chico tumbado en una cama
Foto por Ryan Pfluger 
Salud Mental

Seis fotógrafos que usan la cámara como terapia contra la depresión

Una nueva plataforma funciona como una sesión de terapia grupal que siempre está accesible.
26 Octubre 2018, 3:45am

Aunque el clásico estereotipo del "artista loco" puede ser tan falso como el del "artista muerto de hambre", la lucha contra la depresión sí ha surgido en las obras de muchos artistas y fotógrafos a lo largo de la historia. Vincent Van Gogh, Diane Arbus, y Francesca Woodman son solo tres ejemplos de artistas cuyo trabajo se empapó del reflejo de sus demonios internos.

Para Tara Wray la fotografía se convirtió en una forma de lidiar con eso, y su libro Too Tired for Sunshine (Demasiado cansada para la luz del sol), publicado por Yoffy Press a principios de este año, fue una especie de manta terapéutica, un pastiche de los altibajos de su vida, un vehículo para mantenerla a flote en sus momentos más difíciles.


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No solo recibió un ovación por parte de la crítica, sino también de otros fotógrafos que se identificaron con su creativa vía de escape para sobrellevar los momentos más oscuros de la vida. Una mujer contactó con Wray a través de Instagram y le dijo que empezar a utilizar una cámara le salvó la vida. "Ella empezó a hacer fotos nada más salir de un hospital psiquiátrico", dice Wray. "Afirmó que usarla le enseñó una forma de estar presente en el mundo y también le sirvió de amortiguador, para sentirse segura. Supe en ese instante que las personas estaban compartiendo cosas muy reales, y que estábamos ante algo poderoso".

Wray lanzó hace poco The Too Tired Project, una página web interactiva, una cuenta de Instagram, y un hashtag (@tootiredproject y #tootiredproject) que funcionan como una sesión de terapia grupal que siempre está accesible. Próximamente también publicará un libro que contará las historias de otros fotógrafos y su trabajo relacionado con la salud mental.

Al haber luchado contra esto en mi propia vida y en mi trabajo, decidí retratar a seis fotógrafos que contribuyen con el proyecto y abordan estos trastornos desde diferentes ángulos. Algunos de ellos crean obras para describir su depresión, mientras otros usan la fotografía como su propia cura para sobrellevar el día a día, o, como Wray, ofrecen una combinación ilimitada de ambas opciones.

Arielle Bobb Willis

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© Arielle Bobb Willis © Arielle Bobb Willis

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© Arielle Bobb Willis

Arielle Bobb Willis, de Nueva York, ha luchado contra la depresión desde muy pequeña. Desde su adolescencia ha usado su cámara como una herramienta para afrontarla. Sus fotografías —brillantes, audaces, y coloridas— no son lo que uno esperaría de un tipo de trabajo que lidia con la depresión. Ella describe su brillante paleta —como un tratamiento con luz para el Trastorno Afectivo Estacional— como "una petición de poder y alegría en los momentos de tristeza, confusión o aislamiento".

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© Arielle Bobb Willis

Willis ha desarrollado su propio código para capturar las múltiples capas de la vida, extrayendo referencias de los cuadros clásicos del siglo XX de Jacob Lawrence, así como elementos muy estilizados de la fotografía de moda contemporánea. Los cuerpos, normalmente con las cabezas cubiertas u obstruidos por franjas de colores primarios —en ocasiones con ropa muy ancha—, adoptan formas esculturales. Willis trabaja con tres o más modelos a la vez y los hace abrazarse, retorcerse y fusionarse en un solo ser. En ocasiones, rota una imagen 90 o 180 grados, aumentando la sensación de caos colorido y dismórfico. "Creo que eso se puede ver en las fotos", dice Willis, "la tensión entre mis periodos de depresión y la forma en que intento traer más color a mi vida".

Las localizaciones varían de callejones urbanos a azoteas, jardines, y escenarios más rurales a lo largo de la Costa Este, reuniendo no solo los lugares en los que ha vivido —Nueva York, Carolina del Sur y Nueva Orleans— sino también la carga metafórica y sin rumbo que supone estar en múltiples estados emocionales en un momento dado.

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© Arielle Bobb Willis

Leah Freed

En los últimos años, Leah Freed, de Seattle, ha estado utilizando técnicas tradicionales y alternativas con carretes y químicos de cuarto oscuro para entender mejor y sobrellevar su lucha diaria con la ansiedad y la depresión. Sus imágenes son abstractas, texturizadas y oscuras. Visualizan la "sensación" de gravedad incapacitante de la depresión existencial.

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Leah Freed Breath Study 12

La reciente exposición de la tesis de Freed, Feeling Bad About Feeling Good About Feeling Bad (Sentirse mal por sentirse bien por sentirse mal), presentada en el Photographic Center Northwest de Seattle, surge de la necesidad obsesiva de trabajar como distracción, ya que la ayuda a lidiar con los factores estresantes diarios que ella describe como "cosas que merodean y absorben la concentración mental, el tiempo y la energía". Es un círculo terapéutico, repetitivo y continuo. Presentada como una exposición, una cuadrícula con negativos de 35 mm de más de cien fallos técnicos diferentes —impresos a mano uno a uno utilizando litio— parece una superficie envejecida de la luna, abierta e impresionante, pero que se está derrumbando. Freed los anima en un vídeo en el que los negativos arden lenta y dolorosamente y que te hará llorar solo con verlo.

