Los veranos de cuando eras chaval VS. tus veranos ahora

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Bueno, ya es septiembre, está lloviendo y los ciudadanos empiezan a deambular por las calles embadurnados con sus caras tristes de proletariado del sector terciario. Es el momento de recapitular y pensar si el verano ha valido la pena, por lo tanto, si vale la pena aguantar un año más en ese curro de mierda para poder disfrutar, dentro de unos meses, del débil placer del reposo vacacional que nos permite el benevolente capitalismo. Es inevitable pensar en esos veranos de cuando eras pequeño, esos días infinitos en Cubelles cuando solamente te dedicabas a ir en bici, comer Monchitos y masturbarte en silencio durante la hora de la siesta. Esa mierda sí que valía la pena. Este verano que te has pegado visitando museos en las principales capitales del sur de Europa ha estado bien, pero no puedes evitar preguntarte si estás manejando bien esto de vivir; si al hacerte mayor has mejorado o empeorado tu condición. ¿Qué veranos cundían más, los de cuando eras un zagal o los actuales? Estas preguntas, amigo mío, son lo que te hace parecer más humano y, en definitiva, son lo que te mantiene en vida.

Vamos a organizar este artículo en apartados temáticos y cada uno de ellos tendrá dos subapartados; uno para la niñez y el otro para la edad supuestamente adulta. ¿Se entiende? Apartados, subapartados. La cosa funciona así. Contrastes. Similitudes. Todo esto. Luego elegiré el ganador de cada categoría. La vida es un combate eterno entre el pasado y el futuro. ¿No lo sabías? Bien, pues ahora ya lo sabes.

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TODO ESTO DE TOMAR DECISIONES Y PODER OPINAR

Niño:

Esto es un problema, de niño no decides una mierda. Si tus padres han decidido pasar un verano íntimo en Suecia para arreglar sus «problemas de nervios» y resulta que tú tienes que quedarte dos meses en el pueblo de tus abuelos convirtiéndote poco a poco en un niño abuelo que se pasa el día viendo TV1, oliendo cada vez más a naftalina y mirando a los jóvenes pasarlo bien mientras piensas «¡qué desastre de juventud!», no tienes nada que hacer, te adaptas o mueres.

Adulto:

En el fondo aquí tampoco decides una mierda. Dependes completamente de tus penosos ingresos —a ver si este año puedes permitirte comprar un billete a Salou y pasar un fin de semana por ahí comiendo bocadillos de jamón york, por lo menos— o de lo que decida tu parienta o maromo («Parienta y Maromo», este podría ser un buen nombre para un grupo de esos que hacen pop con un toque irónico; una banda de mierda, por supuesto). Ya sabes, de vez en cuando la gente se encapricha y de repente quiere ir a un sitio de esos raros a hacer fotos de las cosas que ha visto en las fotos que encontró por internet al buscar el nombre del susodicho país en Google Images. Tú prefieres ir a ciudades y comprar en tiendas de discos pero tu pareja está obsesionada con hacerse fotos al lado de cosas. Esto si tienes suerte, porque a veces la gente se vuelve loca por completo y decide pasar las vacaciones con sus padres y su pareja, cosa que garantiza un verano infernal. Es una trampa de la que no puedes escapar porque si no te adaptas estarás fracturando por completo vuestra relación, cosa que, seguramente, sería lo mejor que os podría pasar. A veces hay viajes que incluso te hacen ilusión, esos que te llevan de la cama a la nevera a por una lata de cerveza bien fría. Eso es lo que realmente quieres y no comprendes cómo este pequeño sueño puede estar tan cerca y tan lejos a la vez.

Resultado: Gana el niño ya que por lo menos el chaval tiene razones DE VERDAD —es un puto menor de edad— para someterse a los deseos de los demás. Por otro lado, los adultos esclavizados son seres cobardes que no merecen ni respirar.

