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Estado Islámico

España en la ruta del tráfico de drogas que podría estar financiando a Estado Islámico

Por orden de la DEA, la policía española interceptó 24 millones de pastillas del opiáceo analgésico Tramadol en el puerto de Barcelona. El cargamento tenía como destino el puerto libio de Tobruk y su comercio podría estar financiando Estado Islámico.
13.6.16
Una caja de Tramol X, marca comercial de este opiáceo analgésico incautado en Barcelona. (Imagen vía Agencia Estatal de Administración Tributaria)

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En tiempos del segundo Califa del Islam, Umar, hijo de Al-Khattab, proclamó desde el púlpito del profeta que "jamr [vino en árabe antiguo] es lo que enturbia la mente". Esta discusión semántica aparentemente inocua tenía por objeto resolver si la ingesta de bebidas alcohólicas debía ser considerada o no pecado. Omar y otros tantos comentaristas del Corán lo tenían claro ya entonces: aquello que enturbia la conciencia debe ser proscrito por el Islam.

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Esta lectura de las enseñanzas del texto sagrado valía para el vino, y hoy es extensible a todo tipo de drogas. Pero en las guerras el pragmatismo se impone, y los que creen estar librando una guerra santa en nombre de la religión mahometana no son una excepción.

24 millones de pastillas del opiáceo analgésico Tramadol interceptadas por la policía española en el puerto de Barcelona podrían dar fe de ello.

La Agencia Antidroga Estadounidense, más conocida por DEA en sus siglas en inglés, alertó a finales de enero a las autoridades españolas de que un contenedor cargado con mantas procedente de la India y con destino al puerto libio de Tobruk podría llevar consigo una sorpresa.

Y así fue: tras las dos primeras filas de bultos había cajas que contenían 23.950.000 pastillas de Tramadol de la marca Tamol-X, con un valor en el mercado farmacéutico español de 2.865.000 euros, de acuerdo a fuentes de la Agencia Tributaria española consultadas por VICE News.

El opiáceo analgésico venía escondido entre mantas como estas. (Imagen vía Agencia Estatal de Administración Tributaria)

Una operación con idéntico país productor, destino y producto se llevó a cabo en los primeros días de junio en el concurrido puerto del Pireo, en Grecia.

26 millones de pastillas fabricadas en Nueva Delhi, la capital de India, hicieron escala en las instalaciones portuarias helenas antes de seguir su rumbo hacia el mismo puerto libio al que debía llegar la remesa española. También fue la DEA quien puso la unidad antidroga griega sobre la pista.

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En declaraciones a Reuters, Loukas Danabasis, director de la División de Narcóticos y Armas de la Unidad de Crímenes Financieros de Grecia, aseguró que la empresa compradora del Tramadol en Libia "habría estado bajo sospecha por tener relaciones con Estado Islámico".

Y lo cierto es que este grupo yihadista controla parte del territorio libio y sus tentáculos se extienden por toda la geografía. En España la incautación acabó en un juzgado de la Audiencia Nacional, competente en delitos de terrorismo. La autoridad tributaria cree que no hay responsabilidades españolas por estar las dos partes implicadas en India y Libia.

En India, de hecho, existe un importante vacío legal en la industria farmacéutica que permite que este tipo de productos acabe en el mercado negro.

España y Grecia no han sido los únicos países de la Unión Europea por los que este producto ha hecho ruta: también Malta fue pasaje de tres contenedores con el mismo origen y destino.

EXCLUSIVA: Cómo explosivos 'Marca España' pudieron acabar en manos de yihadistas sirios. Leer más aquí.

En Oriente Próximo y el Norte de África hay mucho mercado para este opioide. La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) alertó del consumo indebido de esta droga en los países comprendidos en la mencionada región. El Tramadol es muy accesible por su bajo precio, y no son pocos los jóvenes de países como Egipto que lo toman para evadirse de las escasas perspectivas de futuro y de la inestabilidad política.

En declaraciones a VICE News vía email, el agente de la DEA Russell Baer explicó que la creciente demanda de esta droga en estos rincones del mundo "supone una significativa amenaza a la seguridad en la región". Para él, "hay una preocupación creciente de que insurgentes y terroristas extranjeros estén explotando el tráfico de drogas como forma de financiar sus operaciones".

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Y el Tramadol es tan sólo uno de estos productos. Por poner un ejemplo, la caída de Alepo en manos de Estado Islámico a finales de 2013 resultó en la toma de una planta farmacéutica con capacidad para producir la metanfetamina Captagon. Esta droga es popular entre los combatientes porque sus efectos, parecidos a los del speed, les permiten luchar por más tiempo sin cansarse.

La investigadora en la London School of Economics y experta en financiación del terrorismo, Loretta Napoleoni, ilustra para este medio cuales son las rutas de distribución y los métodos con los que los yihadistas han levantado su pecaminoso negocio.

La droga llega de Indonesia, pero también de la ya mencionada Siria y de Irak, según ella. También de estos dos últimos países viene la heroína, además de Afganistán, donde los talibanes se lucran con su producción y venta posterior. Aunque Napoleoni tiene dudas sobre la manera como esta droga penetraría en territorio de la Unión Europea (UE).

"Yo creo que llega con los mismos traficantes de personas, porque hay un tráfico increíble", sugiere la investigadora, quien recuerda que en la ruta norteafricana existen varios territorios controlados por Estado Islámico. En el Sinaí un grupo proclamó su lealtad a la organización terrorista, y la región libia de Sirte también está en sus manos.

De acuerdo a sus indagaciones, es desde esta localidad costera donde la droga daría el salto hacia Italia. "Puede ser que de esa región vayan a España", concluye.

Estado Islámico podría estar financiándose introduciendo opiáceos a Libia desde Europa. Leer más aquí.

Detalle de la etiqueta en el Tramadol incautado en Malta. (Imagen vía Agencia Estatal de Administración Tributaria)

Este tráfico podría suponer una contradicción flagrante con las enseñanzas del Corán, tal y como constataban las primeras líneas de este artículo.

En favor de Estado Islámico se podría decir que el consumidor último de estas drogas son infieles, hecho que podría hasta ser considerado como una forma de librar su guerra por otros medios. Pero parece ser que sus propios combatientes las consumen para aguantar más horas en combate y ser más resistentes al dolor.

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Un miliciano español de las Unidades de Protección Popular Kurdas (YPG) que ha estado combatiendo en Siria durante varios meses confirma a VICE News el uso habitual de esta sustancia.

"En los cadáveres de milicianos de Estado Islámico y en las casas donde se alojan es muy habitual encontrar Tramadol y unas pastillas de colores que desconozco", detalla. "En muchas ocasiones los combatientes apresados argumentan que estaban drogados, aunque no sé si verdad o es una excusa que les aconsejan dar", indica él mismo.

En todo caso, y como así lo atestiguan los hallazgos en Barcelona y el Pireo, grupos autoproclamados musulmanes como Estado Islámico no tienen reparos en utilizar opiáceos, anfetaminas o lo que se tercie para conseguir sus fines.

Sigue a Quique Badia y a David Meseguer en Twitter: @qbadiamasoni y @davidmeseguer

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