Marca España

Un año sin Rita Barberá: el PP ha olvidado a su dama de hierro

En el aniversario de su muerte el PP no le ha dedicado ni un mísero tuit.
23.11.17
REUTERS/Heino Kalis

Uno se despierta y se da cuenta de que tal día como hoy, hace un año, Rita Barberá nos abandonó a sus 68 años. Sí, ya ha pasado un año sin la dama de hierro.

Supongo que os sonará toda esa historia de la habitación 325 del hotel Villa Real de Madrid, donde la exalcaldesa de Valencia tomó su última cena, que consistía en una copa de whisky JB y una tortilla de patatas. Dicen que por la mañana desayunó dos napolitanas, a su pesar, pues deseaba unos cruasanes pero no quedaban. Luego falleció.

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La presencia de Rita en Madrid se debía a la citación ante el Tribunal Supremo en la que tenía que ofrecer su declaración por un presunto delito de blanqueo de capitales, en el que negó absolutamente la existencia de una caja B en el PP de Valencia.


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Estaba claro que ese no era el mejor momento para Barberá: a nivel mediático estaba impregnada por casos de corrupción y la opinión pública la percibía ya casi como la jefa de una organización criminal. Además, había recibido varias amenazas de muerte —incluyendo sobres con balas— que la habían lanzado a los pozos de una depresión incesante.

Es curioso que aquí, en VICE, nos acordemos de Rita pero, por otro lado, el Partido Popular —en el que llevaba militando 33 años— no haya tenido el detalle de hacerle un homenaje in memoriam en el primer aniversario de su muerte.

Navegamos a través de los ariscos mares de la cuenta de Twitter del PP y no vemos ni una sola mención a Rita. ¿Se habrán olvidado de ella o es que no quieren acordarse de ella?


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Recordar a Rita supone, evidentemente, tener que acordarse del caso Nóos, de la trama Gürtel, del caso Taula y del caso Imelsa. De la construcción de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, que fue un despropósito económico y arquitectónico, estructuralmente deficiente; de los casos de corrupción en los contratos de la Fórmula 1, que además se cargaron el espacio urbano de la ciudad; del Palacio de Congresos de Norman Foster, una jugada mediática deficitaria.

También supone acordarse de su apoyo incondicional a Francisco Camps (el de “los trajes”) y de una forma personalista de hacer política que la emparentaba, en el imaginario colectivo, con toda esa gente de la fiesta valenciana: Carlos Fabra (expresidente de la Diputación de Castellón), Alfonso Rus (caso Taula) y José Joaquín Ripoll (expresidente de la Diputación de Alicante).

Acordarse de Rita supone acordarse de demasiadas cosas desagradables, por eso la mejor opción es el olvido y el silencio mediático. Puede que el PP no se haya acordado de Barberá pero nosotros sí, y de alguna forma tiene todo el sentido del mundo que, al cabo de un año, al PP tampoco le estén yendo tan bien las cosas.