Coronavirus

'Nadie se puede imaginar lo que ven nuestros ojos': el día a día de una enfermera en una UCI de Madrid

'Me despierto por las mañanas pensando que ojalá todo esto fuera un sueño'.
19 Marzo 2020, 8:33am
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Fotografía cortesía de la entrevistada

Clara* tiene 27 años y desde hace 6 meses trabaja en la UCI de uno de los hospitales más importantes de la Comunidad de Madrid. Entró para cubrir una baja y ahora le ha tocado estar en primera línea de esta emergencia sanitaria. “Nunca pensé que iba a vivir una situación así como enfermera”, me dice cansada, después de dos semanas sin parar de trabajar.

“Desde que entramos en el turno estás en otra dimensión, apenas bebemos agua ni comemos nada mientras trabajamos. Pero cuando llego a casa no tengo casi ni hambre, sólo mucho estrés y duermo fatal. La verdad es que me despierto por las mañanas pensando que ojalá todo esto fuera un sueño”. Pero no es un sueño y Clara no tiene alternativa: sigue allí porque sabe que sociedad la necesita, independientemente de lo que quiere, desee o espere. “Estoy cansada física y mentalmente, hay días libres en los que me piden ir al hospital y obviamente no vas a decir que no, porque cada vez hay más compañeros de baja que han dado positivo y falta personal. Me siento también con mucha responsabilidad, no quiero ponerme mala y causar otra baja más en esta situación”.

“En mi UCI el primer ingreso de coronavirus fue hace 12 días, aunque en planta ya empezaba a haber algún caso esa semana y en otros hospitales. La primera semana fue muy dura, ya que empezó a haber muchos casos y nos pilló un poco de sorpresa, como creo que pasó en todos los hospitales y prácticamente en toda España”. Clara contesta a mis preguntas en un rato de los pocos que tiene libres estos días, y trata de reconstruir desde su propia perspectiva cómo han transcurrido estas jornadas. “Empezaron a ingresar pacientes cada vez más rápido y se tuvo que reestructurar la UCI trasladando pacientes que teníamos previamente ingresados a otras zonas, la UCI pasó a ser solo para atender a pacientes con coronavirus. Los primeros días fueron caóticos para todos”.

Su visión de los hechos no difiere mucho de las informaciones emitidas por los organismos oficiales que nos han ido llegando a través de los medios, y afirma que en este sentido no tiene quejas: aunque no hubo previsión suficiente, la situación era excepcional y así se trató. “Creo que desde que ingresó el primer paciente se actuó de manera correcta y rápida, actualizando protocolos”.

"Los primeros días fueron caóticos para todos”

Sin embargo, no opina lo mismo en cuanto a los métodos que se están ofreciendo para proteger la salud de los trabajadores. “Los primeros días lo pasamos muy mal y sentíamos mucha frustración porque estábamos en primera línea y veíamos que no teníamos suficiente protección. Cada hospital lleva un EPI (equipo de protección individual), y hay hospitales en los que es mejor que el que tenemos nosotros –lo sé por amigas que están en otros sitios–, nos han dado varias charlas sobre cómo protegernos y el tipo de aislamiento que precisan estos pacientes, y en teoría con lo que nos proporcionan es suficiente, pero es un poco ambiguo”.

Sin embargo, Clara también admite que la situación respecto al material y a la seguridad ha ido mejorando con el paso de los días y además cree que no es momento para quejarse. “Te mentiría si te dijera que no quiero tener mejores EPIS, pero siendo coherente, es lo que hay, nos protegemos con lo que tenemos y de la mejor manera que sabemos, teniendo mucha precaución y desinfectándonos continuamente”. Para las bajas que se han ido produciendo entre el equipo, también me explica que el hospital ha contratado nuevo personal, “aunque no todos tienen experiencia en UCI y a veces lo pasan mal ellos y nosotros”.

Le pregunto también por su situación personal, por todas las concesiones que ha tenido que hacer estos días y cómo las afronta: “desde el primer momento que ingresamos a un paciente con esta patología y aunque me protejo bastante, soy consciente de que pasamos a ser personas de riesgo. Vivo con mi novio y a él le dije que se fuera a casa de sus padres, pero no quiso, así que le informé de que si se quedaba conmigo asumía ese riesgo, y tenía que ser consciente de que él también pasaba a ser una persona con potencial de poder contagiar, por lo que pidió teletrabajar desde hace días", me dice.

"A pesar de ello, en cuanto llego a casa me ducho y no me acerco a mi novio hasta que no me desinfecto, tengo la ropa separada, no utilizo las mismas toallas, etc. Intentas hacer todo lo posible pero piensas que no será suficiente y que acabarás contagiándote, siento mucha presión en ese sentido”.

Por supuesto, también ha dejado de ver desde hace dos semanas a sus padres, familia y amigos. “Soy muy familiar, y me está costando mucho estar separada y no poder abrazarles. Todavía me queda mucho tiempo sin poder verles, lo sé pero no lo quiero ni pensar, aunque supongo que toda la población está en la misma situación”.

"Intentas hacer todo lo posible pero piensas que no será suficiente y que acabarás contagiándote"

Pero los sacrificios que está haciendo esta enfermera –junto al resto de personal sanitario y de otros sectores que no solo no han parado, sino que tienen que hacer el doble o el tripe de trabajo– no son ni mucho menos los que estamos haciendo el resto. Porque quienes están en primera línea, lo hacen como pueden y sin apenas recompensas.

“Somos una piña y vamos a una”, me cuenta, “pero está siendo duro y los ánimos están bajos. Cuando uno se derrumba, ahí está otro para ayudarle y así nos vamos animando unos a otros como podemos y saliendo adelante. Agradezco de veras a todo el personal que se implica, no sólo médicos, y que nos ha traído comida para hacer estos días más llevaderos”. Además de este apoyo entre ellos, el hospital ha puesto a su disposición un psicólogo para atender sus demandas.

“Nadie se puede imaginar lo que ven nuestros ojos”, advierte Clara, que tiene claro que el agradecimiento de la gente es importante pero ni mucho menos suficiente. “Siento mucha rabia al ver que nuestro sector, junto con otros como los trabajadores de los supermercados o las farmacias, estamos trabajando para el resto de la población, dando el 200%, trabajando con mucho estrés y cansancio. Y mientras tanto hay personas que sacan más veces al perro que nunca o bajan a comprar con excusas, de verdad que no puedo comprenderlo. La gente se está muriendo”.

No es que ella no entienda el esfuerzo que supone quedarse en casa, pero quiere dejar claro que se trata de una llamada colectiva. “Esto tiene que servir para pensar en los demás”, advierte, “nosotras estamos en primera línea y seguiremos dándolo todo, pero necesitamos ayuda”. Y la mayor ayuda, como concluye Clara, es “que todo el mundo se tome en serio esta situación, que nos quedemos en casa y salgamos a la calle solo para lo estrictamente necesario. Si la población pone de su parte, podremos parar todos juntos el contagio.”

*Se ha cambiado el nombre para proteger la identidad de la entrevistada.

@Berta_Gomez