Así es la campaña de Marichuy para las elecciones de 2018
La vocera del CIG, María de Jesús Patricio, al frente de la marcha contra megaproyectos en el Valle de Tehuacán, Puebla. Fotos por Daliri Oropeza
El número de Otro menos

Así es la campaña de Marichuy para las elecciones de 2018

Esta mujer indígena reta frontalmente al machismo y al racismo de México. La acompaña una propuesta colectiva anticapitalista y no llama a votar o no votar, sino a organizarse.
23.1.18

Este artículo apareció en el número "Otro menos" de la revista VICE. Puedes leerla completa AQUÍ.

María de Jesús Patricio, mejor conocida como Marichuy avanza siempre tomada de los brazos de otras mujeres. Entre tambores, toques de caracol y flores; desde los Altos de Chiapas hasta las islas de Ciudad Universitaria, la médica tradicional que aspira a una candidatura presidencial en 2018 es acogida por dos de los sectores más silenciados: las mujeres y los pueblos indígenas.

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La idea de decenas de pueblos originarios de lanzar una candidatura por primera vez en la historia del país se dio a conocer en octubre del 2016, pero es hasta octubre del 2017 que la mujer designada por el Congreso Nacional Indígena (CNI) para llevar la voz de cientos de comunidades recorre, a ras de suelo, las periferias de la Ciudad de México, las serranías de Veracruz y la zona de los volcanes de Puebla: lugares azotados por la violencia y el despojo.

Marichuy, recalca:
“No es una persona, somos un grupo. Vamos a caminar al estilo de los pueblos indígenas, con apoyo de las gentes, de nuestras comunidades. Así como se hacen las fiestas en las comunidades, como nos organizamos para recibir a alguien, para recibir el cargo, así lo vamos a hacer”, dijo frente al INE en lo que fue quizás su primer acto público como aspirante a una candidatura independiente presidencial.

De acuerdo con el manifiesto Que retiemble en sus centros la tierra, los motivos profundos de este recorrido son “desmontar desde abajo el poder” y “construir la paz y la justicia rehilándonos desde abajo”.

Si bien el caminar de Marichuy puede tener resonancias en otras experiencias como las candidaturas de la activista Rosario Ibarra de Piedra en los ochenta o la Otra Campaña del 2006, este esfuerzo es inédito por diversas características. Marichuy es una persona de origen náhuatl que reta frontalmente el machismo y el racismo de México; la acompaña una marcada propuesta colectiva anticapitalista; además, Marichuy no llama a votar o no votar, sino a organizarse.

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El CNI, la organización que impulsa su candidatura y de donde surgen más de una centena de concejales para crear una institucionalidad distinta en México, fue creada a iniciativa del Ejército Zapatista de Liberación Nacional entre 1996 y 1997, durante las negociaciones de los Acuerdos de San Andrés.

En estos acuerdos, el Estado mexicano se comprometía a respetar la autonomía política y los derechos territoriales indígenas. Marichuy fue quien leyó la declaración política de fundación del CNI el 11 de octubre de 1996. En 2001, le tocó hablar junto a la Comandanta Ramona en el Congreso mexicano. Su designación no es algo improvisado.

Después del incumplimiento de los acuerdos de San Andrés, los rebeldes se lanzan a crear autonomía en sus propios espacios. Por ejemplo, la Otra Campaña en 2006 tomó un cáliz de campaña paralela con agenda distinta a la de los partidos y con el propósito de crear un nuevo constituyente. El esfuerzo fue desmoronado por la represión ordenada por Enrique Peña Nieto en el pueblo mexiquense de Atenco en mayo de aquel año.

Por ello, la propuesta zapatista de que una mujer indígena contendiera para las presidenciales diez años después tomó por sorpresa a muchos.

“Cayó como un balde de agua fría”, me dijo Marichuy en su pueblo, Tuxpan, ubicado en el sur de Jalisco. Habla sobre la asamblea de octubre del 2016 en la que decidieron emprender esta iniciativa: “Habíamos dicho que por esa vía no, pero los zapatistas la propusieron y al final no le vimos otra forma para organizarnos”.

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En sí, esta es una propuesta nueva, pero basada en las formas de construir gobierno que los pueblos indígenas han ejercido siempre. La idea cobró cuerpo en el El Concejo Indígena de Gobierno, constituido en Chiapas en mayo del 2017.

