En Sant Adrià de Besòs, uno de los municipios con mayor población paquistaní del área metropolitana de Barcelona, a medio camino entre los barrios barceloneses de Sant Martí y de La Mina, existe un proyecto que lucha por la inclusión social de un colectivo que tiene cero visibilidad. Cada semana veinte chicas musulmanas de distintas nacionalidades —17 de Paquistán y tres de Marruecos— se citan en el centro cultural del barrio para jugar al críquet, aprender catalán y, sobre todo, conocerse a sí mismas.
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"El objetivo del proyecto es aumentar la autoestima de las chicas y favorecer su adaptación a través del deporte", explica Aïna Coscollola, psicóloga y coordinadora del grupo. "Todo comenzó en enero de 2012, cuando entré a formar parte de un proyecto para la integración social de la Associació Enxarxa, con el apoyo de la Agencia de Salud Pública y la Fundación por el Deporte y Educación de Barcelona. Empecé a dar clases de refuerzo de catalán a jóvenes paquistaníes después del colegio. Me di cuenta de que a las clases solo venían chicos, y los alumnos me explicaron que, por cuestiones culturales, las niñas no pueden compartir espacios con niños fuera del instituto", dice.Fue entonces cuando decidieron hacer otra clase paralela, solo para niñas. "A pesar de que les expliqué a los padres que sería un espacio exclusivamente femenino, en un principio costó muchísimo que se decidieran a venir. El primer mes solo vino una chica, al cabo de dos meses ya eran tres y, tras un proceso muy complejo, terminamos el año 2012 con un grupo de diez chicas", cuenta la psicóloga."Un día, antes de comenzar la clase, dedicamos 10 minutos para reflexionar sobre sus sentimientos. Aprovechando que soy psicóloga, les pedí que contasen al resto si estaban contentas o tristes y el porqué. Les gustó tanto que en vez de diez minutos empezamos a hacerlo durante una hora a la semana y, al final, dejamos las clases de refuerzo y nos centramos solo a actividades dedicadas a detectar sus necesidades y fomentar su autoestima. Hicimos un pacto con los padres de que siempre sería en catalán, como una clase de conversación, para que siguiesen aprendiendo el idioma", explica Aïna.
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"A partir de ahí, comenzamos a pensar otras actividades que les gustaría hacer y ellas me propusieron formar un equipo de críquet, el deporte rey en Paquistán, porque sabían que yo ya entrenaba al equipo masculino. Las condiciones no son las mejores porque jugamos en el campo municipal de fútbol del barrio y también es difícil encontrar el material en España. La mayor parte de bates y pelotas las han traído sus padres de su país y ahora estamos empezando a tener cesión de material por parte de entidades deportivas", dice Aïna.Además del críquet, el grupo también realiza otras actividades de integración, como excursiones en grupo para que las chicas conozcan su entorno y actividades de participación del barrio. "En Sant Jordi montamos una carpa donde las chicas hacen tatuajes de henna, y en el Día de la Mujer nos reunimos con distintos grupos de mujeres de la zona del Besòs-Maresme y leemos mensajes positivos", declara la coordinadora.La capitana del equipo, Zulaikha, explica que el grupo es ahora una parte muy importante de sus vidas. "La mayoría de las chicas de Paquistán vamos de casa al colegio y del colegio a casa. Este grupo nos da la oportunidad de tener más amigas. Aquí encontramos amistad y confianza, por eso es tan importante para nosotras".Para ellas es tan importante que hasta lo han bautizado con el nombre de ' Ma'isah'. "El nombre del grupo lo elegimos entre todas. Cada una hizo su propuesta y después se votó. Finalmente decidimos 'Ma'isah' porque en urdú, nuestra lengua materna, significa ' Caminar con orgullo'. Sin duda era el que mejor nos representaba", dice Husna, otra de las integrantes.
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"Yo tenía 10 años cuando llegué a Barcelona y ahora casi soy de aquí. Me costó aprender el idioma. Las chicas de mi país solo saben urdú y algo de inglés cuando llegan a España", explica Zulaikha, que a pesar de estar en el instituto tiene muy claro su futuro. "Voy a estudiar medicina y después seré cardióloga. Es algo que tengo súper claro", confiesa entre risas.El mayor problema al que se enfrenta 'Ma'isha' es que en España todavía no existe otro equipo de críquet femenino. En países como Paquistán e India es un deporte de masas, pero aquí ellas son las pioneras. Llevan cinco años entrenándose para después no tener con quién competir. "Estamos deseando tener rivales. Sabemos que en otros barrios hay chicas a las que les gusta el críquet y nos encantaría que formasen otro equipo para poder jugar. Al menos ahora nosotras somos 20 y podemos hacer dos equipos y practicar entre nosotras", dice Husna.Recientemente se han incorporado a 'Ma'isah' chicas de Honduras e India. "No quería que el proyecto se acabase convirtiendo en un gueto, así que hablé con las chicas y les propuse abrir el grupo a niñas de cualquier nacionalidad y cultura. Aceptaron encantadas", asegura la coordinadora.