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Las tonadillas tronadas de Óscar Alarcia (alias Frunobulax)

Le gusta hacer muchas cosas pero ninguna se le da bien. Fue monitor boy-scout pero jamás tuvo uniforme. Odia a los modernos pero en su día lució tatuajes a rotulador. Óscar Alarcia duerme poco, colecciona panfletos de asociaciones cristianas y vive para hacer las cosas que no encuentra. De ahí nacen la película El robo de la corona (guionizada, interpretada y realizada por niños de ocho años), el folletín juvenil Pequeño Libro de Notas, un tebeo de superhéroes, una novela por entregas, un libro sobre criptozoología y hasta una macroguía de bares de ficción. Pero el gran pelotazo del escritor conocido como Frunobulax, es el compendio de La Música Más Rara del Mundo, lleno de artistas averiados, autómatas virtuosos, melodías de coña, yodeling, corales de chuchos, guitarristas mancos, mensajes ocultos en jingles publicitarios, instrumentos imposibles y nombres propios como Jimmy Mitchell. Su versión desmejorada del Eres Tú de Mocedades está incluida en el CD que acompaña cada ejemplar.

Vice: ¿Cuál fue el origen de la colección Libritos Jenkins? ¿Por qué ese nombre?
Óscar Alarcia: Quería distribuir un fanzine como los que me gustaban desde hace años. El Mondo Brutto, Jo, tía!, Le Bon Vivant, 2000 Maníacos... Rompí el hielo con el de Hipnotismo pop y después saqué el tomo de La música más rara del mundo, que superó mis expectativas. El nombre está inspirado por Películas Pendelton, la productora de Javier Fesser. Suena a producto en desuso, añejo. Como sacado de un anuncio en blanco y negro en un tebeo de Bruguera de los años cincuenta. Me hacía gracia. Puse Libritos Jenkins porque en ese momento estaba escuchando a Florence Foster-Jenkins. Fue totalmente azaroso.

¿Qué papel ha jugado la biblioteca musical del Conde Duque en la elaboración de La Música Más Rara del Mundo?
El libro lo hice bastante deprisa. Tenía la idea muy clara en la cabeza y me fui de encierro monacal a la casa familiar de la playa para confeccionar el primer borrador. Algún tiempo después tuve una semana de vacaciones y, como quería evitar obtener toda la información de internet, pasé bastantes horas en esa biblioteca. Probablemente la más completa de Madrid. Allí había mesas, cientos de libros, aire acondicionado y prácticamente ningún visitante. Quise trabajar de manera clásica. Aunque también me documenté gracias a Google, por supuesto.

Los fanzineros de la era pre-internet deben ser para ti una especie de grandes jefes indios. Viejos sabios de la fotocopiadora.
Un poco sí. Muchos de ellos se han seguido moviendo y trabajan en cosas muy interesantes. La pena es que no hagan proyectos juntos y que los medios mayoritarios sigan empeñados en ofrecernos ponzoña de la mala. Ojalá aquellos fanzineros dirigieran ahora emporios de las telecomunicaciones.

Has llegado a jurar que el Jo, Tía! le da mil vueltas a Vice…
El autor de ese fanzine quiso hacer una especie de revista de tendencias huyendo de las imposiciones comerciales, el amiguismo y la endogamia. Tengo guardados algunos especiales de Vice, como el de cine, que me pareció magistral. Sigo algunas firmas nuevas y parece que la revista se está centrando en fenómenos subterráneos interesantes de los que no se atreven a hablar otros medios. Últimamente no es exactamente la publicación gratuita de tendencias que debería odiar con todas mis fuerzas pero, por si acaso, la puse como ejemplo para reivindicar la autoedición por encima de la rendición incondicional al marketing. Tiene que haber futuro en la edición de fanzines. Y tiene que seguir naciendo gente con ganas de hacerlos.