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Leah Freed Breath Study 11

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© Leah Freed

La serie más larga de Freed es Breath Studies, en la que se coloca en el pecho una cámara estenopeica cargada con papel fotosensible de 4x5” cuando sufre ataques de pánico, y deja que se exponga mientras ordena sus pensamientos, contando hasta diez cada vez. Los resultados son imágenes en blanco y negro, copias por contacto hechas directamente a partir de sus negativos que muestran varios niveles de claridad: retazos de nubes y cielos oscuros que se entremezclan ilustrando el peso del mundo.

Michael Bach

Michael Bach tiene ahora 58 años y la depresión le ha atormentado la mayor parte de su vida. Los estigmas sociales le impidieron reconocer su trastorno hasta que tuvo 30 años y sufrió un colapso nervioso poco después de acabar su máster en fotografía. Destruyó todos sus negativos y la mayoría de sus fotos impresas y juró no volver a trabajar en fotografía. Empezó entonces a trabajar como modelo de un artista para ganarse la vida.

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© Michael Bach

Pero diez años después, algo cambió. Después de tomar antidepresivos, comenzó a ver de nuevo el mundo desde una perspectiva visual. "Me vi haciendo fotografías mentales en mi cabeza mientras observaba el mundo ante mí", dice Bach. "De repente, el mundo estaba lleno de luz y de posibilidades".

Después de que los temblores neurológicos frenaran su trabajo en el modelaje, comenzó a realizar autorretratos cronometrados con una cámara de 8x10”. Las imágenes resultantes —tomadas normalmente en sótanos oscuros o en exteriores durante la noche— son borrosas y caóticas y, en los límites de lo que la fotografía es capaz de capturar, dan a los espectadores una idea de la cruda incomodidad física y emocional que forma parte de la experiencia de Bach.

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© Michael Bach

El debilitamiento físico de Bach limitó hace poco su habilidad de disparar y procesar con carretes analógicos, así que los cambió por un iPhone y una pequeña cámara digital, que siguen siendo una forma de terapia visual. Las fotografías que Bach hace con el iPhone tienen un rollo diferente, más casual, que rompe con los parámetros artificiales de su trabajo en gran formato, pero que lo ayudan igualmente a reconciliarse con su inseguridad diaria con una honestidad y una autoconciencia brutales. “Están en la delgada línea que separa la repulsión y la desilusión que siento hacia mi propio cuerpo y la belleza que tanto me cuesta encontrar y crear en las fotografías”, afirma Bach.

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© Michael Bach

Ryan Pfluger

En su charla de 2017 en TEDx Pasadena, Ryan Pfluger definió la fotografía como un "bálsamo para la soledad". Durante su adolescencia, el fotógrafo luchó contra la depresión, herencia de su vida familiar y del reto de aceptar su sexualidad a una edad muy temprana. La fotografía se convirtió en una forma de afrontar la ansiedad, especialmente durante las interacciones sociales. "Nunca he sido el tipo de fotógrafo que se acerca a la gente en la calle o se sumerge dentro de una comunidad", dice Pfluger. "Mis propias ansiedades sociales suponían un obstáculo". En cambio, cuando se encontraba estudiando en la Escuela de Artes Visuales en Nueva York, usaba internet para encontrar hombres en Brooklyn a los que fotografiar y terminaba utilizando su cámara para propiciar interacciones que de otra forma habrían resultado incómodas.

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© Ryan Pfluger

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© Ryan Pfluger

La cámara se convirtió en una herramienta no solo para interactuar con extraños, sino para volver a conectar con su padre, del que se había distanciado, en un viaje por carretera recorriendo el país en el que hizo íntimos y emotivos retratos. En una de estas imágenes, Pfluger y su padre están tumbados en camas de hotel separadas y paralelas. Su padre, sin camisa, tiene la mirada fija en algún lugar de sus pensamientos, mientras que Pfluger mira directamente a cámara y al espectador. Es una imagen innovadora, que deja ver el monólogo interno de Pfluger y tal vez presagie el tono de sus futuras obras.

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© Ryan Pfluger

Pfluger, que se describe a sí mismo como extremadamente introvertido, continúa llevando una vida bastante solitaria y prefiere que sus relaciones sean de uno a uno, lo que según él, "puede hacerte sentir muy solo". Al igual que sus primeros trabajos con desconocidos de internet y con su padre, la fotografía ha ayudado a Ryan a superar esto a nivel profesional. Canaliza su propia ansiedad en un mecanismo que hace que sus sujetos —ya sean personas comunes posando para un proyecto personal, gente famosa como Tilda Swinton, Cat Power y Billie Joe Armstrong o incluso el presidente Barack Obama— se abran. "Es irónico, por supuesto", dice Pfluger, "ser principalmente un fotógrafo de retratos, pero sentirse incómodo en presencia de otras personas".