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ECONOMÍA ESTIVAL

Churumbel:

Un niño es pobre. Ni que sea de familia rica seguirá siendo pobre. No tiene propiedades. No tiene una billetera llena de pavos. No tiene ingresos ni cuentas bancarias. Por no tener no tiene ni criterio para invertir. Si se encontrara una caja llena de billetes de 100 euros seguramente se compraría cantidades ingentes de Magnums Almendrados (el chaval se cree ya un hombre) y una entrada para Port Aventura que no podría aprovechar porque no tiene ni idea de comprar billetes de tren ni puede entender la lógica de la red ferroviaria. Cuando viajas con tus padres estás vendido, solamente te queda portarte bien para poder arrancarles un juguete checo hecho de madera. Un juguete de mierda, hablando claro. Eres su hijo, eres como una putita que debe responder a sus demandas. Tienes suerte de que nunca te hayan pedido que te desnudes y bailes para ellos.

Homínido maduro:

El dinero; joder, el centro de todas las discusiones que tienes con Sofía. Ambos ganáis lo suficiente como para pagaros un puto crucero por las Maldivas pero la tía está obsesionada con ahorrar dinero para un puto bebé que sabes de sobra que NUNCA vais a tener. Cada noche, antes de acostarte, te sientas al borde de la cama de matrimonio —colchón de viscolátex— y piensas en todas las cervezas que podrías estar bebiendo y todos los discos (primeras ediciones) de segunda mano que podrías estar comprándote en Ebay con el dinero de mierda reservado para los estudios universitarios de Miguelito. No sabes cómo decirle que no, que tú no eres la clase de hombre que quiere ser padre. Sabes que eso la haría enfadar y el jodido piso no está a tu nombre. Así que te conformas con tener unas vacaciones sencillas en Alicante, 50 euros al día entre los dos, como mucho.

Resultado: Los dos están jodidos. Aquí hay un jodido empate.


DURACIÓN DEL PERIODO VACACIONAL

Infante:

Casi tres meses de vacaciones. TRES PUTOS MESES. 3. Tres. T-R-E-S. III. Three. Trois. Drei. ثلاثة.

Persona desarrollada:

«Siéntate en esta silla. No, la roja no, la negra. Esa. Bien. Escucha. Vas a trabajar durante todo el año. Tienes cuatro semanas y cuatro días de vacaciones. ¿Lo estás entendiendo? ¿No quieres anotártelo? Bien. No digas nada. Luego podrás hacer preguntas. Bien. Repártete estos días libres de la mejor forma que consideres. El tema consiste en repartirlos bien, para evitar que te pegues un tiro dentro de la oficina. A la gente le molestaría. Sería algo desagradable, una movida. Lo comprendes, ¿no? Bien. Esto será así durante el resto de tu vida. Ahora las preguntas.»

Resultado: El adulto se alza victorioso. ¡Que no coño! ¡Que es una broma! Es evidente que gana el chavalete.

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LOS SERES CON LOS QUE PASAS ESTOS DÍAS

El crío:

Cuando eres un crío viajas con la autoridad. Padres, abuelos, profesores. Puede que tu hermano te acompañe o que se haya apuntado algún colega, pero nunca podréis desprenderos de los adultos que os oprimen y os generan vergüenza ajena cada vez que intentan hablar en inglés. Te tumbas en la cama y sueñas con la libertad mientras intentas olvidar que lo único que harás al día siguiente será andar por París y ver a tus padres haciéndose fotos delante de esa puta torre, esa puta librería o esa puta catedral.

El individuo entrado en años:

DE-PUTA-MADRE. Estamos aquí con los colegas, pasando unos días en Berlín. Menudo puto fiestón nos pegaremos durante dos días en el Berghain. Vamos joder, yo me he traído una caja de 24 condonacos Y LOS VOY A QUEMAR TODOS. Qué maravilla, la amistad. Pasar unos días con los colegas, compartiendo tiempo. Tiempo que es vida. Vida que es, al fin y al cabo, amor.

Resultado: Muy bien. Aquí ganamos los puretas. Que os jodan, niños.

EL CUADERNO DE DEBERES DE VERANO

Chiquillo:

El Yin y el Yang. El Karma. El Ukelele. Ya sabéis, todo lo bueno tiene una parte mala. Tienes semanas y semanas de ¿libertad? Amigo, tienes que terminar esos putos cuadernos de vacaciones porque eres un maldito niño que se está formando y no sabe ni sumar sin dedos ni leer con los ojos cerrados. Hasta que no termines no podrás bajar a la calle a jugar con tus colegas. De todos modos son colegas de verano, van a desaparecer. Con ellos vas a descubrir cosas que no están mal, como el valor de la confianza, las pajas cruzadas y puede que un primer beso, pero nada de esto podrá superar el conocimiento que te aportarán esos cuadernos llenos de magia. Es una obligación y es una mierda, pero te está salvando la vida. Lo único que recordarás en el lecho de muerte serán estos ejercicios estúpidos de pájaros que van perdiendo gusanitos durante su viaje hacia el nido. «Problemas», los llaman. Ahora que caigo, menuda metáfora, ¿verdad?

