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Los fabulosos autos de golf personalizados de las Bahamas

En el Caribe, hasta los cochecitos de golf son tuneables. ¡Supera esto, Jonathan!

Harbour Island, en las Bahamas, es una hermosa franja de terreno con increíbles playas de arenas rosada, los mejores puestos de pollo frito conocidos por el hombre, un club nocturno dirigido por un nativo del lugar llamado Hitler (no me lo invento) y casas y barcos de lujo pertenecientes, obviamente, a ricachos extranjeros. Puede que conozcáis la isla por ser allí donde en 2010 atraparon a Colton Harris-Moore, el “bandido descalzo”: dos años de robo de coches, barcos y aviones finalizaron cuando Colton se estrelló con su Cessna en un pantano, siendo después perseguido entre disparos de bala por la policía.

No tiene sentido poseer allí un coche, ya que la isla sólo tiene cinco kilómetros de largo; esta es la razón de que todo el mundo se desplace en autos de golf. Harbour Island daría toda la impresión de ser un club privado en pleno campo si la hierba, el ron y el dancehall tuvieran un papel importante en la vida de los carcamales adinerados que juegan al golf y hablan de dinero. La mayoría de estos autos son ya viejas tartanas muy traqueteadas, pero, como casi cualquier cosa que quepa imaginar, algunas personas más que otras han desarrollado un vínculo emocional con sus vehículos. No es nada extraño ver un auto color rosa eléctrico al que han puesto monstruosas ruedas de camión paseándose de lo más orgulloso junto a la cancha de baloncesto al aire libre, que hace las veces de nightclub.

Una radiante, gloriosa mañana salí a darme una vuelta y hablé con algunas de las personas que habían personalizado sus cocheritos lerés.



VICE: Robusto coche. ¿Cuál es su historia?
Tracy:
Había visto este auto en el hogar supremo de la fantasía, Disneylandia. Y me encantó. Descubrí que lo habían diseñado a partir del Chevy de 1957, y mi marido me regaló uno por sorpresa el día de mi cumpleaños.

¡Buen detalle! ¿Qué modificaciones le has hecho?
El volante es una modificación del de los vehículos de dos y cuatro ruedas, y cambié toda la tapicería para que casara con el color de la carrocería.

¿Se pone mucha gente envidiosa, aquí en la isla, cuando te ven conduciendo esta belleza?
¿Sabes lo que me más me gusta? Que llevo viviendo aquí largo tiempo y nunca he tenido coche. Solos vehículos de golf normales y corrientes. Por eso es divertido conducir por ahí con algo como esto. La gente me sonríe al pasar, y yo me olvido que estoy en un auto de golf. Pienso, “Vaya, qué contenta está la gente de verme. Qué estupendo que me sonríen tanto y me saluden con la mano”. Después recuerdo que lo más probable es que sea por el auto que conduzco.

Pues qué bajón, ¿no?
¡Ja! No, para nada. Es muy “yo”. A mí me gusta hacer sonreír a la gente, y este auto es perfecto para eso.



Hendrix: ¿Has visto mis asientos? ¡Fíjate en mis asientos!

Sí, vaya si molan. Por eso quería hacer una foto. Por eso, y por el hecho de que tengas un auto de golf dorado con adornos también dorados.
¡Todo el mundo conoce mis asientos, tío! A la gente le encantan. Ya los tengo desde hace tiempo, y a todos les chiflan.

Entiendo por qué. ¿Y qué te impulsó a ponerle unos tapacubos también dorados?
No es oro de verdad, ¿eh? Es pintura en espray, pero luce muy bien. Siempre había querido poner complementos dorados, pero, ¿qué sentido tiene gastarse miles de pavos en oro de verdad, que total se acabará rayando, cuando un espray ya te vale?

Una actitud positiva. ¿Por qué crees que tanta gente de por aquí personaliza sus autos?
Para remarcar su individualidad, tío. La gente del lugar no tenemos mucha pasta, pero a todo el mundo le gusta destacar, ¿sabes? Y si tienes que ir por ahí con tu auto, como todos los demás van en su auto, y tienes unos cuantos pavos para gastar, pues cambias un poco tu auto para hacerlo un poco diferente.

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Me habían contado que el tema de la personalización era aún más fuerte en Spanish Wells, una isla vecina y más acaudalada, así que a la mañana siguiente cogí un barco hasta allí. Ahí van unos cuantos hechos sobre Spanish Wells:



- Hace no hace muco, la isla estaba habitada exclusivamente por residentes blancos; este se debía al hecho de que la gente mayor cree a pies juntillas que gente negra es igual a crimen. Algo que tiene que joderles mucho, pero mucho, viviendo en las Bahamas.

- Todo el mundo tiene una palpitante, sanguínea erección por Jesucristo.

- Sólo hay un dentista en toda la isla, ya que la mayoría de los hombres se extirpan los dientes a los 16 años para prevenir tener un ataque de dolor de muelas mientras están pescando en alta mar. Esto significa que todos allí lucen la misma sonrisa de galán de Hollywood de segunda.

- El listín telefónico sólo tiene cuatro páginas.

