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Charlamos con el director del documental sobre el Fyre Festival

“Lo que más deseaba el fundador, Billy ⎯en mi opinión⎯ era estar en medio de todo esto. Quería ser El Tío”.
18.1.19
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Izq.: la comida que se servía en Fyre Festival; dcha.: el fundador, Billy McFarland, intentando calmar los ánimos de los asistentes. Capturas de pantalla vía Netflix

En teoría, el Fyre Festival debía ser un “festival de música inmersivo en las fronteras de lo imposible”. El nuevo documental de Netflix del director Chris Smith, Fyre, muestra grabaciones en las que el empresario tecnológico y fundador de Fyre, Billy McFarland explica a varias de las supermodelos más famosas del mundo que están “vendiendo una quimera al clásico perdedor”. Al final, lo que ocurrió fue una mezcla de ambas cosas.

Para aquellos de nosotros a los que no nos afectó el tema, el Fyre Festival parecía haber sido concebido como un respiro temporal a reguero incesante de malas noticias. Un grupo de niños pijos que pagan hasta 12 000 dólares por una “experiencia” cuya única promoción se limitaba a un cuadrado naranja que Kendall Jenner y su #squad publicaron en su Instagram; al llegar encuentran colchones empapados de la lluvia, tiendas de las que se usan para alojar víctimas de catástrofes, comida horrible y, lo más importante… ¿ni rastro de un festival? Si odias a la gente rica, ver este documental va a ser una delicia, hasta que te des cuenta de las consecuencias que la avaricia y los engaños de McFarland tuvieron sobre la población local de las Bahamas.

El Fyre Festival fue el primer proyecto de esta clase que supo sacar el máximo partido a las redes sociales: en menos de dos días, habían conseguido vender todas las entradas, pese a ser un festival nuevo y no ofrecer prácticamente información respecto a la logística. Parafraseando la Biblia: Instagram da y Twitter quita. O, como dijo uno de los entrevistados: “Un festival creado por modelos poderosas y que la foto de una tostada con queso ha tirado por tierra”. Pero como casi todo en la vida, este gran fiasco es más enrevesado de lo que parece a simple vista.

Hablé con Chris Smith, el director del documental —coproducido por VICE Studios—, para que me contara más.

VICE: ¿Por qué te decidiste a crear este documental?
Chris Smith: Pues, como supongo que le pasaría a mucha gente que leyera los titulares y fuera testigo de la implosión [en Twitter], sentía curiosidad por saber si había algo más en toda esta historia.

¿Qué vino luego?
En aquel momento [septiembre / octubre de 2017] estaba terminando otra película. Acabamos entrevistando a una periodista de VICE Estados Unidos que había estado cubriendo la historia del festival de forma muy exhaustiva. A partir de ahí, empezamos a tener clara la situación y a saber quién estaba involucrado. Ella nos facilitó los contactos que había establecido, y luego la siguiente entrevista importante fue con el contratista, Marc Weinstein. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que esto daba para una película: grabamos una entrevista de tres horas y media con él, de la que obtuvimos una idea muy clara de lo que había pasado. Por la información que había salido a la luz hasta entonces, la verdad no era tan evidente, y me parecía que podía explicarse de forma mucho más interesante.


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Imagino que habrás visto cómo se iba revelando la gran estafa del Fyre en Twitter, como todo el mundo; no sé si te pareció gracioso, pero muchos de nosotros nos echamos unas risas. Incluso viendo el documental te parece divertido. No sientes lástima por esa gente —al menos, yo no —hasta que te enteras de lo que les pasó a los trabajadores y habitantes de la isla.
A mí me sabe mal por los bahameños. La idea de esto era dar un aspecto humano al festival, hacer que la gente se identificara con ello para entender mejor cómo sucedió todo. Saber quién estaba involucrado, porque no solo era un grupo de gente que quería fiesta, sino que había profesionales que intentaban hacer su trabajo lo mejor que podían y se encontraban constantemente con obstáculos imprevistos.

