Cómo se gestionan la maternidad “sorpresa” y los juicios de valor que conlleva?

Beth Martin and her child
Beth con Maizie en la puerta de su casa

“Fuimos a Urgencias porque había empezado a sangrar y la enfermera me dijo que creía que estaba embarazada y a punto de dar a luz”, recuerda Beth, mientras hacía botar a la pequeña Maizie, hoy de seis meses, sobre su rodilla. “Así que me pusieron una botella enorme de oxígeno y me llevaron corriendo a la sala de partos. Resultó que ya había dilatado 9 cm, cuando tienes que estar de 10 para empezar a empujar. Más o menos dos horas después, la niña ya estaba fuera”. ¿Tuvo miedo? “En ese momento no pensaba en casi nada”, me explica. “Estaba demasiado ocupada en intentar dejar de sentir dolor, la verdad”.

En el caso de Klara, que tuvo un embarazo críptico a los 22 años, en 2016, su temor era estar sufriendo un aborto. “Yo me preguntaba si no sería un aborto”, recuerda. “Pero si lo fuera, a estas alturas estaría de nueve meses, porque hace eso que me acosté con alguien por última vez”. Recuerda que su vecina acudió a ayudarla cuando la oyó gritar. “Le dije que estaba sufriendo un aborto y que necesitaba una ambulancia”.

Klara se había despertado con “unos calambres horribles, como de regla” la mañana en que empezaba en su nuevo trabajo. Su madre le recomendó que se tomara un analgésico y siguiera con su día a día, pero el dolor se hizo más intenso y se vio obligada a salir antes del trabajo. Llegó a casa y pocas horas después dio a luz a su hija, Amelia —que hoy cuenta nueve años— en el baño. Estaba sentada en la taza y de repente mi cuerpo se levantó solo”, recuerda Klara, levantándose del sofá y agachándose para demostrármelo. “El cuello del útero se orientó hacia delante y cogí a Amelia antes de que se cayera al inodoro”, me explica al tiempo que pone las manos entre las piernas.

Klara and her daughter
Klara y su hija, Amelia

“Había cuatro paramédicos metidos en mi baño, que es diminuto”, continúa. Por suerte, una de ellas era una mujer encantadora que me sostuvo mientras yo lloraba y lloraba y lloraba. Es todo como un borrón enorme. No sé si lo habré reprimido, porque fue un momento muy estresante darte cuenta de que tu vida está a punto de cambiar. Lo único que podía pensar era en que necesitaría que alguien me echara una mano para limpiar el baño, porque qué pensaría mi madre si llegaba y veía toda esa sangre. Así que uno de los paramédicos le dio un repaso rápido al baño”.

Es frecuente que, ante estas historias, la gente se pregunte cómo es posible que no se dieran cuenta. “A veces ando desnuda por casa y mi madre no advirtió nada que indicara que estaba embarazada, así que ella también se quedó muy sorprendida”, asegura Beth. El cuerpo de Klara tampoco cambió demasiado durante todo el embarazo. “Estaba 6 kilos más delgada que ahora”, asegura. En su caso, el periodo no era ningún indicador, puesto que llevaba unos seis meses con la píldora combinada. “No había tenido la regla en cinco de esos meses. Solo manchaba de vez en cuando, pero no era una menstruación como tal; sin embargo, yo supuse que sí lo era y que todo estaba bien”.

Klara before and after she gave birth (photo supplied by interviewee)
Klara embarazada de 7 meses (izq.). Klara tres días después de dar a luz a Amelia (Fotos cortesía de Klara)

Lily también estaba tomando la píldora cuando sufrió un embarazo críptico a los 18. Se enteró dos meses antes de dar a luz a Archie, que ahora tiene un año. Por aquel entonces, Lily vivía con su novio de hacía un año y su familia y trabajaba 50 horas semanales como gerente de un restaurante y camarera. “La gente me decía que había engordado un poco y que se me veía radiante”, explica, “pero yo había estado comiendo mucho y había engordado de todas partes. No tenía ningún bulto en el vientre ni nada. Me hice dos tests de embarazo y los dos dieron negativo, por lo que, obviamente, pensé que estaba engordando, no que estaba embarazada”.

Pero al cabo de unos meses, Lily empezó a sentir patadas y decidió hacerse un tercer test de embarazo. “Salió positivo y me llevaron corriendo al hospital para hacerme una ecografía urgente. Ahí me confirmaron que estaba de 30 semanas”.

Además de la experiencia de dar a luz casi sin preaviso, un embarazo críptico implica no tener acceso a los cuidados prenatales, un mundo sin revisiones ni clases preparto. Por suerte, en estos tres casos, los bebés nacieron perfectamente saludables y sin complicaciones, pero Beth, Klara y Lily temían que las vidas de sus bebés pudieran haber estado en riesgo por no saber que estaban embarazadas. “Por el amor de Dios, es que ¡yo bebía, fumaba los domingos y era la encargada de un bar!”, exclama Klara. “Trabajaba 12 horas al día y movía barriles de un sitio para otro estando embarazada de ocho meses”. Lily tenía pesadillas frecuentes sobre la salud de Archie antes de que naciera. “Si nacía con alguna discapacidad, sería totalmente culpa mía”, señala. “Obviamente, dejé de beber y tomar drogas en cuanto me enteré”.

