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Así viven el sexo las personas con diversidad funcional

Las mujeres discapacitadas se encuentran con una doble discriminación: por ser mujeres y por tener discapacidad. Hablamos con una asistente sexual y una mujer que sufre diversidad funcional.

por Anita Botwin
22 Febrero 2016, 1:00pm

Ilustración de Mar Estrama

Sexo y discapacidad: doble tabú. Para las personas con discapacidad, el sexo y la educación sexual siguen siendo un punto ciego. Las personas con diversidad funcional son consideradas asexuales, lisitos por abajo como la Barbie y el Ken , como escribió en su momento Pablo Echenique. La gente se incomoda al ver a las personas con discapacidad expresar su sexualidad, porque la percepción es que no son personas perfectas ni normativas.

Algunas personas afectadas hablan del sinsentido de sentirse incompleto al no poder vivir su sexualidad. Si te ayudan a vestirte, a limpiarte, a las tareas del hogar, en caso de tener asistente personal, ¿por qué no te enseñan o ayudan a practicar sexo? Es necesario que se hable de educación sexual a todos los niveles, y eso incluye hablar de las personas diversas también.

En España viven 2,5 millones de personas con discapacidad, según el Imserso. La realidad es que muchas personas con diversidad funcional tienen que asumir que no van a vivir la sexualidad. De ahí surge la figura del asistente sexual, para ayudar a las personas con discapacidad a vivir una vida plena.

En cuanto a esta figura no existe un quórum. La asistencia sexual, explica Soledad Arnau, con diversidad funcional física de nacimiento y activista del movimiento de vida independiente, es una figura híbrida de la figura laboral de asistente personal y de las figuras laborales que trabajan en torno al sexo. Soledad no cree que haya que fabricar prostitución especial para personas consideradas especiales, por tanto cree que no debe existir una relación sexual entre ambas partes. "Yo no creo que haya que follar con el asistente. Yo no me puedo masturbar por mí misma y lo que necesito es a alguien que me ayude a hacerlo. También a realizar autoerotismo, masturbación, cibersexo. Yo lo que quiero es vivir mi sexualidad".

Por su parte, María –nombre ficticio– y asistente sexual, cuenta que hay dos tipos de asistencia o acompañamiento íntimo: "en la que hay participación de la intimidad de la persona que asiste y en la que no, que entonces se podría ver como una asistencia personal aplicada a la sexualidad".

Las personas que trabajan como asistentes sexuales tienen perfiles variopintos: desde trabajadoras sexuales, informáticas, médicas, psicólogas, desempleadas, amas de casa.... María considera que hay algo en común en todas ellas y es el hecho de tener una sensibilidad especial, una mente muy libre y muy limpia de prejuicios. "También ayuda el tener contacto previo con el mundo de la diversidad funcional, porque es ahí cuando realmente entiendes el problema", explica.

Si te ayudan a vestirte, a limpiarte, a las tareas del hogar, ¿por qué no te enseñan o ayudan a practicar sexo?

Pero ¿qué es la sexualidad? ¿Es la penetración, la genitalidad, el kamasutra, el porno de internet? Es algo tan diverso como lo somos las personas. Lo cierto es que sí puede haber sexo sin genitalidad y hay corporalidades que invitan a otros tipos de sexualidad.

Soledad Arnau considera que para poder desarrollar una vida sexual en términos de igualdad, "es fundamental que una persona pueda vivir de manera digna disponiendo de apoyos humanos, asistentes personales, para llevar una vida activa y estar incluida en la comunidad".

María explica que la sexualidad "es algo innato en cualquier ser humano, está en nuestros genes y es totalmente necesaria para la perpetuación de la especie. Es una parte más de nuestra vida y forma parte de nuestro desarrollo como personas". Una persona sin ningún problema empieza esta fase en la pubertad, generalmente descubriendo las sensaciones sexuales en solitario y en la adolescencia empezamos a buscar pareja con quien compartir estas experiencias. "Eso es lo habitual", comenta. "Pero cuando alguien es ciego, va en silla de ruedas o habla mal, lo normal es que si alguien le mira no sea para invitarle a cenar, por desgracia. De esta forma, hay una parte en esas personas que no se llega a desarrollar y eso genera falta de autoestima e inseguridades".

Por otro lado, puede darse que una persona adquiera una discapacidad en algún momento de su vida. En ese caso su rehabilitación pasa por varias esferas como la fisioterapia, la logopedia... "¿Por qué no una readaptación a la vida sexual y a las capacidades en el plano íntimo?", se pregunta María.

