La ‘terapia respiratoria’ me dio el mejor ciego de mi vida
Fotos af Amanda Hjernø
Drogas

La ‘terapia respiratoria’ me dio el mejor ciego de mi vida

Respirar profundamente a ritmo de techno puede tener el mismo efecto que pegarse un viaje con drogas alucinógenas.
20 Febrero 2018, 4:30am

Somos diez en una sala de eventos en Aarhus, Dinamarca, cada uno sentado en una esterilla. Diseminados por el suelo hay instrumentos de percusión, maracas y panderetas, y todos llevamos los ojos vendados y tenemos un cubo delante por si sentimos náuseas. Hay cinco personas cerca para asistirnos durante el viaje que estamos a punto de emprender, hiperventilando hasta alcanzar lo que se supone que va a ser el mejor colocón de nuestras vidas.

Nuestro instructor, el psicoterapeuta Bjarne Roursgaard, también está sentado en el suelo, de cara a nosotros, acabando de completar una lista de reproducción techno que ha elaborado cuidadosamente para la ocasión. Cuando ha terminado, nos da unas pautas básicas. “Dejaos llevar completamente”, nos dice. “No os preocupéis por lo que pensemos los demás porque hemos visto todo tipo de reacciones”.

A continuación pasa a enumerar la amplia variedad de emociones que sintieron participantes anteriores. “Rabia, pena, alegría… Incluso excitación sexual”. Sea lo que sea que sintamos, nos dice, debemos dejarnos llevar por esas sensaciones. “Expresadlas, de forma que podáis liberaros de cualquier trauma o sentimiento reprimido en vuestro interior”.


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Te venden la terapia respiratoria como una técnica con la que experimentarás un viaje similar al que tendrías tomando drogas alucinógenas, aunque sus más fieles practicantes argumentan que el colocón es incluso mayor y que no te jode la mente como lo hacen las drogas. El procedimiento es relativamente simple: hiperventilas hasta el punto de que la sangre que te llega al cerebro está hipersaturada de oxígeno, momento en que te sientes tan mareado que parece que te adentres en otra dimensión.

El psiquiatra checo Stanislav Grof, de 86 años, fue uno de los pioneros de la terapia psicodélica, que se sirve de sustancias alucinógenas para tratar una serie de trastornos psicológicos. En su investigación, Grof asegura que la LSD puede ser una herramienta muy útil para tratar la ansiedad y la depresión en pacientes enfermos terminales.

Sin embargo, en la década de los 60 muchos países empezaron a penalizar el consumo de ácido, por lo que Grof y su mujer, Christina, empezaron a trabajar con algo mucho menos controvertido: la respiración. Ambos descubrieron que la terapia respiratoria tenía el potencial de expandir la conciencia de la misma forma que lo hacía la LSD y que podía ayudar a los pacientes a superar —o al menos a sobrellevar— todo tipo de traumas personales.

De vuelta en la sala de eventos, Roursgaard nos enseña varios ejercicios más. Nos cuenta que ha estudiado Ingeniería Química, que luego se formó como psicoterapeuta y que actualmente trabaja con un “chamán peruano” para mejorar sus conocimientos sobre lo que él llama “terapia respiratoria chamánica”.

La peculiar terapia de Roursgaard se basa en el concepto de la respiración holotrópica de Grof, una técnica que consiste en hacer un ayuno de hasta tres horas y efectuar respiraciones profundas. En nuestra sesión, hacemos todo eso al ritmo de la lista de reproducción que ha preparado nuestro instructor.

Como parte de sus sesiones ampliadas de fin de semana, Roursgaard también ofrece ayahuasca a los participantes, aunque asegura que no es necesaria para vivir la experiencia. “He visto a gente llegar más profundo con terapia respiratoria que con ayahuasca”, me dice.

