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actualidad

Cinco preguntas para el tío que estuvo lamiendo un timbre durante tres horas

¿Por qué el timbre y no el pomo? ¿Por el sabor?

por Mack Lamoureux; traducido por Julia Carbonell Galindo
09 Enero 2019, 11:02am

Foto vía YouTube 

Si juntamos las medidas de seguridad modernas con la cultura del contenido explícito, el resultado es el nacimiento de un nuevo formato de historia.

Sabéis de cuáles hablo: las que surgen de las cámaras de seguridad de las casas y salen a la luz con titulares como: “Payaso misterioso se queda en silencio durante diez minutos en el porche de la casa de una familia” o “¡Insólito! Un perro se queda fuera de casa y llama a la puerta para que le abran”. Pensaba que ya lo habíamos visto todo, desde las más inquietantes a las más divertidas, pasando por las más aburridas, las más interesantes… Pero me equivocaba, y mucho. Estas historias no tienen fin.

Sinceramente, amigos lectores, no vi venir la historia de un hombre que estuvo lamiendo un timbre durante tres horas. A ver, no tiene más vuelta de hoja. En Nochevieja, un hombre de 33 años, Daniel Arroyo, fue a una casa de Salinas, California. Los padres estaban fuera, pero los niños estaban en la casa. Entonces lo que hizo Arroyo fue… empezar a lamer el timbre. Y lo lamió pero bien. Lo lamió y lo relamió durante tres horas. Fin de la historia.

Según la prensa local, Arroyo estuvo más de tres horas lamiendo el timbre. Se tomó breves descansos para, por ejemplo, hacer pis en el jardín, pero sí, durante la mayor parte del tiempo, estuvo lamiendo. La familia tuvo la suerte de haber instalado una cámara de seguridad cerca del timbre que empieza a grabar cuando percibe movimiento, así que obtuvo una buena imagen del tío.

Los Dungan, la familia dueña del timbre lamido por Arroyo, se lo tomó sorprendentemente bien. “Al final te acabas riendo porque, técnicamente, no hizo nada”, dijeron. Aun así, la policía está buscando a Arroyo, que puede enfrentarse a cargos por merodear. Por mi parte, yo tengo algunas preguntas que hacerle al lamedor.

Os dejo esta canción para ir calentando motores:

¿Por qué el timbre y no el pomo? ¿Por el sabor?

Necesito que me apoyéis en esto. Para llamar al timbre, a no ser que seas un bicho raro, utilizas la yema de un dedo para presionar levemente y ya está. El pomo no funciona así, para usar el pomo usas toda la mano. A ver, no es que yo sepa mucho de lamer manos, pero supongo que las diferentes partes del cuerpo tiene diferentes sabores. ¿Por eso elegiste el timbre, por el sabor? ¿Está la yema de los dedos más salada que la palma de la mano?

De no ser así, ¿hay otra razón? ¿Es porque te gusta la sensación que te da usar la lengua para presionar el botón y oír el sonidito? No puede ser porque se use mucho el timbre, porque solo los locos llaman al timbre, así que, ¿es porque apenas se usa? ¿Es tu versión de un lametón higiénico?


MIRA:


A decir verdad, ahora me surgen más preguntas: ¿qué otras partes de la casa te gusta lamer? ¿Te gusta lamer la llave de la manguera? ¿Es por la forma o por qué es? ¿Te serviría uno de esos botones para abrir la puerta del garaje, que se parece mucho a un timbre? ¿O te gusta el timbre porque suena cuando lo presionas?

Por favor, respóndeme. Puedes ponerte en contacto conmigo en chris.toman@vice.com cuando puedas.

Por lo que más quieras, ¿por qué miras a la cámara?

No es posible que supieras que había una pequeña cámara escondida, así que, ¿qué miras? He visto el vídeo más veces de las que debería y todas y cada una de ellas siento que el espeluznante hombre lamedor me atraviesa el alma con la mirada.

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Siento cómo me miras de arriba abajo como si me hubiera sentado en uno de esos sofás de un casting porno. Siento como si cada vez que lo lames, me lo dedicaras a mí y solo a mí, y no lo digo de forma narcisista. Creía que entendía la expresión “los ojos son el espejo del alma”, pero madre mía, ni de lejos. Ni siquiera sé si ahora la entiendo, solo sé que hicimos mal al darle la espalda a Dios.

Supongo que, como esto solo un pequeño fragmento del lametón, puede que en el resto del vídeo no esté mirando a la cámara, pero aun así… No puedo evitar pensar que ahí fuera, en lo más profundo de internet, hay un vídeo de este hombre lamiendo sensualmente el timbre durante tres horas mirando fijamente a la cámara. Y esto nos lleva a la siguiente pregunta.

¿Tres horas? ¡¿TRES HORAS?!

Voy a contaros algo. Hace dos días volví de vacaciones y volé desde el oeste de Canadá hasta Toronto. El vuelo de Calgary a Toronto dura un poco más de tres horas. No es el peor viaje del mundo, pero es lo suficientemente largo como para resultar molesto y llevarte todo el día. Es el mismo tiempo que este hombre estuvo lamiendo un timbre.

Por si os estáis preguntando: “Mack, siendo un hombre que se acaba de pasar tres horas en el asiento del medio de un vuelo de Air Canada, te parece mucho tiempo para estar lamiendo un timbre? Bueno, la respuesta es un rotundo sí. Claro que es mucho tiempo para estar lamiendo un timbre. Piensa estar viendo un partido de fútbol y tener que estar lamiendo un timbre todo el tiempo, y eso no llega a tres horas. Este tío ni siquiera llevaba auriculares para escuchar un poco de Sam Cooke o de Loverboy o de algo que haga que esta experiencia resulte más sexi. Simplemente se sienta y lame. Para conseguirlo tuvo que meditar y alcanzar el nirvana a través de los lametones.

¿Es raro? Sí.

¿Es perturbador? Sí.

¿Es impresionante? También.

¿Es una campaña de marketing de guerrilla para la próxima serie de Netflix o algún tipo de fake news?

A ver, todo hijo de vecino tiene un contrato con Netflix hoy en día. ¿Por qué no iba a ser el lamedor de timbres uno de ellos? Ha conseguido mucha publicidad de la prensa por esto, ¿por qué no iba a transformarlo en algo que merezca la pena? En realidad, esto podría ser el punto de partida de un episodio mediocre de la nueva temporada de Black Mirror, ¿o no?

¿Por qué sigo viendo el vídeo?

¿Eres consciente, querido lector, de las veces que he visto este bucle del hombre que lame un timbre? Lo he calculado: unas 35 veces hasta ahora (serán más cuando acabe). Eso es más o menos media hora de mi vida que he dedicado a ver a nuestro amigo lamer sensualmente un timbre. Hasta podría describirte cómo lame este chico el puto timbre con los ojos cerrados.
Aunque, si lo pienso, solo es un sexto del tiempo que él ha pasado lamiendo un timbre, así que no puedo quejarme, ¿no?

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