Salud

Las pesadillas son peores cuando tienes una enfermedad mental

Los científicos exploran el vínculo entre las pesadillas y el deseo a las autoagresiones.
Juan  Regis
traducido por Juan Regis
15.11.17

Este artículo fue publicado originalmente en Tonic, nuestra plataforma especializada en temas de salud

A finales del cambio de siglo, Sigmund Freud publicó su revolucionario libro La interpretación de los sueños. En él propone la teoría de que los sueños son una representación inconsciente de nuestros miedos, ansiedades, y deseos. Desde entonces, aquellos interesados en entender el comportamiento humano han profundizado en esta teoría con la esperanza de encontrar un vínculo entre el simbolismo de los sueños y la salud mental.

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Investigadores del Dream & Nightmare Laboratory de Montreal propusieron en 2009 que "los sueños funcionan para erradicar los recuerdos de miedo y regular el despertar emocional negativo". En otras palabras, nuestros sueños podrían ser imágenes creadas para hacernos sentir mejor. Basándose en sus conclusiones, los investigadores propusieron que la facultad de los sueños para suprimir el miedo, nos ayuda a lidiar con nuestro día a día. Por el contrario, las pesadillas representan el fracaso para regular nuestras emociones, lo que las convierte en una disfunción dentro del papel de los sueños para regular el humor.

Una investigación publicada recientemente en el Journal of Comprehensive Psychiatry llevó esta teoría más allá. "La hipótesis de nuestra investigación establece que las pesadillas intensas y repetitivas están relacionadas a la irregularidad emocional, la cual, consecuentemente, está asociada a personas con conductas autoagresivas no suicidas", explica Chelsea Ennis, candidata al doctorado del programa de psicología clínica de la Universidad del Estado de Florida y una de las autoras del estudio. Los resultados apuntan a un vínculo entre las pesadillas y las conductas autoagresivas no suicidas (NSSI, por sus siglas en inglés), las cuales han impulsado a los investigadores a buscar nuevas formas de ayudar a las personas a combatir la impotencia que las pesadillas pueden provocarles.


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El trastorno de conductas autoagresivas no suicidas, añadido hace poco a la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5), se refiere al daño deliberado del tejido del cuerpo sin el propósito de morir. "Las conductas pueden incluir cortes, quemaduras, rasguños o golpes, con el objetivo de regular los altos niveles de emociones negativas", explica Ennis.

Las personas con este tipo de comportamiento tienen múltiples factores de riesgo. "Por lo general son personas con historiales de depresión, ansiedad, trauma emocional o una discapacidad para regular sus emociones apropiadamente", añade Ennis. Se tiene registrado que el trastorno de conductas autoagresivas no suicidas le ocurre al 17.2 por ciento de los adolescentes, al 13.4 de jóvenes adultos, y al 5.5 por ciento de adultos mayores. Estas cifras incitaron a Ennis y a su equipo a investigar cómo se relaciona este trastorno con la perturbación del sueño. "En nuestra investigación descubrimos que el insomnio no está significativamente relacionado con estas conductas, no como las pesadillas", dice Ennis.

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Para la adolescente de 19 años, Genevieve DeRose, nacida en Baltimore, Maryland, todo comenzó cuando era más joven. "Empecé arañándome cuando tenía 13 años. Enterraba mis uñas en mi piel y me rascaba para ver si me quedaba alguna marca". Después de sufrir seis años con depresión y fobia social, DeRose reconoce en la actualidad que sus conductas eran una forma de lidiar con sus intensos sentimientos. "Sólo quería sentir algo, cualquier cosa. Quería lastimarme", dice. "Ya que no sabía cómo expresar todo ese dolor emocional, me quería lastimar físicamente".

"No recuerdo la mayoría de mis sueños, pero he tenido varios episodios de pesadillas intensas y violentas… Tuve una pesadilla donde me llamaban para decirme que mi mejor amiga había tenido un accidente", recuerda DeRose. "Siempre era su mamá o una de sus amigas la que llamaba para decirme que mi amiga tal vez no viviría. Cada vez que intentaba llegar al lugar del accidente se me hacía tarde". DeRose ha tenido lapsos de pesadillas tan horribles que ha tenido miedo "hasta de dormir".

Vali Maduro, psicólogo clínico establecido en Panamá, utiliza un tratamiento basado en la mentalización (MBT, por sus siglas en inglés) —método enfocado en ayudar a las personas a segmentar y racionalizar pensamientos y sentimientos— para entender este tipo de conductas. "Cuando una persona no puede regular sus emociones necesita convertirlas en algo concreto", dice Maduro. "Cuando optan por hacerse daño a sí mismos, trasladan sus emociones a sus cuerpos para crear congruencia entre lo que sienten interna y externamente". El MBT es sólo una de las formas de terapia que puede ayudar a tratar personas con conductas autoagresivas no suicidas. La terapia cognitivo-conductual (CBT) y dialéctica conductual (DBT) también han demostrado ser métodos prometedores.


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En cuanto al tratamiento para las pesadillas, Ennis y su equipo propusieron la terapia de ensayo en imaginación (IRT) en su estudio. Con este tipo de terapia, se les solicita a los pacientes recrear sus pesadillas con finales diferentes y menos terroríficos. La terapia IRT ha demostrado ser un tratamiento efectivo a corto plazo para personas con trastorno por estrés postraumático, condición bien conocida por su producción de pesadillas intensas y atemorizantes. "Este método a corto plazo puede ayudar con las pesadillas, pero es importante buscar asistencia clínica o médica para poder lidiar con la ansiedad y la depresión, asociadas con conductas autoagresivas no suicidas", añade.

Aunque la naturaleza de la investigación hace que sea imposible afirmar que las pesadillas recurrentes y agudas siempre provocan conductas autoagresivas no suicidas, sí se ha establecido una relación importante entre las pesadillas y las autoagresiones. En cuanto a la investigación, esto se traduce en más atención y potencialmente, más financiamiento.

Como psicóloga clínica que trabaja de cerca con niños, adolescentes, y padres, considero este estudio como un paso importante para promover métodos preventivos de salud mental. No sólo amplía el concepto de conductas autoagresivas, sino que también resalta el hecho que los sueños no son simplemente partículas sin sentido agrupadas en nuestro subconsciente.

"Quiero que los demás sepan que las personas con conductas autoagresivas no suicidas necesitan a alguien que pueda cuidarlos y ayudarlos a detenerse", dice DeRose, quien asegura tener de vez en cuando problemas con sus impulsos, pero quien también ha visto un progreso. "Aquellos con problemas de este tipo necesitan la motivación para dejar de lastimarse, pero de una forma comprensiva y constructiva".