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Los adolescentes pueden ver morir un toro pero no ir a conciertos

En Madrid se les prohíbe la entrada, incluso acompañados por sus padres. Los menores de edad se movilizan para cambiar esta ley absurda.

Tenía trece años cuando mi padre nos acompañó, a mí y a mi primo Dani, para que pudiéramos ver a Soziedad Alkohólika y Ratos de Porão en directo. Desde entonces, no he parado de ir a conciertos hasta convertirme, poco a poco, en aquel señor mayor con camiseta de los Big Boys al que veía cada semana entre el público cuando yo era adolescente. Lo extraño es que mi anciana presencia no sólo no llama la atención sino que me mantengo por debajo de la media de edad de público y bandas, que suelen ser de mi generación o mayores (Cuzo, Sierra, Za! o Sangre, esta misma semana). Y siempre me hago la misma pregunta ¿por qué no hay jóvenes de verdad? Los motivos son múltiples y complejos, pero hay uno fácilmente solucionable: en Madrid a los menores de edad se les prohíbe la entrada en salas con música en directo, INCLUSO ACOMPAÑADOS DE SUS PADRES.

La normativa cambia en cada Comunidad Autónoma y la de Madrid es una de las más duras. ¿Cómo es posible que un menor de edad pueda ir a los toros pero no a ver, yo qué sé, a The Wizards? Esta es una realidad absurda que genera absurdas situaciones. Como cuando los componentes de Grushenka denunciaron que su propio concierto previsto en Siroco se tuvo que cancelar porque dos de ellos tenían menos de 18 años y, por tanto, no les dejaron acceder al local. O Candela, una niña a la que de nada le sirve que su banda Los Supremos -sus padres- están con ella en el escenario. ¡Prohibido actuar! La paranoia post Madrid Arena (que sigue sin cumplir con las medidas de seguridad necesarias) y la Ley de Espectáculos públicos de la Comunidad de Madrid hacen que hoy cualquier peque pueda corretear en un sitio donde se sirva alcohol (bares, cafeterías, terrazas), pero no en un lugar con música en directo.

Cualquier peque puede corretear en un sitio donde se sirva alcohol (bares, cafeterías, terrazas), pero no en un lugar con música en directo

Niños de la antigüedad -años 90- antes de ir a un concierto (en el medio, el autor del artículo con trece años).

"Con 17 años, nos ofrecieron tocar en Siroco. Éramos un grupo joven, casi de instituto, y en esa sala tocaban muchas de nuestras bandas favoritas. Pudimos tocar porque nos hicieron un contrato de trabajo específico pero, como éramos los primeros de la noche, nada más bajarnos del escenario el promotor se acercó y nos preguntó nuestra edad, pidiéndonos los DNIs. Tuvimos que irnos sin poder ver al resto grupos". Lo cuenta Carlos Sevilla, bajista de Stereosaurio, afectado directo de este sinsentido y uno de los jóvenes que se están movilizando para cambiar la situación desde la plataforma Queremos entrar. "Es frustrante poder ver a cualquier grupo en un gran festival, identificado con una pulsera de menor, pero no poder hacerlo en una pequeña sala de tu ciudad", añade.

El grupo de trabajo que abandera esta reivindicación ha creado el FESTeen y cuenta con el apoyo de periodistas, abogados, salas, promotores... Alejandro Tena, otro de los implicados, opina que "es el momento político para cambiar esto y fomentar la cultura y el ocio responsable. La música en directo es una experiencia fundamental para el desarrollo de un menor y la estamos prohibiendo en Madrid". Ya se están reuniendo con distintos partidos políticos y preparando un concierto para el mes que viene, en el que los adultos solo podrán entrar si van acompañados de un menor de edad. Diana Cortecero, de La Fonoteca, insiste en lo simple que es la solución: "Es una línea lo que hay que cambiar en la ley. Y después elegir medidas para controlarlo, como pulseras a los menores para identificarles y no servirles alcohol o no servir alcohol durante el concierto (en el basket se hace eso)".

Está bien que por una vez no seamos nosotros quienes nos empeñemos en defender o dejar de defender lo que creemos que es bueno para los adolescentes, y que sean ellos mismos los que se hayan plantado y unido para defender una iniciativa que seguro que llega a buen puerto y hace que por fin empecemos a sentirnos como putos fósiles en los conciertos y nos guardemos nuestras batallitas de cuando con quince años vimos a Rancid de teloneros de Rage Against the Machine por 2.500 pesetas (sí, 15 euros).