Ya que has mencionado a los bahameños, hubo una cosa muy significativa que dijo MaryAnn [propietaria de un restaurante de la zona que acabó gastándose 50 000 dólares de su bolsillo para arreglar el despropósito del Fyre]: “Me habría encantado ver qué habría pasado si hubieran sido los bahameños los que hubieran ido a otro país a hacer esto y luego intentar irse”. Habría habido una oleada de indignación. Pero esa gente llegó a su país, se comportó como lo hizo y se marchó. No hubo consecuencias. A ella le parecía que ni el Gobierno los protegía.

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Una de las publicaciones de Instagram con las que se promocionaba el festival. Captura de pantalla: Netflix

¿Crees que les van a dar algún tipo de indemnización o que este documental va a ser positivo para ellos?
Pues mira, precisamente ayer hablamos con MaryAnn. Llevamos meses intentando abrirle una cuenta de GoFundMe [una plataforma de micromecenazgo] porque todo el que ha visto la película hasta ahora lo primero que nos pregunta es cómo puede ayudar a MaryAnn. Su historia es la más destacable por el sacrificio que hizo y las consecuencias que esto tuvo para ella y su negocio.

Parece vergonzoso que haya habido gente a la que han dado indemnizaciones millonarias, como el bloguero que se ha llevado 2,5 millones de dólares tras demandar, y Mary Ann no haya recibido ni un céntimo.
Piensa que esa indemnización de 2,5 millones es simbólica. Difícilmente va a ver todo ese dinero. Es como los 27,4 millones que tiene que pagar Billy McFarland, según tengo entendido. La persona que tiene que pagar esa suma está en la cárcel [durante seis años]. Lo que más me choca es que sean capaces de volver y seguir con su estilo de vida sabiendo que esa gente se ha desvivido por ayudarles.

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Ja Rule y Billy McFarland

¿Quieres contarnos un poco qué opinas de McFarland después de haber grabado el documental? ¿En algún momento intentaste contactar con él?
Me parece una persona complicada, y es precisamente esa característica la que lo hacía un personaje tan interesante y enigmático de la cinta. Sí que intentamos contactar con él: en principio íbamos a grabarlo en dos ocasiones, y en las dos se echó para atrás en el último momento. Luego quiso que le pagáramos. No podíamos acceder a eso. Nos parecía injusto, teniendo en cuenta toda la gente que ha sufrido por culpa de este festival.

Me parece increíble que tuviera el valor de pediros dinero.
Después de haber visto el documental, ¿verdad?

Buena puntualización. ¿Qué mensaje crees que transmite el documental respecto a la condición humana y la voluntad de la gente de… seguir adelante con su vida?
Creo que hay cierta tendencia a querer creer que las cosas son ciertas. Es una extensión de las redes sociales, donde siempre mostramos nuestra mejor faceta. Creo que la cinta trata a distintos niveles esa contraposición de percepción y realidad. Promocionaron un festival demasiado bueno para ser cierto y al final no fueron capaces de sacarlo adelante. Luego está la percepción que se tiene de Billy: un tipo con un Maserati, que vive en un ático y se mueve en aviones privados. Él estaba convencido de que si muestras una imagen de éxito, la gente creerá que eres una persona de éxito. Dijo que su empresa ingresaba millones de dólares de beneficios, cuando realmente estaba valorada en 660 000 dólares. Y esa dualidad de percepción y realidad no solo se aplicaba al festival que vendían, sino que acabó permeando su vida, también.

