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Conoce a este artesano de cuchillos autodidacta

Este artículo fue originalmente publicado en holandés en MUNCHIES NL.


Por regla general los chefs nacen cansados. Pero si les preguntas acerca de su cuchillo favorito, sin excepción, su rostro se iluminará. Es casi imposible describir la conexión especial que existe entre un chef y su cuchillo, pero igual vamos a intentarlo. En esta entrega, Dimitri Turcott Smekens, fabricante de cuchillos belga, comparte la historia de su inmersión única dentro de este oficio.

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Me reuní con Turcott en su estudio ubicado en Zoersel, un distrito de Antwerp, Bélgica. Durante los últimos dos años, el fabricante de cuchillos ha estado trabajando en un viejo granero junto a su casa, rodeado de campos abiertos. Los paseantes nunca podrían imaginar que dentro de este edificio, en vez de ovejas y pacas, hay metal y madera, los recursos de un hombre que descubrió cómo hacer cuchillos por sí mismo.

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Todas las fotos son de Raymond van Mil.

Cuando llegué, Turcott ya había desplegado sus cuchillos muestra. Levanté el más grande y pesado, al tiempo que pregunté para qué servía. «Ésta es una pieza muestra, un cuchillo que usualmente se usa para cazar. Tiene una protuberancia redonda que protege tu mano y evita que resbale hacia la cuchilla. También tiene un espacio cerca de la hoja, donde puedes descansar tu dedo para tener mejor estabilidad y control total mientras estás cortando», explica.

Turcott no es el típico artesano de cuchillos. No practica el oficio que le fue legado de generación en generación, y tampoco trabaja con recetas secretas. «Recibí una formación tradicional [en música] y luego conseguí trabajo como ingeniero de audio», cuenta. «A día de hoy sigo ejerciendo [ese trabajo]. Cada verano trabajo en festivales de música, pero cuando la temporada de festivales termina, hago muchas otras cosas. Siempre me ha encantado estar al aire libre, practicar excursión, cazar. Tengo una empresa que organiza paseos en la naturaleza, en ellos viajo junto con un amigo de la manera más autosuficiente posible: acampamos en el bosque o el desierto y cazamos».

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Durante estos paseos de supervivencia, la importancia de un buen cuchillo se hizo evidente. «Estaba buscando un buen cuchillo, pero el que quería era demasiado caro. Entonces pensé: ¿por qué no intentar fabricar mis propios cuchillos?

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«Tengo una personalidad muy obsesiva», continúa. «Cuando quiero algo, lo consigo. Fabricar cuchillos es un oficio en desaparición, así que leí libros viejos, hice mucha investigación por internet y visité artesanos de todo el mundo». En cada país que visita, Turcott busca a un herrero local. «En Borneo, pasé días buscando hasta que encontré una pequeña aldea con muchos fabricantes de cuchillos. Compré un parang (una especie de machete) ahí y usé mis manos y pies para hablar [con el herrero] sobre los materiales. Ese cuchillo fue fabricado con suspensiones de ballesta de los camiones y lo hizo usando menos recursos de los que tenemos aquí. ¡Muy impresionante!».

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Mientras tanto, Turcott conserva 60 cuchillos de todo el mundo en su casa. «Este hobby salió tanto de control que busco materiales cuando salgo de viaje. De la India, por ejemplo, traje poco más de 7 kilos de metal. De otros países, traigo seis o siete piezas, desde hachas hasta machetes. Son mi material de estudio. Por lo regular, me detienen en las aduanas, pero no estoy haciendo nada ilegal. En realidad no comprendo por qué la gente asocia los cuchillos con el peligro. No tiene por qué ser un arma letal. La gente maneja cuchillos a diario para cortar sándwiches y abrir cajas de cartón, ¿no?».

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Turcott hizo su primer cuchillo hace 10 años. «Lo que más me sorprendió es la diferencia entre el segundo y tercer cuchillo que hice. El segundo salió tan bien que apenas podía creer que era mi creación. A día de hoy, sigo presumiendo ese cuchillo; sirve como recordatorio del momento en que decidí seguir haciendo esto, porque resulta que tengo talento».

En ese momento, no tenía equipo para trabajar, de manera que tardó seis meses en descubrir cómo terminar el cuchillo propiamente. Pasaba todo su tiempo libre puliendo el cuchillo con una lima. «¿Has tratado de pulir metal con una lima? Puedo decirte esto: es mucho trabajo».

