Esto es lo que ocurre cuando se reúnen 6.000 neonazis
Fotos por Sarah Lehnert

Esto es lo que ocurre cuando se reúnen 6.000 neonazis

Fuimos al festival ultranacionalista más grande de Alemania, el 'Rock Against Überfremdung'.
27 Julio 2017, 8:36am

Este artículo apareció originalmente en VICE Alemania

Un cielo gris plomizo cubre la pequeña localidad alemana de Themar, en el estado de Turingia, el 15 de julio de 2017, día en que 6.00 neonazis se reúnen para asistir al mayor festival de música de grupos de extrema derecha del país. El sol no parece estar de humor para estas celebraciones.

La fotógrafa Sarah Lehnert y yo queremos documentar el evento, aunque estamos atrapados en un atasco de camino al festival, y la fila de coches parece avanzar cada vez más lentamente cuanto más nos acercamos a nuestro destino.

A ambos lados de nuestro coche vemos a cientos de hombres caminando por los arcenes, ataviados con camisetas con eslóganes que hacen apología de Hitler y el nazismo. como "Wer A sagt, muss auch Dolf sagen" ["Quien dice A, también debe decir Dolf", una variación del proverbio alemán "Quien dice A, también debe decir B"].


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Latas de cerveza en mano, todos ellos se dirigen al festival, aunque por su rígida actitud no parecen estar muy relajados ni dispuestos a pasarlo bien. A lo largo de los últimos diez kilómetros, hemos pasado varios controles policiales en los que no hemos visto ni un solo agente, solo neonazis.

Mi compañera y yo subimos las ventanillas a medida que nos acercamos al recinto del festival, llamado Rock Against Überfremdung ( Überfremdung es una palabra alemana muy curiosa que podría traducirse como estar "sobrepasados por extranjeros").

Uno de los asistentes que más entusiasmado parecía, de camino al festival

Los organizadores decidieron celebrar el festival en el estado de Turingia debido a que allí vive una nutrida comunidad de simpatizantes de la extrema derecha. "No hemos recibido a un solo solicitante de asilo durante la crisis de los refugiados", declaró orgulloso el alcalde de Themar, Hubert Böse, al Spiegel Online. "Solo el 2,7 por ciento de la población es de origen extranjero y están todos perfectamente integrados".

Entre los oradores programados se encuentran los activistas en defensa de la extrema derecha más prominentes de Alemania: miembros de los principales partidos nacionalistas (NPD, Die Rechte and Der Dritte Weg) y organizaciones de extrema derecha locales

Hoy, los asistentes al festival podrán disfrutar de las actuaciones de, entre otros, Stahlgewitter (Tormenta de acero), una banda cuyas letras se centran en la gloria y el poderío del ejército de Hitler, y el nuevo grupo de Michael Regener, excantante de Landser, una de las bandas neonazis más populares. En 2003, se prohibió al grupo actuar y se le declaró organización criminal. Regener fue sentenciado a tres años de prisión por incitación a la violencia contra la comunidad judía.

Cientos de agentes de policía fueron movilizados desde todas partes del país para velar por la seguridad

Entre los oradores programados se encuentran los activistas en defensa de la extrema derecha más prominentes de Alemania: miembros de los principales partidos nacionalistas (NPD, Die Rechte and Der Dritte Weg) y organizaciones de extrema derecha locales, como Thügida. Incluso los miembros de la organización de artes marciales rusa White Rex, en la que se enseña a los nacionalistas a luchar, tendrán su momento en el escenario.

Para ser sincero, me aterra ver a tantos neonazis reunidos en un mismo sitio. Cerca de 800 neonazis acudieron al Rock für Deutschland, un evento similar celebrado en la cercana ciudad de Gera. Hoy, sin embargo, la cifra se eleva a 6.000, llegados de todos los rincones del país para celebrar sus creencias al ritmo de los temas más fascistas.

Los hombres se esfuerzan por dar un aspecto intimidante

Aparcamos el coche y cubrimos el corto trayecto hasta el recinto andado. Parece que todos los asistentes se han puesto de acuerdo respecto a la vestimenta: cabezas rapadas, vaqueros y camisetas negras con alguna consigna en alemán.

