Artículo publicado por VICE México.
La apuesta es vencer al olvido. En tres sexenios, de 2000 a la fecha, han sido asesinados o desaparecidos 176 periodistas. El colectivo Reporteras en Guardia se dedica a revivir los perfiles de estos comunicadores para preservar su valor humano más allá de las estadísticas.
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En Veracruz, estado que lidera la fúnebre categoría en el sexenio de Enrique Peña Nieto (14), había la esperanza de alivio con la salida del gobernador Javier Duarte –actualmente tras las rejas– y la llegada de su rival, Miguel Ángel Yunes.
El asunto no ha cambiado. Los periodistas todavía ejercen su profesión bajo condiciones de violencia e inseguridad. La impunidad sigue siendo el común denominador.
Norma Trujillo Báez, reportera de La Jornada Veracruz , quien ha vivido acechada en el puerto desde los asesinatos de sus colegas Regina Martínez y Rubén Espinosa, cuenta a VICE que dentro del gremio jarocho creyeron que con el cambio de gobierno bajarían las agresiones, pero no fue así, ya que los ataques continúan y es común que reciban amenazas por correo, redes sociales y celular.
“Hay un hostigamiento para algunos compañeros y no ha disminuido. En parte es porque los crímenes que han ocurrido aquí no se han resuelto y no se ha investigado su quehacer periodístico”, cuenta Norma, una de las 170 comunicadoras que integran el colectivo Reporteras en Guardia, avocadas a denunciar la impunidad que rodea los crímenes contra periodistas, pero también para señalar abiertamente la vulnerabilidad de los comunicadores al ejercer su trabajo, principalmente en los estados.
Este grupo de periodistas mexicanas: reporteras, editoras, realizadoras y corresponsales de 24 estados del país, trae a la memoria colectiva los rostros de los periodistas asesinados o desaparecidos durante los últimos tres sexenios a través de perfiles que forman el Memorial de Periodistas de México, indispensable en tiempos convulsos donde el olvido es una doble muerte.
Por medio de retratos elaborados con el mismo rigor que aplican en sus investigaciones, las reporteras en guardia muestran a la persona detrás del periodista asesinado; con sus falencias y virtudes, sin juicios de valor, mostrando la fractura familiar que provoca su ausencia.
La información que difunden en su página web representa un cruce de datos de cuatro fuentes: la agencia feminista Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), Artículo 19, Reporteros sin Fronteras (RSF) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés), todos ellos organismos no gubernamentales.

Despiden a EPN con cifras insultantes
La génesis de las reporteras en guardia comenzó con una charla de café entre cuatro amigas. Dunia Rodríguez cuenta a VICE que, junto con Vania Pigeonutt, Laura Castellanos y Silvia Gámez, dedicaron días enteros a llamarse, escribirse correos, enviarse mensajes hasta formar un equipo de 170 reporteras, editoras, realizadoras y coordinadoras, todas entusiasmadas por escribir de sus colegas y alzar la voz.
El descontento general de las reporteras fue canalizado el pasado 25 de octubre en una protesta tan disruptiva como simbólica en el corazón de la Ciudad de México. Frente a Palacio Nacional, con los rostros de sus compañeros asesinados y desaparecidos custodiándolas, las reporteras en guardia se plantaron con una gran manta donde le recordaban a Enrique Peña Nieto que durante su gestión van más de 65 crímenes contra periodistas. La acción de insurgencia urbana fue retomada por varios medios de comunicación.
“Muchas vinieron pagando ellas su boleto porque tenían la necesidad de decir, de gritar las cosas, de decir ya basta, no están haciendo nada, lejos de parar y que haya justicia cada día hay una agresión más”, recuerda Rodríguez, coordinadora de asignaciones en Reporteras en Guardia, y pieza clave en la organización de los esfuerzos colectivos.