Los viajes de Pfluger en los últimos años le han demostrado que la incomodidad puede ser universal. "Hay una sensación subyacente de sentirse incomprendido, de no pertenecer a una comunidad o de no sentir que el hogar de uno está donde debería", afirma. "Creo que olvidamos cómo los actos más sencillos, como ser amable con un extraño y de tomarse el tiempo de hacer que se sienta especial sin que se trate de una mera transacción, pueden servir de mucho".

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© Ryan Pfluger

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© Ryan Pfluger

Nathalie Ghanem-Latour

Como Leah Freed, Nathalie Ghanem-Latour utiliza la fotografía como una "válvula de escape para el estrés": en este caso, desde una espiral descendente y desestabilizante de seis meses. A pesar del éxito de su trabajo cotidiano, la salud mental de la fotógrafa se estaba deteriorando rápidamente y estaba afectando a sus relaciones personales. "Cada día", escribe, "cuestionaba aspectos de mí misma, y me estaba volviendo inestable poco a poco". A medida que su estado avanzaba, la fotografía y su serie The Six Months (Los seis meses) la ayudaron a tomar aire y a enfrentarse a su estado mental.

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The Six Months es una colección de sutiles escenas cotidianas de obstáculos que simbolizan las continuas barreras mentales de Ghanem-Latou capturadas durante las pausas para comer de su trabajo, en un barrio remoto y extraño a las afueras de París. En una fotografía, una cuerda de rayas rojas y blancas, como un bastón de caramelo, cruza en diagonal una extensión plana de hierba verde recién cortada. Es una ruptura del encuadre extrañamente geométrica, un detalle brillante y obvio en el paisaje urbano que se interpone en el camino, pero que probablemente pasa inadvertido para el transeúnte cotidiano. Otra de sus fotografías muestra un agujero negro en un seto de las afueras podado de forma uniforme. Puede que este sea un reflejo de los intentos fallidos de la artista de atravesar las paredes emocionales a las que se enfrentaba. En otra imagen, un andamio rodea el busto de una estatua griega, protegiéndola, pero encerrándola al mismo tiempo.

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Para Ghanem-Latour, estas fotografías son recuerdos de momentos en los que se sintió fuera de lugar en el mundo. "Caminar y hacer fotos era, inconscientemente, mi forma de lidiar con ello", explica. "Durante ese breve momento sentía que por fin podía dejarme llevar y ser yo misma. Con la fotografía puedo controlar lo que me rodea y eso me permite expresarme de formas que mi ansiedad y timidez no me permiten. Me da una voz y me ayuda demostrar mi fuerza en momentos en los que siento que no me queda”.

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Joseph P. Traina

Para Joseph P. Traina, que sufrió TDHA y dislexia gran parte de su vida, la fotografía es una forma de describir la ansiedad del mundo y dar visibilidad a la depresión y a los traumas de una manera más natural que las palabras. Esto fluye a través de múltiples proyectos, ya sea asumir y recuperarse del fin de un matrimonio, aprender a entender y a amarse a uno mismo a través de autorretratos dobles o usar la herramienta de transformaciones de rostros de Instagram para representar la dismorfia. Para el fotógrafo, todos estos proyectos, todavía en marcha, son "una forma de tener control en una vida en la que a veces siento que no controlo nada".

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La imagen de la portada del nuevo libro de Traina , Lost in Seattle (Perdido en Seattle), publicado por Kris Graves Projects a principios de este año, podría abarcar de alguna manera todo esto. Traina está sentado en un colchón cubierto con un plástico sin mirar a cámara, con la cara resaltada por una luz natural al estilo de Hopper, esperando que algo cambie y sin un final a la vista. Otras imágenes capturan el paisaje cambiante de Seattle como un símbolo de la ansiedad de Traina en el mundo. Fotografías de árboles envueltos en redes protectoras de insectos comparten espacio con fotografías interiores de cortinas colgando como sauces llorones.

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Muchas de las imágenes de Lost in Seattle son parte de una serie continua del fotógrafo llamada Be Gentle with Yourself (Sé amable contigo mismo), en la que Traina yuxtapone autorretratos dobles con imágenes alteradas de su infancia para entender mejor la raíz de todo y aprender a implementar métodos de autocuidado. "Durante este tiempo en terapia" dice Traina, "aprendí a escuchar las necesidades de mi niño interior para crear un lugar sano en el que crecer, un lugar para ser visible". Muchos de estos retratos —representaciones creadas durante los peores momentos de Traina— son formas de retroceder, reflexionar y procesarlo todo.

"Yo soy mi peor enemigo" dice Traina. "A veces bromeo diciendo que nadie me odia más que yo mismo. Ser el mejor en odiarme a mí mismo es extrañamente reconfortante. Estoy trabajando en ello. Estoy encontrando maneras de querer y de sentirme querido".

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