Quedé en shock cuando Fallon Fox reveló su identidad como transgénero, el pasado mes de marzo. No tanto por el anuncio de Fox sino por la magnitud de respuestas.
Yo asumí, ingenuamente, que la comunidad de artes marciales había superado ese tipo de tonterías. Pensé que cualquier persona que había pasado un buen tiempo en el tatami probablemente había entrenado o competido contra un atleta trans y que las opiniones al respecto de su participación en el deporte(s) sería, al menos, informadas por su experiencia en la vida real.
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Y en cuanto la idea de que las mujeres trans son una especie de monstruos depredadores que tienen la necesidad y el deseo de golpear a mujeres, ejemplificado por los insultos de Matt Mitrione contra Fallon Fox. Bueno, a menos que “golpear una mujer” ahora sea un insulto para “invitar a una mujer a tomar té, las sesiones de entrenamiento semi-privadas de jiu-jitsu, y pasar el rato” entonces no tengo idea que chingados está hablando esta gente.
Una de las mujeres trans con la cuál entrené era una mujer tímida pero amigable, físicamente extraña y con un interés en artes marciales como deporte competitivo y recurso de defensa propia. En otras palabras, ella era como yo, y como otras mujeres en mi dojo. Otras mujeres como Alaina Hardie.
Conocí a Alaina cuando éramos cinta blanca en jiu-jitsu (ella ahora es cinta marrón, yo continuó en azul) a mediados de los 2000 e instantáneamente me cayó bien. Ella era una fuerza de la naturaleza, arriba y abajo del cuadrilátero y su entusiasmo por el jiu-jitsu era comparable a su afición por la gente en él. Simpatizante de la mujer en un momento de mala gana aceptaban nuestra participación en MMA y jiu-jitsu.
Alaina públicamente reveló su identidad como acto de apoyo a su amiga Fox. Con mente abierta y entusiasmo ella fomentó diálogo sobre el tema de atletas trans en la competencia y de todo lo que demás que queríamos conocer. Entonces le pregunté si estaba interesada en una entrevista. Sabiendo lo inteligente que es, ella puede discutir desde ciencia, The Wire o hasta mujeres en deportes de combate. Yo estaba interesada en conocer más sobre su experiencia como una atleta trans en el mundo de las artes marciales, la investigación científica que ha hecho sobre el tema, y como ha cambiado su vida desde que reveló su identidad.
Fightland: Antes que nada, ¿decidiste “elegir ser mujer” para golpear a otras mujeres?
Alaina Hardie: Totalmente.
Eso fue lo último que pasó por mi mente, teniendo en cuenta que es lo que sabía desde que estaba súper jóven. No descubrí acerca de las peleas hasta que vi las mujeres que lo hacían y yo estaba como, «Dios mío, ¡yo quiero hacer eso! «
Me parece interesante que una gran cantidad de personas perpetúan el mito sobre luchadores trans cambiando su género sexual pero para nada cambian su perspectiva sobre eso.
Creo que es de la misma manera que la gente blanca no piensa acerca de asuntos raciales en Estados Unidos, o como las personas heterosexuales no piensan en ser homosexual, es muy difícil imaginar lo que parece lo “otro”. Si no tienes la experiencia en ser el “otro”, realmente estás hundido en el miedo y el paternalismo. Mucho de esto es miedo.
Me resulta asombroso que proviene de un deporte que nunca fue de echar a pelear jugadores homogéneos entre sí.
Eso es cierto. Ese es un punto muy bueno. Recuerdo que los UFCs originales eran, el kickboxing contra ninjitsu, kung fu contra jiu-jitsu. ¿Alguna vez has vuelto a ver esos viejos UFCs? Estos chicos van en contra de Royce Gracie y piensan que les irá bien, porque son como, casi un cinturón negro y ese pequeño chico los toma de la espalda y los ahoga hasta llegar a estar inconsciente. Tienes razón. Yo nunca había pensado en eso, pero eso es totalmente la historia de la UFC.
Cuando revelaste tu identidad, ¿era diferente la reacción entre tus compañeros de entrenamiento hombres y mujeres?
Tengo que declarar que, con toda la gente que conozco, mi experiencia fue totalmente positiva. Me di cuenta que sería positivo solo porque tengo relaciones personales con muchas de estas personas, pero nunca me hubiera imaginado el nivel de amor y apoyo.
Había declaraciones privadas y gente que lo re-publicaba y decían «mira, éste es mi amigo.» Creo que tú eras uno de ellos. La gente me mandaba mails privados y mensajes de texto. Yo estaba absolutamente impresionada con esto. Las primeras 24 horas fueron increíbles.
Entonces, la gente posteaba en Facebook, me re-publicaban en algunos grupos y, sin excepciones, las personas que tenían problemas al respecto eran hombres. Recibí tantos mails increíbles de otras mujeres, mujeres contra las que había competido. Ellas postearon públicamente, me mandaban mails privados, me apoyaron mucho. Los tipos imbéciles anónimos eran el problema.
Pero creo que, por alguna razón, los hombres se sienten amenazados por las mujeres trans. Tengo mis propias opiniones sobre la masculinidad, pero la masculinidad es fastidiosa. Tiene que ser demostrada y reforzada constantemente y frecuentemente no es para el gusto de nadie más que de otros hombres. No lo entiendo. Lo puedo ver. Entiendo que es un fenómeno. Pero cuando estos tipos están hablando es como si dijeran «pues, sí, soy un güey de verdad» como pegándose con el pecho, o cualquier cosa que los hombres beta hacen para parecer alfa.
¿Notaste alguna diferencia en la respuesta de la gente que entrena y los que son fans o espectadores?
En mi caso, mis amigos que no entrenan también me apoyaron mucho. Me muevo en círculos muy progresivos. De muchas formas, el mundo conservador y misógino del jiu-jitsu dominado por hombres fue el que más me sorprendió. En el caso de Fallon, con la excepción de charlatanes como Rousey y Mitrione, diría que la verdadera oposición vino de gente que jamás había puesto un pie en un cuadrilátero o jaula, o si lo habían hecho, nunca habían entrenado con una mujer de alto nivel o peleadora de MMA. Es muy difícil que te importen las opiniones de alguna persona que no tiene experiencia en el deporte.
¿Cómo conociste a Fallon?
La conocí en un torneo en el 2009. El Abu Dhabi Trials en California. Yo la vi y yo estaba como. «Oh, mira, otra chica heterosexual súper guapa.» Todavía sigue siendo muy guapa, pero ya no tanto heterosexual. Así que le mandé una solicitud de amistad en Facebook y vi que ella era lesbiana, y yo estaba como «Ah, ¡qué bien! ¡Otra hermana! «
En realidad, no hablamos después de eso. Hasta un día que me desperté una mañana de marzo y vi que ella había revelado su identidad sexual. Le envié un correo electrónico de inmediato y le dije: «No tenía ni idea sobre esto, probablemente tu no tengas idea pero yo también soy trans. Y te apoyo.» Ahí es cuando empezamos a hablar. Así que fuimos a cenar y pasamos el rato en Chicago. En cierto modo, es como conocer a la única otra persona como yo en todo el mundo: otra mujer transexual que le gusta pelear. He descubierto que hay muchas de nosotras, pero, en ese momento, ella era la única de la cuál yo sabía. Así que conocí al resto de la misma manera y me convertí en amiga de todas.
¿No hay saludo secreto o algo así?
Bueno, eso no te puedo decir.



