​Fotos por el autor.
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día de muertos

“Seguramente los enterraron vivos": historias de terror de dos sepultureros de la CDMX

Hablamos con Alejandro y Eusebio, dos sepultureros que trabajan en el Panteón Civil de San Lorenzo Tezonco, ubicado en la alcaldía de Tláhuac, y esto fue lo que nos contaron.
31.10.18

Artículo publicado por VICE México.

Desde que éramos niños conocimos historias de terror a través de nuestros familiares mayores. Nos contaban leyendas que han perdurado con el paso de los años y que se han transmitido a lo largo de varias generaciones. La Llorona, las brujas, los seres demoníacos y los espíritus que deambulan en los hogares, eran las más comunes. Crecimos y muchos de nosotros experimentamos un suceso paranormal o algo fuera de toda lógica.

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Las películas de terror que vimos en nuestra infancia quizás aumentaron nuestros miedos en esa etapa o, por el contrario, nos enseñaron que todo tiene una explicación y que no hay nada que temer. Sin embargo, la cultura del miedo a lo desconocido sigue presente en nuestra sociedad y en las tradiciones de los mexicanos.



Hay muchas personas que conviven día a día con la muerte, esas que pasan su jornada laboral al lado de cadáveres. Son famosas las historias de los médicos que han visto a alguna mujer vestida de enfermera conocida como ‘La Planchada’ o de personas que deambulan en los pasillos de los hospitales y que desaparecen de un momento a otro.

Pero, ¿qué hay de las personas que trabajan en los panteones y caminan entre tumbas todo el tiempo, a veces completamente solos? ¿Qué han visto en sus guardias nocturnas? ¿Qué es lo más extraño que han presenciado? ¿Qué pasa al caer la noche cuando la oscuridad cubre el camposanto?

Hablamos con Alejandro y Eusebio, dos sepultureros que trabajan en el Panteón Civil de San Lorenzo Tezonco, ubicado en la alcaldía de Tláhuac, y esto fue lo que nos contaron.


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Lugar donde se apareció la dama de blanco.

La dama de blanco

Alejandro lleva 40 años de su vida entre tumbas, nichos, mausoleos y fosas comunes. Desde los 25 años comenzó a trabajar en este panteón. Su trabajo transcurría normal hasta que en 1985 presenció algo que lo impactó. Eran los días posteriores al sismo que devastó buena parte de la CDMX y muchos cuerpos llegaron a ese camposanto, era casi nuevo, había sido inaugurado a inicios de los años 70.

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Así que durante las 24 horas los enterradores se mantenían en activo, por las noches recibían cuerpos sin identificar y justo durante esa labor nocturna, cuando estaba completamente solo, el sepulturero se encontró con algo inexplicable: a unos 70 metros de él vio a una dama vestida de blanco, sabía que no era personal del lugar.

Trató de ahuyentarla y le tiró una piedra, pero ella no se movió, por el contrario siguió su camino flotando —no tenía pies—, la escena dejó helado al trabajador que afirma no ser el único que la ha visto.

Eusebio también ha presenciado el espectro de esa mujer. La vio vio junto con sus compañeros pasadas las seis de la tarde. Un día, después de su jornada decidieron tomarse unas cervezas en el camino que dirige a los nichos del panteón, un área bastante solitaria en una de las esquinas del enorme camposanto. Él y otros sepultureros vieron a la mujer que se desplazaba sin rastro de pies y flotaba entre los pasillos, justo en la misma zona que la vio Alejandro 30 años antes.


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Don Alejandro.

El misterioso visitante

En 2016 el personal administrativo del panteón se encontraba laborando más tarde de lo común por ser inicios de noviembre. Aquellos días terminaban su jornada ya caída la noche. Uno de esos días mientras alistaban todo para cerrar el recinto sucedió algo que los asustó bastante.

Pasadas las 8 de la noche dos secretarias del área administrativa le pidieron a un sepulturero que revisará los sanitarios porque un señor de traje color café había ingresado y aún no salía. Ellas ya querían irse a sus hogares y no deseaban batallar con las personas que se negaban a salir del lugar.

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Él obedeció y se dirigió a los baños, pero para asombro de los tres no había ningún hombre con tales características, por el contrario no estaba nadie más que el personal del panteón. Buscaron por varias partes y nada. Las puertas de los sanitarios estaban completamente cerradas. Las trabajadoras se apresuraron a guardar sus cosas e irse lo más rápido de ahí. Nunca volvieron a trabajar después de que se oculta el sol.


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El mausoleo de las risas

Las tumbas de los niños siempre buscan dejar de lado el luto y mostrar que en ese lugar yace un menor que aún tenía ganas de jugar y reír. Las familias les dejan dibujos de caricaturas, globos y juguetes para despedirlos.

Pero uno de los mausoleos es bastante peculiar. Está ubicada en el lote 14 y está diseñado como la habitación de un niño. En el lugar hay una cuna y otros juguetes. Los trabajadores asegura que varias ocasiones han escuchado las risas de un infante y el movimiento de los carritos y sonajas.

