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ESPAÑA

Jóvenes españoles se enfrentan a 26 años de cárcel por repoblar una aldea

6 jóvenes se sientan hoy en el banquillo por okupar Fraguas (Guadalajara), una aldea expropiada por Franco en 1968.

por Ana Iris Simón
25 Mayo 2018, 4:17am

Todas las fotos vía Colectivo Fraguas 

"Para los nuevos habitantes de Fraguas: a ver si vosotros recuperáis la historia de nuevo de este pueblo, aunque algunas instituciones, tanto militares como religiosas, hayan tratado de destruirla y hasta el gobierno quiere venderlo (FINCA PRIVADA PROHIBIDO EL PASO). Quiero recordaros que tratéis con cariño y el respeto que se merecen esas piedras que hoy están muertas y caídas entre las zarzas y la maleza y que en otros tiempos tuvieron vida y formaron parte de las historias de esas gentes que tanto lucharon por la vida y tantas calamidades pasaron. Un cordial saludo, Isidro Moreno García".

Así arranca "Recuerdos de Fraguas", un escrito en el que Isidro, que nació y vivió en este pueblo de Guadalajara, narra la historia del municipio. Se lo dedica a los nuevos inquilinos, un grupo de jóvenes que, en 2013, decidieron repoblar esta aldea de la serranía alcarreña, expropiada en 1968 y abandonada desde entonces. El 25 de mayo, cinco años después de iniciar aquel proyecto, seis de los que decidieron luchar contra la despoblación rural se sentarán en el banquillo.

La Fiscalía pide hasta 26 años de prisión para ellos (cuatro años y seis meses para cada uno), que fueron denunciados por la Junta de Castilla La Mancha por delitos medioambientales al ubicarse el terreno de la aldea en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara.

Jóvenes desescombrando en Fraguas. Colectivo Fraguas

Isabel es una de las denunciadas. Forma parte del Colectivo Fraguas desde su fundación y, cuando le pregunto que cómo se encuentra a un día del juicio me responde que enfadada. "En ningún momento se ha llegado a encontrar una situación de diálogo o de comunicación activa en la que se pudiera buscar una solución o simplemente una escucha de nuestro planteamiento como modelo del pueblo de Fraguas. Además, siempre nos avisaban de que podían multarnos por la vía administrativa, nunca por la judicial", dice.

"La Junta nos dice que estamos en un Parque Natural y por eso es inviable nuestro proyecto. Lo que argumentaremos nosotros en el juicio es que ellos mismos han dado luz verde a proyectos de características similares"

"Al final simplemente han descartado la vía por la que nosotras queríamos trabajar, que era la autogestionada, y no han querido ni siquiera escucharnos, ni entendernos ni dedicarnos un rato. Directamente lo han llevado por lo judicial. Dudo siquiera que hayan leído el anteproyecto de cesión que les proponíamos, en el que las condiciones eran compatibles con las del Parque Natural y el monte: respeto del medio ambiente, recuperación de las casas abandonadas, generar huertas o espacios naturales..."

Antiguos y nuevos vecinos en el pueblo. Colectivo Fraguas

Jaime, otro de los repobladores, argumenta que hay proyectos similares en el mismo Parque Natural que tuvieron luz verde. "La Junta nos dice que estamos en un Parque Natural y por eso es inviable nuestro proyecto. Lo que argumentaremos nosotros en el juicio es que ellos mismos han dado luz verde a proyectos de características similares, como Matallana, otro pueblo repoblado que se encuentra este mismo parque. Su proyecto empezó como una usurpación del terreno y después consiguieron las cesiones pertinentes. Nosotros aspirábamos un poco a lo mismo, la idea no es vivir de piratas y hacer lo que nos de la gana, la idea nunca ha sido esa. También hay otro proyecto similar cerca, Umbralejo, un pueblo que el Estado reconstruyó, por eso no entendemos nada".

El Estado fue también quien decretó la expropiación de Fraguas, en el año 68, durante la dictadura franquista. Sus habitantes se vieron obligados a abandonar esta aldea entre montañas porque el Gobierno de entonces quería transformar el municipio en un monte de utilidad pública. A cada uno de sus lugareños se le asignó una propina de tres millones de pesetas a cambio. La reforestación para después obtener madera y la construcción de las infraestructuras hidráulicas fueron las auténticas razones.

