Marca España

Una tarde en la única escuela de tauromaquia de Catalunya

“Es como tener una mano en el infierno y otra en el cielo. Impacta y tienes miedo, pero cuando dominas al animal, es como tocar el cielo"

por Jordi Llorca; fotografías de Laura Gómez
21 Diciembre 2017, 5:00am

Para la mayoría de jóvenes catalanes, el mundo del toro es un vestigio de una tradición erradicada sin pensar si quiera que pueda existir una escuela taurina en el área metropolitana de Barcelona. Pues ni mucho menos.

Porque desde que el 28 de julio de 2010 en el Parlament se aceptara la Iniciativa Legislativa Popular para prohibir los toros a nivel autonómico, y desde que, definitivamente, entrara en vigor dicha ley el 1 de julio de 2012, en Catalunya no se han vuelto a ver corridas de toros.


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Pero la tauromaquia convive entre nosotros mucho más presente de lo que nos pensamos. Más mermada, obviamente, pero existente, al fin y al cabo. Muestra de ello es la Escuela de Tauromaquia de Cataluña: el único sitio donde te enseñan a torear dentro de las fronteras autonómicas.

“Somos un milagro”, me explica Manuel Salmerón, director de la escuela. Una anomalía cultural que reniega al olvido para formar a todo aquel que sienta curiosidad por el mundo del toreo.

“Ahora mismo entrenan seis alumnos, aunque unos se van y otros vienen. No hay afluencia como en otras escuelas fuera de Catalunya" — Carlos Pérez, entrenador

Me desplazo hasta el número 57 de la Avenida Carmen Amaya, un campo de fútbol en el barrio obrero de El Gornal en L’Hospitalet de Llobregat, y en seguida observo que la escuela es bastante humilde. Unos barracones frente al campo de césped artificial, un bar de esos que rifan un jamón en la media parte y un espacio de arena del tamaño de un cuadrilátero de fútbol 7 con porterías antiguas y limitado por unas rejas algo oxidadas. Es ahí donde entrenan.

Carlos, el entrenador que combina su taxi con ser banderillero

Son las 16:30 y me recibe Carlos Pérez, taxista y banderillero, que ejerce de entrenador desde hace cuatro años. Lo primero que me confiesa es la dificultad que tienen para que los más jóvenes se interesen por el mundo del toro. “Ahora mismo entrenan seis alumnos, aunque unos se van y otros vienen. No hay afluencia como en otras escuelas fuera de Catalunya que tienen quince o veinte. Aquí es muy complicado”.

Antes de entrar en materia, hablo con él sobre la existencia de esta singularidad y de cómo subsisten en un ambiente tan contrariado como el actual. La escuela se inauguró en 1999 y ha dado cobijo a más de 300 alumnos en todos estos años. No reciben ningún tipo de subvención pública, únicamente el ayuntamiento les permite estar allí.

El almacén es un vestuario del barracón

El panorama cambió desde que se prohibieron los toros. Tuvieron que buscarse las castañas para organizar novilladas fuera de Catalunya y el lugar escogido fue Nimes, al sur de Francia, que a la postre se hermanarían para convertirse en la Escuela de Tauromaquia Nimes-Cataluña. ¿Por qué no Aragón o País Valenciano?, le pregunto a Carlos.

“Porque ellos tienen ya sus escuelas y son independientes. Cada una se busca la vida como puede, como si fueran equipos de fútbol diferentes. A veces sí que recibes apoyo de otros sitios de España, pero normalmente son favores por favores, y claro, nosotros sin toros aquí, no podemos devolverlos”.

“Quien nos ayuda es el maestro José Tomás. Con esa contribución económica cubrimos los gastos para los viajes porque los chicos no pagan absolutamente nada" — Manuel Salmerón, director

La treta ante esta situación es ir al país vecino. Van alrededor de 25 veces al año con los alumnos más avanzados porque allí tampoco sobran aprendices, aunque solo en el sur de Francia hay más de mil plazas. “Vamos a tentar a Nimes —torear con becerras en pequeñas plazas de ganadería—y hacemos un sube y baja el mismo día”. Son 300 kilómetros para que esos jóvenes cumplan el inicio de un sueño.