Los hombres se esfuerzan por dar un aspecto intimidante y caminan tan rígidos que da la impresión de que intentan apretar el trasero para que no se les escape ni una pizca del odio que llevan dentro.

El pub Golden Lion, propiedad del organizador del evento, Tommy Frenck

Antes de entrar, muchos de los asistentes hacen una parada en el Golden Lion, un pub muy frecuentado por los neonazis de la zona. El propietario, también organizador del festival, es Tommy Frenck, político del NPD famoso por crear un grupo de "defensa ciudadana" y organizar marchas con antorchas en su ciudad natal, Schleusingen.

Frenck tiene una página web en la que vende ballestas, machetes y pegatinas de "I love HTLR". "Es ilegal estampar la palabra Hitler en una camiseta", aseguró Frenck a una cadena de televisión local, "pero HTLR significa Hogar, Tradición, Lealtad y Respeto. ¿Por qué iba alguien a querer prohibir ese mensaje?".

El negocio le va bien, a juzgar por el enorme Hummer aparcado frente al pub. El día del cumpleaños de Hitler, el 20 de abril, el pub incluyó en su carta schnitzel por 8,88 euros (el número 88 es el código del saludo nazi, "Heil Hitler"). Aquel día hubo tanta demanda que Frenck tuvo que abrir una lista de reservas.

"Es ilegal estampar la palabra Hitler en una camiseta, pero HTLR significa Hogar, Tradición, Lealtad y Respeto. ¿Por qué iba alguien a querer prohibir ese mensaje?" — Tommy Frenck

Para alguien que se encuentre en el centro de Themar, el festival podría pasarle desapercibido. La policía ha cerrado al tráfico la carretera principal en un intento por mantener al grupo neonazi apartado de los 3.00 residentes del pueblo, donde parece no haber ni un alma; la mayoría de las puertas están cerradas y en todas las ventanas las cortinas están echadas. El supermercado cierra este día y el mercadillo se ha cancelado.

Cerca del recinto del festival, un hombre corta el césped. Nos cuenta que hace 30 años conoció a su esposa en el pub que hoy está lleno de fascistas, y que aunque ya no acude al local, se ha acostumbrado a la presencia de todos esos nacionalistas. "Son gente como tú y yo", dice. Un poco más lejos, en una calle tranquila, un hombre con zapatillas no puede ocultar su frustración. "Los de la extrema derecha deberían irse a otra parte", confiesa. "La mayoría de los que vivimos aquí solo queremos volver a la normalidad cuando acaba el fin de semana".

Uno de los vecinos de Themar conoció a su mujer en el pub que ahora frecuentan los neonazis

Antes de la llegada al poder de Hitler, Themar era el hogar de una numerosa comunidad judía. Por todo el pueblo pueden verse Stolpersteine, placas conmemorativas que marcan las últimas viviendas conocidas de los judíos asesinados durante el Holocausto. Varios de los vecinos con los que hablo creen que debería haberse hecho algo más para evitar que Themar se convirtiera en un punto de encuentro de racistas.

El consejo comarcal intentó evitar que Bodo Dressel —exmiembro del partido de extrema derecha AfD— alquilara su parcela a los organizadores del festival, pero los tribunales dictaminaron que el evento era legal y no podía prohibirse.

Arranca el festival y un grupo de manifestantes se congrega cerca del recinto tras haber marchado con su protesta por las calles de Themar. Este no es el único signo de protesta: de muchas farolas del pueblo cuelgan pancartas y carteles antinazis.

Manifestación contra el festival neonazi

Una veintena de periodistas se agolpan a ambos lados de la carretera principal que une la zona de aparcamiento con la entrada al recinto. Al festival acude gente de todas partes de Europa; un grupo lleva la insignia de Blood & Honour, una organización neonazi británica que fue declarada ilegal en Alemania. Otros han cubierto con pegatinas sus tatuajes considerados ilegales. Al pasar frente a los periodistas, posan para ellos como si de una alfombra roja se tratara. Los hay menos amables: "Cabrones", nos grita uno de ellos. "Te voy a matar", amenaza otro, mientras que un tercero se limita a enseñarnos el dedo medio.