Empiezo la sesión tumbándome boca arriba y poniéndome la venda. La vibración de bajo que emiten los dos altavoces del suelo me atraviesa; los ayudantes de Roursgaard empiezan a caminar por la sala, tocando los tambores y las maracas. A medida que sube el volumen de la música, intento concentrarme en exhalar profundamente desde el diafragma en sincronía con el ritmo, dejando los brazos muertos a los lados.

En el momento en que reduzco la frecuencia respiratoria y dejo de seguir el ritmo, un asistente se dirige hacia mí y me indica que vuelva a respirar en sincronía con la música. Al cabo de unos diez minutos, empiezo a sentir un ligero mareo; al margen de eso, me siento bien, consciente y dueño de mis emociones.

Poco después, el resto de mi cuerpo empieza a notar los efectos de la sesión. Al principio, sufro ligeros espasmos en el pecho. Intento dirigir la respiración hacia ahí, y en cuanto lo logro, me invade un sentimiento de rabia y empiezo a gritar. Mis pensamientos viajan incontrolables seis meses atrás, cuando mi novia, con la que llevaba 13 años, y yo rompimos.

Esta repentina oleada de furia parece estar relacionada con la ruptura, aunque nunca antes la había sentido. Es una experiencia completamente nueva e increíble, y me dispongo a dejarme llevar por cualquier otra emoción que surja de mi interior.

Mis gritos casi quedan ahogados por todos los sonidos que emiten los demás participantes. Me detengo durante un segundo, sin aminorar el ritmo de respiración. Noto calambres en los dedos de las manos, una sensación que esperaba sentir y que se debe a que mi cuerpo prioriza el envío de oxígeno al cerebro en detrimento del resto.

A continuación noto una especie de temblor justo encima del corazón. Me concentro en seguir hiperventilando, pero por mucho que lo intente, no parece ocurrir nada. Segundos después, uno de los ayudantes vuelve a acercarse a mí y me pone dos dedos sobre el pecho, entre las costillas. Casi de inmediato, libero un descomunal rugido desde lo más profundo de mi ser y al mismo tiempo, las lágrimas empiezan a brotarme por las mejillas. Aunque no sé el origen ni el porqué de todo esto, me siento bien.

Hay estudios que avalan la práctica de la terapia respiratoria, como el realizado por un investigador de la Universidad de Stanford, que revela que los síntomas del TEPT en un grupo de veteranos de guerra se veían drásticamente reducidos tras varias sesiones de terapia respiratoria.

Otro estudio de la Asociación Multidisciplinar para los Estudios de Sustancias Psicodélicas (organización sin ánimo de lucro que trabaja para concienciar sobre el uso de sustancias psicodélicas) examinó las reacciones de 482 voluntarios que habían hecho terapia respiratoria y reveló que el 82 por ciento de los participantes experimentó lo que llaman “sensaciones transpersonales”, experiencias extracorporales que parecen trascender los límites del individuo. El 16 por ciento de los participantes aseguró haber experimentado algo, mientras que el 2 por ciento restante no sintió nada.


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Tumbado en mi esterilla, no cabe duda de que yo sí que estoy sintiendo algo. No puedo dejar de llorar cuando, de repente, empiezo a reír. Por primera vez desde que empezó la sesión, me pregunto si no me estaré volviendo loco. Sin embargo, nuevamente me entrego de lleno a estas sensaciones que giran en torno a mí y sigo riendo.

Cuando termina la sesión de 50 minutos, nos indican que durante los siguientes 20 intentemos relajarnos y volver a respirar a un ritmo normal. Durante todo el experimento, he sido consciente de que simplemente tenía que retirarme la venda de los ojos para recobrar un estado mental normal.

No sabría decir qué me pasó exactamente al hiperventilar, pero sí me siento muy ligero, tanto mental como corporalmente. También he sentido emociones que ni siquiera sabía que albergaba, y todo simplemente respirando al ritmo de techno.

Nota: Se ha demostrado que la terapia respiratoria es segura desde el punto de vista médico. Esta sesión se celebró con la supervisión de cinco asistentes.

Este artículo se publicó originalmente en VICE DA.