Los pocos fondos les exigen mimar el material

Pero, ¿de dónde sacan los pocos fondos que necesitan? Si hacemos cuentas, tenemos sueldos, material y costes de cada uno de los viajes. Vayamos por partes. En cuanto a los sueldos de los entrenadores, director y demás, tiene fácil explicación: no existen. Quien ayuda lo hace sin cobrar ni un solo euro. El material lo han ido heredando o lo han comprado con los pocos fondos que reciben, que, a su vez, sirven para pagar esos viajes en coche a Francia o a otras ganaderías de España. Es un proyecto totalmente altruista.

“Quien nos ayuda es el maestro José Tomás. Con esa contribución económica cubrimos los gastos para los viajes porque los chicos no pagan absolutamente nada. El día que no tengamos ayuda, podremos venir a entrenar, pero sin ir a torear. De todas maneras, el consejo que les doy cuando comienzan en serio es que se vayan de aquí si realmente se quieren dedicar a ello”, explica el entrenador.

Cristian y su abuelo reparan una de las carretillas

Pocos alumnos y pocos fondos en una escuela de toreo sin toros. No es muy difícil pensar que su devenir quede en entredicho. El director piensa que su futuro dependerá en gran parte de si se vuelven a ver toros en la Monumental para acercar la lidia a los niños.

“Se podría celebrar después de que el Tribunal Constitucional anulara la prohibición en Catalunya, pero entiendo que el dueño de la plaza —el Grupo Balaña, propietario de diversos teatros y cines en Barcelona— esté asustado. No sé lo que tiene que pagar de IBI, pero no creo que se lo perdonen. Ahora en la Monumental hacen actos, aunque no muchos. Se ha hablado de que pueden convertir la plaza en una mezquita, aunque tanto el interior como la fachada están protegidos a nivel estatal”.

“Ahora estamos como en una ‘prisión’, pero Barcelona ha sido la ciudad más importante del mundo en referencia al toro" — Manuel Salmerón, director

Es un poco contradictorio, porque la familia Balaña amasó su fortuna gracias, en gran parte, a las recaudaciones de las plazas de toros de las Arenas y la Monumental. No olvidemos que Barcelona gozó en el pasado de una gran tradición taurina, al igual que en el resto de Catalunya. Actualmente todavía podemos ver correbous en algunas localidades, pero nunca sangre.

Víctor calentando con el capote

Manuel narra una realidad que todavía perdura para todo aquel aficionado a la tauromaquia en Catalunya. “Ahora estamos como en una ‘prisión’, pero Barcelona ha sido la ciudad más importante del mundo en referencia al toro. Hasta no hace mucho, de hecho. En los 70 y 80 había más toros que en Madrid, y fue la única ciudad con tres grandes plazas de toros —la tercera era el Torín, situada en la Barceloneta y derribada en 1944—. Actualmente hay cinco peñas junto a UTYAC que organizamos viajes por España, excursiones y eventos aquí en Barcelona”. Sí, ni se esconden ni reniegan de su pasión.

"Son 20 minutos de sufrimiento frente a 4 o 5 años que viven como reyes. El ganado para el consumo, al contrario, en siete u ocho meses lo engordan y al matadero” — Manuel Salmerón, director

Me veo obligado a plantearle la famosa pregunta a profesores y alumnos. ¿Qué piensan sobre los que dicen que es maltrato animal? Por lo que escucho, todos anteponen la tradición y el arte a los 20 minutos de sufrimiento del toro. Intentan relativizar.

“Ese animal es sumamente especial. Al día siguiente de nacer, ya te quiere envestir. Si no existiera este festejo, seguramente se extinguiría porque es carísimo de mantener. Necesitan mucho espacio, que solo lo dan las ganaderías, que los crían mejor que en libertad. Son 20 minutos de sufrimiento frente a 4 o 5 años que viven como reyes. El ganado para el consumo, al contrario, en siete u ocho meses lo engordan y al matadero”, expone Manuel, que entiende que exista gente que lo vea mal, aunque solo pide que se les trate con respeto.