La huerta de Fraguas. Colectivo Fraguas

Ahí comenzó el abandono y la decadencia del pueblo. Por eso las piedras que antes eran casas estaban, como dice Isidro, el antiguo vecino de la localidad, enterradas entre maleza y zarzas. Hasta que, en 2013, un grupo de jóvenes decidieron volver a convertirlo en un hogar.

"En 2013 empezamos a juntarnos un par de grupos de chavales con la inquietud de desarrollar un proyecto y el objetivo de llevar una vida enfocada a la autosuficiencia. Nos apetecía mucho el hecho de recuperar una aldea, así que elaboramos un proyecto de cesión y lo presentamos en la Junta de Castilla La Mancha. Nos lo denegaron".

Guadalajara es la tercera provincia más despoblada de España. Entre Soria, Guadalajara y Teruel se conforma una región apodada 'La Laponia del sur', porque tiene la misma densidad de población que el polo norte

"Una de nuestras principales inquietudes era tomar parte contra la despoblación rural. El intento de regularizar el proyecto con la Junta se produjo porque pensábamos que iban a verlo con buenos ojos. Guadalajara es la tercera provincia más despoblada de España. Entre Soria, Guadalajara y Teruel se conforma una región apodada 'La Laponia del sur', porque tiene la misma densidad de población que el polo norte. Por eso pensamos que era el mejor lugar para iniciar un proyecto de estas características", cuenta Jaime.

El interior de la casa común, Casa Cándida. Colectivo Fraguas

Isidro, que se vio obligado a dejar la localidad con 18 años pero que volvió cuando el Colectivo Fraguas empezó las labores de rehabilitación no está de acuerdo con la decisión de la Junta de denunciar al Colectivo Fraguas, que ha abierto una petición en Change.org para apoyar su causa. "Estos chicos no están haciendo nada malo. Al contrario, están haciendo algo bueno. Están devolviendo la vida a un pueblo que fue expropiado. Cuando los que vivíamos allí y fuimos expulsados regresábamos solo sentíamos desolación hasta que llegaron ellos a devolverle la vida. Para nosotros es un orgullo lo que están haciendo, y una injusticia que tengan que ir a juicio por ello", opina.

"Cuando nos visitan antiguos vecinos miran un poco maravillados lo que estamos haciendo", dice Jaime. "Durante algunos paseos hemos acabado incluso llorando. Ellos se emocionan y, claro, a nosotros también se nos acaban saltando las lágrimas. Algunos han nacido allí directamente, ni siquiera en un hospital cercano. Y eso es a nivel emocional muy intenso".

"De casi todos los pueblecitos de alrededor han venido vecinos a apoyarnos. Algunos vinieron con tractores incluso a ararnos las tierras, estaban muy motivados con el proyecto"

Isidro ayudó a Jaime y al resto de nuevos habitantes de Fraguas en la reconstrucción del pueblo. Como él, antiguos pobladores y vecinos de pueblos aledaños no dejan de visitarles para contribuir a las labores de reconstrucción, de cuidado de la tierra o de reforestación que llevan a cabo cada día.

Uno de los edificios del pueblo, antes de ser reconstruido. Colectivo Fraguas

"De casi todos los pueblecitos de alrededor han venido vecinos a apoyarnos. Algunos vinieron con tractores incluso a ararnos las tierras, estaban muy motivados con el proyecto. El alcalde de Campillo de Ranas, un pueblo cercano, manifestó abiertamente en un comunicado en las fiestas del pueblo que había que venir a apoyarnos. El de Arbancón, que es del PP, ha dicho que a lo mejor no son los mejores cauces, pero que hay que combatir la despoblación sea como sea", comenta Jaime. "De momento somos el municipio de Guadalajara y no sé si de Castilla La Mancha con la media de edad más baja. Y eso es futuro, eso es esperanza así que genera empatía, por eso nos hemos sentido muy respaldados", comenta Jaime.

"No tiene sentido que nos preocupemos por la despoblación del campo y que cuando un grupo de jóvenes quiere irse allí no solo no les dejemos sino que les castiguemos por ello. Además, para los que vivíamos allí es una alegría que lo hagan", lamenta Isidro. Y se despide diciendo que, si no tuviera que hacer tareas en Alcalá de Henares, donde vive desde que fue expulsado de Fraguas junto a su familia, iría al juicio para seguir apoyándoles.

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