Algo totalmente inédito de este esfuerzo es que Marichuy es la primer aspirante a una candidatura de este país que no llama a votar por ella. A diferencia de los candidatos profesionales que buscan cargos, la médica tradicional pareciera no anhelar un puesto, sino cumplir con el mandato dado: “la asamblea te propone y hay que acatar lo que dispuso la asamblea”.

El Concejo Indígena de Gobierno junto con Marichuy en Chiapas, al inicio del recorrido por el país para recoger la palabra de los pueblos

Pasos rebeldes
A unos minutos de San Andrés, el caracol zapatista de Oventic está a reventar. Es 19 de octubre de 2017 y miles de bases de apoyo insurgentes recibieron a la que insisten en llamar vocera para diferenciarla de las demás candidaturas, pero también para marcar la raigambre comunitaria de la iniciativa.

Así, una serie de mujeres con pasamontañas hacen fila con bastones de mando y con listones de colores. Su labor es conducir a su vocera hacia el estrado entre el lodo y la niebla. Ya ahí, la palabra de Marichuy es acompañada de la voz de una mujer tsotsil, superviviente de Acteal, de una madre de hijo desaparecido integrante del Comité Eureka, y de una comandanta del EZLN:

“Que nuestra palabra nos lleve, porque es verdadera, que el mundo sepa”, “que la vocera lleve la voz de los 43 y 30 mil desaparecidos más”, “nosotras las zapatistas decimos que como mujeres sufrimos la triple opresión porque somos explotadas, humilladas, maltratadas y no tomadas en cuenta por ser mujeres, por ser indígenas y por ser pobres”.

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Sin embargo, la candidatura de María de Jesús ha evidenciado a los sectores más recalcitrantes de México. Desde la institucionalidad progresista hasta la derecha, incluidas las redes sociales, aparecen comentarios como el siguiente: “¿Quién es #Marichuy y por qué no está haciendo pozole?”

Pero el racismo mexicano no sólo se ha evidenciado de palabra. Un banco, HSBC, se negó abrir una cuenta de banco necesaria para el trámite. Y un racismo aún más profundo es aquel que tiene que ver con la propia institucionalidad electoral, pues el Instituto Nacional Electoral (INE) determinó que los candidatos independientes deberán registrar más de 800 mil apoyos de alguna manera que todavía hoy no queda clara; la forma de recolectar estos registros es electrónica con celulares de gama media que cuestan, como mínimo, cinco mil pesos. O sea, a la mitad de la población le costaría un mes de salario comprar un celular para realizar los registros.

El registro de Marichuy necesitaba de la creación de una asociación civil. Renombrados músicos, investigadores sociales, escritores, entre otros respaldaron a Marichuy y crearon la organización “Llegó la hora del florecimiento de los pueblos”.

El escritor Juan Villoro es parte de este grupo. En una conferencia de prensa en la Ciudad de México, resaltó que el país tiene una “democracia de máquinas, pero que no funcionan”. Y recalcó que la aplicación, además de tener fallas para el registro, muestra un profundo racismo: “El acceso ciudadano se diseñó con una tecnología que excluye a los indígenas”, escribió en una crónica de la revista Proceso llamada “Marichuy, una vocera surgida de la tierra”.

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La asistencia a los recorridos del Concejo Indígena de Gobierno varía. En algunos casos llenan asambleas y en otros apenas juntan unos puñados de personas. De igual manera comparten la palabra. Transcurre el tiempo y los apoyos no levantan. Las primeras semanas, Marichuy iba en tercer lugar de recolección de firmas, debajo de los políticos profesionales, Margarita Zavala y Jaime Rodríguez “El Bronco”. Sin embargo, a finales de noviembre la recolección de firmas para el proyecto del Concejo Indígena de Gobierno cayó a 63 mil 441 apoyos recibidos, un 7.1%.

Comandancia del EZLN despide a Marichuy del Caracol III La Garrucha, durante el recorrido del CIG por los Municipios Autónomos de Chiapas

Acuerpar en el camino
El humo y el copal suben en la Facultad de Ingeniería de la máxima casa de estudios de México. Marichuy llega el 28 de noviembre con otras concejalas a realizar un acto al lado de una caseta telefónica que se ha convertido en el sitio focal de la indignación de la Universidad Nacional Autónoma de México. Allí fue asesinada Lesvy Berlín Osorio, joven por la cual han resonado exigencias de justicia por todo el país. La madre de Lesvy , Araceli Osorio, lanza un duro mensaje a la s mujeres desde este lugar, pero también a los hombres: “Que nuestros compañeros sean eso. Los queremos a un lado con su ternura y su armonía, no enfrente, no haciéndonos daño”.