El menor fue enterrado hace unos siete años y varios enterradores ya se han acostumbrado a vivir con las risas y los sonidos de sus juguetes que salen del mausoleo convertido en un cuarto infantil.


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Las travesuras de la Santa Muerte

Eusebio lleva pocos años en el oficio como sepulturero. En el panteón lo conocen como ‘Chivigón’ y se dedica a fabricar cruces, jarrones, libros y decoraciones de criptas y mausoleos en el lugar. Explica que su labor es preparar el granito de mármol para adornar la última morada de los muertos.

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La temporada que más se ha asustado fue cuando le llegó una figura de la Santa Muerte para decorar las tumbas. En los días que la efigie lo acompañó en su taller se sentía a veces mucho frío y otras demasiado calor en el pequeño cuarto de trabajo.

Las herramientas con las que trabajaba se caían sin explicación alguna o cambiaban de lugar. “Los demás trabajadores y yo sentíamos bastante miedo, cuando colocamos la figura en la tumba las cosas paranormales dejaron de pasar”.


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Casco de la exhacienda.

El corcel solitario

Alejandro es nativo del lugar y cuenta que antes de que fuera el Panteón Civil de San Lorenzo Tezonco, el terreno era una hacienda de un español que gustaba de pasear en su caballo por los grandes campos del lugar. Cuando falleció y las tierras pasaron a manos del gobierno, varias personas vieron algo inexplicable.

Dicen que veían a un corcel cabalgando por el lugar pero sin jinete. Corría y desaparecía ante el asombro de los vecinos. El caballo atravesaba los maizales y se perdía entre los árboles, varias veces lo trataron de localizar pero nunca lo hallaron. Entre los habitantes del lugar la leyenda indica que antes de ser panteón, los espíritus ya habían ocupado el lugar.


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El fuego de las brujas

San Lorenzo Tezonco, fue uno de los últimos lugares en poblarse de la ciudad, aún conserva áreas rurales y uno de los sepultureros cuenta que hace algunos años cerca del actual panteón no había alumbrado público y la basura se depositaba en una zanja que colindaba con un sembradío de maíz. Un día, por flojera, espero hasta la noche para ir a tirar los desperdicios.

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“Pasé por los terrenos del panteón y entre la oscuridad vi caer bolas de fuego entre los maizales. Corrí a ver qué eran y vi a un grupo de personas que daban vueltas en círculos y se carcajeaban entre las tumbas”, relata.

Al otro día su abuela lo regañó y le prohibió ir a ese lugar pues se trataba de brujas. Años después recuerda la anécdota: “Te juro que las vi con mis propios ojos. Su risa era como de burla”.


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Rituales entre criptas

Pero no sólo los muertos asustan en este panteón, también los vivos. De los objetos más extraños que han encontrado los sepultureros en la tumbas, se encuentran muñecos de cera amarrados con listones —de manera popular estas figuras se asocian a los amarres amorosos que en ocasiones van acompañados de fotografías de parejas—, restos de cabello humano y frascos con un líquido que al romperse huele tan mal que pica la nariz y causa nauseas.

Los trabajadores del camposanto afirman que también han encontrado animales muertos, figuras de cera con alfileres e incluso cazuelas con sangre fresca que han sido abandonadas. “Pueden ser ritos satánicos, de brujos o de santeros. Nosotros los identificamos por su vestimenta desde que entran al panteón. Se persignan y hacen un breve ritual antes de entrar para pedirle permiso a las almas que yacen aquí”.

Sin embargo, unas de las cosas que más les asombra en los años que han trabajado en el lugar son los cuerpos que han sido encontrados boca abajo al abrir sus ataúdes. “Seguramente los enterraron vivos y en su afán de querer salir del entierro cambiaron su posición, pero el peso de la tierra y la falta de oxígeno los mató”.


Esas son algunas de las historias que nos contaron dos enterradores que trabajan con cráneos, huesos y cadáveres para sobrevivir, pero te dejamos un plus:

El monstruo emplumado

Los fantasmas y las actividades paranormales no son exclusivas del panteón. Alejandro cuenta que fuera de su lugar de trabajo es donde recibió uno de los mayores sustos de su vida.

Hace algunos años, un día por la noche, su nieta pequeña y los bebés de sus vecinos comenzaron a llorar de repente, como si estuvieran sincronizados o como si se hubieran puesto de acuerdo a pesar de estar separados por medio de muros.

Se asomó por la venta y vio un animal emplumado bastante grande, “no era una ave, parecía un monstruo que me retaba con su mirada. Salí, le dije bastantes groserías y cuando me dispuse a atacarlo emprendió el vuelo huyendo del lugar. Justo en ese momento los niños dejaron de llorar.

Los vecinos aseguraron que se trataba de una bruja que quería robarse a los niños, así que en varias casas tuvieron que poner tijeras abiertas en la puerta para alejarla y proteger a los menores.