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comunicación

Por qué discutir por WhatsApp da tanto asco

Todos hemos respondido con un 'OK', con puntos al final de las frases o con un 'no voy a hablar de esto por aquí' más de una vez y tenemos la respuesta de expertos a por qué discutir así es una mierda.

por Ana Iris Simón; ilustración de Aina Carrillo
04 Junio 2018, 4:00am

Discutir por WhatsApp es una mierda, eso es un hecho empírico. Todos lo hemos podido comprobar alguna vez a lo largo de nuestra vida. Pero es una de esas mierdas que no podemos dejar de hacer, como esperar al último momento para pillar el abono de un festival, petarse granos o llamar a Deliveroo cuando está lloviendo a sabiendas de que hay alguien muy mal pagado que se mojará mucho para que el resto tengamos una apacible resaca.

Discutir por WhatsApp es, como todas las anteriores, una de esas mierdas que solo te planteas cuando ya la has hecho y que te hacen incluso reflexionar sobre tu calidad como persona, sobre tu condición de ser racional. ¿Qué persona cabal haría scroll durante cinco minutos solo para llegar a la frase concreta que le ha molestado y responder citándola —¿fue esa nueva función, la de elegir un mensaje concreto al que responder, creada ad hoc para las luchas dialécticas en la aplicación?— ¿Qué ser que actúe de acuerdo a la lógica zanjaría un malentendido con otro ser con uno o varios emojis, con un "OK" o, lo que es peor, con un GIF con estrellitas que diga "OK"?


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Pues la mayoría de nosotros. Todos nos hemos enzarzado alguna vez en una de esas discusiones interminables por WhatsApp que acaban siendo absurdas y desesperantes. Todos hemos repasado y repasado lo que dice el otro para encontrarle la pega, todos hemos contado segundos que el interlocutor se pasa "Escribiendo..." desde el otro lado del teléfono, todos hemos dicho (y a todos nos han dicho) eso de "no voy a discutir más por aquí" y aun así no hemos / han podido parar.

Para encontrarle el por qué a estos bucles dialécticos online y saber qué los diferencia de las discusiones cara a cara, que suelen ser menos traumáticas, contacto con la psicóloga y psicoterapeuta Inés Bárcenas.

"Nuestro interlocutor se está perdiendo muchísimas claves para interpretar nuestros mensajes: el tono y la modulación de nuestra voz, nuestra postura, nuestros gestos, nuestras reacciones..."

"Lo que distingue a una conversación y, por lo tanto, a una discusión cara a cara de una discusión por WhatsApp es, principalmente, la comunicación no verbal. En la segunda no existe. Cuando hablamos por WhatsApp estamos empleando solamente un canal de comunicación, el escrito, y generalmente lo asimilamos al oral. Creemos que son idénticos, que da lo mismo hablar cara a cara que por una aplicación online, olvidándonos así de la importancia de la comunicación no verbal", comenta Inés.

"También ocurre que por WhatsApp se genera un estilo de comunicación artificial. Damos por sentado que la persona está procesando, captando la información que le transmitimos y empatizando como si estuviésemos cara a cara", continúa. "Pero eso es imposible. Nuestro interlocutor se está perdiendo muchísimas claves para interpretar nuestros mensajes: el tono y la modulación de nuestra voz, nuestra postura, nuestros gestos, nuestras reacciones... y todo eso es, precisamente, lo que le da claves para responder o entender los matices de lo que estamos tratando de explicar".

"Cuanto mayor sea el vacío de significado, más vamos a proyectar y más interpretaciones erróneas vamos a hacer de los mensajes"

Parece obvio: discutir por WhatsApp no es igual que discutir cara a cara porque no estamos frente al otro. Porque no sabemos si está poniendo cara de pena o de rabia cuando le soltamos un improperio ni en qué tono nos responde. Y sin embargo, muchas veces lo pasamos por alto.

