Testimonios de mujeres trans desde la frontera norte de México
Sasha. Fotos por Jorge Damián Méndez.
Testimonios

Testimonios de mujeres trans desde la frontera norte de México

“Mi sueño era andar de mujer, operarme y tener senos y nalgas y no nomás andar de 'jotilla' cantando”.
23.7.18

Artículo publicado por VICE México.

Sasha se pinta los labios con paciencia frente al espejo. En esta habitación atiborrada de pelucas, vestidos y maquillaje, cada noche esta chica trans se caracteriza del personaje surgido décadas atrás en Mexicali, en la frontera bajacaliforniana al norte de México. Hoy, antes de ser bañada por los reflectores del escenario del Porkis Divine y dejarse cachondear por el público, me platica sus experiencia vividas durante su proceso de transición de hombre a mujer.

Sasha

Desde que iba en la primaria ya jugaba con mis vecinitos a que era Señorita México. Me pintaba las uñas con plastilina y mi papá, un hombre recatado, me regañaba muchísimo. Le decía que estaba jugando a que era un monstruo. En esos días ya me identificaba con el género femenino, tanto, que tuve mi primera relación sexual a los nueve años con un muchachito al que le hice sexo oral. Ya no tuve dudas de lo que quería ser.

Crecí en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Ahí vi que algunos de los vecinos que trabajaban en Estados Unidos regresaban muy bien vestidos, refinados, como lo que es un gay hoy en día. “Estos son mampolonchas [homosexuales]”, pensaba, “algún día también me iré al otro lado”. La oportunidad surgió cuando me harté de los chingazos [golpes] y regaños de mi papá que, cuando no me echaba a la policía para espantarme, me mandaba a cortar el pelo o me amenazaba con meterme a la cárcel por homosexual.

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En ese entonces estudiaba contabilidad en la preparatoria y estaba enamorada de un muchacho de mi salón. Siempre llevaba polvo, rímel y lápiz labial para maquillarme y estar presentable. “¿Por qué vienes maquillado a la escuela?”, me preguntaba la directora una y otra vez. “Ay, ¡así soy yo!”, le contestaba. Terminaron expulsándome de la escuela, pero aún así, me hice muy perra para la mecanografía.

Mi vida en Chiapas era patética y terminé viniendo a la frontera. Quise irme a Estados Unidos y crucé nadando por la playa de Tijuana, pero estuve a punto de ahogarme. La migra estadounidense me rescató y me deportaron. Una jotita, que después se hizo mi gran amiga del alma y a quien ayudé cuando envejeció, me echó la mano y me llevó a vivir con él porque creyó en mí. Tenía 17 años y como no tenía dinero, me prostituí. En esa época no sabía caminar en tacones ni ponerme pestañas postizas.

Estaba por cumplir la mayoría de edad cuando la cantante Sasha Sokol, ex Timbiriche, andaba muy de moda. Cuatro días antes de cumplir los 18 debuté como bailarina travesti en el Noa Noa de Tijuana, llamándome como hasta ahora: Sasha. Bailé durante meses en muchos bares hasta que una noche entré al Bambis a saludar a las chicas trans. A ellas la veía hermosas, con un cuerpazo y yo quería eso. “Estás bonita y bailas bien, no hay mucha gente hoy, súbete al escenario y haz lo tuyo”, me dijeron. Lo hice y al otro día ya no quise regresar al bar. Mi sueño era andar de mujer, operarme y tener senos y nalgas y no nomás andar de jotilla cantando.

Sasha. Foto por Jorge Damián Méndez.

Poco a poco empecé con las operaciones. Primero la nariz. Un médico cirujano, hermano del dueño de unos de los lugares en donde me presentaba, me dijo que le gustaba cómo me veía en el escenario pero que mi nariz era muy fea. Me operó y pagué la cirugía en mensualidades. La nariz y el mentón fue lo único que me cambié del rostro, ya que afortunadamente no era tan fea como otros. Al final me operé las pompis, las pantorrillas y tres veces los senos.

Después de haber triunfado y de haber salir en los periódicos y en algunos videos, me fui de Tijuana siendo más mujer. Me mudé a San Luis Río Colorado, en Sonora, y entré al Playboy, un lugar con 26 mujeres guapísimas en escena y yo dando show. No me querían porque ellas decían que quemaba [desprestigiaba] el lugar y a ellas. El problema era el “qué dirán”, porque en aquellos años era muy penado ser homosexual, transexual o que dos hombres vivieran juntos. No se diga la policía que nos detenía nomás por nuestra condición sexual. Ahora, el que es gay lo dice con orgullo y hasta se besan en público y se casan. Antes te linchaban.

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Me gusta dar shows porque soy espontánea, sé con quién y cuándo jotear. Lo hago por el glamour y la convivencia, pero uno se enfada de este ambiente. Siempre lo mismo: emborracharme, drogarme y bailar. Hace cinco años que volví al escenario, luego de haber hecho rico a un empresario con mis shows, de prostituirme afuera de un hotel, de haber tenido problemas con las drogas y de haberme enamorado y valido madres.

Ya son 30 años desde que me fui de Chiapas por mis problemas familiares. Una mañana tocaron a la puerta de mi departamento preguntando por Víctor. En ese entonces ya tenía senos, nalgas operadas y el pelo largo. “Busco a Víctor”, me dijo la niña bonita que tocó. La vi fijamente y le pregunté: “¿Quién eres tú?” En lugar de contestarme gritó: “Aquí es, ¡es él!” Me asomé y vi a mi mamá y a mi padrastro. “Soy Nubia, tu hermana”, me dijo. Resultó que me habían encontrado porque siguieron la dirección desde donde les mandaba cartas y regalos a mis hermanitos. Ese fue el día más feliz de mi vida. Desde entonces ya no me separé de ellos. Ahora voy cada año a verlos a Chiapas. Con mi papá ya me reconcilié, pero a esta edad me molesta que me diga “hijo”, no lo tolero, pero, ¿qué hago?

