Marca España

‘Al feixisme se'l combat’: analizamos la mejor pelea política de este verano

Una comparativa entre los picos de intensidad dramática de cada uno de los protagonistas del vídeo ‘Al feixisme se'l combat’
01 Agosto 2018, 3:05am

Ayer (31 de julio de 2018), hubo otro altercado de esos tan tristes y divertidos a la vez que se suceden a veces entre independentistas y unionistas. De nuevo, la dinámica del conflicto se basaba en la colocación o extracción de unas cruces con los nombres de los políticos catalanes presos.

Cada personaje estaba en su papel. El independentista, identificado como Hèctor Aranda, quería mantener las cruces en su sitio mientras que el presidente del GDR (los Grupos de Defensa y Resistencia, lo que vendrían a ser la respuesta a los CDR, los Comité de Defensa de la República) del Bages, Jaime Vizern, quería llevárselas. Como era de esperar se sucedieron empujones leves, frases magistrales e intentos de debate exprés sobre la libertad de expresión y el uso del espacio público, sin llegar a ningún tipo de conclusión.

Los protagonistas, nerviosos, se trababan al hablar y se mostraron patosos. No debemos olvidar que estos tipos se encuentran cara a cara con su mayor enemigo, es por esto que hay una intensidad dramática bastante intensa en la escena, sobre todo por parte de Hèctor, quien se pasa casi todo el vídeo con los nervios a flor de piel.

Podéis observar el vídeo en dos partes:

El caso es que esta mañana he tenido la bondad de perder casi dos horas de mi jornada laboral en elaborar un gráfico en el que analizo los puntos calientes del vídeo, esos instantes en los que “suceden cosas”, con más o menos intensidad.

Si nos paramos a buscar los momentos más intensos de “el independentista”, veremos que estos corresponden a varios momentos bastante interesantes y épicos, como cuando Aranda exclama Que et foto la creu pel cap, me cago en la mare que et va parir [“¡Que te meto la cruz en la cabeza, la madre que te parió!”] mientras va blandiendo la cruz que tiene en la mano (01:21); también está ese momento en el que arremete contra Vizern y le espeta un “Deixa les putes creus aquí, hòstia!” ["Deja la putas cruces aquí, ¡hostia!”] (01:39) y, evidentemente, ese instante de oro cuando exclama su gran frase lapidaria: “Al feixisme se’l combat” [“Al fascismo se le combate”] (01:46).

El último momento intenso aparece cuando se planta con la cruz amarilla delante del coche (02:19), barrando el paso al unionista para que no se largue con las cruces, como hizo aquel tipo 1989 en la Plaza de Tiananmén, en China. Lo que pasó después no lo sabemos —¿logró detener al coche?—, pero esto es lo que menos importa, la imagen del tipo parado estoicamente delante del coche no la olvidaremos jamás:

Por su parte, el dramatismo que muestra el papel de “el unionista” en la escena es mucho más contenido, como muestra el gráfico. Los puntos calientes son muchos menos y, por lo general, los valores son muy inferiores. Destacan los “Yo me la llevaré [la cruz] cuando me salga de la polla” (00:45); el momento en el que coge las últimas dos cruces pese a los intentos de Aranda por persuadirle de todo lo contrario (01:15) y la guindilla final que abre las puertas a una potencial masacre, esa amenaza directa y poco sutil cuando Vizern exclama ese “Vosotros abridme el maletero, que entonces la tendremos” (02:25), refiriéndose a que si le abren el coche para recuperar las cruces van a caer hostias.

Al visualizar el vídeo, el esperpento general hace presagiar que el incidente terminará con gente sangrando pero, por lo contrario, es la contención de la violencia, el silencio antes del estallido, lo que caracteriza la cinta.

Con todo, podemos deducir que la película no tendría ningún tipo de valor si no fuera por la presencia del personaje de Aranda, quien aporta las frases más pegadizas (“Al feixisme se’l combat”, "Deixa les putes creus aquí hòstia"), quien tiene unas motivaciones más claras (recuperar las cruces, conseguir la libertad de los presos políticos y lograr la independencia de Catalunya) y quien hace, en definitiva, avanzar la historia.

Sin Aranda, se trataría de otra película más de peripecias independentistas, una de las tantas que se han estrenado este verano, lamentablemente.

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