- El 50 por ciento de la gente tiene los mismos dos apellidos. Aquí, el número de relaciones entre miembros de una misma familia es increíblemente alto.

- Todas las casas, tremendamente coloridas, están decoradas a ese sospechoso estilo Disney que te hace sospechar que debe haber al menos una mazmorra a lo Josef Fritzl al otro lado de esas verjas pintadas de rojo y violeta.

Lo que tenemos, en fin, es una especie de Appalachia en pleno mar. ¡Veamos si sus autos de golf se pueden comparar!



La primera tienda que encontré se dedicaba al submarinismo, aunque también vendía huevos, petardos, batas y albornoces (a mí no me preguntes). La segunda era el Taller de Autos de Golf de Dion, que por desgracia estaba cerrada ya que era jueves y, claro, ¿a quién en su sano juicio se le ocurriría tener un local abierto en jueves?

Eso significaba que, lamentablemente, no podría tener un tête-à-tête con el hombre responsable de la mayoría de los autos pichicateados de la isla. Al menos tuve el consuelo de hallar este auto pintado con seductoras llamas de hielo aparacado justo delante; su simple visión bastó para que yo supiera que estaba en la isla correcta si lo que buscaba eran hombres hechos y derechos ya con pelos en el culo compitiendo en gastarse ridículas sumas de dinero en decorar, pintar e instalar motores más potentes a sus cochecitos de golf.



VICE: Qué pasa, titu. ¡Bonitas llamas!
Thomas:
Este es el auto de golf más rápido de toda la isla, colega. Le he puesto un motor V-Twin. Si piso a fondo lo puedo poner a casi 100 kilómetros por hora. Tenía que ponerle estas llamas para que la gente supiera lo que les había pasado justo al lado, ¿sabes?

Imagino. ¿Pero no es un poco una tontería? No creo que un auto de golf aguante muy bien ir a cien por hora.
No, tío, lo aguanta bien. Le he mejorado la suspensión. Puedo hacer donuts, derrapar en las curvas y un montón de cosas. Y va bien. Puede que no parezcan muy estables, pero si los sabes conducir como yo sé, van que no veas.

Vale. ¿Qué más le has hecho?
Bueno, le cambié los tapacubos y le puse este salpicadero que parece de madera. Está hecho a mano. Aquí, sobre la cabeza, instalé estos bafles, que suenan de puta madre, y para redondearlo todo le puse un volante de carreras.

Un momento. ¿Haces carreras con esto?
Qué va, aquí nadie hace carreras. Y aunque se hicieran: sería absurdo, las ganaría yo todas. Nadie tiene un auto tan rápido como el mío, ni de lejos. Hay otros tíos que le han cambiado el motor a sus autos, pero no están tuneados como el mío.

¿No te preocupa que alguien te lo robe?
No, tío. Spanish Wells es un sitio seguro. Y aunque alguien lo robara, no creo que no fuera a reconocerlo cuando lo viera por ahí, ¿no crees? Puedes oír el motor a 20 casas de distancia. En Harbour Island sí que a veces se roban autos para desguazarlos y vender las piezas. Pero esas cosas aquí no pasan.



¿Y esa pintura de las Tortugas Ninja? ¿Es que es un vehículo promocional?
Chet:
No. Cuando mi hijo mayor tenía cinco años, hace ya tiempo de eso, estaba muy enganchado a las Tortugas Ninja. Pinté el auto para él.

Y apuesto a que mola mucho ir por ahí al volante de un “tortuganinjamóvil”, ¿no?
Sí, mejor que un auto viejo de un solo color, supongo.

¿Le has hecho alguna otra personalización?
No, nada muy grande. Hay gente que les pone motores potentes y todo tipo de complementos, pero no le veo sentido. Esta isla es lo bastante pequeña como para recorrerla de punta a punta en quince minutos. Es un lugar apacible. No hay necesidad de preocuparse por equipar tu auto con esto o aquello. No es como en Harbour Island. He oído que allí hasta se hacen carreras.



VICE: ¿Cómo es que te gustan tanto los Red Sox?
Gerald:
Debes estar de broma, ¿no? Soy de los Yankees hasta la médula.

Claro, estaba de broma. ¿Buscaste a alguien ex profeso que te hiciera la pintura?
No, no estoy tan metido. Pefiero trabajar en mi auto yo solo. Tampoco es que esté tan modificado, ¿eh? Le puse yo mismo las pegatinas, me hice con una nueva alfombrilla, un motor más grande y neumáticos nuevos, y también le cambié el volante. Y ya está, nada muy radical.

O sea, que lo del rollo boy-racer no va contigo.
¿Boy-racer?

En Inglaterra hay tipos que le ponen motores potentes y complementos muy chillones a los coches baratos y después van por ahí tratando de impresionar a la gente.
Ah. Vale, ya sé a qué te refieres. Aquí los llaman “ricers”. Y no, para nada estoy intentando nada de eso. En la isla hay chavales que sí, y es una moda que ahora se ve más que antes. No sé a quién se piensan que van a impresionar, yendo a toda castaña por la bahía con un diminuto auto de golf...

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