No reparamos en que, como apunta la psicóloga, "cuando estamos discutiendo a través de un aparato y solo tenemos un texto, que deja tantos vacíos de significado, lo que hacemos es proyectar, rellenar esos vacíos a nuestro gusto. Esto genera una situación probablemente más caótica y problemática de lo que es en realidad.

Hacemos las atribuciones de sentido que nos da la gana en esos vacíos de sentido derivados de la ausencia de comunicación no verbal. Y muchas veces lo hacemos basándonos en conflictos del pasado, porque es la manera que tenemos de organizar y entender nuestro presente. Así, cuanta mayor incertidumbre, cuanto mayor sea el vacío de significado, más vamos a proyectar y más interpretaciones erróneas vamos a hacer de los mensajes", añade.

Y esas atribuciones totalmente libres de sentido, esas consideraciones basadas en la nada con las que uno rellena la ausencia de comunicación no verbal en las conversaciones de WhatsApp son, precisamente, las culpables de que se hagan interminables.

"En efecto, seguimos escribiendo y escribiendo porque no tenemos esas claves no verbales y afectivas de la otra persona. Muchas veces nos olvidamos incluso de que el que está al otro lado es nuestra pareja o nuestro amigo y vamos creando un monstruo", afirma Inés.

Otro de los problemas asociados a la comunicación no verbal y otras de las causas por las que, cuando hablamos por WhatsApp, nos convertimos en la peor versión de nosotros mismos es la inmediatez. "Los pensamientos y las emociones no son inmediatos y requieren de un tiempo de reposo, de maduración, de ser observados y analizados", comenta la psicóloga.

"Y lo que percibo en mis pacientes y en general es que cada vez somos más impulsivos, probablemente por culpa del 'aquí y ahora' al que nos han acostumbrado las redes e internet. Sentimos algo y lo soltamos sin esperar, sin darnos tiempo a madurar esa sensación. Tenemos mucha necesidad de que el resto nos entiendan, pero cada día invertimos menos tiempo en entendernos a nosotros mismos".

"Pensamos que si nuestra pareja o alguien de nuestro entorno no nos responde o tarda en responder es que está frío, es que algo no va bien"

La solución al problema de las conversaciones de mierda por WhatsApp pasa entonces por concedernos tiempo para pensar y por saber distinguir entre la realidad offline y la online, entre lo analógico, y lo digital. Inés percibe en consulta cómo, cada vez más, WhatsApp se convierte en una especia de factor de evaluación de las relaciones.

"Pensamos que si nuestra pareja o alguien de nuestro entorno no nos responde o tarda en responder es que está frío, es que algo no va bien. Ahí de nuevo hacemos atribuciones que no siempre son correctas, no valoramos que quizá nuestros interlocutores están ocupados, cansados o, simplemente, no tienen el móvil cerca", comenta.

Cuando esto sucede, igual que cuando nos liamos a discutir por WhatsApp sin poder parar, cometiendo faltas de ortografía, mezclando emojis con insultos y con "OK" y poniendo puntos al final de las frases (porque eso es algo que se hace mucho cuando uno discute por WhatsApp, poner puntos al final de las frases) lo mejor es, según la psicóloga, dejar a un lado el móvil y esperar.

"Tenemos que identificar nuestras propias emociones antes de escribir impulsivamente, darnos unos minutos para reflexionar acerca de las sensaciones que estamos experimentando"

"Lo que yo recomiendo es que cuando sintamos que queremos descargar la rabia, cuando estemos enfadados con alguien y experimentemos el impulso de decírselo inmediatamente, paremos. Que nos observemos a nosotros mismos, nuestro propio cuerpo y nos hagamos preguntas. ¿Qué estoy sintiendo, cómo se siente mi cuerpo? Tenemos que identificar nuestras propias emociones antes de escribir impulsivamente, darnos unos minutos para reflexionar acerca de las sensaciones que estamos experimentando. Y después, llamar a esa persona y quedar con ella. No asumir nunca que una conversación cara a cara, con miradas, con gestos, con posturas y tonos de voz va a ser igual que un intercambio de reproches escritos desordenadamente".

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