Entrenan justo al lado de un campo de fútbol

Volviendo a la escuela, mientras siguen con la esperanza de que vuelvan a haber corridas, seguirán enseñando a todo aquel que se presente cada martes y jueves. Son las 17:00 y el entrenamiento debe comenzar, pero solo veo a un par de chavales que arreglan uno de los carros. Carlos me guía al vestuario donde guardan el material y me enseña esas carretas en forma de toro: dos para torear y dos para banderillas. Además, cuentan con muletas y capotes de distintos tamaños para que los aprendices no deban gastarse dinero al comenzar.

“De momento solo han venido dos alumnos habituales y un chiquillo de 8 años que es su primer día”. ¿Siempre vienen tan pocos?, le pregunto a Carlos. Me cuenta que como es época de exámenes es normal que falte más gente, además de que suelen venir de lejos, como Vilafranca del Penedès o Sant Cugat. Por eso deben ser algo flexibles porque los estudios son siempre lo primero, aunque me enfatiza que todo aquel que aspire a ganarse la vida con el toreo, debe entrenar todos los días para tener una remota posibilidad.

Cristian con el capote

Los dos chicos llevan el material a la parcela de arena anexa al campo de fútbol y el entrenamiento da el pistoletazo de salida mientras Carlos enseña las primeas directrices al jovencísimo aspirante: David Martín, de 8 años. Hablo con sus padres para que me expliquen cómo es que han traído a su pequeño hasta L’Hospitalet para que empiece tan joven.

"Lo primero que dijo cuando los cumplió fue ‘Papá, ya tengo 8 años y me puedes llevar a la escuela taurina’” — David Martín, padre de alumno

“En el pueblo le comenzó a llamar la atención hace dos años viendo los encierros, y este verano comenzó a decir que quería ser torero. En casa le regalaron el capote sus abuelos y él solo con la tablet buscaba vídeos de toreo”. Todos de pequeños soñamos con ser astronauta, futbolista o científico, pues este pequeño quiere ser torero donde está prohibido. Mira oye, al menos que lo pruebe.

El jovencísimo David en su primer entreno

“Yo soy antitaurina y mi hija también”, me confiesa la madre. “Pensábamos que se le pasaría, pero no ha sido así. Al contrario. Le dijimos que cuando cumpliera los 8 años lo hablaríamos, para que pasara tiempo y se olvidara, pero lo primero que dijo cuando los cumplió fue ‘Papá, ya tengo 8 años y me puedes llevar a la escuela taurina’”. Un caso bastante particular, aunque cometan que a todo aquel que se lo cuentan se sorprenden gratamente.

“Un día en Cubelles sacaron una becerrilla cuando tenía 7 años para que los más jóvenes. Instintivamente agarré la muleta, me fui directo y le pegué tres muletazos” — Cristian Pérez, alumno

Ya ha anochecido y en el campo de fútbol entrena algún equipo local. Una verja separa la afición y el deporte más aceptado de España frente al más marginado o mal visto, al menos en Catalunya. Qué ironía. Cristian y Víctor, los otros dos alumnos, dan capotazos al aire para calentar mientras el entrenador les corrige y les exige sin parar. Ya me había avisado de que tenía que ser estricto.

En esas dos horas de entreno no practican fondo físico, sino la técnica. Luego tienen que salir a correr una hora al día por su cuenta y endurecer el cuerpo para estar en plena forma. En un alarde de curiosidad, agarro una montura de las ligeras y alucino con el peso. Entiendo gran parte del porqué a tanto ejercicio físico, además de que te jugarás tu vida delante de un animal de 500 kilos deseando matarte.

La técnica es fundamental para acercar o alejar al toro

Me acerco a Cristian Pérez, de 14 años, y charlamos sobre su afición. Comenzó gracias a su abuelo que le acercó a ese mundo desde bien pequeño, aunque supo que quería probar suerte en el toreo después de un peculiar suceso: “Un día en Cubelles sacaron una becerrilla cuando tenía 7 años para los más jóvenes. Instintivamente agarré la muleta, me fui directo y le pegué tres muletazos”. Al año siguiente se apuntó a la escuela y desde entonces ha seguido su entrenamiento, que está viendo sus frutos ya que le llaman de novilladas de otras partes de España.