Parecen dirigir su odio especialmente a las mujeres, pues a menudo se oye a alguno de ellos gritar "zorra" o "te voy a follar". Un neonazi escupe a una fotógrafa, y otros la toman con una mujer que lleva un pañuelo en la cabeza, amenazándola y llamándola "mujer de la limpieza". El desfile continúa hasta bien entrada la tarde. El número de asistentes sorprende incluso a los organizadores, que se ven obligados a desplazar las barreras móviles para dejar más espacio a los visitantes.

Un neonazi escupe a una fotógrafa, y otros la toman con una mujer que lleva un pañuelo en la cabeza, amenazándola y llamándola "mujer de la limpieza"

Las vallas cubiertas con plástico negro son un intento por ocultar de las miradas curiosas lo que sucede dentro del festival, aunque a nadie pasan desapercibidas las banderas con simbología del Tercer Reich que ondean por encima de las vallas.

En la entrada a la enorme tienda blanca que cubre el escenario, uno de los cientos de agentes de policía movilizados para el festival cachea a los asistentes en busca de armas. Incluso han traído un cañón de agua por si se produjera algún disturbio. El coste de todo este dispositivo de seguridad lo pagan todos los contribuyentes de Turingia. Los 6.000 asistentes al festival pagan 35 euros por entrada, lo que supone un beneficio para los organizadores de más de 200.000 euros solo en venta de entradas.

Vallas negras dispuestas para bloquear la vista a los periodistas

Desde nuestra posición en la calle, es difícil discernir con claridad la música, pero regularmente se oye a los asistentes cantar consignas elogiando a Rudolph Hess, segundo de Hitler, y el eslogan "Frei, Sozial und Nazional!" [Libre, socialista y nacional].

En un momento determinado, una de las pocas mujeres que asiste al festival, se encarama a la barrera y carga contra un fotógrafo, pero la policía interviene. "¡Tengo dos hijos y derecho a la privacidad!", grita mientras dos agentes se la llevan de allí.

Al otro lado de la calle, un hombre nos increpa diciendo que deberíamos dejar a los neonazis tranquilos. "A fin de cuentas, ¿qué podemos hacer al respecto?"

Desde su pequeño jardín, al otro lado de la calle, un hombre nos increpa diciendo que deberíamos dejar a los neonazis tranquilos. "A fin de cuentas, ¿qué podemos hacer al respecto?". Ese parece ser el sentimiento general que reina entre muchos de los vecinos, que creen que mientras que los asistentes no se muestren tan violentos como los manifestantes del G20 en Hamburgo, debería dejárseles que celebren su día y mañana será otro día.

La policía en el recinto del festival

Pero no es tan sencillo: el odio no parará cuando el festival se haya acabado. De hecho, el próximo sábado, 29 de julio, muchos de estos neonazis volverán para el Rock for Identity, un evento similar que también se celebra aquí y que el año pasado atrajo a 3.500 personas. Una de las bandas, Frontalkraft, actuará y cantará una de sus estrofas: " Black is the night, in which we attack / White are the men, who will win for Germany / Red is the blood on the concrete". [Negra es la noche en la que atacaremos / Blancos son los hombres que darán la victoria a Alemania / Roja es la sangre sobre el cemento].

Para cuando termina el festival, 46 personas han sido arrestadas por delitos de lesiones corporales, daños criminales, tenencia ilícita de armas y exhibición de símbolos prohibidos, como el saludo nazi que realizó en el escenario el miembro de una de las bandas.

La Alemania de 2017 no solo es ese lugar en el que se han legalizado el matrimonio homosexual y el cannabis, sino un lugar en el que se celebran también eventos como este. Ya de noche, conducimos a toda velocidad por la Autobahn, dejando atrás a miles de personas bajo aquella enorme tienda, con el brazo derecho alzado y gritando al unísono "¡Heil! ¡Heil! ¡Heil!".

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