Beth and her daughter, Maizie
Beth y Maizie

¿Quién no ha sufrido alguna vez una migraña eterna o un periodo de tos que ha durado semanas y ha preferido no ir al médico? No solo supondría dejar de ir a trabajar, sino que te dieran hora para tres semanas después, y para entonces ya estarías curada. Al final, decides no ir. Klara reconoce que debió haber ido al médico de cabecera, pero tuvo miedo. “Dos semanas antes, me notaba la parte superior del estómago durísima y no sabía qué era”, señala. “Tendría que haber ido al médico para ver qué me pasaba, pero era joven y tonta”.

Lily tampoco buscó ayuda médica cuando sufrió dolores abdominales. “Recuerdo que le dije a mi amiga lo que sentía y ella me dijo que le pasaba lo mismo, y como las dos tomábamos la misma píldora, me imaginé que sería normal”. A esto hay que añadir el hecho de que, muchas veces, los médicos restan importancia a las preocupaciones de las mujeres respecto a su salud. De hecho, hay estudios que demuestran que el dolor de las mujeres se toma menos en serio que el de los hombres, por lo que estos síntomas podrían fácilmente haberse pasado por alto.

Por otro lado, muchas veces se pone en duda que se trate de embarazos crípticos. Beth, por ejemplo, cree que la razón por la que los asistentes sociales no la creyeron era su edad. Determinaron que era un caso de embarazo ocultado y la mantuvieron ingresada cinco días mientras la valoraban a ella y su hogar. “La trabajadora social me dijo: ‘Si la hubieras tenido una semana después, ya estarías fuera’. Aquello me dolió, porque lo dijo de forma maliciosa, como si hubiera sido una suerte que me pillaran a tiempo”. Cuando se enteraron de la maternidad de Beth en la universidad, empezaron los rumores. “Dicen que no es mía, que la he adoptado o que es la hija de mi padre”, señala Beth. “Otros dicen que yo lo sabía, pero yo no soy tan mala persona como para poner en peligro a un bebé”.

Klara's daughter
Hoy Amelia tiene tres años

Cuando la historia de Klara apareció en el Daily Mail, la mujer recibió multitud de críticas en las que la tachaban de estúpida por no darse cuenta de que estaba embarazada. “Por aquel entonces no tenía muchas tablas y no pensé en las consecuencias del artículo que escribirían sobre mí, pero fueron horribles”.

Las tres mujeres aseguran estar sorprendidas respecto a lo bien que se les ha dado la maternidad, lo de conseguir silenciar lloros y limpiar bocas babeantes, pese a que ninguna de ellas quería tener hijos. Todas coinciden, también, en que las cosas habrían sido distintas si su embarazo hubiera sido detectable. “Sinceramente, yo habría abortado”, admite Beth. “Sin embargo, ahora ni se me pasaría por la cabeza”.

Sus médicos les han dicho que es improbable que les volviera a ocurrir, si bien las tres tienen miedo de volver a practicar sexo. “Me he vuelto muy paranoica con el sexo. No es que no lo volvería a hacer, pero me lo pienso mucho antes”, explica Beth. Lily coincide con ella. “Me da la sensación de que volvería a pasar por mucho que hiciera por evitarlo. Ha cambiado mi forma de ver el sexo. Creo que he desarrollado un TEPT después de toda esta experiencia”.

Beth está criando a su hija como madre soltera, ya que el padre ha preferido no involucrarse. Por el contrario, sus amigos y familiares, especialmente su padre, le han brindado todo el apoyo que necesita. “Todo es felicidad. Todo el mundo te quiere, ¿verdad?”, dice mirando a Maizie con una sonrisa y acariciándole la barbilla.

Pese a que ha tenido que hacer frente a la ansiedad y la depresión posparto, Lily sigue mirando al futuro con esperanza. “Ahora mismo estoy feliz con Archie, pero me gustaría tener más hijos”, señala. Klara cree que la maternidad le llegó en el momento perfecto. “Antes de nacer Amelia, yo estaba un poco como flotando a la deriva. Me preguntaba qué estaba haciendo con mi vida. Me había sacado el grado de Derecho y no estaba haciendo nada con él. Pero ahora por fin he encontrado mi vocación”.

Beth también cree que el nacimiento de Maizie la ayudó a pasar página. “Mucha gente me ha preguntado si estoy cabreada porque no puedo vivir mi vida”, explica. “Pero claro que puedo”. Beth planea estudiar Deportes y Servicios Públicos el año que viene, para luego unirse a la Fuerza Fronteriza. “Si acaso, mi hija me ha cambiado la vida para bien”, asegura.

Beth and her daughter Maizie

@nanasbaah / @bekkylonsdalephoto

Este artículo se publicó originalmente en VICE UK.