Debido a las complicaciones logísticas que supone reunir a las 170 integrantes de 24 estados, las reporteras tuvieron que organizarse prácticamente a la inversa de como lo haría cualquier otro colectivo: primero se dividieron el trabajo y apenas hace unas semanas se conocieron, en plena exigencia de justicia.
Comenzaron a integrarse a finales de 2017, con el objetivo de documentar los casos de periodistas asesinados durante los últimos tres sexenios. Desde la Ciudad de México, empezaron a hilar una red de profesionistas que se fue tejiendo por todo el país.
La idea original era realizar un libro con casos de asesinatos de periodistas entre 2000-2018, pero los tiempos políticos obligaron a replantear el proyecto y con el apoyo de la editorial Random House decidieron montar la plataforma digital Matar a Nadie.

Un zumbido constante
Con llamadas, e-mails, mensajes de WhatsApp y videoconferencias que difundieron entre periodistas de medios nacionales y extranjeros fueron sumando y convenciendo a las colegas de la importancia de visibilizar los crímenes del gremio, dejando de lado una vieja máxima: el periodista nunca debe ser la nota.
A la distancia, las periodistas dividieron funciones: coordinadoras, reporteras y editoras. Ninguna se quedó sin tareas y así empezaron a definir los perfiles que cada una reportearía rigurosamente en su zona de trabajo, con el sacrificio que implicaba restar tiempo a la familia, a los hijos, a los días de descanso. Todo con tal de no olvidar a los compañeros muertos.
No pretenden resolver los crímenes ni construir un santoral, ya que cada uno de los escritos por sí solos resulta una exigencia de justicia donde exponen las condiciones de precariedad e inseguridad en las que se realiza el periodismo en México, el segundo país más peligro en el mundo para este oficio.
Su función no es solamente testimonial. Pretenden incomodar al gobierno en turno, convertirse en un zumbido constante. Con ese ánimo se plantaron frente a Palacio Nacional el pasado 25 de octubre. Con una manta morada que decía: “El saldo de EPN: 65 crímenes contra periodistas”. Así exigieron el esclarecimiento de asesinatos de comunicadores. El más reciente, el del locutor guerrerense Gabriel Soriano, ya no pudo incluirse en la pancarta. Van 66 y quizá, al momento de que leas esta nota, la cifra ya aumentó.
“Venimos a recordarle a Peña Nieto que su gobierno ha sido sangriento y que se ha violado nuestra libertad de expresión”, fueron las palabras de la reportera de Guerrero, Hercilia Castro.
Martha Olivia López, editora del diario En Un 2×3 de Matamoros, Tamaulipas, se unió al proyecto en abril de este año. Cuenta a VICE que le parece maravillosa la forma de organización que adoptaron, pues junto con las periodistas que se encuentran en la Ciudad de México han logrado coordinarse de forma efectiva para sacar el trabajo, a pesar de que, en algunos estados como el suyo, todavía resulta peligroso hablar de los asesinatos de periodistas y manejar sus nombres.
“Como gremio debemos visibilizarnos aunque no nos guste ser la nota. Cuando secuestran a uno, lo desaparecen o lo matan, es inevitable y tenemos que estar ahí pendientes”, señala la periodista tamaulipeca y recuerda que uno de sus colegas fue asesinado tras revelar detalles del Cártel del Golfo y Los Zetas, luego de la detención del capo Osiel Cárdenas Guillén.

Coberturas a ras de suelo
Norma y Martha Olivia, junto con una centena de colegas de todo el país trabajando para medios nacionales y extranjeros, forman parte de una generación de mujeres periodistas que creció en un medio adverso, con las principales fuentes –especialmente la policiaca– y los puestos de mando ocupados únicamente por hombres.
Con base en la calidad de sus plumas, poco a poco han ganado espacios importantes y desde esa posición tomaron la responsabilidad de alzar la voz por colegas asesinados y desaparecidos durante los tres últimos gobiernos, los cuales se caracterizaron por la violencia, la inseguridad y la censura.
