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Hablamos con Giorgio Jackson, el joven de 28 años que ha revolucionado la política chilena

Emergente del movimiento estudiantil de 2011, el joven ingeniero es el dirigente mejor valorado de Chile a fuerza de un discurso de más igualdad, transparencia y democracia directa.
26.1.16
Imagen vía Facebook
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Ante más de 150.000 indignados, Giorgio Jackson recibía una ovación por su encendido discurso en contra del desigual sistema educativo chileno. Corría el 2011 y por entonces era solo un estudiante de ingeniería de 24 años que, junto a otros jóvenes activistas, hacían tambalear al gobierno del ex presidente Sebastián Piñera.

Cinco años después, Jackson mantiene la costumbre. A los 28, sigue denunciando injusticias desde su banca de congresista y en la actualidad es el político mejor valorado de Chile.

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Así lo refleja una reciente encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), uno de los sondeos más prestigiosos de la coyuntura del país sudamericano, que ubica al fundador del partido Revolución Democrática por encima de políticos de peso como Ricardo Lagos, Isabel Allende Bussi, José Miguel Insulza o el propio Piñera.

"Esto refleja que la sociedad en Chile está muy desencantada con la política", sostiene en diálogo con VICE News el joven dirigente. Y agrega con algo de pudor: "Sabes como dicen, en el país de los ciegos, el tuerto es rey".

Referente del masivo movimiento estudiantil que se reveló contra un estado que financiaba solo el 25 por ciento del sistema educativo y dejaba al mercado y a los bancos la suerte a la mayoría de los alumnos, aún reprueba la gestión de la presidente Michelle Bachelet y asegura: "Aquí el 1 por ciento de la población se lleva más del 30 por ciento de lo que generamos. La desigualdad es insostenible y va corrompiendo la democracia".

La nueva Constitución de Bachelet se enfrenta a serios obstáculos en Chile. Leer más aquí. 

VICE News: ¿Cómo surge tu partido, Revolución Democrática?
Giorgio Jackson: Todo esto nace después del movimiento estudiantil allá por 2011. Gatillado por las ideas y por la forma de un proceso de movilización social que aquí en Chile, y en todo el mundo, fueron muy importantes. Aquí ese movimiento cambió radicalmente la agenda de la discusión política y fue así como un grupo de los que participábamos de la dirigencia estudiantil y de otros espacios de la sociedad civil decidimos dar el salto a la disputa política.

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¿Se dieron cuenta de que con las manifestaciones no alcanzaba?
Claro. Nos dimos cuenta que solo con las movilizaciones, de las que fuimos parte y nos sentimos orgullos de ello, no se iban a conseguir los cambios y que teníamos que disputar el poder político. No es fácil construir una organización política pero para llevar apenas cuatro años hemos ido profundizando nuestra ideología y sumando gente que tiene el mismo diagnóstico de la política y quiere participar.

Ustedes denuncian que el sistema político chileno pone barreras a la creación de nuevos partidos. ¿Cómo es eso?
Los partidos tradicionales que se constituyeron hace ya un buen tiempo no tuvieron que cumplir las mismas exigencias que intentan imponer hoy. No es un reclamo corporativo, no es que nosotros queramos tener mejores condiciones; es simplemente que para que una democracia pueda tener mejores alternativas y se pueda desafiar a los que están en el poder, tienen que existir mecanismos para canalizar las inquietudes de la gente. Creemos que es una enfermedad el hecho de que no haya cambios en el sistema político y que no emerjan fuerzas nuevas.

¿Esta resistencia al cambio tiene que ver con razones estructurales o es una forma manifiesta de defensa, casi un miedo por parte de los partidos tradicionales?
Yo diría que se interpreta más como un miedo. No lo encuentro otra explicación. Lo que necesitamos en una sociedad cada vez más dinámica es la posibilidad de que las instituciones puedan canalizar institucionalmente esa capacidad de la gente de organizarse gracias a la híper conectividad actual. Pretender que partidos que tienen lógica del siglo XIX, o incluso del siglo XX, quieran monopolizar la representación popular es simplemente poner una bomba de tiempo. Una bomba de tiempo para que la gente sencillamente deje de ir a votar, más de lo que ya lo ha hecho aquí en Chile. Es una bandera que tomamos porque de lo contrario caeremos en los mismos vicios de corrupción que se vienen sufriendo en toda Latinoamérica.

Giorgio Jackson durante uno de sus coloquios en plena calle. (Imagen vía Facebook)

¿Qué se siente ser hoy el político con mejor imagen, superando a las figuras de peso de la política chilena?
Creo que refleja que la sociedad en Chile está muy desencantada con la política. Hay un problema estructural. Y cómo dicen, en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Miro esas cifras con humildad y entiendo que se valora el trabajo que venimos haciendo en temas de transparencia, de reforma educacional y de derechos sociales. Lo que nos queda por delante como generación es lograr reactualizar el concepto de sociedad en común, muy desvirtuado por el trauma que sufrió Chile en la dictadura y que perdura como una herencia ideológica e institucional.

