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actualidad

A ver un momento, Albert Rivera está liado con Malú o qué pasa

Un Rivera que acumula papel higiénico en el fondo del wáter para que no le oiga cuando caga.

por Pol Rodellar
20 Febrero 2019, 3:57am

Foto de Sergio Pérez (REUTERS) e Instagram

Albert Rivera es un tipo duro y solo ha necesitado tres meses para recuperarse de su ruptura con Beatriz Tajuelo —con la que llevaba cuatro años de noviazgo— y activarse de nuevo en esto del amor y la pasión.

Según la revista Semana, el presidente de Ciudadanos y la cantante Malú son ahora “más que amigos” pues se supone que pasaron juntos el día se San Valentín. Sí, Rivera es de estas personas que le encuentra un sentido real a esto de San Valentín y lo viven con pasión. Ese día la cantante llegó por la noche a casa del Rivi y la abandonó a la mañana siguiente.

Me imagino a Rivera muy liado mandando mensajes y emojis a varias pretendientas, con el móvil ardiendo de tenerlo encendido todo el puto rato. Lo veo ahí bajando de su intervención en el congreso y sentándose en su escaño muy rápido para ver si Malú o quién sea le ha contestado el mensajito o le ha puesto un like en esa foto en la que sale mirando pensativo un cuadro en el Reina Sofía. Si miráis sus intervenciones televisivas de estos últimos meses, el tipo venía de un setiembre, octubre y noviembre repleto de entrevistas que, mágicamente, se han visto menguadas a partir de la ruptura con su anterior pareja. Puede que fueran días de llantos, latas de cervezas y sushi vía Glovo pero también podrían ser los tres meses más locos de Rivi, repletos de citas exprés, superlikes en el Tinder de políticos —que seguro que existe uno— y casquetes en coches de Uber, con su agüita gratis y donde te ponen la música que quieras, cosa que a Rivi seguro que le flipa.


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Me imagino a Rivera experimentando esos momentos y sensaciones que vivimos todos cuando empezamos a frecuentar a una persona con la que mantenemos relaciones sexuales. Quedando casi cada noche para tomar algo, beber cervezas y gastarnos un pastón de dinero en comer fuera. Claro que sí: hoy un tailandés y mañana un jodido bar de “tapas” en el que te gastas 30 eurazos porque encima, a veces, hay que invitar. Claro que Rivera ya no sufre por la pasta, eso ya no lo vive.

Pero seguro que siente ese miedo que todos sentimos cuando nos entran ganas de cagar y no queremos que esa persona con la que acabamos de follar escuche la sinfonía de nuestro esfínter, expulsando todo ese gas acumulado por las putas cervezas o disparando esos pinchos de jamón ibérico mal digeridos. Ese momento de humanidad en el que Rivera está acumulando un poco de papel higiénico en el fondo del váter para que la caída fecal no haga demasiado ruido y Malú —o quien sea— lo escuche cagar. O cuando el día antes de quedar con Malú —o con quien sea—, Rivera le echa un vistazo a su nevera para tirar toda la comida que se le esté pudriendo, porque nadie quiere dar la imagen de ser un loco con la nevera apestando y llena de alimentos en proceso de descomposición mientras el suelo está lleno de cajas de pizzas Speciale del Dr. Oetker, lo único que come, día tras día. Rivera bajando a tirar la basura y las cajas de pizza para que la chavala no vea todo el jodido panorama. O Rivera limpiando con papel de cocina el polvo acumulado en el baño que se posa en las blancas superficies de cerámica diez minutos antes de que llegue, porque le ha dicho a Martirio —la chica que viene a limpiarle el piso— que no venga por las mañanas estos días porque “estará trabajando desde casa y necesita concentrarse” cuando realmente lo que quiere es estar solo con Malú —o quien sea—, abrazado a ella sin que nadie esté por el piso moviendo cosas y haciendo ruido.

Imaginaos a Rivera en este momento inicial de flirteo, repleto de excitación y felicidad. Un Rivera nuevo, un Rivera que no cabe en nuestra mente, un Rivera inimaginable. Un Rivera feliz.

Sigue a Pol Rodellar en @rodellaroficial.

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