Actualmente soy reina del Comité Orgullo Gay en Baja California y también soy del PRI, ellos me regalan apoyos de despensas, material para aislar casas y láminas para techo para que yo ayude a los que lo necesitan, soy una especie de líder de la comunidad. Hay poco empleo para nosotras las chicas trans. Lo clásico es de prostituta o dando show. A mí me han hablado de empleos relacionados con contabilidad y mecanografía y cuando llego se sorprenden de que ande vestida de mujer y no me dan nada.

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No tengo problemas con decir cuál es mi verdadero nombre, es más, me gusta que se sepa que soy Víctor Madrid López. Por eso no he cambiado mi acta de nacimiento. En mis identificaciones sale mi nombre y yo maquillada. Una chica trans, así me considero. Lo unico que pido es que nos dejen vivir como somos.

Carla está registrado como Carlos. Por eso creyó más fácil feminizar su nombre de pila que sustituirlo. Cuando hurga en el árbol genealógico familiar siempre se estaciona en el cajón destinado al hermano menor de su abuelo materno. El primer gay de su familia ―según sus palabras―, quien se suicidó a principios de los años 80 a los 32 años de edad. Se colgó de los columpios en donde jugaba con sus hermanos cuando eran niños.

Carla

Mi abuela materna me platica que desde mis tres años ya me regalaban cocinitas, muñecas Barbie y juguetes de niña. A mis 12 años mi mamá me preguntó si quería ser mujer o quedarme como hombre, le contesté que como mujer me sentía totalmente plena y realizada. Así que empecé un tratamiento hormonal que me sirvió para definir mi estructura física y mi voz. Después vino una que otra operación estética para definirme más. Ahora tengo 26 años y llevo una vida de mujer en todos los sentidos. Sueño con ser una muñeca Barbie, porque ella es perfecta: su cabello, su cara, su esbeltez y su estatura. Solamente me falta la operación de abajo [pene]. Quiero estar operadota, esa es mi meta, hacerme todas las operaciones que me faltan para lograr ser una mujer.

Estudié la secundaria y la preparatoria abierta porque se me hizo más conveniente, ya que a pesar de que socialmente vivimos otros tiempos, todavía existe el rechazo, el que se asusten, el que una misma no diga lo que verdaderamente es porque te ven y no lo pueden creer, te miran con extrañeza, con asco, como si no hubiera gente que da asco o pena sin ser trans.

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He llegado a la conclusión de que los más machitos y los hombres casados son los más jotos, lo sé porque se me insinúan. Según ellos mega machos y con novias, pero súper closeteros, ¡qué hueva! En mi experiencia, los contadores públicos, los abogados y los arquitectos son los más closeteros. También los policías, me he acostado con uno que otro de ellos. ¡Qué piruja soy! ¿No? Cuando me multan en el tránsito siempre lo soluciono aplicando un coqueteo y hablándoles bonito. No falla.

Como llamo mucho la atención por mi cuerpo exuberante, los hombres se van con toda la finta, pero cuando se acercan y les digo lo que soy, dudan. Siempre digo la verdad porque tuve una experiencia horrible: a mi mejor amigo lo asesinaron por mentir y no decir que era trans. No me gustaría que me pasara algo así, ni modo, prefiero que me vean con horror a que atenten contra mi persona y termine muerta. Aún así, todos mis novios me han visto como una mujer, por eso digo que son heterosexuales, hasta cuando me llevan con su familia me halagan y me dicen: “Qué bonita eres”. Claro que no saben que soy transexual.

El amigo del que hablo fue torturado, degollado y arrojado a un lote baldío a las afueras de Tijuana. Todo pasó así: era de noche y mi amigo estaba en un bar con una de sus amigas. Se les acercaron un par de hombres, platicaron y al final mi amiga se fue con uno y mi amigo, que ya era mujer transexual, se fue con el otro. Cuando el tipo se dio cuenta de que mi amigo no era mujer de nacimiento, lo asesinó. Fue escalofriante saber esa noticia, imaginarme lo que sufrió, el horror de lo que vivió. Me traumó ver a su mamá, lo que sufrió por la pérdida. No quisiera sufrir algo así, por eso no me importa decir que nací hombre. Aunque parezca lo contrario, no soy muy caliente, las hormonas me quitaron el deseo sexual, sólo los besos me calientan. Las hormonas también me han hecho llorona y enojona al mismo tiempo. Además del carácter, cambié mucho físicamente, de ser delgada y sin cuerpo, cuando menos lo pensé ya era una mujer escultural.

Hace unos años, como toda una ciudadana, quise tramitar mi credencial de elector. Me senté para la foto y la persona que me atendía, al revisar mis papeles, detectó que mi nombre era de hombre y que yo estaba arreglada de mujer. La muy mamona, perra y fea, me dijo: “Eres hombre, así que te quitas el maquillaje y te agarras el cabello”. Y yo así de: “No mames, me quiero ver bien en mi foto, esta es mi imagen, soy una mujer transexual”. La vieja me dijo que no se podía y le quité mis papeles muy encabronada. No tengo otras identificaciones porque me robaron mi bolsa de mano, ni licencia, ni pasaporte. Por supuesto todo eso me trae problemas al momento en que me tengo que identificar. Aquí en Baja California ninguna ley permite el cambio de identidad sexual a otra, solamente en el Distrito Federal, por eso lo vemos como el paraíso de los gays y lesbianas.

Uno de mis anhelos es encontrar al amor de mi vida.