En el caso de las mujeres es aún más complejo ya que se encuentran con una doble discriminación: por ser mujeres y por tener discapacidad. Soledad Arnau explica que las mujeres con diversidad funcional se encuentran en situación mucho más desventajosas que los varones, con lo cual, "a nosotras apenas se nos promueve que llevemos una vida activa sexualmente". Al igual que la población en general, las mujeres con diversidad funcional tienen menos oportunidades laborales y, por tanto, "menor solvencia económica, mayor dependencia económica y emocional de las personas familiares de nuestro entorno, mayor probabilidad de sufrir violencia de género... Todo ello, dificulta seriamente la posibilidad de una madurez individual y psicosexual", expone.

Luego está el aspecto del amor romántico, que no habla de mujeres en sillas de ruedas, por lo tanto comenta Soledad, "a ti, el príncipe azul nunca te va a llegar". El feminismo más ortodoxo, denuncia, "no identifica la realidad de las mujeres con diversidad funcional como un asunto que también le incumbe. Eso, significa que los temas de género no llegan a las vidas de las mujeres con diversidad funcional". A día de hoy, los ginecólogos aconsejan a Soledad que no mantenga relaciones sexuales... para evitar un posible embarazo. "Pero no hay motivos médicos para que me aconsejen eso", lamenta.

María habla de que hay quien acude a la prostitución, pero otra mucha gente no busca el mismo servicio que ofrecen las prostitutas, ya que no consiguen a nadie que quiera atenderlos o no pueden pagarlo. En España hay varias organizaciones que se dedican a difundir y defender la sexualidad de los discapacitados. Un ejemplo de ello es Tandem Team, una organización sin ánimo de lucro que sirve de enlace entre usuarios y asistentes sexuales.

En el acompañamiento íntimo generalmente se establece un acuerdo económico entre ambas partes, que suele ser más bajo que en el caso de la prostitución. En otros casos se realiza de manera voluntaria sin intercambio monetario.

Las sesiones suelen acordarse previamente. Se concerta una cita para charlar en persona y en la mayoría de los casos para hablar también con algún familiar, en su casa o en algún sitio tranquilo. Aquí es donde se acuerdan los términos de la relación, lo que busca la persona y lo que la acompañante esté dispuesta a dar de sí misma. "También puede ocurrir que después de la entrevista previa no haya feeling entre las dos personas y decidan no seguir adelante. Es muy importante sentirse a gusto", dice María.

Cada asistente tiene sus límites y si el asistido quiere hacer algo que el acompañante no hace o negocian y llegan a un acuerdo satisfactorio para los dos o intentan buscar a otra persona que se adapte mejor a sus necesidades.

"En algunos casos hago role playing", cuenta María, consistente en "imaginar que nos hemos conocido la semana anterior en un bar y tenemos una primera cita para romper el hielo antes del encuentro íntimo".

¿En qué consisten los encuentros o sesiones? Van desde las caricias, los besos, cuerpos desnudos tocándose, hasta la penetración y el sexo anal

Carlos, –nombre ficticio– es asistido sexualmente. Sufre una discapacidad ósea en los huesos, lo que comúnmente se conoce como huesos de cristal. Explica que antes de tener un encuentro con una asistente tenía sentimientos inertes. Al tener su primer encuentro para él "fue un subidón de testosterona, se avivó algo en mí que antes estaba muerto. Ahora estoy más vivo", asegura.

María explica que se da una situación emocional muy intensa en estos encuentros: "sobre todo la sonrisa después de que una persona haya tenido un orgasmo por primera vez en su vida, las palabras de agradecimiento, las sensaciones compartidas". A María le han llegado a decir que les ha cambiado la vida con sólo atenderles un día. "El aumento de la autoestima y la seguridad y el quitarse miedos a la propia relación sexual, es el cambio más evidente que yo he notado en todos los hombres a los que he atendido". Carlos coincide y asegura que las sesiones fueron para él un trampolín para ayudarle a estar más tranquilo y seguro consigo mismo. "A veces sólo es el empujón que necesitan para vivir menos acomplejados y ser capaces de intentar ligar con las personas que les resultan interesantes", cuenta María.

¿En qué consisten los encuentros o sesiones? Carlos comenta que van desde las caricias, los besos, cuerpos desnudos tocándose, hasta la penetración y el sexo anal. Todo depende de lo que se esté buscando y del tipo de discapacidad que se tenga.

María lanza una cuestión interesante en cuanto a este tipo de encuentros: la mayoría de la gente piensa que este servicio sólo es aplicable a personas con diversidad funcional pero, ¿no somos todos diversos? "También he atendido a algún chico con disfunción sexual, problemas para relacionarse con el sexo opuesto o alteraciones en los genitales, y aparentemente nadie hubiera dicho que ellos eran personas con discapacidad".

Después de todo las personas nacemos sexuadas y por lo tanto la sexualidad es una necesidad básica a cubrir para sentirnos plenos y saludables. Queda demostrado que no somos ni Barbie ni Ken, y quizá sea el momento de vivir nuestra sexualidad fuera del armario, lejos de los estereotipos y de lo normativo.