“No lo superaré este año, ni el que viene”: los estragos psicológicos a un año del 19S
Ilustración por @sinmuchasfotos.
A un año del 19S

“No lo superaré este año, ni el que viene”: los estragos psicológicos a un año del 19S

Aunque los grados de afectación fueron distintos, algo es seguro: todo perdimos algo el 19S.

Artículo publicado por VICE México.

Artemisa López dice que le gustaría borrar de todos los calendarios del mundo el día 19 de septiembre. No soporta la idea de escuchar este miércoles la alarma sísmica del simulacro —que se hará a un año del terremoto que cimbró la Ciudad de México— y revivir el momento cuando se enteró de que dos de sus tías habían sido enterradas por tres pisos de un edificio colapsado.

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Sus recuerdos de ese día siguen frescos: el polvo, el miedo, la incertidumbre, el escenario tétrico en que se había convertido la esquina de la avenida Zapata y la calle Petén, en la colonia Emperadores en la Ciudad de México. Tiene vivas las imágenes de los puños en alto, de la esperanza de que lograran sacarlas vivas, de la agonía de ir a reconocer sus cuerpos en el Servicio Médico Forense (Semefo), del dolor de tener que llenar sólo dos cajas con el montón de pertenencias que recuperaron de los departamentos hechos añicos.

Los estragos psicológicos que le dejó esa experiencia siguen presentes. “Ha pasado un año y en lo único que pienso es pedir ese día en el trabajo e irme a mi casa a abrazar a mi mamá y a mis perritos cuando dé la hora. Quisiera que anocheciera el 18 de septiembre y en automático amaneciera siendo 20”, dice.

El peso de los escombros y los recuerdos

De acuerdo con Aldo Muñoz, terapeuta de la Gestalt que dio atención psicológica a personas afectadas tras el sismo, para millones de mexicanos el 19S marcó un antes y un después en sus vidas; a muchos les generó un trauma.

“Los grados de afectación fueron distintos, dependiendo de qué tan agraviadas resultaron las personas. Pero todos perdimos algo ese día. Desde casas y lugares de convivencia, hasta seres queridos y, principalmente, la tranquilidad”, asegura Muñoz.


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Sin embargo, eso no significa que todos padezcan un trastorno por estrés postraumático (TEPT). El término ha sido muy utilizado últimamente para hacer referencia a todas las reacciones adversas que aún tienen las personas cuando se trata de algo relacionado con el terremoto pero, según el especialista, sólo aplica en algunos casos.

El DSM-5 es uno de los manuales de diagnóstico para las enfermedades mentales con más renombre a nivel mundial, y refiere que para determinar que alguien tiene dicho trastorno, debió haber pasado por lo menos un mes desde el evento traumático, así como podérsele identificar ciertos síntomas.


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De todos ellos, los más comunes son tener recuerdos recurrentes e involuntarios del suceso, pesadillas, la sensación constante de que tiembla (cuando no es así), amnesia de ciertas cosas, sentimientos de culpa y una incapacidad generalizada de experimentar emociones positivas.

Quienes no cumplen con estos indicios, significa que no presentan TEPT. Pero sin duda también necesitan atención psicológica, según el experto.

“Eso es importante de resaltar, pues todos mostramos por lo menos alguno de esos indicios, y no todos nos hemos tratado como la situación ameritaba. En México existe un grave problema de reconocimiento de las emociones. Por eso nos cuesta tanto aceptar que algo no está bien con nosotros y que necesitamos ir con un especialista para que nos ayude”, explica Muñoz.

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Hacer como que no pasa nada y seguir

Artemisa cuenta que en los días posteriores al terremoto sentía que la situación la rebasaba. Así que por sugerencia de una amiga recibió atención psicológica de emergencia. Luego fue con su terapeuta de cabecera para tratar de asimilar todo lo que estaba viviendo, pero no le gustó cómo tocaba el tema y dejó el tratamiento.

Desde entonces, ha tratado de asimilarlo todo sola. Hay momentos en los que vuelve a verse pasando cubetas llenas de escombros, en una cadena humana, y se quiebra; otros, en los que piensa que quizá debió reaccionar más rápido y no esperar a que se cargara su celular antes de salir de la oficina; otros, en los que se cansa de pensar y simplemente trata de seguir su vida normal.

“Pero sé que eso sigue siendo una enorme factura por pagar. Algo como lo que pasó en mi familia es difícil de procesar y de sanar. Yo sé que no lo superaré este año, ni el que viene. Pero me aferro a la idea de que incluso de estas situaciones demoledoras se pueden sacar cosas buenas”, dice ella.


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Hace meses que Artemisa intenta llorar menos cada vez que relata su historia. Ahora es un poco más fuerte y dice que lo que pasó le enseñó a vivir con menos; a saber que lo que hace un hogar no son los artefactos, sino las relaciones que se forjan diario; a nunca olvidar que hay que dar lo mejor de uno siempre, no sólo cuando ocurren tragedias.

Según Muñoz, una de las cosas a la que nos orilló el terremoto fue esa: a hacer contacto con la realidad. Luego de tener varias sesiones con personas afectadas por el siniestro, se dio cuenta que la sacudida de tierra no sólo los espantó, sino que los hizo valorar muchos aspectos de su vida y hasta les removió traumas pasados y asuntos que tenían pendientes.

Para él, la lección es clara: un evento de esta naturaleza le mueve la vida a cualquiera, pero si los estragos no se conducen bien, pueden ser bastante contraproducentes y extenderse por muchos años.

Artemisa ve con angustia cómo poco a poco se acerca la fecha. Ha intentado hacer como que no pasa nada, pero sabe que eventualmente le llegará el golpe de realidad. Aún no es seguro que le den el día en el trabajo. La única certeza que tiene hasta ahora es que el 19 de septiembre será un día difícil.

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