Con ella tomada del brazo de Marichuy, inicia una marcha en la que las mujeres hacen valla, se encargan de la seguridad, la música, la organización. Es a las mujeres a quienes Marichuy hace resonar en la Ciudad de México. Después de que caminara entre cientos de estudiantes por el circuito de Ciudad Universitaria, otros miles la reciben en las famosas islas. Sí, son miles. Los diarios resaltan los números de asistencia, pero no de recaudación de firmas. The Huffington Post publica una crónica titulada: “Marichuy en CU: la utopía anticapitalista que no se hará realidad en 2018”, en el que reitera la baja captación de firmas.

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Sin embargo, las alianzas y escuchas que teje Marichuy son el centro del esfuerzo. A estas alturas, ese gran dolor de los feminicidios no toca a ninguno de los demás candidatos a la presidencia, independientes o no, en ningún lado se mira un abrazo, cercanía o escucha a las familias de las más de 200 mil personas asesinadas en México desde que el ex presidente Felipe Calderón declaró una guerra contra el narcotráfico en 2006.

Dos días antes de que Marichuy visitara CU, fue a Ciudad Nezahualcóyotl. Ahí dijo: “Vivas nos queremos, como viva está nuestra madre, la tierra”.

“Nos queremos sin miedo, porque es el momento de cambiar lo que somos como mujeres, los tejidos que nos unen como familias, como pueblos originarios y como sociedades de la ciudad”.

A su lado, las voces de vecinas y vecinos expresan problemas de agua, territorio, educación, vivienda y feminicidios. Frente a tres enormes cruces rosas que las familias de víctimas han colocado frente al Palacio Municipal de Neza, las concejalas, con su vocera al frente, intercambian impresiones con Lidia Florencio, madre de Diana, víctima de feminicidio en Chimalhuacán. Si alguien se acercó a esta candidatura además de los pueblos originarios, son las familias de quienes ahora están ausentes y no se les ha hecho justicia.

Para curar en el andar
El pueblo de María de Jesús Patricio es un lugar de clima templado desde donde se puede ver el paso veloz de la densa niebla bajo las montañas. El sur de Jalisco, es un Jalisco indígena, el mismo que Rulfo describía como un lugar en el que el tiempo es remolino y la palabra se convierte en jirones de viento. De este lugar cercano al Llano en llamas y donde la tierra no da “ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada”, brota una propuesta para curar y abrazar a México.

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Este es un lugar de caciques, pero también de luchas profundas. La cuna de Rulfo enfrenta la proliferación de empresas aguacateras, de invernaderos y el uso indiscriminado de cañones antigranizo.

Desde hace 22 años, la labor fundamental de Marichuy consiste en curar a la población de diversos males. Aprendió de las mujeres mayores de su familia, pero ahora ejerce desde la casa Calli Tecolhuacateca Tochan, donde otras mujeres han quedado encargadas de seguir con su trabajo mientras su compañera recorre el país.

La médica tradicional me dice que si antes las personas se enfermaban del estómago o de gripe, ahora comienzan a padecer diabetes y cáncer, quizás por los efecto de los químicos de los invernaderos.

Esta noche, la luna presenta un halo profundo. La médica tradicional culmina la primera parte de su campaña en su propio pueblo. Es tres de diciembre. El CIG tiene hasta febrero para recolectar las firmas necesarias para que Marichuy aparezca en la boleta. Sobre la campaña, Marichuy me dijo: “Nos está ganando el tiempo, pero en el camino se va a ir clarificando. Entre todos. Es un trabajo colectivo”.

Pero aquí lo importante es que la médica tradicional, quien lleva de aquí para allá la voz de los “de abajo”, reciba el abrazo de su comunidad. Con flores en el cuello, vestida de blanco y negro, al modo de las mujeres de su pueblo, explica a Tuxpan: “Esa vocería recayó en mi persona”. Los asistentes le aplauden. Se le corta la voz. Continúa: “Esto no es de aquí al 2018, es para después. Una fuerte organización para las comunidades”.

Como respuesta, a micrófono abierto, mujeres que comparten lo rasgos de la vocera de los pueblos indígenas, dicen:

“Yo conocí a Marichuy muy joven”….“Que reciba estas palabras de aliento en su casa”….“No la vamos a dejar”.

Cuando Marichuy baja del estrado, entre palabras como “Chuy” y “comadre”, las mujeres de Tuxpan se le entregan en un abrazo colectivo.