¿Qué es lo que te fascina tanto de la autoedición?
El producto final es como tú lo concibes, tal y como lo maquetas en la pantalla o sobre el papel con tijeras y pegamento. Y se lo haces llegar a quien quieres. Ya sea con ejemplares disponibles en tiendas como The Comic & Co. o enviándolos por correo a quienes contactan conmigo (frunobulax04@gmail.com). No estoy seguro de que el beneficio económico sea menor que el de la edición tradicional. Una novela publicada a nivel nacional por una editorial mediana se puede dar con un canto en los dientes si vende cerca de 300 ejemplares. De eso el autor se queda un porcentaje mínimo y el precio al cliente es muy elevado. Vivir del tinglado editorial no tiene que ser fácil. Si algún medio grande te acoge en su seno o tienes un familiar editor, entonces sí deben ser todo parabienes.

A raíz de la publicación del fanzine te han llamado para pinchar en bares. ¿Cómo reacciona la gente ante esas malformaciones sonoras?
La clientela fija busca un sonido característico. Trato de pinchar cosas poco conocidas y que llamen la atención por lo estrambótico. Canciones que se puedan bailar o al menos tengan ritmo y produzcan buen rollo. Al no ser un dj demasiado curtido siempre aparece el clásico que me pide Barón Rojo o Bisbal y me hunde en la miseria. Por miedo a que la sala se vacíe, procuro mezclar “llenapistas” con temas más extraterrestres. Hasta ahora la experiencia ha sido bastante buena, pero el número de agradecidos por los sonidos ajenos y los que están puestos de todo y sólo quieren desfasar con "Thunderstruck" no está equilibrado.

La fauna de la noche... Espero que el libro que preparas sobre el barrio madrileño de Malasaña incluya figurantes nocturnos como el sheriff de La Vía Láctea o el Gandalf alemán.
De momento tengo unas diez horas de entrevistas. Me gustaría dar voz a todo quisque. También a esos personajes. Estoy bastante perdido. Malasaña se está convirtiendo en el plató de Zoolander. Un lugar horrible lleno de paletos enamorados de sí mismos y disfrazados de dios-sabe-qué que van de un lado a otro comprando trapitos y haciendo el ridículo. Siento mucha nostalgia del barrio de Malasaña que conocí de niño o por el que salía cuando era más joven. Cada vez me gusta menos. A lo mejor es normal cuando te haces mayor, pero tengo la sensación de que la gente que sale ahora por allí no le tiene ningún cariño al lugar.

Iniciativas como Triball tampoco ayudan a que el vecindario te conquiste de nuevo.
Es que eso que disfrazan de asociación vecinal es un lobby empresarial del que forman parte agencias inmobiliarias y grandes emporios como Inditex. Me parece feo e inmoral especular con los edificios y echar a los inquilinos, prostitutas y toxicómanos para asignar locales comerciales a dedo. Se vende como el núcleo de una movida madrileña contemporánea (¡vaya espejo en el que se han ido a mirar!) mientras es sólo un negocio vulgar orquestado por gente detestable y sin talento. Una cosa muy ridícula. Construirán un Zara en los cines Luna y todos contentos. El sitio en el que siempre me ha gustado estar y en el que vivo se está transformando en algo espantoso. No me siento a gusto y tengo ganas de irme porque me da vergüenza ajena encontrarme a determinada gente.

Lo tienes que pasar fatal poniendo copas a los modernos de la zona…
A veces ves a un grupo de modernos y preparas las cosas con desgana. Y cuando atiendes a la gente con desgana, las bebidas saben peor. Eso es así. Es la magia del camarero. No hace falta escupir en las copas. Durante más de 6 años trabajé en una oficina gris y decidí quedarme con los bares por la sensación de libertad que ofrece un sitio sin demasiada responsabilidad, con los amigos siempre de visita. Inevitablemente conoces a mucha gente y te mueves por ciertos círculos underground pero, sobre todo, me ayudó a montarme un estilo de vida con más tiempo libre. Tener tiempo y un trabajo con la mente despejada te ayuda a concentrarte en actividades como la escritura. Hoy parece que si no eres cineasta, tienes un corto o has expuesto tus fotos en un bar infecto durante diez minutos, no eres aceptado. Y yo esas cosas las he hecho. Como todo el mundo.