Ciudadano productivo:

Este verano solamente tienes una tarea obligatoria: volver a casa sano y salvo. Parece algo fácil pero no lo es. Puedes despeñarte borracho en Irlanda, desmayarte sin retorno al observar la extrema belleza de la arquitectura florentina o ser víctima de un complot fatal por parte de tus amigos por haberte comportado como un auténtico déspota durante todas las vacaciones, arruinándolo todo a todos. «El cuerpo del bañista estaba extremadamente hinchado, como si llevara semanas flotando en el mar».

Resultado: La armonía lo sustenta todo. Encontrar el equilibrio entre el libre albedrío y las obligaciones morales te convertirá en un ser precioso. Gana el niño por tener a disposición la lección más importante de su vida.

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HABLEMOS DE SEXO, ¿VALE?

Rapaz:

Un niño hace poco que es consciente de que tiene genitales, es por eso que le gusta experimentar y masturbarse a menudo. La fuerza de esta necesidad es lo que mantiene todo este universo funcionando. Es lo que genera la armonía con la que orbitan los planetas, el equilibrio cósmico que lo define todo. Es por eso que, pese a pasarse cuatro semanas en un albergue en el norte de Italia compartiendo habitación con sus progenitores, el infante no vacilará en masturbarse rodeado de los suyos. La necesidad es más fuerte que el respeto o, incluso, el miedo o el terror. Unas vacaciones son un lienzo en blanco preparado para albergar las cabriolas onanistas más bellas del mundo.

Pureta:

Amo la masturbación en todas sus vertientes. La practico y mi tarea en la vida es la de predicar sus virtudes ante los ascetas. Aun así, follar en otros países es lo que mantiene tu cordura intacta. A veces no tienes claro si quieres a tu novia pero cuando ves la catedral de San Basilio asomarse por un extremo de la ventana de la habitación del hotel sabes que las cosas no son tan jodidas y por un momento tienes la esperanza de que todo esto, al final, va a salir bien.

Resultado: Cuando follas puedes hacerte pajas. Cuando te haces pajas solo en una habitación es imposible terminar follando (o cuanto menos, resulta complejo). Me quedo con el conjunto que lo engloba todo. Punto para el equipo de los que están más cerca de la muerte.

ESO LLAMADO «FELICIDAD»

Bebé adulto:

Por lo general eres un ser lleno de luz, ansioso de disfrutar de la vida y de la libertad. Aún no lo sabes pero como la llegada de los Reyes Magos, el verano cada vez te hará menos ilusión. Disfruta mientras puedas, pajarito.

Anciano joven:

Pese a que eres una figura gris y atascada en un mundo cruel y despiadado recuerdas que antaño fuiste un ser lleno de luz, ansioso de disfrutar de la vida y de la libertad. Cada verano es un vistazo hacia esos años mozos en los que nada parecía imposible, un intento de volver a tocar —ni que sea rozar— esa luz celestial, esa confianza ciega en el universo y en todas las cosas que existen.

Resultado: La sensación de felicidad infinita que ofrece enfrentarse a un nuevo verano siendo un niño es incomparable con el tenue entusiasmo que sentimos los adultos. Otro punto para los recién nacidos.

Valoración final: Niños cinco puntos, adultos tres puntos. Amigos, por lo que parece los veranos eran mucho mejores antaño, cuando todo estaba gestándose y nada era absoluto. Ahora justificamos nuestro tiempo libre alejándonos de nuestra cotidianidad, como si tuviéramos miedo de nosotros mismos. El verano es una época de tránsito, cuando termina eres una persona completamente distinta de la que eras cuando empezó. Cuando somos adultos estos cambios ya casi ni se notan, y van disminuyendo hasta que un día, simplemente, dejan de sucederse. Entonces será cuando el puzle habrá terminado y apagarás las luces, abandonarás la estancia y bajará el telón.

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