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Estas son las mentiras que más se usan en Tinder y otras apps de citas

Todas podrían dividirse en dos categorías principales.

por David Markowitz; traducido por Mario Abad
08 Noviembre 2019, 4:30am

Getty Images

Las aplicaciones de citas tienen un mercado indiscutible entre la gente joven que busca el amor. Esta forma de cortejo relativamente nueva da acceso a quien la usa a un elenco muy surtido de parejas en potencia, aunque también plantea una serie de dificultades.

Habrás oído hablar —o incluso experimentado en tus carnes—, por ejemplo, de algún caso en que la cita no salió según lo planeado por alguna de las siguientes razones: el tipo era más bajo de lo que indicaba en su perfil, la chica en persona era muy distinta a como aparecía en las fotos o el muchacho no abrió la boca en toda la cita, mientras que en la aplicación parecía de lo más hablador.

Dicho de otro modo: el perfil de una persona —y sus mensajes— puede no ser un reflejo fiel de su personalidad. En un estudio reciente, mi compañero Jeff Hancock y yo nos preguntamos con qué frecuencia mienten las personas que usan aplicaciones de citas y en qué aspectos era más frecuente que se dieran esas mentiras.



‘Me quedé sin batería en el gimnasio’

Aunque nuestros estudios son de los primeros en abordar estas incógnitas, ha habido otros en los que se analizaba el tema del engaño en las citas virtuales. Estas investigaciones se centraban principalmente en los perfiles de los usuarios y han revelado, por ejemplo, que los hombres suelen mentir respecto a su altura y su profesión, mientras que las mujeres suelen exhibir fotos menos fieles a la realidad que los hombres. Pero los perfiles son solo un aspecto del proceso de ligar por internet. Solo después de intercambiar mensajes con la persona elegida decidirás si te apetece conocerla.

Para saber con qué frecuencia mentía la gente a sus posibles parejas o qué información falseaba, analizamos cientos de mensajes de texto intercambiados entre personas que habían hecho match antes de conocerse, un periodo que denominamos “fase de descubrimiento”. Extrajimos una muestra de entre más de 200 participantes que nos facilitaron sus mensajes de conversaciones recientes e identificamos las mentiras. Algunos participantes incluso explicaron por qué los mensajes resultaban engañosos, más que bromas.

Descubrimos que las mentiras podrían clasificarse en dos categorías principales: la primera engloba las mentiras relacionadas con cómo se presentaban los usuarios. Si querían mostrarse más atractivos, por ejemplo, mentían respecto a la frecuencia con la que iban al gimnasio. O, si la pareja en potencia parecía ser religiosa, tal vez se inventaban la asiduidad con la que leían la Biblia para fingir que tienen intereses similares.

La segunda categoría hace referencia a la gestión de la disponibilidad, es decir, las explicaciones que daba cada persona para justificar por qué no podía asistir o su repentino silencio en el chat, alegando motivos como que no había cobertura. Por lo general, son formas educadas de evitar la comunicación sin cerrar del todo la puerta a retomarla en otro momento.

Decir este tipo de mentiras no te convierte en mala persona. Es más, te puede evitar más de una situación embarazosa que hiciera parecer que estás desesperado o siempre disponible.

¿Mentiras intencionadas o reincidentes?

Aunque la mayoría de las mentiras hacían referencia a la presentación o la disponibilidad de los usuarios, en nuestra muestra observamos que solo el 7 por ciento de los mensajes se habían calificado como falsos. ¿A qué se debía ese índice tan bajo? Existe una conclusión consolidada entre los estudios recientes sobre el engaño que sugiere que la mayoría de las personas son sinceras, que solo hay unos pocos mentirosos, aunque prolíficos.

Mentir sobre tu personalidad o tu ubicación pueden ser conductas perfectamente racionales. De hecho, la mayoría de la gente que usa este tipo de aplicaciones espera que ocurra. Por otra parte, mentir un poco tiene una ventaja: nos hace destacar entre la competencia sin provocarnos la sensación de haber traicionado nuestra verdadera forma de ser.

Otra cosa, no obstante, son las mentiras descaradas y persistentes, que acaban generando desconfianza en la otra persona. Inventarse demasiadas cosas puede acabar suponiendo un problema para encontrar a “esa persona”. Otro resultado interesante del estudio está relacionado con la naturaleza del engaño en la fase de descubrimiento. En nuestros estudios, el número de mentiras que contaba un participante estaba asociado positivamente a la cantidad de mentiras que creían que la otra persona le había contado.

Es decir, quien se muestra, en general, sincero y dice pocas mentiras, considera que los demás actúan de igual modo. Si buscas el amor pero mientes para conseguirlo, es muy probable que pienses que los demás también mienten. Por tanto, mentir por amor es normal y lo hacemos por un motivo, no solo porque podamos.

David Markowitz es profesor adjunto de análisis de datos en redes sociales en la Universidad de Oregón. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer el original aquí.

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Este artículo se publicó originalmente en VICE Estados Unidos.

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