De cualquier forma, la Constitución en Chile solo permite ser presidente a los mayores de 35 años.
Ser presidente es algo que no se me cruza por la cabeza todavía. Llego dos años en la Legislatura y sería arrogante pensar que estoy preparado para algo así. Honestamente me siento muy joven. Sí me parece una contradicción el poder votar pero no poder ser votado. Es decir que alguien de 18 a 35 años no pueda presentarse a ser electo me hace ruido. A futuro, me encantaría que en Revolución Democrática podamos presentar una alternativa, pero no tengo porqué ser yo, puede ser otro.

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A casi cinco años, del llamado 'invierno chileno', ¿cómo ves en perspectiva esa movilización estudiantil?
Yo diría que estamos a mitad de camino. Lo que se impulsó en 2011 fue un cambio de paradigma en materia educacional. En Chile estuvo muy en boga durante mucho tiempo la idea de que la educación es un bien de consumo y que cada persona se tiene que valer de sus propios medios para educarse. Eso generó mucho endeudamiento en los jóvenes y el surgimiento de muchas instituciones privadas con pocas garantías. Creo que en la educación básica y media hemos logrado avances notables para que sea gratuita para casi el 95% de los estudiantes. Ahora bien, garantizar ese derecho en la educación superior es un desafío importante.

'Lo que nos queda por delante como generación es lograr reactualizar el concepto de sociedad en común, muy desvirtuado por el trauma que sufrió Chile en la dictadura y que perdura como una herencia ideológica e institucional'.

¿Qué calificación le pondrías al sistema educativo chileno actual?
Muy mala. Todavía reprobamos el examen. Después de varias reformas estamos acercándonos a una nota digna. Todavía se mantiene la desigualdad y la segregación en el sistema. Hay que mirar un poco más allá y no ser autocomplaciente con los logros o las medidas que se anuncian. Por ejemplo, con el tema de la gratuidad se implementó este año una ley express pero no estuvo acompañada de una discusión apropiada con las propias instituciones sobre los derechos de los jóvenes.

Chile reabre el caso de los dos jóvenes quemados vivos durante la dictadura de Pinochet. Leer más a aquí. 

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¿Cuál es tu balance del gobierno de Michelle Bachelet a dos años de su regreso a la presidencia?
Creo que el gobierno ha perdido mucha fuerza. Regresó con un impulso reformista en pos de la igualdad que se ha visto mermado por errores técnicos y políticos por un lado pero también por escándalos de corrupción, como el del mismo hijo de la presidenta. A eso se suma la constatación de los empresarios como poder fáctico que quiere impedir la redistribución del poder y de las oportunidades en Chile.

Eso último explica que, a pesar del desarrollo económico que exhibe Chile, se mantenga una fuerte desigualdad.
Exacto. Chile es uno de los países más desiguales de la región. Y eso que nuestra región es de las más desiguales del mundo. Aquí el 1 por ciento de la población se lleva más del 30 por ciento de lo que generamos. Esa lógica es insostenible y va corrompiendo la democracia.

En los últimas semanas miles de chilenos se convocaron mediante las redes sociales para boicotear a los grandes supermercados. Más allá del episodio puntual, ¿qué rol están jugando las nuevas tecnologías en tu país?
Es un fenómeno interesante y que hay que analizar con detalle. Revela que hay gérmenes de organización entre tan rabia dispersa. En Chile, producto de la concentración de la riqueza, explotaron distintos escándalos de colusión de precios en productos como remedios, pollos, papel higiénico y ahora con los supermercados. Esto llevó a que la ciudadanía convocara por las redes sociales a una especie de boicot que hizo caer casi un 10% las ventas de los grandes supermercados. Las tecnologías nos pueden servir para presionar con fuerza a los empresarios que han abusado tantas veces de nuestros intereses.

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¿Cuántos eslabones faltan entre ese germen de rabia organizada y un cambio real para la sociedad?
Hay mucha distancia institucional todavía. La acción colectiva no debe estar limitada solamente a los temas que nos afecten en el corto plazo, como el aumento de precios en un bien. Necesitamos instalar que la discusión política nos pertenece a todos y que tarde o temprano la política afecta el bienestar de todos, como conjunto e individualmente. Por otro lado, no existe la capacidad en nuestra sociedad para soportar el flujo de interacción que supone una democracia directa, una democracia más participativa. No hay estructura para eso ni tampoco la voluntad política de escuchar las demandas de los ciudadanos espontáneamente empoderados.

¿Qué opinión te merece el recambio generacional que se produjo en España y la aparición de nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos?
Es súper interesante. Seguimos mucho las estrategias de estos nuevos partidos. Creo que las nuevas instituciones pueden contribuir al cambio cultural que empuje hacia una democracia más directa. También agrupaciones como el Partido Pirata de Alemania, o el Partido de la Red, en Argentina, son demostraciones de que se puede distribuir el poder de manera más horizontal.

¿Cómo te imaginas de aquí a diez años? Estarías recién llegando a la crisis de los 40.
En diez años espero estar tocando alguna canción del Flaco Spinetta en la armónica, ¡porque me acabo de comprar una y no la sé tocar! Eso y estar desde algún lado empujando por la igualdad y la democracia.

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