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Salud

Qué pasa cuando contagias a tus seres queridos de COVID-19

“Mi padre y mi madrastra casi no me hablan desde entonces”.
16.2.21

Artículo publicado originalmente por VICE Países Bajos.

Ser joven ya era lo suficientemente duro. Pagamos préstamos y alquileres que están por las nubes y tenemos la casi imposible misión de encontrar un trabajo sin al menos cinco años de experiencia. Pero entonces llegó el 2020 y nos dejó otro problema completamente nuevo: el miedo constante de matar a tu familia de COVID-19.

Nadie quiere que sus padres acaben en el hospital por su culpa. Por esa razón, yo evité ir a casa de los míos todo lo que pude este año. Pero hace dos meses, después de quedarme con ellos un par de días, de repente me vi obligada a confinarme durante tres eternas semanas. Irónicamente, mi madre había contraído el virus a través de su trabajo de sanitaria y nos infectó a los demás. Afortunadamente, ninguno estuvo muy enfermo.

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Pero no todo el mundo tiene tanta suerte. A lo largo del año, la gente ha pasado el virus a amantes, familiares y amigos sin saberlo, a veces con consecuencias terribles. He hablado con tres personas para que me cuenten qué ocurre cuando contagias a alguien que conoces y cómo les ha afectado.

Tess*, 27 años

Hicimos un viaje de fin de semana y mi amiga empezó a tener mocos. Es un poco hipocondríaca y desde ese momento no quiso estar cerca de mí a menos que tuviera la mascarilla puesta. Yo creía que estaba exagerando. Pensándolo ahora, resultó tener razón. Las dos dimos positivo.

Yo asumí de inmediato que mi novio también se había contagiado, pero no estaba segura de mi padre y mi madrastra. Vi a mi padre el día antes de que yo empezara a mostrar síntomas porque iba a someterse a una cirugía de baipás. Es un procedimiento intenso y quería verme antes. En cuanto salió de la operación, fue puesto en cuarentena y le hicieron una prueba. En ese momento yo me asusté. Mi padre tiene 60 años, sobrepeso y se estaba recuperando de una cirugía. Pensé realmente que lo había matado. Por alguna razón, dio negativo, pero mi madrastra enfermó al día siguiente y pasó dos meses en el hospital.

Desde entonces casi no me hablan. No se enfadaron, pero pensaban que había sido irresponsable, aunque lo único que hice fue jugar a las cartas en una casita de campo. Es difícil cuando la gente piensa que te has puesto a ti y a los demás en peligro a propósito. Los medios tampoco ayudan. Parece que solo puedes infectarte cuando te saltas las reglas, pero no es así. Mi padre y yo hemos podido hablar de ello, pero no pasamos las Navidades juntos.

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Steffie*, 22 años

Durante meses, seguí todas las normas. Pero cuando llegó el verano, relajaron algunas y a mí me apetecía salir. Fui con algunos amigos a una fiesta ilegal en un barco. Unos días más tarde, uno me llamó y me dijo que le dolía la garganta. Se iba a hacer la prueba. Aparte de la resaca, yo no sentía nada diferente.

Unos días después de la fiesta, me empezó a doler el cuerpo. Pensé que era porque había empezado a hacer ejercicio de nuevo. Se acercaba el fin de semana y empezaba a sentirme peor, pero estaba de vacaciones y bebía todos los días, así que le eché la culpa a la resaca. Pensándolo, eran síntomas claros, pero yo creía que me estaba convenciendo a mí misma de que estaba enferma. Cuando mis amigos empezaron a mostrar síntomas también, me hice la prueba.

Se lo dije a mi novio, que trabajaba en un restaurante por aquel entonces. Lo mandaron a casa inmediatamente y se hizo un test al día siguiente. Esa noche perdí el gusto tomando sopa y supe con toda seguridad que estaba infectada. Ambos dimos positivo. Él fue muy comprensivo, pero yo me sentía fatal. El restaurante donde él trabajaba tuvo que cerrar durante dos semanas y los casos comenzaron a subir mucho. Entonces, mi padre acabó en el hospital por razones que no tienen que ver con la pandemia, pero como yo estaba aislada no pude estar ahí con él.

Sentí con fuerza las consecuencias de mis acciones. Ir a la fiesta fue una mala decisión, pero nunca pensé que las cosas se irían tanto de las manos. Un mes más tarde, volvieron a organizar la misma fiesta y un amigo me preguntó: “¿Vienes?”. Eh, no.

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Lars, 26 años

Cuando mi novia probó un nuevo perfume mientras estaba de compras con su madre, se dio cuenta de que no podía oler nada. Al principio, pensó que se lo estaba imaginando, pero cuando le empezó a doler la garganta y tuvo fiebre unos días más tarde, ya sabíamos lo que estaba pasando.

Unos días después, enfermé y me enteré de que uno de mis compañeros también tenía síntomas. Yo fui la primera persona de la oficina en mostrar síntomas, así que tuvo que haberse contagiado por mí. Después, su mujer y su hija de tres años también se infectaron. Estaba fuera de control y yo me preparé mentalmente para que llegase a sus padres, los abuelos de su hija, pero no se extendió más. Su familia ahora está bien.

Mi jefe no quiere que vuelva a trabajar todavía porque sigo teniendo mucha tos. La seguridad es obviamente lo más importante, pero es aburrido. La semana pasada, celebré mi cumpleaños solo con mi novia. Vimos algunas películas, pero nos saltamos la tarta y el sushi. De todas formas, no puedo saborearlos.

*Se ha cambiado el nombre