"No lo puedo comparar con nada. He hecho durante mucho tiempo submarinismo, pero no se acerca ni por asomo” — Víctor Checa, alumno

Confiesa que ha practicado otros deportes, como el fútbol, pero jamás ha experimentado esa adrenalina como al ponerse frente una becerra o novillo. Intento que me explique esa sensación Víctor Checa, el otro alumno de 16 años, y su respuesta me fascina por su metáfora:

“Es como tener una mano en el infierno y otra en el cielo. Impacta y tienes miedo, pero cuando dominas al animal, es como tocar el cielo. No lo puedo comparar con nada. He hecho durante mucho tiempo submarinismo, pero no se acerca ni por asomo”.

Un capotazo de Víctor

Víctor se crió en el seno de una familia taurina, pero fue hace un par o tres de años cuando sintió esa particular llamada. Lleva unos meses en la escuela y desde que se despierta solo piensa en torear, lo que le ha pasado factura, no solo con algún amigo, sino también con algún enredo amoroso.

“He tenido un poco de todo. Amigos que me la han montado y los que te entienden porque es lo que tú quieres en tu vida. También estuve con una chica que no quería que torease, pero esto no es como el fútbol, que juegas un partido de vez en cuando. Yo me levanto y pienso en el toreo. No vale ahora sí y ahora no. Tienes que mantenerte firme y sacrificarte muchas veces”.

Víctor poniendo las banderillas

Faltan unos treinta minutos para que acabe el entrenamiento y han practicado los capotazos y banderillas con las carretas. Como es normal, se les ve felices haciendo lo que más les gusta, mientras su semblante y su cuerpo se expresan con las peculiaridades de los toreros que puedes ver por televisión.

Pero además de ellos tres, no sé si la escuela ha dado novilleros o banderilleros profesionales. Manuel Salmerón, el director, enfatiza sobre el gran éxito que cosechan pese a los pocos recursos. “Han salido más novilleros profesionales que muchas otras escuelas del país que cuentan con plaza de toros. Actualmente Kevin es el aspirante que entrenamos con más proyección”.

La carretilla de las banderillas

Kevin, o Manuel de Reyes, su nombre artístico en homenaje a su abuelo, no ha podido venir porque trabajaba. A sus 22 años, compagina las plazas de toros con su trabajo porque es un mundo demasiado difícil como para subsistir solo toreando. En una de sus últimas corridas acaparó un gran éxito cortando dos orejas y salió aupado por la puerta grande, así que charlo con él sobre ese triunfo por teléfono.

“No sabía si había matado al toro. Me enteré en el hospital de su muerte y sentí satisfacción. Prefiero la cornada sabiendo que lo maté, a no tener cornada y que el animal viva" — Manuel de Reyes, joven torero

“A raíz de las dos orejas en Valencia llegas a casa y reflexionas. Pensaba que se iban a arreglar unos 5 o 10 festejos, qué menos. No ha sido así. Es muy complejo porque hay mucha gente que paga por torear. Tú solo puedes entrenar y sacrificarte. Siempre he pensado que cuando menos oportunidades de me ofrezcan, las tengo que aprovechar mejor que los demás. No hay otra. Ser torero tiene que ser eso, jugarte la vida”.

Entrenan con un estoque que no está afilado para practicar la postura

Me sorprende la claridad y seguridad de sus palabras hablando de la vida y la muerte frente al toro. Hace poco recibió una cornada en la axila cuando entró a matar, de la que todavía se está recuperando. “No sabía si había matado al toro. Me enteré en el hospital de su muerte y sentí satisfacción. Prefiero la cornada sabiendo que lo maté, a no tener cornada y que el animal viva. Sería una frustración. Al fin y al cabo, me cogió él a mí y le cogí yo a él, y gané yo. Es un duelo, una pelea a muerte”.

Son las 19:00 y el entreno ha llegado a su fin. No sé si el futuro les premiará con corridas en Barcelona o no, pero tengo claro que ellos seguirán a regañadientes y con ilusión por enhebrarse una oportunidad dentro del toreo. Al fin y al cabo, desde bien pequeños nos dicen que luchemos por nuestros sueños, ¿verdad?