Hay un momento del documental en que Andy King, uno de los productores del evento, dice que 24 horas antes del festival, lo único en lo que podía pensar era Woodstock, en cómo nadie habla de las sobredosis de drogas, la falta de comida o los atascos en la carretera que duraban días. Y si Woodstock sobrevivió a eso desde un punto de vista publicitario, quizá también sobreviviría el Fyre Festival. Obviamente, en Woodstock hubo actuaciones, lo cual supone una diferencia importante, pero también hay que tener en cuenta que era otra época, muy distinta. Es interesante plantearse si Woodstock habría sobrevivido desde la perspectiva publicitaria si se hubiera celebrado en la era de las redes sociales y la información inmediata.
La gente que sale de ver el documental tiene opiniones muy formadas del mundo y los acontecimientos. Respecto a lo de Woodstock, es complicado, pero que no hubiera bandas influyó mucho. La gente habría tragado mucho más si al menos hubiera podido ver conciertos.

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The "accommodation" at Fyre Festival. Screenshot: Netflix

¿Crees que vivimos en un mundo en el que a nadie le importa lo que ocurra siempre y cuando quede bien en Instagram? Personalmente, creo que muchas de esas personas fueron allí simplemente por fardar en Instagram y que, mientras la foto para Instagram quedara bien, poco les importaba lo demás.
Creo que se ha sustituido el recuerdo por lo que se representa en redes sociales o en fotografías. Marc Weinstein —esta anécdota no sale en la película— nos contó que llevaba toda una vida trabajando en festivales y que había visto a gente pasarlo fatal. Sin embargo, cuando mirabas sus perfiles de redes sociales, siempre encontrabas una foto en la que parecía que se lo estaban pasando como nunca en su vida. Esas mismas personas, cuando un año después miren esa foto, pensarán que aquella vez se lo pasaron genial.

Él mismo hizo algo parecido durante el Fyre Festival, ¿verdad? Publicó una foto en una playa idílica en Instagram, cuando en realidad estaba estresadísimo y agobiado por tener que encontrar alojamiento para 1000 personas.
¡Sí! La suya fue una de mis entrevistas favoritas porque él fue capaz de, una vez vivido aquello, verlo en perspectiva, reflexionar y ver que todos habían sido culpables. Recomiendo la lectura de su artículo en Medium. Y todos lo hacemos, ese es el tema. Quizá no hasta tal extremo, pero me parece muy preciso como reflejo de lo que somos actualmente. Sin embargo, debo decir que parece que la cosa está cambiando a la inversa: esta Nochevieja he visto un montón de publicaciones de gente diciendo cosas tipo: “Me he ido a la cama antes de medianoche”. Parece que se está tendiendo a usar las redes sociales para reflejar nuestra realidad. Aunque quizá sea solo una moda, no sé.

¿Qué crees que dice de nuestra sociedad el hecho de que salgan a la luz tantas historias sobre timadores?
Bueno, ¡es más interesante que contar la historia de alguien que se levanta todas las mañanas y se va a la oficina! Billy era un tipo enigmático. El único mérito que les atribuyo es que hayan intentado ofrecer una experiencia diferente a todo. Fyer es el testimonio de que la gente quiere experiencias distintas, y yo creo que en ese aspecto ellos crearon algo interesante. Fue un delito, pero me pareció mucho más complejo de lo que sugerían los titulares, rollo “Un grupo de chavales ricos se fueron a una isla y se quedaron atrapados allí”.

Entonces, ¿no crees que fuera una estafa? ¿Piensas que McFarland realmente quería que el Fyre Festival fuera una realidad?
Sí, totalmente. Piensa en ello: ¿cuándo has visto un timo consistente en mandar a gente a una isla y que no haya nada ahí? Nunca funcionaría. Lo que Billy quería más que nada, en mi opinión, era estar en medio de todo el asunto. Quería ser El Tío, por eso intentó montar un festival con modelos e influencers, para poder seguir llevando ese estilo de vida y ser el centro de ese mundo.

¿Crees que volverá a la vida pública y a un estilo de vida similar?
No me cabe duda de que Billy podría tener mucho éxito. Es un hombre muy centrado, decidido e inteligente, y seguramente ha aprendido mucho de todo esto.

Gracias, Chris.

"FYRE: The Greatest party That Never Happened" se estrena hoy, 18 de enero, en Netflix.

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