“El periodismo solo es una muestra de lo mal que estamos como país, estamos viviendo en un contexto de feminicidios, de desplazamiento forzado interno, de extorsión, secuestro (…) todas estas violencias han pasado también por la de la libertad de expresión y la de los colegas que estamos retratando, porque es un retrato del México que vivimos”, cuenta Vania Pigeonutt, periodista guerrerense
Para la excorresponsal de Radio Centro y El Universal, que sabe lo que es cubrir en zonas violentas como la región de Tierra Caliente, los periodistas no son una clase de ciudadanos diferenciada, pero se deben dimensionar los crímenes contra integrantes de ese gremio, pues ejemplifican los peores escenarios de la justicia en México, muchas veces con violaciones a los derechos humanos y afectaciones a la libertad de expresión que no son retomadas como líneas de investigación.
“Hemos sufrido hostigamiento o agresiones por la labor informativa que realizamos sin recibir apoyo de nuestros medios de comunicación. Reporteamos a suelo raso moviéndonos casi siempre en transporte público, con viáticos restringidos o nulos, sueldos escasos, limitada o carente seguridad social”, señala la reportera Cynthia Valdez, quien tuvo que dejar Culiacán, Sinaloa, tras el asesinato de su colega Javier Valdez, en medio de un caso que sigue sin resolución.

Mujeres que gritan para ser visibles
Para Norma, es indispensable que se adopten medidas integrales para mejorar las condiciones laborales de los periodistas –especialmente en los estados del interior del país, donde los sueldos son más bajos, a diferencia de la CDMX– pensando en reducir los niveles de corrupción que vulneran más al gremio. “Si meten la exigencia de no impunidad y se da un castigo ejemplar, entonces ya la dudarían”, pero de lo contrario seguirán matando periodistas, comenta la experimentada periodista veracruzana.
Vania, por su parte, señala la importancia de que la población vea al periodismo como un bien público y dimensione la gravedad de la violencia que viven, pues es la misma que afecta a la población en general. “Si exigimos justicia como todas las víctimas de este país es porque debe haber verdad y justicia, la exigencia generalizada debería ser esa”, indica la reportera guerrerense.
Cynthia, quien perdió sus fuentes de trabajo al verse desplazada hacia la capital del país, comenta a VICE que seguirán enriqueciendo el memorial y en una siguiente etapa compartirán los resultados de una investigación sobre el impacto de la violencia estructural en el gremio periodístico, aunque aclaró que todo el trabajo realizado es sin ningún propósito lucrativo, ya que “decidimos sumarnos a este proyecto sacudidas por el amor al oficio y la solidaridad con las compañeras y los compañeros víctimas de asesinato y desaparición”.
Una vez articuladas, las reporteras ya no piensan bajar la guardia y quieren seguir siendo incómodas. La primera fase del memorial fue presentada y 38 perfiles están listos en la plataforma Matar a Nadie, pero la meta es alimentarlo con los 176 casos registrados hasta el momento en los últimos tres gobiernos federales, por lo que ellas continuarán documentando la realidad del país a pesar de las condiciones adversas.
“Nuestro trabajo debe ser permanente, hasta que no se aclare, se investigue, se resuelva y se sentencie a cada uno de los que han secuestrado, desplazado o asesinado periodistas”, señala la tamaulipeca Martha Olivia, y aunque le gustaría que esta tarea termine pronto, sabe que es complicado, pero estará ahí para seguir documentando y exigiendo justicia.
¿Y por qué un grupo de mujeres?: “Nuestros aportes a los medios de comunicación han sido invisibilizados históricamente”, se argumenta en su página oficial (mataranadie.com). “¿Que por qué somos mujeres? Porque un grupo de mujeres organizado con un fin común siempre suma y aporta cosas valiosas al mundo”.
Enrique Alvarado en Twitter: @kikin_agz
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