Turcott comenzó a usar carbón negro, una pieza de vía ferroviaria que usaba como yunque, un martillo y una pequeña fragua. «Comencé golpeando piezas de metal caliente y cometí muchos errores durante esta fase de exploración autodidacta. Con cada intento, gané conocimientos y debido a los errores aprendí a hacer el oficio tan bien».

Llevó su primera línea de cuchillos a De Invasie (‘La invasión’), una convención de jóvenes diseñadores. «Ahí vendí casi todos mis cuchillos y recibí muchas respuestas positivas de la gente que los compró». Hoy en día, Turcott fabrica cuchillos para chefs en un espacio lleno de equipo profesional.

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«Estoy cada vez más enfocado a la industria de hostelería. Los chefs vienen a mi lugar de trabajo y pueden escoger qué tipo de madera quieren para el mango y me ayudan a determinar la forma del cuchillo. Después de eso, me pongo a trabajar. Recientemente, el gerente de un hotel ordenó un cuchillo para una chef, que trabaja en Mónaco, de la cual estaba enamorado. Me pidió que creara un diseño femenino y se lo mandó».

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«Como no es fácil hacer el cuchillo de un chef, deben esperar un poco. Dependiendo del tamaño y la complejidad de su estructura, me tardo entre cuatro días y dos semanas».

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Turcott enciende el fuego y me enseña cómo manipula una pieza de metal. Ha sido pulida muy bruscamente y cuando el metal se calienta tanto que adquiere un color rojo, lo saca del fuego para golpearlo. Una vez que el tono naranja del calor desaparece, lo regresa a las llamas. «Fácilmente pasas un par de horas golpeando el metal», dice. «Al final se hace más pequeño, hasta que termina siendo muy delgado. Los cuchillos de chef son más delgados que los de supervivencia, lo cual los vuelve mucho más frágiles. El secreto es el control de temperatura para no quemar el metal mientras estás trabajándolo. En cuestión de segundos podrías arruinar una semana de trabajo».

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Su taller está lleno de distintos tipos de metal, madera y residuos de cuero. «El aspecto más fascinante de fabricar cuchillos es que comienzas con materia prima y creas una herramienta hermosa y útil a partir de ella. No utilizo nada de computadoras [aquí]. Es como una bocanada de aire fresco, después de pasar horas frente a una pantalla dentro de un cuarto oscuro cuando trabajo en la industria musical».

No siempre es fácil conseguir los materiales adecuados, especialmente porque Turcott se concentra en la sustentabilidad tanto como puede. «Por lo general busco materiales por los que tenga una afinidad personal. Por ejemplo, utilizo el cuerno de un búfalo de agua, mismo que también es utilizado para hacer cuchillos japoneses tradicionales. Pero hace poco descubrí que los cuernos de toro también son excelentes para trabajar. Se ven muy bien pulidos y la gente solo los desecha. ¿Por qué el cuerno de un toro sería inferior?».

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Según Turcott, un herrero pasa 50 por ciento de su tiempo buscando el material adecuado y una buena madera. «Muchas veces, tienes que buscar tus materiales en el extranjero. Sigue siendo un oficio exclusivo; no encuentras una tienda para fabricar cuchillos en cada esquina», explica. «A veces tienes suerte. Hace no mucho, un amigo me dio las partes de una vieja escalera, porque su esposa pensaba que la madera era demasiado oscura. Resulta que era wenge, un tipo raro de madera tropical africana. ¡Genial! Ahora tengo mucho wenge, me durará por lo menos otro año».

Actualmente, Turcott está trabajando en 20 cuchillos para un restaurante que ordenó una versión ligeramente más grande del cuchillo Kiridashi para que los comensales los usen como cuchillo para carne. «La gente dice que tengo un estilo particular, pero no sabría decir qué es. Solo hago lo que quiero y si me siento inspirado, hago juego tras juego. Podrían ser cinco cuchillos para chef o cinco cuchillos para cazar. Mis diseños evolucionan constantemente y se enfocan en cualquiera que sea mi obsesión del momento».

Turcott niega tener una receta secreta, pero no revela todos sus secretos durante los talleres que imparte en su granero. «Me divierto mucho compartiendo mis conocimientos [con otras personas]. Cuando empecé, hubiera sido bueno tener a alguien que me ayudara, pero no voy a regalar todo. La gente necesita aprender poco a poco. Si me hacen las preguntas correctas, conseguirán las respuestas correctas».

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